viernes, 22 de octubre de 2021

UN PAIS, DOS PESETAS

Para una entrada tan especial como la de hoy, y es que son ya 300 las que he publicado en Curiosidades Numismáticas, no podía dejar pasar la oportunidad de comentar acerca de un tema que, para bien o para mal, no deja de ser de actualidad. En muchas ocasiones hemos visto cómo la inestabilidad o los conflictos causaban hiperinflación en otros países,  olvidándonos que en el nuestro tuvo lugar un proceso similar. Gracias a la serie de Falcó, las geniales novelas de Arturo Pérez-Reverte que narran las peripecias de un espía del bando nacional en los años de la Guerra Civil, me di cuenta de algo realmente obvio pero en lo que jamás me había pensado a parar, y es que una peseta no valía lo mismo en las dos zonas. De hecho, conforme avanzaba la contienda la moneda se depreció en la zona republicana hasta extremos insospechables. ¿Cómo se llegó a este punto? 


El dinero de Negrín: certificados provisionales
de moneda divisionaria de 50 cts. y 1 peseta

Una guerra no solo se libra en el campo de batalla, sino también en otros muchos terrenos: el plano cultural, la influencia exterior, la propaganda, la retaguardia...y, por supuesto, en el campo financiero, algo vital ya que por lo general es difícil costear una guerra durante un periodo prolongado y aquél que no se la puede permitir suele perderla. El gobierno de la República, pese a contar con recursos financieros y materiales para afrontar la guerra en un principio, tomaría una serie de decisiones que a la postre resultarían letales para sus intereses, dejando al descubierto una serie de debilidades que los nacionales no dudarían en aprovechar. 

Estas decisiones pueden resumirse en un recurso constante e imprudente a las políticas monetarias y fiscales, que no consiguieron sino incrementar el caos y la depreciación de la moneda. Un caos al que desde luego no ayudaban las propias divisiones internas, ya que en ciertas zonas llegaron a establecerse colectivizaciones e incluso la abolición misma del dinero. En Julio de 1936, cuando ya estaba claro que el conflicto iba a ser duradero, se desató una lógica incertidumbre que llevó a la población de la zona republicana a atesorar la moneda metálica (especialmente la de plata) y a retirar sus fondos de los bancos. El gobierno intentó limitar por decreto la retirada de dinero y ordenó a la población depositar en el Banco de España su oro, divisas y valores extranjeros. Al mismo tiempo, retiraba la plata de la circulación (con el argumento un tanto peregrino de que se trataba de monedas de época monárquica) y se sustituían por certificados de plata en papel moneda. El resultado no se hizo esperar: la incertidumbre aumentó, con el consiguiente atesoramiento de moneda metálica,  y los intentos de evitar la evasión de capitales resultaron infructuosos. 

Emisiones locales de la zona republicana, la mayoría de 1937

El papel moneda se impuso masivamente en la circulación monetaria de la España republicana, por lo que sus autoridades trataron de reorganizar la emisión de dinero poco después de su traslado a Valencia. Juan Negrín, ministro de Hacienda a finales de 1936 y presidente del gobierno poco después, organizó la Comisión Interministerial para la Fabricación de Moneda Divisionaria con el fin de garantizar el suministro de circulante. Dado que las reservas de oro del Banco de España se habían entregado a la URSS a cambio de su apoyo en la contienda, la masa monetaria, en papel en su inmensa mayor parte, pasaba a ser totalmente fiduciaria: su valor dependía enteramente de la confianza que inspirara en los usuarios.    

Con el fin de garantizar el suministro de dinero, se dividió la FNMT en cuatro factorías distribuidas por el territorio republicano: la Factoría A en Madrid se encargaba de la fabricación de papel del Estado y efectos timbrados, la Factoría B en Valencia a los billetes y la Factoría C en Castellón a las monedas y material de guerra. Esta última se trasladaría a Aspe (Alicante) una vez Castellón cayó en manos de los sublevados.  Aún así, la escasez de dinero en circulación siguió siendo la tónica habitual, lo que llevó a miles de entidades públicas y privadas (muy notablemente los ayuntamientos, pero también sindicatos o cooperativas) a emitir su propio papel moneda. Aunque en Enero de 1938 se trató de restablecer la soberanía monetaria, poniendo fuera de circulación las emisiones locales, este dinero continuó circulando hasta prácticamente el final de la guerra. 

Las consecuencias de toda esta mezcla de medidas intervencionistas, unidas a las divisiones internas y, por supuesto, las malas expectativas militares, se pueden resumir en un caos económico y una inflación disparada. Los controles de precios impuestos desde el comienzo de la guerra a través de diferentes decretos que contemplaban penas duras a los infractores y la imposibilidad de recurso no surtieron el efecto deseado. Al mismo tiempo, medidas de corte arbitrario como  confiscaciones de cuentas, expolio de cajas de seguridad o toma de empresas no ayudaban precisamente a mejorar las cosas. Se calcula que, en al concluir la guerra, la inflación en la zona republicana había ascendido un 14.285 % mientras que en la zona nacional únicamente al 138 %. 

Pero ¿qué se hizo en la zona controlada por los sublevados? Curiosamente, muchas medidas económicas no fueron muy diferentes. Al fin y al cabo, la situación que se vivía al otro lado del frente no era muy distinta, y como en cualquier economía de guerra, todos los recursos debían ponerse al servicio del estado. Así, el gobierno de Burgos también dispuso la obligatoriedad de cesión de divisas, depósitos de oro y valores extranjeros. Asimismo, para evitar el acaparamiento se limitó también la retirada de fondos de los bancos a empresas y particulares. 

Primeras emisiones de la España nacional: 100 pts. de 1936

Una de las principales diferencias la encontraríamos en la política monetaria, caracterizada por una mayor solidez y uniformidad en la zona nacional. Poco después de comenzar la guerra, los nacionales consagraron la división de la unidad monetaria en España con la creación de un Consejo del Banco de España en su zona que tendría entre otros fines la emisión de dinero. Hasta ese momento, los sublevados se habían limitado a aceptar únicamente aquellos billetes emitidos con anterioridad al 18 de Julio de 1936, que serían debidamente estampillados. Esto dotó de liquidez al sistema financiero del bando nacional, que no se vio obligado a emitir grandes cantidades de papel moneda.  

Otra diferencia de peso se situaba en el plano exterior. El gobierno de Burgos trató en todo momento de mantener un tipo de cotización alta de la peseta, mientras que el gobierno republicano dejó esta cotización a expensas de lo que determinara el mercado. En este campo se desarrolló una singular guerra monetaria: a medida que las tropas de Franco incautaban cantidades de dinero republicano en su avance, lo vendían en masa en los mercados internacionales para adquirir divisas y disminuir su cotización. Al mismo tiempo, lo introducían en la zona republicana con el fin de financiar a sus infiltrados (los célebres quintacolumnistas) y aumentar el proceso inflacionario de la zona.  

Reverso de billete de 25 pts. "nacional" de 1936, con la Giralda de Sevilla

Una inflación que según diversos estudios sitúa a las dos pesetas a años luz en cuanto a cotización al final de la guerra. Si en el verano de 1936 la relación entre peseta "nacional" y peseta "republicana" era del 90 %, pasaría al 10 % en el segundo semestre de 1938 y al 5 % en el primer trimestre de 1939. Pocas cosas son más miedosas que el dinero, y la mala marcha de la guerra para los republicanos, unida a lo caótico de muchas de sus medidas financieras y monetarias, contribuirían decisivamente al derrumbe de la peseta en su zona. 


