viernes, 31 de julio de 2020

EL DINAR DE LA KRAJINA

Situación de la República Serbia de la Krajina
(RSK) en Croacia. (fuente: wikipedia)
El conflicto que asoló los Balcanes durante la década de 1990 tuvo como principal consecuencia política la desintegración de la federación yugoslava y la creación de una serie de nuevos estados cuya andadura ha transcurrido desde entonces con mayor o menor fortuna. Lo que a veces pasamos por alto es que esta desintegración pudo afectar también a las nuevas entidades políticas. Hace algunos años, a propósito del desafío separatista catalán leí un artículo en el diario El País que recomendaba a los independentistas tomarse en serio movimientos como el de Tabarnia, ridiculizado en aquel momento, porque las secesiones suelen ir acompañadas de movimientos rupturistas internos. Es lógico pensar que si se rompen las reglas, se rompen para todos. En la mente del articulista estaba el ejemplo de la ex-Yugoslavia y más concretamente el que vamos a tratar hoy, el de la Krajina croata. 


Es cierto que el choque entre diferentes nacionalismos fue el verdadero motor de las atrocidades que se cometieron en la zona durante gran parte de la década, pero también lo es que la idea de una "Gran Serbia" propugnada por Milosevic era clave para avivar un conflicto que se escapaba a sus gobernantes de las manos. Hace casi dos años tuvimos la oportunidad de ver aquí lo que esto supuso en la frágil Bosnia- Herzegovina desde 1992 y hoy veremos un caso similar aunque en territorio croata. Krajina, región situada en la parte sudoriental de Croacia a lo largo de su frontera con Bosnia, era una zona poblada mayoritariamente por serbios. A principios de los años 90, cuando las tensiones internas de la federación yugoslava hacían presagiar escenarios de ruptura, representantes de esta población serbia comenzaron a tomar posiciones para constituirse en región autónoma primero y en república independiente después. Todo ello con la lógica oposición croata, que tras conseguir reconocimiento internacional pretendía preservar su integridad territorial. Y, por supuesto, con la aquiescencia serbia, que aspiraba a incorporar esos territorios a su soberanía. 

De esta forma, a finales de 1991 y una vez constatadas las separaciones de Croacia y Eslovenia, la región de Krajina se proclamó como Republika Srpska Krajina (República Serbia de la Krajina) y en Febrero de 1992 incluyó en su constitución los territorios de mayoría serbia de Eslavonia Occidental, Eslavonia Oriental, Baranya y Sirmia Occidental, estos tres últimos separados del resto. En medio de todo el caos (recordemos que paralelamente los enfrentamientos en la vecina Bosnia se recrudecían) surgía una nueva entidad que pretendía ser un estado, y contaba con instrumentos para ello: además de una base territorial, una asamblea, una constitución,  gobierno y ministerios, un ejército y por último (y no por ello menos importante) una moneda: el dinar de Krajina. 

Pese a todo, la nueva RSK tenía notables debilidades. Una, su nulo reconocimiento internacional pese a los esfuerzos de sus autoridades. El reconocimiento de Croacia y Eslovenia ya supuso un paso muy arriesgado para una comunidad internacional que no suele ver con buenos ojos los movimientos secesionistas. La otra, su total dependencia de Serbia, la "patria común" a la que aspiraba pertenecer en último término, dada su escasez de recursos para sostenerse en tiempos de conflicto. Pese a que el apoyo financiero y logístico de Serbia fue constante y leal, no fue suficiente para suplir las evidentes carencias de la RSK: escasos recursos naturales e industria propia, una agricultura devastada, los lazos comerciales con Croacia rotos y la inexistencia de otras fuentes como el turismo se traducían en una falta de ingresos que solo la dependencia externa podía paliar en parte. Tenemos así una situación económica muy similar a la de Serbia o la de la Republika Srpska de Bosnia pero agravada por su subordinación total a la ayuda exterior. 


El dinar de Krajina, que es nuestro papel moneda de hoy, se puso en marcha en Julio de 1992 ligado al dinar yugoslavo. Por lo tanto, no sorprende comprobar que sufrió una hiperinflación similar a la de aquél:  313 millones % mensuales, la tercera mayor de la historia por detrás de Hungría en 1945 y Zimbabue en 2007, con una tasa diaria del 64,6 % y los precios doblándose en aproximadamente día y medio. El primer dinar consistió en billetes (nunca se emitieron monedas) de 10, 50, 100, 500, 1.000 y 5.000 dinares seguidos un poco más adelante de denominaciones de 10.000 y 50.000 y, cuando la inflación se comenzó a disparar, de 100.000, dando paso a los millones hasta los 10.000 millones. Siguiendo el clásico manual de la lucha desesperada contra la inflación, en 1993 se puso en circulación el segundo dinar con una equivalencia de 1 nuevo dinar = 1 millón de antiguos dinares con las siguientes denominaciones: 5.000, 50.000, 100.000, 500.000, 5 millones, 100 millones, 500 millones, 5.000 y 50.000 millones. El tercer dinar, introducido en 1994, equivalía a 1.000 millones de los segundos dinares, y las denominaciones fueron de 1.000, 10.000, 500.000, uno y 10 millones. En este contexto, podemos imaginarnos la confianza que la sufrida población de Krajina tenía en su moneda. 


