domingo, 31 de octubre de 2021

BILLETES DE PLÁSTICO

Lo que presento hoy, realmente, no es ya una curiosidad. Lo fue hasta hace unos pocos años pero ha dejado de serlo a medida que se ha demostrado su utilidad y aceptación entre las diferentes sociedades que lo han puesto en circulación. Los billetes de polímero, salvo en la Eurozona y Estados Unidos, son ya habituales en gran parte del mundo, muy notablemente en Asia y el Pacífico. La tendencia, al menos mientras los seres humanos sigamos utilizando dinero físico, es la de continuar creciendo frente a los billetes tradicionales de algodón y lino. 

El primer billete de polímero: 10 dólares australianos de 1988
(fuente: historyofinformation.com) 

¿Cómo son realmente los billetes de polímero? Desarrollados en la década de 1980 por el Reserve Bank of Australia, la Universidad de Melbourne y la Organización para la Investigación Científica e Industrial (CSIRO), están hechos de polímero de polipropileno biaxialmente orientado, lo que viene a ser un material que proporciona todas las ventajas del papel en cuanto a grosor y flexibilidad pero al mismo tiempo ofrece mayor fortaleza y resistencia de cara a la circulación. Se introdujeron en Australia en 1988 y desde entonces un gran número de países los ha ido adoptando, normalmente de forma escalonada y empezando por emisiones conmemorativas. Australia lo hizo aprovechando su bicentenario, Rumanía con el eclipse de 1999, el mismo año en que Taiwán conmemoraba el cincuentenario de su moneda con su primera emisión de polímero que podéis contemplar en esta entrada, justo debajo de estas líneas. 

Billete conmemorativo de los 50 años de la introducción del 
dólar de Taiwán (1999) 

Por lo general, una vez comienzan a introducirse las emisiones de polímero no solo se consolidan sino que además terminan absorbiendo al papel de algodón y lino. Y es que existen pocas dudas existen en cuanto a sus ventajas. La primera es su resistencia, razón principal por la que se adopta este tipo de billetes. Son más resistentes a la humedad, lo que les hace muy apropiados para la circulación en lugares cálidos (no hay más que ver en qué estado suelen quedar los billetes de algodón que han pasado de mano en mano en países tropicales). Su superficie lisa y suave hace que sea más difícil que se ensucie, al no absorber la humedad, y cualquier mancha se puede limpiar fácilmente. De hecho, resisten perfectamente los lavados de lavadora, lo que permite tener descuidos que antes nos podían costar una cantidad considerable de dinero.  

La segunda ventaja reside en la dificultad para su falsificación. Siempre conviene ponerse un paso por delante de los falsificadores, y los billetes de polímero han supuesto un revés para estos malhechores ya que, además de conservar los elementos de seguridad de los billetes tradicionales (banda magnética, hilos fluorescentes, marcas de agua, microimpresión) incorporan otros elementos novedosos prácticamente imposibles de copiar: las ventanas transparentes y las imágenes holográficas. 

Billete de 2000 lei de Rumanía, primer país europeo
en introducir el polímero en los billetes

 

La tercer ventaja, muy importante para todos aquellos concienciados con el calentamiento global, radica en su carácter ecológico. Al igual que las primeras bolsas de plástico se introdujeron en los comercios para reducir el uso de bolsas que utilizaban elementos vegetales para su fabricación, los billetes de polímero no necesitan de plantas para fabricarse. Al durar 2,5 veces más que los billetes tradicionales no es necesario fabricar tantos y además son fácilmente reciclables una vez termina su vida útil. Se calcula que su huella de carbono, el conjunto de emisiones de gases de efecto invernadero necesarias para su fabricación, es un 16 % menor que las producidas por los billetes de papel.  

Pero no siempre llueve a gusto de todos. Los billetes de polímero han recibido críticas por diversos motivos. Su superficie suave, aunque absorbe menos la humedad y la suciedad, puede hacer difícil la contabilidad ya que los billetes tienden a pegarse. Son claramente más resistentes, pero también más difíciles de doblar. De hecho, una vez que se doblan la marca se hace más notoria que en los billetes de algodón. En climas cálidos han demostrado mayor resistencia pero ha habido casos en los que han perdido color. Y no han estado exentos de polémica: en Reino Unido, uno de los últimos países en incorporar los billetes de polímero, grupos ecologistas y religiosos han criticado la utilización de grasa animal en su fabricación. 

Billete de 50 denar de Macedonia del Norte que 
homenajea a la moneda bizantina (2018)


Pero seguramente la mayor desventaja a la que se tienen que enfrentar es su coste de implementación. El ahorro en la producción solo se manifiesta pasado cierto tiempo, y en un primer momento los países que deciden pasarse al polímero deben realizar una considerable inversión tecnológica, algo que puede desanimar sobre todo a aquellos que pasan por dificultades económicas. Además, la distancia en cuanto a seguridad se ha reducido en los últimos años, tal y como han demostrado los nuevos billetes de euro, capaces de introducir bandas holográficas y ventanas transparentes entre sus nuevos elementos de seguridad. Y, para hacer las nuevas series de billetes más resistentes, los han recubierto de una pintura protectora que les dota de una mayor vida útil. 