Bibliografía 

La inflación en España. Un índice de precios al consumo, 1830-2012. Jordi Maluquer de Motes. Estudios de Historia Económica nº 64, Banco de España (2012)

Martín Aceña, P. Los problemas económicos durante la Guerra Civil española (versión resumida de ponencia de los Cursos Superiores de Verano de la Universidad de Salamanca, 1985) 

https://gredos.usal.es/bitstream/handle/10366/79965/Los_problemas_monetarios_durante_la_Guer.pdf?sequence=1

Aldekoa, J. Inflación durante la Guerra Civil, Instituto Juan de Mariana (29/04/2019) https://juandemariana.org/ijm-actualidad/analisis-diario/inflacion-durante-la-guerra-civil/

https://www.lainformacion.com/economia-negocios-y-finanzas/asi-acabo-la-guerra-civil-con-la-peseta-republicana-hace-ahora-ochenta-anos/6496979/?autoref=true

jueves, 30 de septiembre de 2021

EL MOHUR DE NEPAL

Cuando llevas cierto tiempo escribiendo en un blog, no es habitual encontrar problemas para escoger temas que puedan resultar interesantes. En mi caso además, el epígrafe "Curiosidades Numismáticas" es lo suficientemente ambiguo para que puedan tener cabida diferentes temáticas dentro de la numismática y la notafilia. No obstante, siempre puedes dar con alguna entrada que de alguna manera se te resiste. Es el caso de la dedicada a la moneda de hoy, el mohur de Nepal. Tan interesante como atractiva, y de un gran valor histórico por la tradición que representa, siempre me ha resultado complicado encontrar información fiable al respecto. Afortunadamente, creo que hoy puedo ofrecer unas pinceladas que sirvan para describirla y situarla en su contexto histórico. Y si me dejo algo, siempre podré desarrollarlo en futuras entradas, como me ha ocurrido otras veces.  

Lo interesante del mohur es que es una de esas monedas que, además de su innegable atractivo visual representa las diferentes tradiciones numismáticas del norte del subcontinente indio, manteniéndolas nada menos que hasta principios del siglo XX. El mohur nació a mediados del siglo XVI, un momento en que la zona que cubre el actual Nepal (valle de Katmandú) estaba dividida en tres reinos: Katmandú, Bhatgaon y Patan. En los inicios de la era Mughal, Mahendra Malla, rey de Katmandú (1566), visitó al emperador en Delhi consiguiendo el permiso para acuñar su propia moneda de plata. Posteriormente suscribió un acuerdo con Tibet para garantizar el aprovisionamiento de plata a cambio de acuñar la moneda de este reino. Esto fue significativo, ya que no solo garantizaba la emisión de moneda sino también una fuente de ingresos sostenida. 

Anversos de 1 y 1/2 mohur de plata. El diseño de la moneda de 
la izquierda, con su recuadro central, viene de patrones musulmanes
anteriores. Ambas tienen un tridente en el centro, símbolo de Shiva. 


Las primeras monedas de Nepal siguieron el patrón de las monedas de plata de del norte de India, copiando el cuadrado central del anverso y las leyendas arábigas, solo que colocadas del revés. Se trataba de tangkas, de unos 10 g. de peso siguiendo los patrones estéticos de las monedas musulmanas de Delhi o Bengal. En muchos casos se recurrió a la simple imitación de estas monedas incluyendo leyendas en pseudo-árabe o pseudo-persa, pero pronto se incluyó la escritura nagari, que a la postre perduraría.  

Alrededor de un siglo después, a mediados del XVII, se llevó a cabo una reforma monetaria en la que se redujeron las piezas de plata a la mitad de peso (5,4 g.) pasando a denominarse mohur. En el mohur se incluía en el anverso el nombre del soberano bajo cuyo mandato se acuñaba así como la fecha de su acceso al trono. Los reversos contenían por lo general simbología variada relacionada con el hinduismo e inscripciones alusivas al reinado o a motivos religiosos, lo que dota a estas piezas de gran diversidad y versatilidad. Dado que era importante emitir una moneda aceptable en el norte de India se elaboraron piezas con motivos similares a las monedas de plata de la dinastía mughal, y siempre desprovistas de imágenes antropomórficas para no ofender a los seguidores del Islam. No obstante, en muchos casos incluían motivos relacionados con el hinduismo como  tridentes (en alusión a Shiva), o chakras. La variedad de diseños en los mohur de oro y plata de esta época es realmente asombrosa. Podemos encontrar verdaderas curiosidades como piezas que incorporaban en sus diseños yantras, representaciones geométricas de deidades o del cuerpo humano que sólo los hinduistas podían descifrar. Para hacernos una buena idea de esta variedad, recomiendo echar un vistazo a este catálogo ilustrado en pdf: https://storage.spink.com/source/Docs/NepalBrochure.pdf

Reversos de las monedas, ambas con una espada en el centro. 
El diseño floral de la moneda de mohur recuerda a los tangkas de Tibet. 

No cabe duda de que fue durante la dinastía Malla el momento en que no solo se sentaron las bases del mohur de plata, sino que además se hizo gala de una enorme creatividad en los diseños, a lo que contribuían las divisiones existentes entre los diferentes reinos de la zona. Estas divisiones terminaron a mediados del siglo XVIII con el acceso de la dinastía Shah al trono en 1768. Prithvi Narayan Shah, fundador de esta dinastía, retuvo el sistema monetario existente con la plata como metal principal pero devaluó el cambio de las monedas emitidas por la dinastía Malla para que poco a poco fueran desapareciendo de la circulación. 

Como novedad, bajo el nuevo reinado se incorporó la fecha de emisión de la moneda en lugar de la del acceso al trono y se introdujeron piezas de doble mohur que coincidieran en dimensiones con la rupia. Las inscripciones se mantuvieron en nagari, y se incorporaron una serie de símbolos de forma permanente en el anverso de las monedas. Los soberanos de la dinastía Shah se consideraban encarnaciones del dios Vishnu, lo que llevó a incluir la representación del chakra (disco o rueda), gada (martillo), shankha (concha o caracola) y padma (flor de loto). 

Anverso de la moneda de 1 mohur. Los símbolos hinduistas
aparecen a izquierda y derecha (fuera del recuadro)


Las piezas que tengo el placer de compartir muestran toda esta simbología, y son posteriores a este reinado: todo indica que de finales del siglo XIX, emitidas bajo Prithvi Vir Vikham Shah (1881-1911). Sus respectivos reversos, además de la leyenda en nagari, reflejan una espada en el centro, emblema de soberanía, rodeada de un diseño floral muy similar al de los tangkas tibetanos. Pese a que se trata de las últimas piezas con este diseño, ya que poco después se abandonaron los patrones establecidos en el siglo XVI, nos dan una idea de la estabilidad de la que gozó el mohur durante su dilatada existencia: su peso es exactamente de 5,4 g (1 mohur) y 2,7 g. (1/2 mohur)

No ha sido sencillo, como indicaba más arriba, escribir sobre el mohur pero espero haber podido ofrecer al menos una introducción que sirva para adentrarnos más en el estudio de esta moneda. Sin duda lo merece por su historia, su calidad y su belleza. 

