sábado, 31 de julio de 2021

MÁS SOBRE LAS MILLEFIORI

Una de las ventajas que tiene escribir artículos en un blog de forma continuada es que permite profundizar acerca de curiosidades tratadas con anterioridad. Con el tiempo, uno aprende a documentarse más y a estar al tanto de novedades que pueden aportar más conocimiento sobre artículos de la numismática o la notafilia. Es el caso de las cuentas de collar millefiori, una de las formas de dinero más interesantes y atractivas que cualquier coleccionista se puede encontrar, y que solo un reciente hallazgo arqueológico me ha animado a escribir más acerca de ellas.  

Diferentes cuentas de collar millefiori en Odd and Curious Money, de C. Opitz


Concretamente, este hallazgo me ha animado a interesarme por su historia y proceso de fabricación. Antes de la creación de la moneda el dinero mercancía era el único del que el ser humano podía disponer para realizar este tipo de intercambios. Caparazones, piedras, telas, cereales, trozos de metal…eran objetos que se caracterizaban por tener un valor intrínseco reconocido por las partes, una mayor o menor durabilidad y ser fáciles de transportar. Este tipo de dinero continuó siendo utilizado en todos aquellos lugares del mundo en los que la moneda no había sido adoptada, en algún caso hasta el mismo siglo XX como las cauríes en el continente africano. A finales de la Edad Media, las cuentas de collar de vidrio venecianas demostraron ser una buena forma de dinero-mercancía, ya que además de los atributos propios de este tipo de dinero poseían una estética ciertamente atractiva para pueblos tan dispares y lejanos geográficamente como los Ashanti en África Occidental o las distintas sociedades precolombinas en el continente americano.

Aunque siempre que nos referimos a la industria del vidrio Venecia suele ser lo primero que nos viene a la mente, seguramente fueron los antiguos egipcios los que primero desarrollaron las técnicas necesarias, tanto de fabricación como en cuanto a perfeccionamiento de la estética. Los romanos, por su parte, consiguieron adaptarlas a la producción a gran escala, de tal forma que fuera posible producir grandes cantidades de objetos decorativos de cristal a un coste relativamente bajo. Es aquí, en la Antigüedad, donde puede encontrarse el origen de la técnica millefiori, prácticamente perdida durante todo el Medievo y no recuperada hasta mucho después.

No obstante, el vidrio continuó produciéndose en el continente europeo aunque a menor escala y sobre todo con fines religiosos. La pujanza económica y comercial que experimentó Venecia en la Baja Edad Media favoreció la industria del cristal, cuyos artesanos trabajaron sin descanso para recuperar las técnicas empleadas en la Antigüedad. La isla de Murano se convirtió en el epicentro de la producción de diferentes objetos de vidrio, que no tardaría en expandirse dada la enorme demanda que estos bienes comenzarían a tener dentro y fuera de Europa. Lo que tal vez no podían sospechar estos artesanos, al menos en un principio, eran las repercusiones sociales y económicas que estos objetos iban a tener no solo en Europa, sino en literalmente todos los rincones del mundo, algunos aún desconocidos para ellos.



La técnica “millefiori” (mil flores), denominada así por su llamativo colorido y sus característicos patrones geométricos, fue una de las más populares. Su proceso de elaboración para cuentas de collar u otros objetos requiere de un cierto grado de destreza y mucha paciencia, ya que, para conseguir los diseños geométricos deseados, se deben completar una serie de etapas. Primero, es necesario tener preparado el vidrio fundido de los colores deseados en diferentes envases, uno por color. El primer paso consiste en formar un glóbulo de vidrio fundido de un color determinado en el extremo de una barra de acero de aproximadamente 1,5 m. Una vez se enfría el glóbulo, pasa a sumergirse en los diferentes envases preparados, de tal forma que el glóbulo aumenta de tamaño. Tendríamos así una esfera formada por diferentes capas de colores.

