martes, 18 de mayo de 2021

MONEDAS INDIAS DE LA ANTIGÜEDAD (IV)

Extensión máxima del Imperio Satavahana
(fuente: wikipedia). El reino chutu se
situaba en su parte sudoccidental
Muchas veces tendemos a interpretar la numismática en términos de coleccionismo, olvidándonos de que una de sus contribuciones principales es aportar luz sobre el estudio de la sociedad y economía que creó y utilizó las monedas. En la reciente película "The Dig", que de forma brillante relata los pormenores de la excavación de Sutton Hoo en Suffolk (Reino Unido) justo antes de la II Guerra Mundial, puede comprobarse cómo el hallazgo de una moneda de oro en un barco funerario anglosajón lleva a sus descubridores a cambiar sus percepciones acerca de los habitantes de la Inglaterra altomedieval: no se trataba de simples bárbaros que resolvían sus transacciones comerciales mediante el trueque, sino que conservaban rasgos y costumbres propias de las civilizaciones clásicas. La conocida como "Edad Oscura" ya no lo era tanto. 

La numismática cobra por tanto una relevancia mayor cuanto menos se sabe acerca de las sociedades en las que circuló la moneda. Esto es especialmente cierto en el caso de la India de la Antigüedad, en la que lo legendario tiende a fundirse con lo real de forma a veces inevitable. Hay casos, como el de hoy, en los que una gran parte de lo que se conoce de un reino o imperio es gracias a la información que contienen las monedas que han llegado a nuestros días. Parece bastante aceptado que la moneda se introdujo en el subcontinente Indio alrededor del siglo V a.C. de la mano de los persas aqueménidas, que emitieron piezas de plata imitativas de las primeras monedas griegas, con marcas perforadas de animales o diseños geométricos en las dos caras. Este estilo de acuñación, consistente en cospeles de plata (conocidos como karshapanas) a los que se aplicaban perforaciones con diferentes símbolos, se fue expandiendo hacia el sur, llegando a su plenitud en la época del Imperio Maurya a partir de c. 320 a.C., el primero en unificar todo el subcontinente. 

Anverso de karshapana de plomo del reino Chutu (c. 100 d.C.)
Presenta una colina arqueada en el centro rodeada de la 
leyenda en brahmi referente al rey Mulananda

Tras descomponerse Maurya en el siglo II a.C. los Satavahanas o Andhras (que dan nombre al actual estado de Andhra Pradesh) tomaron el testigo como el reino más influyente en la llanura del Deccan y el sur de la India. Sin duda se trató de un reino organizado, con una sólida estructura administrativa y una sociedad cohesionada a través de un sistema de castas, y próspero en lo económico: no solo destacó por su boyante agricultura, sino también por la producción de cerámica y metales así como por el comercio exterior, aprovechando sus conexiones marítimas del Golfo de Bengala y el Mar Arábigo. La prueba de esta prosperidad se encuentra en su prolífica producción de moneda: en sus más de 200 años de existencia emitieron una ingente variedad de piezas, tanto en lo referente a materiales (plata, cobre, bronce y plomo) como en cuanto a diseños, incluyendo tanto símbolos hinduistas como representaciones humanas, animales, elementos de la naturaleza o incluso los bustos de los gobernantes, rasgo sin duda importado de occidente. En muchos casos se incluían leyendas en escritura brahmi en idioma prácrito, aunque también en lenguas de la zona como el tamil o telugu. 


Reverso de la moneda con el árbol sobre celosía
rodeado de símbolos hinduistas. Se pueden apreciar
a la derecha un arco y flecha y debajo la srivatsa

La relevancia de la numismática como prueba historiográfica, sin embargo, queda acreditada aún más con el ejemplo de la moneda de hoy. Alrededor del siglo II de nuestra era le tocó al imperio de los Andhras desintegrarse en diferentes entidades. Una de ellas fue el reino de los Chutus, de los que se sabe muy poco y seguramente sin las monedas que han llegado a nuestros días se sabría aún menos. Muy posiblemente vasallos de los Satavahanas, se asentaron y consolidaron en una región del suroeste de este territorio (en el actual estado de Karnataka) alrededor de la ciudad de Banavasi entre los siglos II y IV d.C. 