The Collection of Nepal Coins and Medals. Property of the Late Nicholas Rodhes - Spink

The Coinage of Nepal, by E.H. Walsh, en The Journal of the Asiatic Society of Great Britain and Ireland (Jul. 1908)

Early World Coins & Early Weight Standards, by Robert Tye, published by Early World Coins, York 2009

https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Nepal

https://en.wikipedia.org/wiki/Coinage_of_Nepal


sábado, 18 de septiembre de 2021

LOS MOTES DEL DÓLAR

Uno de los aspectos que más me gusta tratar, como sabéis los que tenéis a bien leerme, es el del impacto del dinero en la cultura e imaginario popular. Algo que está tan presente en nuestras vidas no puede pasar desapercibido en este aspecto, lo que lleva a que una determinada moneda sea conocida entre su población de maneras distintas. Ya tuvimos ocasión de ver anteriormente los innumerables sobrenombres que recibió la peseta en su día, así como la libra esterlina. Hoy me vais a permitir explotar un poco mi lado más pedagógico para comentar los motes que reciben el dólar y sus divisores, algo que podemos comprobar fácilmente en cualquier película o serie de televisión norteamericana (ahora que podemos verlas, gracias a Dios, en versión original). 

Buck: Empezamos con la forma más popular para referirse al dólar, que aquí traducimos hace tiempo como "pavo" y hemos aplicado a nuestra propia moneda. ¿De dónde viene el término "buck"? Parece ser que de época colonial, para lo que hay que retrotraerse hasta al menos el siglo XVIII. Durante esa época, en la que los habitantes de Norteamérica sufrían una escasez crónica de circulante, proliferaron diferentes tipos de dinero-mercancía. Uno de ellos fue la piel de ciervo (deerskin o buckskin) que se intercambiaba por otros bienes. Con el tiempo los diferentes tipos de dinero-mercancía dejaron de utilizarse pero el término "buck" sobrevivió como parte del slang norteamericano (y de otros países de lengua inglesa). 



Curiosamente, la Norteamérica colonial y la China de la Antigüedad tienen un nexo de unión con la piel de ciervo, ya que parece ser que el emperador Wu Di tuvo esta idea en el siglo II a.C. Con fines únicamente recaudatorios, los aristócratas que visitaban la residencia imperial debían quedarse con uno de estos trozos de cuero (de los que no se conserva ningún ejemplar) por la cantidad de 400.000 piezas de cobre. Un claro predecesor del papel moneda, aunque no puede considerarse como tal ya que no tenía muchas posibilidades de circular fuera de palacio. 

Quarter: El apodo escogido para las monedas de 25 centavos no tiene mucho misterio, ya que quarter hace referencia precisamente a eso, a la cuarta parte del dólar. La curiosidad de esta pieza se encuentra en su valor facial, ya que lo habitual en un sistema decimal era optar por la quinta parte de la moneda de referencia, no la cuarta. Esto obedecía a la paridad que en un principio tuvo el dólar con el real de a ocho español (Spanish dollar), la moneda de referencia en las colonias norteamericanas y la mayor parte del mundo durante la segunda mitad del siglo XVIII. Un quarter equivalía así a dos reales exactos, lo que facilitaba mucho a efectos contables y de transacciones. 

Un quarter actual (dcha) comparado con una moneda de dólar
de 1979, apodada "Carter quarter" por su parecido a las de 25 cts.

De hecho, un apodo con el que todavía se conoce a los cuartos de dólar es two-bits (dos trozos), ya que al comienzo de la independencia norteamericana era habitual cortar los Spanish dollars de plata en ocho porciones a modo de pizza para poder contar con divisores. Dos de esos ocho trozos equivalían a un cuarto de dólar. 

Dime: Parece ser que la de 10 centavos fue la primera moneda propiamente emitida por los Estados Unidos. Su mote, hace referencia también a su valor, ya que proviene del latín decimus. Antiguamente se aceptaba la forma disme, vinculada a la lengua francesa, pero con el tiempo se perdió la s (aunque no afectó a la pronunciación: /daim/)

"Dime" de 1940 apodado como "Mercury", pese
a que se trata de una alegoría distinta. 


Nickel: El mote para los cinco centavos no recuerda a su valor sino al material del que están hechos. Es un apelativo más reciente, dado que las primeras monedas de cinco centavos o half dimes (medios dimes) eran también de plata. El níquel se empezó a utilizar para fabricar estas piezas tras la guerra civil de 1861, un momento en que muchas de estas piezas quedaron fuera de la circulación para hacer frente al coste del esfuerzo bélico. En 1883 se optó por una aleación de cobre y níquel que diera un impulso al circulante de bajo valor. Fue tal el impulso que rápidamente fueron conocidas por la población como "nickel", hasta hoy. 

Una expresión popular que sigue utilizándose mucho es "nickel and dime", que sirve para indicar el escaso valor, económico o simbólico, de las cosas (por ejemplo, "a nickel and dime dispute", una discusión irrelevante) 

Penny: la denominación popular de los centavos es la única que mantiene algún nexo con el circulante británico. Pese a que desde el primer momento se escogió el nombre cent para la centésima parte del dólar, las monedas de cobre británicas fueron durante mucho tiempo el referente de cambio de bajo valor en las colonias americanas, pese a su escasez crónica y falsificación masiva. 

Dos pennies de la II Guerra Mundial, uno de acero
(steel penny) y el otro de cobre


Todo esto da una idea bastante aproximada de la consideración que los norteamericanos tenían hacia una y otra moneda: la española como referente absoluto y la británica como idónea para transacciones menores. Y de cómo el dinero, aún después de desaparecer, puede seguir formando parte del imaginario colectivo de todo un país. Después de todo, ¿no seguimos en España utilizando la expresión "no tengo un duro"? 


http://www.todayifoundout.com/index.php/2015/10/pennies-nickels-dimes-quarters-got-names/

https://www.investopedia.com/terms/b/buck.asp

Encyclopedia of Money, by Larry Allen, ABC-Clio Inc. Santa Barbara, California 1999

martes, 24 de agosto de 2021

LOS CERVANTINOS DE PERÚ

Mapa de Perú por departamentos
Loreto se encuentra al noreste, en 
plena Amazonia (fuente: Wikipedia)
Resulta sorprendente, con el tiempo que llevo publicando entradas, que apenas haya reservado un espacio a Perú, un país clave para comprender la numismática de la Edad Moderna, ya que de sus cecas salieron piezas de plata que circularon literalmente por todo el mundo, desde las toscas macuquinas hasta los imponentes columnarios. Ahora que se cumple el bicentenario de su independencia (o, mejor dicho, su proclamación porque la independencia efectiva tardó unos pocos años en conseguirse) tengo el placer de presentar hoy un billete de emergencia de hace exactamente 100 años, todo un notgeld hispanoamericano emitido, eso sí, en circunstancias muy diferentes a la de sus coetáneos alemanes pero con un origen común: la falta de circulante oficial. 

Al igual que había sucedido en época colonial, la abundancia de materias primas en el continente americano fue durante los siglos XIX y XX un factor para el desarrollo económico de las repúblicas surgidas tras los procesos de independencia así como una oportunidad para inversores extranjeros. El departamento de Loreto al noreste de Perú fue un buen ejemplo de ello. Situado en plena Amazonia la explotación del caucho durante la segunda mitad del siglo XIX trajo consigo un boom económico que reportó innumerables ingresos a las arcas peruanas. Al mismo tiempo, y dada su lejanía geográfica con Lima, se desarrolló entre su población una suerte de "espíritu de frontera", es decir, un sentimiento de autosuficiencia con respecto a un estado central preocupado principalmente de los beneficios económicos que esta remota región podía reportar. Algo que vendría a demostrar que los nacionalismos periféricos suelen tener más éxito en aquellas zonas en las que el progreso económico se traduce en oportunidades políticas, como bien podemos comprobar en España. 