A continuación, esta esfera aún caliente se introduce en un molde para darle la forma geométrica deseada. El molde puede tener formas diferentes, típicamente de estrella o flor. Después el proceso se repite recubriendo la esfera (ahora con la forma geométrica del molde) de nuevo con vidrio fundido, para después introducirla en un molde más grande con el mismo o diferente patrón geométrico. De esta manera se va formando un diseño interior consistente en formas geométricas concéntricas en el glóbulo de cristal, no visible en el exterior, un poco como sucede con los rollos de sushi.

Una vez que se termina de trabajar con los moldes, se procede a estirar el glóbulo todavía caliente hasta formar una barra larga y fina. Por muy fina que resulte, el diseño interior geométrico queda intacto. Cuando esta barra de vidrio se enfría, se procede a cortarla en piezas pequeñas circulares que pasarán a incrustarse en posteriores objetos decorativos también hechos de vidrio como jarrones, pisapapeles o cuentas de collar. En el siguiente video podemos hacernos una idea más exacta de todo el proceso:




En el caso de la cuenta millefiori que aparece en la imagen de arriba, podemos ver que está formada por un patrón de círculos concéntricos amarillos, rojos y blancos en un fondo azul oscuro. No es sencilla de datar, pero seguramente se fabricó en Venecia durante el siglo XIX (momento en que este tipo de cuentas fue especialmente demandado) y se empleó en lo que es hoy la zona que ocupa Mauritania. Cuando los portugueses comenzaron a explorar las posibilidades comerciales en África y Asia en el siglo XV, no tardaron en darse cuenta del potencial que las cuentas de vidrio podían tener en estas latitudes. En África occidental, por ejemplo, demostraron ser objetos de mucha popularidad dada su escasez en la zona. Los Ashanti, establecidos en el territorio que hoy ocupa Ghana y pueblo comerciante por excelencia, incorporaron las cuentas de cristal como símbolo de estatus y poder. Las cuentas eran intercambiadas por recursos muy demandados en Europa como oro, marfil o aceite de palma, y se usaron con fines comerciales hasta la primera mitad del siglo XX.

No obstante, es muy posible que no fueran los portugueses los primeros en utilizar cuentas de vidrio como objeto de intercambio. El reciente descubrimiento arqueológico al que antes me refería ha revelado el hallazgo en Alaska de unas pequeñas cuentas de vidrio venecianas de color azul fechadas entre 1397 y 1488. Si bien es sabido que este tipo de cuentas fue utilizado por poblaciones americanas de Norteamérica y el Caribe, todas las que se habían encontrado hasta la fecha databan al menos del siglo XVI, después de la llegada de Colón al continente americano. Según la hipótesis más probable, estas cuentas llegaron antes de ese momento, muy probablemente siguiendo la llamada Ruta de la Seda (que tenía en Venecia uno de sus puntos de partida en Europa) a través de Asia Central hasta los confines del extremo oriente cruzando el estrecho de Bering.

Cuentas venecianas encontradas en Alaska (Foto: M.L. Kunz el al. 2021/
American Antiquity en www.historia.nationalgeographic.com.es


Se trata de un hallazgo que nos obliga a replantearnos parte de nuestro conocimiento acerca de las rutas comerciales medievales, ya que es posible que los intercambios a través del estrecho de Bering fueran más fluidos de lo que se pensaba. Pero en cualquier caso confirma a las cuentas de vidrio venecianas como objetos altamente apreciados en todo el mundo, incluso en momentos en que una buena parte del mismo era desconocido para los europeos. Y que el comercio siempre ha sido una de las fuerzas que ha movido a la humanidad a superarse a sí misma.