Y no hay que olvidar, cómo no, el conservadurismo de los bancos centrales, entidades poco dadas a los cambios bruscos, así como de las sociedades que utilizan el dinero. No me puedo imaginar un país como Estados Unidos, incapaz de aceptar las monedas de dólar, pasando del papel al plástico de la noche a la mañana. En muchos casos, todo puede reducirse a algo tan simple como una cuestión de gustos. 

https://historyofinformation.com/detail.php?id=3008

https://en.wikipedia.org/wiki/Polymer_banknote#Security_features

https://es.wikipedia.org/wiki/Billete_de_pol%C3%ADmero

https://www.bbc.com/news/magazine-15782723

https://www.bankofengland.co.uk/knowledgebank/why-are-new-banknotes-made-of-polymer

https://www.royaldutchkusters.com/blog/the-five-pros-and-cons-of-polymer-banknotes

viernes, 22 de octubre de 2021

UN PAIS, DOS PESETAS

Para una entrada tan especial como la de hoy, y es que son ya 300 las que he publicado en Curiosidades Numismáticas, no podía dejar pasar la oportunidad de comentar acerca de un tema que, para bien o para mal, no deja de ser de actualidad. En muchas ocasiones hemos visto cómo la inestabilidad o los conflictos causaban hiperinflación en otros países,  olvidándonos que en el nuestro tuvo lugar un proceso similar. Gracias a la serie de Falcó, las geniales novelas de Arturo Pérez-Reverte que narran las peripecias de un espía del bando nacional en los años de la Guerra Civil, me di cuenta de algo realmente obvio pero en lo que jamás me había pensado a parar, y es que una peseta no valía lo mismo en las dos zonas. De hecho, conforme avanzaba la contienda la moneda se depreció en la zona republicana hasta extremos insospechables. ¿Cómo se llegó a este punto? 


El dinero de Negrín: certificados provisionales
de moneda divisionaria de 50 cts. y 1 peseta

Una guerra no solo se libra en el campo de batalla, sino también en otros muchos terrenos: el plano cultural, la influencia exterior, la propaganda, la retaguardia...y, por supuesto, en el campo financiero, algo vital ya que por lo general es difícil costear una guerra durante un periodo prolongado y aquél que no se la puede permitir suele perderla. El gobierno de la República, pese a contar con recursos financieros y materiales para afrontar la guerra en un principio, tomaría una serie de decisiones que a la postre resultarían letales para sus intereses, dejando al descubierto una serie de debilidades que los nacionales no dudarían en aprovechar. 

Estas decisiones pueden resumirse en un recurso constante e imprudente a las políticas monetarias y fiscales, que no consiguieron sino incrementar el caos y la depreciación de la moneda. Un caos al que desde luego no ayudaban las propias divisiones internas, ya que en ciertas zonas llegaron a establecerse colectivizaciones e incluso la abolición misma del dinero. En Julio de 1936, cuando ya estaba claro que el conflicto iba a ser duradero, se desató una lógica incertidumbre que llevó a la población de la zona republicana a atesorar la moneda metálica (especialmente la de plata) y a retirar sus fondos de los bancos. El gobierno intentó limitar por decreto la retirada de dinero y ordenó a la población depositar en el Banco de España su oro, divisas y valores extranjeros. Al mismo tiempo, retiraba la plata de la circulación (con el argumento un tanto peregrino de que se trataba de monedas de época monárquica) y se sustituían por certificados de plata en papel moneda. El resultado no se hizo esperar: la incertidumbre aumentó, con el consiguiente atesoramiento de moneda metálica,  y los intentos de evitar la evasión de capitales resultaron infructuosos. 

Emisiones locales de la zona republicana, la mayoría de 1937

El papel moneda se impuso masivamente en la circulación monetaria de la España republicana, por lo que sus autoridades trataron de reorganizar la emisión de dinero poco después de su traslado a Valencia. Juan Negrín, ministro de Hacienda a finales de 1936 y presidente del gobierno poco después, organizó la Comisión Interministerial para la Fabricación de Moneda Divisionaria con el fin de garantizar el suministro de circulante. Dado que las reservas de oro del Banco de España se habían entregado a la URSS a cambio de su apoyo en la contienda, la masa monetaria, en papel en su inmensa mayor parte, pasaba a ser totalmente fiduciaria: su valor dependía enteramente de la confianza que inspirara en los usuarios.    