Tras su independencia, y a diferencia de otros países de su entorno, Perú se caracterizaba por constituir un estado fuertemente centralizado. Aunque el departamento de Loreto ya había protagonizado conflictos con la capital por este hecho, demandando una mayor autonomía o incluso el establecimiento de un estado federal, fue tras la Primera Guerra Mundial cuando todas las tensiones salieron a relucir. El hundimiento de las exportaciones de caucho después de finalizar la guerra en Europa y la competencia con productores emergentes como Ceylán llevaron a Loreto a la depresión económica, y por tanto a una mayor dependencia de Lima. El estado peruano no solo desatendió esta parte del país, retrasándose de forma injustificada en las transferencias de fondos, sino que además mantenía una negociación con Colombia para la cesión de una parte del norte de ese territorio, el llamado "trapecio de Leticia", de nada menos que 100.000 Km2 de extensión. 

De esta manera, ante lo que consideraban una inaceptable dejación de funciones y una afrenta a los habitantes de Loreto, el ejército se sublevó contra el gobierno peruano en Iquitos en Agosto de 1921. El líder de esta revuelta fue el capitán Guillermo Cervantes, que encontró apoyo entre la población y las élites locales para la constitución de Loreto como un estado federal, a la manera de los Estados Unidos o México, sin renunciar en ningún caso a la nacionalidad peruana. 

Entre las primeras medidas que tomaron las nuevas autoridades loretanas destacaron la ejecución de pagos pendientes como sueldos de funcionarios y militares y la puesta en circulación de dinero entre la población local, acciones que atrajeron apoyos a la rebelión. Además de apropiarse de 23.000 libras esterlinas de la sucursal del Bank of London, emitieron un total de 20.000 libras peruanas (la unidad monetaria equivalente al soberano de oro británico) en cheques provisionales como el que aparece en las imágenes. 


Se trata de unos atractivos vales, apodados cervantinos o cervanteros, que únicamente difieren en los colores ya que el diseño para los billetes de soles es idéntico, con la imagen de un indígena en el anverso y una alegoría femenina de la Justicia en el reverso. Los billetes de bajo valor facial (10, 20 y 50 centavos) llevan simplemente un resello impreso indicativo de este valor. Se emitieron también cheques en libras peruanas por valor de 1/2, 1 y 5 libras, con diseños más variados como podemos ver en el siguiente enlace:  
https://www.peruvianbanknotes.com/cervanteros. Es notoria la firma de Guillermo Cervantes en la parte inferior de los cheques. 

Pese a todo, muchos comerciantes se negaron a aceptar estos vales, ya que consideraban que no contaban con el necesario respaldo financiero. La marina, un sector clave en las comunicaciones fluviales de Loreto, tampoco apoyó esta insurrección, algo que sería clave en los meses siguientes al estallido del conflicto. El gobierno de Lima cerró la frontera con Brasil estableciendo un férreo boqueo que desabastecía a los rebeldes de recursos, mientras penetraba con sus embarcaciones a través del Amazonas con el permiso de las autoridades brasileñas llegando a los ríos Ucayali y Huallaga en Perú, desde donde infligió severas derrotas a los sublevados a principios de 1922. 

Firma de Guillermo Cervantes

De esta forma terminó uno de los principales intentos de convertir este departamento amazónico en estado federado. Poco se sabe, no obstante, de la vida de Guillermo Cervantes tras este traumático episodio: unos piensan que murió exiliado en Ecuador en 1933 y otros sostienen que lo hizo perdido en el Amazonas en el marco del conflicto territorial por Leticia entre Colombia y Perú en 1932-33. Sea como fuere, su legado en esta zona de Perú, al menos en el plano numismático, resulta indiscutible. 


https://www.revistaideele.com/2021/02/24/el-otro-centenario-la-sublevacion-federalista-de-iquitos-de-1921/

https://proycontra.com.pe/el-calor-y-la-furia-de-la-revolucion-federal-de-loreto/

http://arqueohistoria.blogspot.com/2008/04/1922-revolucion-en-la-selva.html

sábado, 31 de julio de 2021

MÁS SOBRE LAS MILLEFIORI

Una de las ventajas que tiene escribir artículos en un blog de forma continuada es que permite profundizar acerca de curiosidades tratadas con anterioridad. Con el tiempo, uno aprende a documentarse más y a estar al tanto de novedades que pueden aportar más conocimiento sobre artículos de la numismática o la notafilia. Es el caso de las cuentas de collar millefiori, una de las formas de dinero más interesantes y atractivas que cualquier coleccionista se puede encontrar, y que solo un reciente hallazgo arqueológico me ha animado a escribir más acerca de ellas.  

Diferentes cuentas de collar millefiori en Odd and Curious Money, de C. Opitz


Concretamente, este hallazgo me ha animado a interesarme por su historia y proceso de fabricación. Antes de la creación de la moneda el dinero mercancía era el único del que el ser humano podía disponer para realizar este tipo de intercambios. Caparazones, piedras, telas, cereales, trozos de metal…eran objetos que se caracterizaban por tener un valor intrínseco reconocido por las partes, una mayor o menor durabilidad y ser fáciles de transportar. Este tipo de dinero continuó siendo utilizado en todos aquellos lugares del mundo en los que la moneda no había sido adoptada, en algún caso hasta el mismo siglo XX como las cauríes en el continente africano. A finales de la Edad Media, las cuentas de collar de vidrio venecianas demostraron ser una buena forma de dinero-mercancía, ya que además de los atributos propios de este tipo de dinero poseían una estética ciertamente atractiva para pueblos tan dispares y lejanos geográficamente como los Ashanti en África Occidental o las distintas sociedades precolombinas en el continente americano.

Aunque siempre que nos referimos a la industria del vidrio Venecia suele ser lo primero que nos viene a la mente, seguramente fueron los antiguos egipcios los que primero desarrollaron las técnicas necesarias, tanto de fabricación como en cuanto a perfeccionamiento de la estética. Los romanos, por su parte, consiguieron adaptarlas a la producción a gran escala, de tal forma que fuera posible producir grandes cantidades de objetos decorativos de cristal a un coste relativamente bajo. Es aquí, en la Antigüedad, donde puede encontrarse el origen de la técnica millefiori, prácticamente perdida durante todo el Medievo y no recuperada hasta mucho después.

No obstante, el vidrio continuó produciéndose en el continente europeo aunque a menor escala y sobre todo con fines religiosos. La pujanza económica y comercial que experimentó Venecia en la Baja Edad Media favoreció la industria del cristal, cuyos artesanos trabajaron sin descanso para recuperar las técnicas empleadas en la Antigüedad. La isla de Murano se convirtió en el epicentro de la producción de diferentes objetos de vidrio, que no tardaría en expandirse dada la enorme demanda que estos bienes comenzarían a tener dentro y fuera de Europa. Lo que tal vez no podían sospechar estos artesanos, al menos en un principio, eran las repercusiones sociales y económicas que estos objetos iban a tener no solo en Europa, sino en literalmente todos los rincones del mundo, algunos aún desconocidos para ellos.