Odd and Curious Money, descriptions and values, by Charles J Opitz, 2nd Edition 1991

https://www.glassofvenice.com/venetian_beads_history.php

http://www.millefioribeads.org/history-millefiori-beads/

http://www.vam.ac.uk/content/articles/t/trade-beads/

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/descubren-cuentas-vidrio-veneciano-epoca-precolombina-alaska_16332



lunes, 12 de julio de 2021

TURKMENISTAN: EL BILLETE QUE NO PUDO SER

La emisión de dinero, una de las muestras de control por parte de un estado por antonomasia, ha traído siempre consigo la tentación de ser utilizada como una herramienta propagandística. Es lógico, si tenemos en cuenta que se trata de un monopolio (salvo en el caso de la China de la Antigüedad, donde las emisiones locales y privadas fueron más o menos toleradas durante ciertas épocas), condiciona la economía de un territorio y llega a prácticamente toda la población. Si el estado que emite el dinero es autoritario, las probabilidades de que sus monedas y billetes se conviertan en un instrumento más a mayor gloria de su líder aumentan hasta convertirse en certezas. 

Hace un par de años tuvimos la ocasión de comprobar cómo las excentricidades de un dictador condicionaban la emisión de papel moneda en Birmania. Ne Win, obsesionado con el esoterismo y la numerología, ordenó en 1985 emitir billetes de 75 kyats para celebrar su 75 cumpleaños y dos años más tarde de 90 y 45 kyats para honrar el número 9, considerado por él como símbolo de fortuna. Una gracia que quedaba rematada con la desmonetización de todo el dinero en circulación anterior, lo cual seguramente contribuyó a su derrocamiento en 1988. El caso de hoy no llegó a tanto, de hecho parece ser que la nueva emisión quedó en proyecto, pero demuestra una vez más lo que puede suponer que ciertos personajes lleguen al poder. 


Anversos de los billetes de 50 y 100 manat con el retrato
de Saparmurat Niyázov

Turkmenistán, país que nos resultaba absolutamente desconocido hasta su independencia en 1991, es un buen ejemplo de la dificultad que ha entrañado la transición de un régimen dictatorial a un sistema de libertades. Tras la disolución de la Unión Soviética muchos pensamos que todos los antiguos territorios bajo su dominio abrazarían más pronto que tarde la democracia pero lo cierto es que el verano de 1991 abría un periodo de incertidumbre en 15 nuevas repúblicas, algunas de ellas con una independencia que ni siquiera esperaban. Turkmenistán puede decirse que se encontraba entre estas últimas: su líder Saparmurat Niyazov vio en el golpe de 1991 una oportunidad única para consolidar su ya extensa cuota de poder, ahora sin los límites impuestos por Moscú. 

Situado en plena Asia Central, con Uzbekistán al norte, Irán al sur y el mar Caspio como única costa, esta república tan rica en recursos naturales (gas y petróleo principalmente) como pobre en vegetación simboliza el encuentro entre culturas dispares convertido muchas veces en choque entre diferentes civilizaciones. Territorio poblado principalmente por turcomanos, descendientes de uno de los muchos pueblos túrquicos que habitan en la zona desde tiempo inmemorial, fue un punto clave en la Ruta de la Seda, lo que llevó a árabes, persas y posteriormente los mongoles a interesarse por su control. Durante el siglo XIX pasó de forma definitiva a la esfera de influencia rusa, siendo décadas más tarde una de las zonas que más resistencia opuso a los bolcheviques, hasta convertirse en república socialista de la Unión Soviética formalmente en 1924. 

La época de Gorbachov como secretario general del PCUS presenció una serie de cambios que desembocaron en la disolución posterior de la URSS. Uno de ellos, muy significativo, fue el poder e influencia crecientes de las diferentes repúblicas frente al poder central de Moscú. En este sentido, puede decirse que Saparmurat Niyázov llegó en el momento más oportuno posible. Nacido en 1940, formado en ingeniería eléctrica sin un bagaje académico o profesional relevante, consiguió ascender en el escalafón del Partido Comunista de Turkmenistán con relativa rapidez, llegando a secretario general en 1985. Durante los seis años que aún le quedaban de vida a la Unión Soviética, Turkmenistán se caracterizó por ser una de las repúblicas menos aperturistas y aficionadas a la "línea dura" del marxismo-leninismo. Tanto fue así que Niyázov apoyó el golpe de 1991, algo que no sirvió para que éste triunfara como todos sabemos, sino para acelerar la desintegración de la URSS. 