Como no podía ser de otra manera, los Chutus fueron continuadores del legado satavahana, como demuestran sus karshapanas. Acuñadas en plomo, con un diámetro de 27 mm y un peso  de 14,75 g, reflejan símbolos propios del hinduismo y de la tradición numismática del sur del subcontinente, tal y como podemos apreciar en las imágenes. El anverso muestra una colina arqueada rodeada de la leyenda referente al nombre del rey en brahmi, Mulananda, cuyo reinado se calcula tuvo lugar en una época comprendida entre los años 78 y 175 d.C. El reverso refleja de forma prominente un árbol sobre celosía compartimentada (a veces en cuatro, otras en ocho o, como el caso de hoy, en doce partes)  rodeado de diferentes símbolos hinduistas, típicamente esvásticas, nandipadas (de tipo taurino), srivatsas (flor de lis), o un arco con flecha. Estos dos últimos los podemos apreciar a la derecha del árbol en la imagen de arriba. 


Ejemplo de karshapana de Mulananda en Early World Coins
 de R. Tye, donde se puede apreciar mejor el diseño

Gracias a estas monedas se puede establecer una cronología fiable de acuerdo con los tres tipos que se conocen según la leyenda del anverso: Chutukulananda (30 a.C. - 70 d.C.), Mulananda (78 - 175 d.C.) y Sivananda (175 d.C. - 280 d.C.) nombres de reyes que se usan como referencia, aunque sin duda tuvieron que haber muchos más durante esos largos periodos. Emitieron además divisores de la karshapana también en plomo, sin leyendas y  con menos simbología, lo cual prueba el dinamismo de su economía, al igual que la de sus predecesores.

El reino de los chutus desapareció a mediados del siglo IV tras alrededor de dos siglos de duración. Sus monedas han resultado imprescindibles para conocerlo mejor, todo un testimonio mudo no solo sobre la riqueza numismática del sur de India sino también sobre su compleja historia. Algo que a buen seguro constituirá un reto para cualquier estudioso de la numismática. 

Sobre los reinos Satavahana y Chutu:  


Embree, A.T. y WIlhelm, F. India: Historia del subcontinente desde las culturas del Indo hasta el comienzo del dominio inglés, Historia Universal Siglo XXI vol. 17 Madrid 1981

Sobre las monedas de los chutus: 


Early World Coins & Early Weight Standards, by Robert Tye, published by Early World Coins, York 2009

Otros ejemplos de karshapanas: 





lunes, 3 de mayo de 2021

LAS ÚLTIMAS PREDECIMALES

Moneda de 5 uguiya de 1973
Hace unos meses tuvimos la oportunidad de compartir una moneda apenas conocida, el ariary de Madagascar, cuya principal peculiaridad consistía en el hecho de ser una de las dos últimas que aún no se han decimalizado, manteniendo como base para su división el 5 (1 ariary = 5 iraimbilanja). Os podéis imaginar que tras publicar ese artículo la tentación de escribir otro sobre la otra moneda predecimal aún vigente, la uguiya de Mauritania, era realmente abrumadora. La verdad es que no puedo hoy sino dar unas pocas pinceladas acerca de la uguiya, más que nada porque no es sencillo encontrar información sobre ella. Pero hay veces que eso puede ser un aliciente más que un obstáculo. 