La técnica “millefiori” (mil flores), denominada así por su llamativo colorido y sus característicos patrones geométricos, fue una de las más populares. Su proceso de elaboración para cuentas de collar u otros objetos requiere de un cierto grado de destreza y mucha paciencia, ya que, para conseguir los diseños geométricos deseados, se deben completar una serie de etapas. Primero, es necesario tener preparado el vidrio fundido de los colores deseados en diferentes envases, uno por color. El primer paso consiste en formar un glóbulo de vidrio fundido de un color determinado en el extremo de una barra de acero de aproximadamente 1,5 m. Una vez se enfría el glóbulo, pasa a sumergirse en los diferentes envases preparados, de tal forma que el glóbulo aumenta de tamaño. Tendríamos así una esfera formada por diferentes capas de colores.

A continuación, esta esfera aún caliente se introduce en un molde para darle la forma geométrica deseada. El molde puede tener formas diferentes, típicamente de estrella o flor. Después el proceso se repite recubriendo la esfera (ahora con la forma geométrica del molde) de nuevo con vidrio fundido, para después introducirla en un molde más grande con el mismo o diferente patrón geométrico. De esta manera se va formando un diseño interior consistente en formas geométricas concéntricas en el glóbulo de cristal, no visible en el exterior, un poco como sucede con los rollos de sushi.

Una vez que se termina de trabajar con los moldes, se procede a estirar el glóbulo todavía caliente hasta formar una barra larga y fina. Por muy fina que resulte, el diseño interior geométrico queda intacto. Cuando esta barra de vidrio se enfría, se procede a cortarla en piezas pequeñas circulares que pasarán a incrustarse en posteriores objetos decorativos también hechos de vidrio como jarrones, pisapapeles o cuentas de collar. En el siguiente video podemos hacernos una idea más exacta de todo el proceso:




En el caso de la cuenta millefiori que aparece en la imagen de arriba, podemos ver que está formada por un patrón de círculos concéntricos amarillos, rojos y blancos en un fondo azul oscuro. No es sencilla de datar, pero seguramente se fabricó en Venecia durante el siglo XIX (momento en que este tipo de cuentas fue especialmente demandado) y se empleó en lo que es hoy la zona que ocupa Mauritania. Cuando los portugueses comenzaron a explorar las posibilidades comerciales en África y Asia en el siglo XV, no tardaron en darse cuenta del potencial que las cuentas de vidrio podían tener en estas latitudes. En África occidental, por ejemplo, demostraron ser objetos de mucha popularidad dada su escasez en la zona. Los Ashanti, establecidos en el territorio que hoy ocupa Ghana y pueblo comerciante por excelencia, incorporaron las cuentas de cristal como símbolo de estatus y poder. Las cuentas eran intercambiadas por recursos muy demandados en Europa como oro, marfil o aceite de palma, y se usaron con fines comerciales hasta la primera mitad del siglo XX.

No obstante, es muy posible que no fueran los portugueses los primeros en utilizar cuentas de vidrio como objeto de intercambio. El reciente descubrimiento arqueológico al que antes me refería ha revelado el hallazgo en Alaska de unas pequeñas cuentas de vidrio venecianas de color azul fechadas entre 1397 y 1488. Si bien es sabido que este tipo de cuentas fue utilizado por poblaciones americanas de Norteamérica y el Caribe, todas las que se habían encontrado hasta la fecha databan al menos del siglo XVI, después de la llegada de Colón al continente americano. Según la hipótesis más probable, estas cuentas llegaron antes de ese momento, muy probablemente siguiendo la llamada Ruta de la Seda (que tenía en Venecia uno de sus puntos de partida en Europa) a través de Asia Central hasta los confines del extremo oriente cruzando el estrecho de Bering.

Cuentas venecianas encontradas en Alaska (Foto: M.L. Kunz el al. 2021/
American Antiquity en www.historia.nationalgeographic.com.es


Se trata de un hallazgo que nos obliga a replantearnos parte de nuestro conocimiento acerca de las rutas comerciales medievales, ya que es posible que los intercambios a través del estrecho de Bering fueran más fluidos de lo que se pensaba. Pero en cualquier caso confirma a las cuentas de vidrio venecianas como objetos altamente apreciados en todo el mundo, incluso en momentos en que una buena parte del mismo era desconocido para los europeos. Y que el comercio siempre ha sido una de las fuerzas que ha movido a la humanidad a superarse a sí misma.


Odd and Curious Money, descriptions and values, by Charles J Opitz, 2nd Edition 1991

https://www.glassofvenice.com/venetian_beads_history.php

http://www.millefioribeads.org/history-millefiori-beads/

http://www.vam.ac.uk/content/articles/t/trade-beads/

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/descubren-cuentas-vidrio-veneciano-epoca-precolombina-alaska_16332



lunes, 12 de julio de 2021

TURKMENISTAN: EL BILLETE QUE NO PUDO SER

La emisión de dinero, una de las muestras de control por parte de un estado por antonomasia, ha traído siempre consigo la tentación de ser utilizada como una herramienta propagandística. Es lógico, si tenemos en cuenta que se trata de un monopolio (salvo en el caso de la China de la Antigüedad, donde las emisiones locales y privadas fueron más o menos toleradas durante ciertas épocas), condiciona la economía de un territorio y llega a prácticamente toda la población. Si el estado que emite el dinero es autoritario, las probabilidades de que sus monedas y billetes se conviertan en un instrumento más a mayor gloria de su líder aumentan hasta convertirse en certezas. 

Hace un par de años tuvimos la ocasión de comprobar cómo las excentricidades de un dictador condicionaban la emisión de papel moneda en Birmania. Ne Win, obsesionado con el esoterismo y la numerología, ordenó en 1985 emitir billetes de 75 kyats para celebrar su 75 cumpleaños y dos años más tarde de 90 y 45 kyats para honrar el número 9, considerado por él como símbolo de fortuna. Una gracia que quedaba rematada con la desmonetización de todo el dinero en circulación anterior, lo cual seguramente contribuyó a su derrocamiento en 1988. El caso de hoy no llegó a tanto, de hecho parece ser que la nueva emisión quedó en proyecto, pero demuestra una vez más lo que puede suponer que ciertos personajes lleguen al poder. 


Anversos de los billetes de 50 y 100 manat con el retrato
de Saparmurat Niyázov

Turkmenistán, país que nos resultaba absolutamente desconocido hasta su independencia en 1991, es un buen ejemplo de la dificultad que ha entrañado la transición de un régimen dictatorial a un sistema de libertades. Tras la disolución de la Unión Soviética muchos pensamos que todos los antiguos territorios bajo su dominio abrazarían más pronto que tarde la democracia pero lo cierto es que el verano de 1991 abría un periodo de incertidumbre en 15 nuevas repúblicas, algunas de ellas con una independencia que ni siquiera esperaban. Turkmenistán puede decirse que se encontraba entre estas últimas: su líder Saparmurat Niyazov vio en el golpe de 1991 una oportunidad única para consolidar su ya extensa cuota de poder, ahora sin los límites impuestos por Moscú. 

Situado en plena Asia Central, con Uzbekistán al norte, Irán al sur y el mar Caspio como única costa, esta república tan rica en recursos naturales (gas y petróleo principalmente) como pobre en vegetación simboliza el encuentro entre culturas dispares convertido muchas veces en choque entre diferentes civilizaciones. Territorio poblado principalmente por turcomanos, descendientes de uno de los muchos pueblos túrquicos que habitan en la zona desde tiempo inmemorial, fue un punto clave en la Ruta de la Seda, lo que llevó a árabes, persas y posteriormente los mongoles a interesarse por su control. Durante el siglo XIX pasó de forma definitiva a la esfera de influencia rusa, siendo décadas más tarde una de las zonas que más resistencia opuso a los bolcheviques, hasta convertirse en república socialista de la Unión Soviética formalmente en 1924. 