Los reversos suelen ser más interesantes. El de 50 manat, por
ejemplo, homenajea todo un símbolo de Asia Central: el caballo

Y una vez libre de ataduras, Niyázov reveló a los turcomanos y al mundo entero sus verdaderas intenciones, que no fueron otras que convertirse en un autócrata excéntrico, narcisista y ególatra hasta la náusea, cuyos actos parecían salidos más del guion de una comedia de bajo presupuesto que del responsable de un país que comienza sus primeros pasos como nación independiente. Un breve repaso de estas excentricidades demuestra que no se trata de una exageración. Declaró fuera de la ley todas las enfermedades infecciosas, y, dentro de una reforma sanitaria cerró todas las clínicas salvo las de la capital Ashjabad. Ordenó la construcción de una pista de patinaje sobre hielo en pleno desierto de Karakum. Prohibió los dientes de oro (un rasgo cultural muy común en Asia Central) así como el pelo largo, barba y bigote a los jóvenes. Cambió el nombre de los meses del calendario por los de miembros de su familia y prohibió el ballet, la ópera y el circo por considerarlos "abiertamente antiturcomanos". Se diría que existía cierta tendencia a prohibir o permitir dependiendo de los gustos personales de Niyázov. 

Su figura y su imagen, por supuesto, debían ser omnipresentes. Eran habituales las estatuas doradas del personaje, una de ellas colocada sobre un gran arco que giraba para apuntar siempre al sol (desconozco si en Corea del Norte han tomado nota de esta iniciativa). Su libro Rujnamá, una especie de tratado de moral y civismo, debía ser de lectura obligatoria en colegios y universidades, así como formar parte de los exámenes para acceder al funcionariado y, parece ser, del mismísimo juramento hipocrático de los médicos. Claro está, la nueva moneda nacional, el manat, no se iba a librar de su retrato, por lo que en todas las monedas y billetes emitidos aparecería sin excepción el Turkmenbashí, o "padre de todos los turcomanos". 

Hay algo, cuando comparamos la imagen de Niyázov en los billetes con las que solemos encontrar por internet, que nos llama la atención: el pelo. Un dictador tan encantado de haberse conocido como él no debía soportar la idea de envejecer con lo que es habitual encontrar su imagen con un pelo demasiado oscuro para un hombre entrado en la sesentena. Esta imagen no se reflejaba en los billetes, que presentaban un Niyázov canoso, más acorde con su edad. En el segundo semestre de 2006 dio la orden para realizar el cambio de diseño en el papel moneda pero ésta no fue ejecutada al fallecer a finales de ese mismo año. Su sucesor, Gurbanguly Berdymujámmedov (de quien se rumorea era hijo ilegítimo) quiso honrar la memoria de Niyázov llevando a cabo esta reforma de forma póstuma. En 2009 estuvo listo el diseño pero finalmente no vio la luz. Este parece ser el "billete que no pudo ser":    


Fuente: wikipedia


15 años tras la muerte de Niyázov, poco parecen haber cambiado las cosas. Berdymujámmedov demostró su afán en convertirse en digno sucesor de tan peculiar autócrata emulándole en cuestiones como erección de estatuas, decisiones absurdas (prohibir cambiar de nombre a los caballos o la circulación de coches de color oscuro, por poner dos ejemplos) y, por supuesto, ocultar sus canas. Por mucho que nos quejemos, nunca debemos olvidar qué tipo de sistema político disfrutamos... 

https://blogdebanderas.com/2014/09/07/8-curiosidades-en-los-billetes-alrededor-del-mundo/

https://elpais.com/diario/2006/12/22/internacional/1166742007_850215.html

https://elordenmundial.com/turkmenistan-asia-central-totalitario-historia/

https://es.wikipedia.org/wiki/Saparmyrat_Ny%C3%BDazow

https://es.wikipedia.org/wiki/Turkmenist%C3%A1n

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