En cualquier caso, lo más interesante que he podido averiguar reside, como tantas veces sucede, en su etimología. El término uguiya deriva, parece ser, de una palabra árabe que significa "onza", y todo apunta a que su origen se encuentra en las rutas comerciales transaharianas, en las que la zona que hoy ocupa Mauritania tenía un papel destacado. Frontera natural entre el mundo árabe y el África subsahariana, Mauritania fue durante siglos una zona de paso privilegiada en África occidental, lo cual le puso en el punto de mira de estados influyentes como el imperio Ghana y los almorávides en la Edad Media y, en tiempos mucho más recientes, Francia. El comercio que el imperio de Ghana desarrollaba con el norte de África, Oriente Medio y la Península Ibérica incluía oro (medido en onzas, lo que daría nombre a la futura moneda del país), sal, tela, joyas y esclavos. Poblaciones como Kumbi Saleh o Audaghost, situadas en zonas semidesérticas, llegaron a sumar decenas de miles de habitantes en su época dorada. 

Fueron los contactos continuos con los bereberes del norte y los comerciantes árabes los que contribuyeron a islamizar el territorio, un proceso que se consolidó con la invasión almorávide del siglo XI y la posterior llegada de los árabes yemeníes. Éstos últimos trataron además de imponer una suerte de organización social basado en un sistema de castas, cosa bastante complicada en una zona con semejante mezcla étnica y cultural, en la que muchos grupos todavía tenían costumbres nómadas. Los contactos con los europeos se intensificaron a partir del siglo XV a través de la costa atlántica, por la que salían los productos locales, muy en particular la goma arábiga, necesaria para la industria textil. Aún así, las potencias europeas nunca mostraron un interés especial en ocupar Mauritania hasta bien entrado el siglo XIX, momento en el que Francia consolida su presencia en África occidental. Los franceses acabaron anexionando este territorio a su imperio de forma oficial en 1920, no obstante en ningún momento ejercieron un control directo sobre el mismo, confiándolo por lo general en las élites locales. 

Reverso de billete de 500 uguiya de 1996

De esta forma, cuando los franceses concedieron la independencia a Mauritania en 1960, no habían dejado demasiada huella en este nuevo estado salvo curiosamente en el ámbito  monetario. Mauritania formaba parte en un principio de la zona CFA (Comunidad Financiera de África), pero decidió abandonarla en 1973 en un claro intento por marcar distancias con la antigua metrópoli, sustituyendo el franco CFA por la uguiya. Aún así, el franco CFA fue referencia de la nueva moneda nacional ya que se establecía un cambio de 5 CFA por uguiya. Esta equivalencia es la que posteriormente se aplicaría al divisor de la moneda, el khoum o jum, un total de cinco por uguiya. No es decimal, pero se acerca. 

Pese a la turbulenta historia que ha vivido Mauritania durante sus seis décadas de independencia, no parece que su moneda se haya visto especialmente afectada. Golpes de estado, conflictos con sus vecinos (uno de ellos a propósito de la descolonización del Sahara occidental), y tensiones internas derivadas de la amalgama étnica y cultural arriba mencionada han impedido a Mauritania gozar de una estabilidad política y económica continuada. Pese a todo, la uguiya se ha mantenido en el tiempo con pocos cambios salvo una reciente redenominación de 2018 mediante la cual se ponía en circulación la nueva uguiya a razón de 1:10, equivaliendo a 10 antiguas uguiyas. Y, por supuesto, manteniendo su división en múltiplos de cinco. 

Reverso de billete de 200 uguiya de 2013

No me ha sido posible averiguar mucho más acerca de la uguiya, algo que en ningún caso debe ser un impedimento para que los coleccionistas nos interesemos por ella. Seguramente si analizamos de forma más detallada la historia de Mauritania (preferentemente adquiriendo algún conocimiento de árabe) podremos conocer más acerca del misterioso origen de esta unidad monetaria. Y, por supuesto, adentrarnos en el poco conocido y fascinante mundo del uso del dinero en el África antigua y medieval. 


http://www.africainfomarket.org/cultura/paises/mauritania/historia/historia.htm

https://www.britannica.com/place/Mauritania/History

https://es.wikipedia.org/wiki/Uguiya

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