La época de Gorbachov como secretario general del PCUS presenció una serie de cambios que desembocaron en la disolución posterior de la URSS. Uno de ellos, muy significativo, fue el poder e influencia crecientes de las diferentes repúblicas frente al poder central de Moscú. En este sentido, puede decirse que Saparmurat Niyázov llegó en el momento más oportuno posible. Nacido en 1940, formado en ingeniería eléctrica sin un bagaje académico o profesional relevante, consiguió ascender en el escalafón del Partido Comunista de Turkmenistán con relativa rapidez, llegando a secretario general en 1985. Durante los seis años que aún le quedaban de vida a la Unión Soviética, Turkmenistán se caracterizó por ser una de las repúblicas menos aperturistas y aficionadas a la "línea dura" del marxismo-leninismo. Tanto fue así que Niyázov apoyó el golpe de 1991, algo que no sirvió para que éste triunfara como todos sabemos, sino para acelerar la desintegración de la URSS. 


Los reversos suelen ser más interesantes. El de 50 manat, por
ejemplo, homenajea todo un símbolo de Asia Central: el caballo

Y una vez libre de ataduras, Niyázov reveló a los turcomanos y al mundo entero sus verdaderas intenciones, que no fueron otras que convertirse en un autócrata excéntrico, narcisista y ególatra hasta la náusea, cuyos actos parecían salidos más del guion de una comedia de bajo presupuesto que del responsable de un país que comienza sus primeros pasos como nación independiente. Un breve repaso de estas excentricidades demuestra que no se trata de una exageración. Declaró fuera de la ley todas las enfermedades infecciosas, y, dentro de una reforma sanitaria cerró todas las clínicas salvo las de la capital Ashjabad. Ordenó la construcción de una pista de patinaje sobre hielo en pleno desierto de Karakum. Prohibió los dientes de oro (un rasgo cultural muy común en Asia Central) así como el pelo largo, barba y bigote a los jóvenes. Cambió el nombre de los meses del calendario por los de miembros de su familia y prohibió el ballet, la ópera y el circo por considerarlos "abiertamente antiturcomanos". Se diría que existía cierta tendencia a prohibir o permitir dependiendo de los gustos personales de Niyázov. 

Su figura y su imagen, por supuesto, debían ser omnipresentes. Eran habituales las estatuas doradas del personaje, una de ellas colocada sobre un gran arco que giraba para apuntar siempre al sol (desconozco si en Corea del Norte han tomado nota de esta iniciativa). Su libro Rujnamá, una especie de tratado de moral y civismo, debía ser de lectura obligatoria en colegios y universidades, así como formar parte de los exámenes para acceder al funcionariado y, parece ser, del mismísimo juramento hipocrático de los médicos. Claro está, la nueva moneda nacional, el manat, no se iba a librar de su retrato, por lo que en todas las monedas y billetes emitidos aparecería sin excepción el Turkmenbashí, o "padre de todos los turcomanos". 

Hay algo, cuando comparamos la imagen de Niyázov en los billetes con las que solemos encontrar por internet, que nos llama la atención: el pelo. Un dictador tan encantado de haberse conocido como él no debía soportar la idea de envejecer con lo que es habitual encontrar su imagen con un pelo demasiado oscuro para un hombre entrado en la sesentena. Esta imagen no se reflejaba en los billetes, que presentaban un Niyázov canoso, más acorde con su edad. En el segundo semestre de 2006 dio la orden para realizar el cambio de diseño en el papel moneda pero ésta no fue ejecutada al fallecer a finales de ese mismo año. Su sucesor, Gurbanguly Berdymujámmedov (de quien se rumorea era hijo ilegítimo) quiso honrar la memoria de Niyázov llevando a cabo esta reforma de forma póstuma. En 2009 estuvo listo el diseño pero finalmente no vio la luz. Este parece ser el "billete que no pudo ser":    


Fuente: wikipedia


15 años tras la muerte de Niyázov, poco parecen haber cambiado las cosas. Berdymujámmedov demostró su afán en convertirse en digno sucesor de tan peculiar autócrata emulándole en cuestiones como erección de estatuas, decisiones absurdas (prohibir cambiar de nombre a los caballos o la circulación de coches de color oscuro, por poner dos ejemplos) y, por supuesto, ocultar sus canas. Por mucho que nos quejemos, nunca debemos olvidar qué tipo de sistema político disfrutamos... 

https://blogdebanderas.com/2014/09/07/8-curiosidades-en-los-billetes-alrededor-del-mundo/

https://elpais.com/diario/2006/12/22/internacional/1166742007_850215.html

https://elordenmundial.com/turkmenistan-asia-central-totalitario-historia/

https://es.wikipedia.org/wiki/Saparmyrat_Ny%C3%BDazow

https://es.wikipedia.org/wiki/Turkmenist%C3%A1n

miércoles, 23 de junio de 2021

BILLETES CON (UNA) HISTORIA: IRLANDA

Algo para lo que me ha servido el blog, entre otras muchas cosas, es para la identificación de billetes que considero deben estar en el álbum de cualquier coleccionista de notafilia por su belleza y significado. Un billete proporciona más espacio para un buen diseño, algo que puede comprobarse fácilmente cuando el diseño escogido es un mapa. La cartografía ha sido siempre una de mis aficiones favoritas, por lo que desde el primer momento he intentado encontrar billetes con mapas, sobre todo si se trata de mapas históricos. Hasta ahora he podido mostrar algún ejemplo como el del ferrocarril de Vladikavkaz, que refleja con todo detalle el Cáucaso a propósito de la línea férrea a Bakú, o el portulano de Joan de la Oliva en los billetes de peseta de 1945. Recientemente, gracias a uno de los grupos en los que participo en Facebook, he dado con un billete que no reproduce un país sino una parte del plano de una ciudad con bastante detalle, todo un digno antecedente de Google Maps.

  


A principios de la década de 1970 el Banco de Irlanda decidió comenzar a sustituir unos billetes que habían estado en circulación nada menos que desde 1928. Muchos cambios importantes estaban teniendo lugar en esta época, entre ellos el ingreso de la República de Irlanda en el Sistema Monetario Europeo, que significó el fin de la vinculación de su moneda a la libra esterlina. Los billetes de Lady Lavery, conocidos así por representar como figura alegórica del nuevo estado irlandés a Lady Hazel Lavery (una suerte de Marianne irlandesa) habían sido impresos por el Banco de Inglaterra, por lo que éste era un buen momento no solo para renovar el papel moneda circulante sino para cortar amarras de forma definitiva con el Reino Unido. Unos años después comenzó a emitirse la nueva serie de billetes de 1, 5, 10, 20 y 50 libras en los que se homenajeaba a diferentes personajes representativos de la historia de Irlanda complementados por elementos propios de las artes y la cultura nacional. Como guiño al anterior papel moneda, presente en la vida de los irlandeses durante casi cinco décadas, se mantendría a Lady Lavery en las marcas de agua. 

El billete de 10 libras, de 1978 y en circulación hasta bien entrados los 90, mostraba en su anverso un retrato del escritor satírico Jonathan Swift (1676-1745), autor de la obra tantas veces adaptada (así como parodiada) Los Viajes de Gulliver, verdadero testimonio crítico del espectro social y político de su tiempo disfrazado de historia de aventuras fantásticas. El fondo del anverso está dominado por el escudo de armas de la ciudad de Dublín en un escrito de 1735 que parece ser una resolución de ayuntamiento de la ciudad como respuesta a una carta del propio Swift, por entonces deán de la catedral de San Patricio. Después de mucho indagar, y por las pocas palabras que he podido descifrar, creo que puede tratarse de una solicitud para destinar terrenos a la futura construcción de un hospital para personas con enfermedades mentales, en aquel momento conocido con el poco edificante nombre de manicomio. De hecho, la mayor parte de su fortuna tras su fallecimiento en 1745 (12.000 libras de aquella época) fue destinada a la construcción de esta institución, que abriría 12 años después. 