Con el fin de garantizar el suministro de dinero, se dividió la FNMT en cuatro factorías distribuidas por el territorio republicano: la Factoría A en Madrid se encargaba de la fabricación de papel del Estado y efectos timbrados, la Factoría B en Valencia a los billetes y la Factoría C en Castellón a las monedas y material de guerra. Esta última se trasladaría a Aspe (Alicante) una vez Castellón cayó en manos de los sublevados.  Aún así, la escasez de dinero en circulación siguió siendo la tónica habitual, lo que llevó a miles de entidades públicas y privadas (muy notablemente los ayuntamientos, pero también sindicatos o cooperativas) a emitir su propio papel moneda. Aunque en Enero de 1938 se trató de restablecer la soberanía monetaria, poniendo fuera de circulación las emisiones locales, este dinero continuó circulando hasta prácticamente el final de la guerra. 

Las consecuencias de toda esta mezcla de medidas intervencionistas, unidas a las divisiones internas y, por supuesto, las malas expectativas militares, se pueden resumir en un caos económico y una inflación disparada. Los controles de precios impuestos desde el comienzo de la guerra a través de diferentes decretos que contemplaban penas duras a los infractores y la imposibilidad de recurso no surtieron el efecto deseado. Al mismo tiempo, medidas de corte arbitrario como  confiscaciones de cuentas, expolio de cajas de seguridad o toma de empresas no ayudaban precisamente a mejorar las cosas. Se calcula que, en al concluir la guerra, la inflación en la zona republicana había ascendido un 14.285 % mientras que en la zona nacional únicamente al 138 %. 

Pero ¿qué se hizo en la zona controlada por los sublevados? Curiosamente, muchas medidas económicas no fueron muy diferentes. Al fin y al cabo, la situación que se vivía al otro lado del frente no era muy distinta, y como en cualquier economía de guerra, todos los recursos debían ponerse al servicio del estado. Así, el gobierno de Burgos también dispuso la obligatoriedad de cesión de divisas, depósitos de oro y valores extranjeros. Asimismo, para evitar el acaparamiento se limitó también la retirada de fondos de los bancos a empresas y particulares. 

Primeras emisiones de la España nacional: 100 pts. de 1936

Una de las principales diferencias la encontraríamos en la política monetaria, caracterizada por una mayor solidez y uniformidad en la zona nacional. Poco después de comenzar la guerra, los nacionales consagraron la división de la unidad monetaria en España con la creación de un Consejo del Banco de España en su zona que tendría entre otros fines la emisión de dinero. Hasta ese momento, los sublevados se habían limitado a aceptar únicamente aquellos billetes emitidos con anterioridad al 18 de Julio de 1936, que serían debidamente estampillados. Esto dotó de liquidez al sistema financiero del bando nacional, que no se vio obligado a emitir grandes cantidades de papel moneda.  

Otra diferencia de peso se situaba en el plano exterior. El gobierno de Burgos trató en todo momento de mantener un tipo de cotización alta de la peseta, mientras que el gobierno republicano dejó esta cotización a expensas de lo que determinara el mercado. En este campo se desarrolló una singular guerra monetaria: a medida que las tropas de Franco incautaban cantidades de dinero republicano en su avance, lo vendían en masa en los mercados internacionales para adquirir divisas y disminuir su cotización. Al mismo tiempo, lo introducían en la zona republicana con el fin de financiar a sus infiltrados (los célebres quintacolumnistas) y aumentar el proceso inflacionario de la zona.  

Reverso de billete de 25 pts. "nacional" de 1938, con la Giralda de Sevilla

Una inflación que según diversos estudios sitúa a las dos pesetas a años luz en cuanto a cotización al final de la guerra. Si en el verano de 1936 la relación entre peseta "nacional" y peseta "republicana" era del 90 %, pasaría al 10 % en el segundo semestre de 1938 y al 5 % en el primer trimestre de 1939. Pocas cosas son más miedosas que el dinero, y la mala marcha de la guerra para los republicanos, unida a lo caótico de muchas de sus medidas financieras y monetarias, contribuirían decisivamente al derrumbe de la peseta en su zona. 


Bibliografía 

La inflación en España. Un índice de precios al consumo, 1830-2012. Jordi Maluquer de Motes. Estudios de Historia Económica nº 64, Banco de España (2012)

Martín Aceña, P. Los problemas económicos durante la Guerra Civil española (versión resumida de ponencia de los Cursos Superiores de Verano de la Universidad de Salamanca, 1985) 

https://gredos.usal.es/bitstream/handle/10366/79965/Los_problemas_monetarios_durante_la_Guer.pdf?sequence=1

Aldekoa, J. Inflación durante la Guerra Civil, Instituto Juan de Mariana (29/04/2019) https://juandemariana.org/ijm-actualidad/analisis-diario/inflacion-durante-la-guerra-civil/

https://www.lainformacion.com/economia-negocios-y-finanzas/asi-acabo-la-guerra-civil-con-la-peseta-republicana-hace-ahora-ochenta-anos/6496979/?autoref=true

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