miércoles, 23 de junio de 2021

BILLETES CON (UNA) HISTORIA: IRLANDA

Algo para lo que me ha servido el blog, entre otras muchas cosas, es para la identificación de billetes que considero deben estar en el álbum de cualquier coleccionista de notafilia por su belleza y significado. Un billete proporciona más espacio para un buen diseño, algo que puede comprobarse fácilmente cuando el diseño escogido es un mapa. La cartografía ha sido siempre una de mis aficiones favoritas, por lo que desde el primer momento he intentado encontrar billetes con mapas, sobre todo si se trata de mapas históricos. Hasta ahora he podido mostrar algún ejemplo como el del ferrocarril de Vladikavkaz, que refleja con todo detalle el Cáucaso a propósito de la línea férrea a Bakú, o el portulano de Joan de la Oliva en los billetes de peseta de 1945. Recientemente, gracias a uno de los grupos en los que participo en Facebook, he dado con un billete que no reproduce un país sino una parte del plano de una ciudad con bastante detalle, todo un digno antecedente de Google Maps.

  


A principios de la década de 1970 el Banco de Irlanda decidió comenzar a sustituir unos billetes que habían estado en circulación nada menos que desde 1928. Muchos cambios importantes estaban teniendo lugar en esta época, entre ellos el ingreso de la República de Irlanda en el Sistema Monetario Europeo, que significó el fin de la vinculación de su moneda a la libra esterlina. Los billetes de Lady Lavery, conocidos así por representar como figura alegórica del nuevo estado irlandés a Lady Hazel Lavery (una suerte de Marianne irlandesa) habían sido impresos por el Banco de Inglaterra, por lo que éste era un buen momento no solo para renovar el papel moneda circulante sino para cortar amarras de forma definitiva con el Reino Unido. Unos años después comenzó a emitirse la nueva serie de billetes de 1, 5, 10, 20 y 50 libras en los que se homenajeaba a diferentes personajes representativos de la historia de Irlanda complementados por elementos propios de las artes y la cultura nacional. Como guiño al anterior papel moneda, presente en la vida de los irlandeses durante casi cinco décadas, se mantendría a Lady Lavery en las marcas de agua. 

El billete de 10 libras, de 1978 y en circulación hasta bien entrados los 90, mostraba en su anverso un retrato del escritor satírico Jonathan Swift (1676-1745), autor de la obra tantas veces adaptada (así como parodiada) Los Viajes de Gulliver, verdadero testimonio crítico del espectro social y político de su tiempo disfrazado de historia de aventuras fantásticas. El fondo del anverso está dominado por el escudo de armas de la ciudad de Dublín en un escrito de 1735 que parece ser una resolución de ayuntamiento de la ciudad como respuesta a una carta del propio Swift, por entonces deán de la catedral de San Patricio. Después de mucho indagar, y por las pocas palabras que he podido descifrar, creo que puede tratarse de una solicitud para destinar terrenos a la futura construcción de un hospital para personas con enfermedades mentales, en aquel momento conocido con el poco edificante nombre de manicomio. De hecho, la mayor parte de su fortuna tras su fallecimiento en 1745 (12.000 libras de aquella época) fue destinada a la construcción de esta institución, que abriría 12 años después. 



Pero como no podía ser de otra manera, voy a centrarme en el reverso. La cartografía que contiene es local, de la ciudad de Dublín por más señas, y se trata del fragmento de un mapa urbano diseñado por John Rocque (1709-1762). Durante mucho tiempo los planos de las ciudades habían sido, por decirlo de una forma suave, poco precisos. Solo a partir del Renacimiento comienza a haber un verdadero interés en reproducir a escala las calles y puntos emblemáticos de las ciudades, dejando de lado los elementos meramente ornamentales. Rocque, hijo de emigrados franceses hugonotes, se especializó en la cartografía local, tanto urbana como rural, y dejó como contribución principal un mapa actualizado de Londres y sus alrededores en 1746.

Los planos elaborados por Rocque hacían gala de una gran precisión, algo difícil con los medios de la época, así como de una gran cantidad de material informativo. Esto por si solo constituía algo revolucionario ya que cualquier particular podía hacerse una idea precisa de los lugares representados. Bosques, jardines, parques o cultivos indicaban el uso que se daba a la tierra, mientras que edificios emblemáticos, calles, carreteras o simples viviendas daban una idea bastante aproximada del aspecto y ubicación de las zonas habitadas. Cuando se contempla uno de estos mapas hay que fijarse bien para darse cuenta de su antigüedad porque en muchos aspectos podría ser uno elaborado en los siglos XIX o XX. Su mapa de Dublín, que también incluye los alrededores, es de 1756. Una comparación con un mapa actual puede dar una idea, aunque se trate de un pequeño fragmento, de su precisión. 




Swift y Rocque no pudieron conocerse, dado que este último permaneció en Dublín años después de la muerte del primero entre 1754 y 1760, aunque sí que pudo ser testigo de la apertura del hospital que el escritor ordenó construir. Dos verdaderos visionarios, uno interesado en el tratamiento de las enfermedades mentales y otro en la mejora de las técnicas cartográficas, homenajeados en un mismo billete siglos después. La historia que puede contener el papel moneda nunca dejará de asombrarme...      


https://oldcurrencyexchange.com/2015/07/02/obrien-banknote-guide-ten-pounds-irish-banknote-b-series/

http://www.banknoteden.com/TMFOM/Ireland.html

Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografia de Jonathan Swift. En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Barcelona (España). Recuperado de https://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/swift.htm el 24 de junio de 2021.

https://en.wikipedia.org/wiki/Jonathan_Swift

https://brentfordandchiswicklhs.org.uk/john-rocque-a-revolutionary-map-maker/

miércoles, 2 de junio de 2021

MONEDAS CASH JAPONESAS (III)

Si bien, por razones de cercanía geográfica y cultural, el sistema monetario japonés se inspiró en muchos sentidos en el chino, las diferencias son tan patentes que pueden dar para escribir diferentes entradas durante años. Ya hemos visto gracias a las otras monedas cash kan'nei-tsuho y bunyu eiho cómo las monedas de cobre en Japón no eran más que el tercer pilar de un complejo sistema trimetálico en el que el oro, la plata y el cobre convivían de forma separada. 