Pero como no podía ser de otra manera, voy a centrarme en el reverso. La cartografía que contiene es local, de la ciudad de Dublín por más señas, y se trata del fragmento de un mapa urbano diseñado por John Rocque (1709-1762). Durante mucho tiempo los planos de las ciudades habían sido, por decirlo de una forma suave, poco precisos. Solo a partir del Renacimiento comienza a haber un verdadero interés en reproducir a escala las calles y puntos emblemáticos de las ciudades, dejando de lado los elementos meramente ornamentales. Rocque, hijo de emigrados franceses hugonotes, se especializó en la cartografía local, tanto urbana como rural, y dejó como contribución principal un mapa actualizado de Londres y sus alrededores en 1746.

Los planos elaborados por Rocque hacían gala de una gran precisión, algo difícil con los medios de la época, así como de una gran cantidad de material informativo. Esto por si solo constituía algo revolucionario ya que cualquier particular podía hacerse una idea precisa de los lugares representados. Bosques, jardines, parques o cultivos indicaban el uso que se daba a la tierra, mientras que edificios emblemáticos, calles, carreteras o simples viviendas daban una idea bastante aproximada del aspecto y ubicación de las zonas habitadas. Cuando se contempla uno de estos mapas hay que fijarse bien para darse cuenta de su antigüedad porque en muchos aspectos podría ser uno elaborado en los siglos XIX o XX. Su mapa de Dublín, que también incluye los alrededores, es de 1756. Una comparación con un mapa actual puede dar una idea, aunque se trate de un pequeño fragmento, de su precisión. 




Swift y Rocque no pudieron conocerse, dado que este último permaneció en Dublín años después de la muerte del primero entre 1754 y 1760, aunque sí que pudo ser testigo de la apertura del hospital que el escritor ordenó construir. Dos verdaderos visionarios, uno interesado en el tratamiento de las enfermedades mentales y otro en la mejora de las técnicas cartográficas, homenajeados en un mismo billete siglos después. La historia que puede contener el papel moneda nunca dejará de asombrarme...      


https://oldcurrencyexchange.com/2015/07/02/obrien-banknote-guide-ten-pounds-irish-banknote-b-series/

http://www.banknoteden.com/TMFOM/Ireland.html

Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografia de Jonathan Swift. En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Barcelona (España). Recuperado de https://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/swift.htm el 24 de junio de 2021.

https://en.wikipedia.org/wiki/Jonathan_Swift

https://brentfordandchiswicklhs.org.uk/john-rocque-a-revolutionary-map-maker/

miércoles, 2 de junio de 2021

MONEDAS CASH JAPONESAS (III)

Si bien, por razones de cercanía geográfica y cultural, el sistema monetario japonés se inspiró en muchos sentidos en el chino, las diferencias son tan patentes que pueden dar para escribir diferentes entradas durante años. Ya hemos visto gracias a las otras monedas cash kan'nei-tsuho y bunyu eiho cómo las monedas de cobre en Japón no eran más que el tercer pilar de un complejo sistema trimetálico en el que el oro, la plata y el cobre convivían de forma separada. 

Antes del siglo XVII el circulante de Japón estaba constituido por una mezcla de monedas propias y extranjeras, imitaciones locales y formas de dinero-mercancía (muy notablemente el arroz) que, en un contexto de falta de un poder centralizado, dividía al país de facto en diferentes zonas económicas. El ascenso al poder de Tokugawa Ieyasu en 1600 puso fin a esta situación mediante una amplia reforma del sistema monetario que pusiera fin a estas confusiones y reactivara la emisión de moneda propia. Se trataba en definitiva de adaptar el circulante a la creciente actividad económica y mercantil del país en una época en que el comercio con las potencias europeas era clave para el desarrollo económico. 


Tres monedas cash representativas de la era Tokugawa:
kan'ei tsuho (arriba izda.), bunkyu eiho (arriba dcha.)
 y tenpo tsuho (debajo)

El sistema monetario japonés Tokugawa era, como otros muchos sistemas coetáneos, trimetálico, pero con una serie de características únicas. A diferencia de otros sistemas basados en el oro, la plata y el bronce, en el caso japonés los tres metales actuaban más como sistemas paralelos, con un alto grado de independencia con respecto a los demás. De hecho, se establecieron cecas separadas para la emisión de cada metal y en muchos casos los precios de bienes y servicios se fijaban en un metal u otro dependiendo de su naturaleza. Al comienzo del shogunato de Tokugawa Ieyasu quedó establecida una tabla oficial de equivalencias resumida de la siguiente manera: 

  • Moneda de oro: un ryo = 4 bu = 16 shu
  • Moneda de plata: un monme (3,75 grs.) = 10 fun; 1.000 monme = 1 kan
  • Moneda de cobre: la unidad era el mon, 1.000 mon constituían un kanmon

Entre los diferentes metales, se estableció que 1 ryo era equivalente a 50 monme de plata (que pasaría a 60 a partir del año 1700) y 4.000 mon de cobre. Al tratarse de tres sistemas operando paralelamente las fluctuaciones fueron constantes de tal manera que se hizo necesario contar con un amplio cuerpo profesional de cambistas, colectivo cuyos servicios probaron ser de gran importancia durante todo este periodo.

Desde un primer momento los nuevos shogun demostraron una clara intención de impulsar la emisión de monedas propias de bajo valor. Es el caso de las kan'ei tsuho, por valor de un mon, surgidas durante la llamada era Kan'ei (1624-1644) y producidas de forma continua en grandes cantidades durante aproximadamente doscientos años. Más adelante se hizo necesaria la emisión de monedas cash de mayor valor facial, pero los diferentes intentos no surtieron efecto hasta bien entrado el siglo XIX. 

Anverso de la tenpo tsuho


En 1835, durante la llamada era Tenpo bajo el emperador Ninko (1830-1844), se comenzaron a emitir las tenpo tsuho por valor de 100 mon en una aleación de cobre, estaño y plomo. Mantenían el característico agujero cuadrado en el centro, pero su forma era ovalada y su peso considerablemente mayor, por encima de los 20 g. El anverso muestra los caracteres 天保 (ten po) arriba, que puede traducirse como protección imperial celestial, y 通寳 (tsu ho) debajo, o moneda en circulación. El reverso por su parte contiene los caracteres  (to hyaku) arriba, es decir equivalente a 100, y un curioso garabato debajo que no se corresponde con un carácter sino con el kao o firma de Goto San'emon, perteneciente a la familia responsable de la ceca de Edo (Tokio) donde estas monedas fueron producidas.   

Reverso de la tenpo tsuho


La emisión de estas piezas de altas denominaciones entraba dentro de un plan general de devaluación de la moneda que también afectaba al circulante de oro y plata, con el fin último de financiar el déficit fiscal del shogunato. Esto fue en general percibido de forma negativa por parte de la población, dadas las confusiones originadas y la consecuente subida de precios que este tipo de medidas conllevan. No obstante, las tenpo tsuho tuvieron una vida relativamente larga en este contexto de inestabilidad financiera y monetaria. Se siguieron produciendo en grandes cantidades durante las décadas finales de la era Tokugawa e incluso al principio de la era Meiji en 1868, dada la elevada aceptación que sin duda tenían. No obstante, las reformas modernizadoras que siguieron, entre ellas la puesta en marcha del yen, no daban cabida a antiguas formas monetarias como esta. 

Aún así, las tenpo tsuho han quedado en el imaginario colectivo japonés como una de sus monedas más representativas y populares, lo que les convierte en potenciales amuletos y símbolos de buenos deseos. Y, dadas las grandes cantidades emitidas, constituyen un objeto muy preciado para los coleccionistas de moneda oriental, que pueden adquirir fácilmente una cash coin muy atractiva y un poco diferente a lo habitual. 

Shin'ichi Shakuraki, A Brief History of Pre-modern Japanese Coinage, Catalogue of the Japanese Coin Collection (Pre-Meiji) at the British Museum, (pp. 17-25)



martes, 18 de mayo de 2021

MONEDAS INDIAS DE LA ANTIGÜEDAD (IV)

Extensión máxima del Imperio Satavahana
(fuente: wikipedia). El reino chutu se
situaba en su parte sudoccidental
Muchas veces tendemos a interpretar la numismática en términos de coleccionismo, olvidándonos de que una de sus contribuciones principales es aportar luz sobre el estudio de la sociedad y economía que creó y utilizó las monedas. En la reciente película "The Dig", que de forma brillante relata los pormenores de la excavación de Sutton Hoo en Suffolk (Reino Unido) justo antes de la II Guerra Mundial, puede comprobarse cómo el hallazgo de una moneda de oro en un barco funerario anglosajón lleva a sus descubridores a cambiar sus percepciones acerca de los habitantes de la Inglaterra altomedieval: no se trataba de simples bárbaros que resolvían sus transacciones comerciales mediante el trueque, sino que conservaban rasgos y costumbres propias de las civilizaciones clásicas. La conocida como "Edad Oscura" ya no lo era tanto. 

La numismática cobra por tanto una relevancia mayor cuanto menos se sabe acerca de las sociedades en las que circuló la moneda. Esto es especialmente cierto en el caso de la India de la Antigüedad, en la que lo legendario tiende a fundirse con lo real de forma a veces inevitable. Hay casos, como el de hoy, en los que una gran parte de lo que se conoce de un reino o imperio es gracias a la información que contienen las monedas que han llegado a nuestros días. Parece bastante aceptado que la moneda se introdujo en el subcontinente Indio alrededor del siglo V a.C. de la mano de los persas aqueménidas, que emitieron piezas de plata imitativas de las primeras monedas griegas, con marcas perforadas de animales o diseños geométricos en las dos caras. Este estilo de acuñación, consistente en cospeles de plata (conocidos como karshapanas) a los que se aplicaban perforaciones con diferentes símbolos, se fue expandiendo hacia el sur, llegando a su plenitud en la época del Imperio Maurya a partir de c. 320 a.C., el primero en unificar todo el subcontinente. 

Anverso de karshapana de plomo del reino Chutu (c. 100 d.C.)
Presenta una colina arqueada en el centro rodeada de la 
leyenda en brahmi referente al rey Mulananda

Tras descomponerse Maurya en el siglo II a.C. los Satavahanas o Andhras (que dan nombre al actual estado de Andhra Pradesh) tomaron el testigo como el reino más influyente en la llanura del Deccan y el sur de la India. Sin duda se trató de un reino organizado, con una sólida estructura administrativa y una sociedad cohesionada a través de un sistema de castas, y próspero en lo económico: no solo destacó por su boyante agricultura, sino también por la producción de cerámica y metales así como por el comercio exterior, aprovechando sus conexiones marítimas del Golfo de Bengala y el Mar Arábigo. La prueba de esta prosperidad se encuentra en su prolífica producción de moneda: en sus más de 200 años de existencia emitieron una ingente variedad de piezas, tanto en lo referente a materiales (plata, cobre, bronce y plomo) como en cuanto a diseños, incluyendo tanto símbolos hinduistas como representaciones humanas, animales, elementos de la naturaleza o incluso los bustos de los gobernantes, rasgo sin duda importado de occidente. En muchos casos se incluían leyendas en escritura brahmi en idioma prácrito, aunque también en lenguas de la zona como el tamil o telugu. 


Reverso de la moneda con el árbol sobre celosía
rodeado de símbolos hinduistas. Se pueden apreciar
a la derecha un arco y flecha y debajo la srivatsa

La relevancia de la numismática como prueba historiográfica, sin embargo, queda acreditada aún más con el ejemplo de la moneda de hoy. Alrededor del siglo II de nuestra era le tocó al imperio de los Andhras desintegrarse en diferentes entidades. Una de ellas fue el reino de los Chutus, de los que se sabe muy poco y seguramente sin las monedas que han llegado a nuestros días se sabría aún menos. Muy posiblemente vasallos de los Satavahanas, se asentaron y consolidaron en una región del suroeste de este territorio (en el actual estado de Karnataka) alrededor de la ciudad de Banavasi entre los siglos II y IV d.C. 

Como no podía ser de otra manera, los Chutus fueron continuadores del legado satavahana, como demuestran sus karshapanas. Acuñadas en plomo, con un diámetro de 27 mm y un peso  de 14,75 g, reflejan símbolos propios del hinduismo y de la tradición numismática del sur del subcontinente, tal y como podemos apreciar en las imágenes. El anverso muestra una colina arqueada rodeada de la leyenda referente al nombre del rey en brahmi, Mulananda, cuyo reinado se calcula tuvo lugar en una época comprendida entre los años 78 y 175 d.C. El reverso refleja de forma prominente un árbol sobre celosía compartimentada (a veces en cuatro, otras en ocho o, como el caso de hoy, en doce partes)  rodeado de diferentes símbolos hinduistas, típicamente esvásticas, nandipadas (de tipo taurino), srivatsas (flor de lis), o un arco con flecha. Estos dos últimos los podemos apreciar a la derecha del árbol en la imagen de arriba. 


Ejemplo de karshapana de Mulananda en Early World Coins
 de R. Tye, donde se puede apreciar mejor el diseño

Gracias a estas monedas se puede establecer una cronología fiable de acuerdo con los tres tipos que se conocen según la leyenda del anverso: Chutukulananda (30 a.C. - 70 d.C.), Mulananda (78 - 175 d.C.) y Sivananda (175 d.C. - 280 d.C.) nombres de reyes que se usan como referencia, aunque sin duda tuvieron que haber muchos más durante esos largos periodos. Emitieron además divisores de la karshapana también en plomo, sin leyendas y  con menos simbología, lo cual prueba el dinamismo de su economía, al igual que la de sus predecesores.

El reino de los chutus desapareció a mediados del siglo IV tras alrededor de dos siglos de duración. Sus monedas han resultado imprescindibles para conocerlo mejor, todo un testimonio mudo no solo sobre la riqueza numismática del sur de India sino también sobre su compleja historia. Algo que a buen seguro constituirá un reto para cualquier estudioso de la numismática. 

Sobre los reinos Satavahana y Chutu:  


Embree, A.T. y WIlhelm, F. India: Historia del subcontinente desde las culturas del Indo hasta el comienzo del dominio inglés, Historia Universal Siglo XXI vol. 17 Madrid 1981

Sobre las monedas de los chutus: 


Early World Coins & Early Weight Standards, by Robert Tye, published by Early World Coins, York 2009

Otros ejemplos de karshapanas: 





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