Antes del siglo XVII el circulante de Japón estaba constituido por una mezcla de monedas propias y extranjeras, imitaciones locales y formas de dinero-mercancía (muy notablemente el arroz) que, en un contexto de falta de un poder centralizado, dividía al país de facto en diferentes zonas económicas. El ascenso al poder de Tokugawa Ieyasu en 1600 puso fin a esta situación mediante una amplia reforma del sistema monetario que pusiera fin a estas confusiones y reactivara la emisión de moneda propia. Se trataba en definitiva de adaptar el circulante a la creciente actividad económica y mercantil del país en una época en que el comercio con las potencias europeas era clave para el desarrollo económico. 


Tres monedas cash representativas de la era Tokugawa:
kan'ei tsuho (arriba izda.), bunkyu eiho (arriba dcha.)
 y tenpo tsuho (debajo)

El sistema monetario japonés Tokugawa era, como otros muchos sistemas coetáneos, trimetálico, pero con una serie de características únicas. A diferencia de otros sistemas basados en el oro, la plata y el bronce, en el caso japonés los tres metales actuaban más como sistemas paralelos, con un alto grado de independencia con respecto a los demás. De hecho, se establecieron cecas separadas para la emisión de cada metal y en muchos casos los precios de bienes y servicios se fijaban en un metal u otro dependiendo de su naturaleza. Al comienzo del shogunato de Tokugawa Ieyasu quedó establecida una tabla oficial de equivalencias resumida de la siguiente manera: 

  • Moneda de oro: un ryo = 4 bu = 16 shu
  • Moneda de plata: un monme (3,75 grs.) = 10 fun; 1.000 monme = 1 kan
  • Moneda de cobre: la unidad era el mon, 1.000 mon constituían un kanmon

Entre los diferentes metales, se estableció que 1 ryo era equivalente a 50 monme de plata (que pasaría a 60 a partir del año 1700) y 4.000 mon de cobre. Al tratarse de tres sistemas operando paralelamente las fluctuaciones fueron constantes de tal manera que se hizo necesario contar con un amplio cuerpo profesional de cambistas, colectivo cuyos servicios probaron ser de gran importancia durante todo este periodo.

Desde un primer momento los nuevos shogun demostraron una clara intención de impulsar la emisión de monedas propias de bajo valor. Es el caso de las kan'ei tsuho, por valor de un mon, surgidas durante la llamada era Kan'ei (1624-1644) y producidas de forma continua en grandes cantidades durante aproximadamente doscientos años. Más adelante se hizo necesaria la emisión de monedas cash de mayor valor facial, pero los diferentes intentos no surtieron efecto hasta bien entrado el siglo XIX. 

Anverso de la tenpo tsuho


En 1835, durante la llamada era Tenpo bajo el emperador Ninko (1830-1844), se comenzaron a emitir las tenpo tsuho por valor de 100 mon en una aleación de cobre, estaño y plomo. Mantenían el característico agujero cuadrado en el centro, pero su forma era ovalada y su peso considerablemente mayor, por encima de los 20 g. El anverso muestra los caracteres 天保 (ten po) arriba, que puede traducirse como protección imperial celestial, y 通寳 (tsu ho) debajo, o moneda en circulación. El reverso por su parte contiene los caracteres  (to hyaku) arriba, es decir equivalente a 100, y un curioso garabato debajo que no se corresponde con un carácter sino con el kao o firma de Goto San'emon, perteneciente a la familia responsable de la ceca de Edo (Tokio) donde estas monedas fueron producidas.   

Reverso de la tenpo tsuho


La emisión de estas piezas de altas denominaciones entraba dentro de un plan general de devaluación de la moneda que también afectaba al circulante de oro y plata, con el fin último de financiar el déficit fiscal del shogunato. Esto fue en general percibido de forma negativa por parte de la población, dadas las confusiones originadas y la consecuente subida de precios que este tipo de medidas conllevan. No obstante, las tenpo tsuho tuvieron una vida relativamente larga en este contexto de inestabilidad financiera y monetaria. Se siguieron produciendo en grandes cantidades durante las décadas finales de la era Tokugawa e incluso al principio de la era Meiji en 1868, dada la elevada aceptación que sin duda tenían. No obstante, las reformas modernizadoras que siguieron, entre ellas la puesta en marcha del yen, no daban cabida a antiguas formas monetarias como esta. 

Aún así, las tenpo tsuho han quedado en el imaginario colectivo japonés como una de sus monedas más representativas y populares, lo que les convierte en potenciales amuletos y símbolos de buenos deseos. Y, dadas las grandes cantidades emitidas, constituyen un objeto muy preciado para los coleccionistas de moneda oriental, que pueden adquirir fácilmente una cash coin muy atractiva y un poco diferente a lo habitual. 

Shin'ichi Shakuraki, A Brief History of Pre-modern Japanese Coinage, Catalogue of the Japanese Coin Collection (Pre-Meiji) at the British Museum, (pp. 17-25)



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