El billete que tengo el gusto de compartir hoy pertenece al segundo grupo de 1993, y es el de denominación más baja, 5.000 dinares (es decir, 5.000 millones de los antiguos dinares). Pese a su escaso valor presenta un atractivo diseño, con el escudo serbio en el reverso y la fortaleza que se alza sobre la ciudad de Knin en el anverso. La elección de esta simbólica construcción, de los siglos XVII-XVIII aunque comenzada durante la Edad Media, se debe a que Knin fue la capital de la RSK. Históricamente también es un símbolo para los croatas, dada su posición estratégica en Dalmacia cerca del Adriático y nudo de comunicaciones hacia Bosnia y la Croacia continental, y el hecho de que también fue la capital del reino croata en el siglo XI. 

Por este motivo la toma de esta ciudad durante la llamada Operación Tormenta por parte del ejército croata en Agosto de 1995 tuvo un valor que iba más de lo militar. La República Serbia de la Krajina se desmoronó en pocos días sin oponer resistencia, exponiendo así la debilidad de las estructuras de estado que había tratado de crear desde 1991. Una debilidad que, como vemos, afectó de forma especial a su moneda. 


Sobre las crisis de la ex-Yugoslavia: 
Taibo, C. Para Entender el Conflicto de Kosova, Colección Los Libros de la Catarata, Madrid 1999

Sobre la RSK: 

Sobre el dinar de Krajina: 
Standard Catalog of World Paper Money. Modern issues: 1961 - date Volume 3 (10th Edition) Edited by George S, Cuhaj 2004 Krause Publications. 

Sobre la hiperinflación: 

viernes, 17 de julio de 2020

EL NUMMULITES

Son muchos los temas que bajo el ambiguo epígrafe de "curiosidades numismáticas" he tratado en este blog en los más de ocho años desde que me dio por iniciarlo. Muchos de ellos han tenido más que ver con las curiosidades (a secas) que con la numismática, pero en cualquier caso han guardado una relación con el concepto de dinero y el uso que hace el ser humano de éste. Caparazones de molusco (un tipo de dinero usado durante milenios en muchas partes del mundo hasta hace bien poco, por cierto), cigarrillos, arroz, té o cacao nos dan una idea de lo poco que hace falta para que una comunidad establezca un modo aceptable para el intercambio de bienes y servicios. El caso de hoy es uno de los pocos en los que no tengo nada claro su uso como dinero, aunque no podía pasar por alto la raíz de su nombre.

Imagen de nummulites (fuente: wikipedia)

El nummulites (del latín "nummulus", pequeña moneda) es un fósil muy común. Resulta un poco paradójico calificar de común a un fósil, ya que no es un proceso que pueda generalizarse, toda vez que los organismos o plantas tienden a servir de alimento o descomponerse con el tiempo. Los fósiles (del latín "fossilis", que significa "excavado") son por tanto restos orgánicos de tiempos muy remotos que han llegado reconocibles hasta nuestros días preservados en rocas sedimentarias a través de diferentes procesos que en general requieren cambios físicos y químicos muy complejos, y que únicamente pueden darse en condiciones muy específicas. Normalmente llegan hasta nosotros las partes duras de los organismos, es decir, los esqueletos y exoesqueletos, ya que son los que más posibilidades tienen de preservarse. Entre estos últimos uno de los más populares en cualquier tienda de minerales que se precie destaca nuestro protagonista de hoy.  

El nummulites constituye en este sentido un caso paradigmático. Se trata de un género de organismos unicelulares (protozoos emparentados con las actuales amebas) que vivieron en fondos marinos durante el Paleoceno y el Eoceno, es decir, hace entre 40 y 66 millones de años. Eran organismos unicelulares cuyo caparazón, que podía oscilar entre unos pocos milímetros y los 6 centímetros y poseer formas planas o globulares, estaba formado por una compleja estructura de cámaras conectadas de forma helicoidal y separadas por tabiques perforados. Estas pequeñas perforaciones (o forámenes, de ahí que el grupo de los nummulites sea conocido como foraminíferos) servían para que unos finos pseudópodos ejercieran funciones de captación de alimento y locomoción, así como de construcción del caparazón. 

Resulta muy interesante comprobar cómo un organismo unicelular podía ser capaz de construir lentamente un exoesqueleto de calcita alrededor de él. Habitaba mares poco profundos y cálidos, de alrededor de 25º C y en su época dorada, que coincidió con el ocaso de los dinosaurios, fueron muy abundantes. Esta abundancia, que hoy puede comprobarse en cualquier región que formara parte del Mar de Tetis como los países mediterráneos sin ir más lejos, seguramente se debía a su relación de simbiosis con las algas. Las algas proporcionaban nutrientes y contribuían a eliminar CO2, lo cual aumentaba la calcificación del exoesqueleto y el nummulites por su parte albergaba algas microscópicas en un entorno favorable a éstas lo que permitía su reproducción. 

Imagen de nummulítidos (wikipedia)

Como creo que ya he cubierto sobradamente la descripción científica (no está mal para un chico de letras, creo yo) me detendré en la relación de este interesantísimo fósil con el dinero. Fue bautizado hace más de 200 años como "nummulites" por su forma lenticular similar a una pequeña moneda, no obstante han sido conocidos por este motivo desde hace más tiempo, lo que hace pensar que quizá la elección del nombre científico no fuera casual. Por ejemplo, en diferentes zonas de la geografía española los nummulites han sido conocidos como "dineretes de Sevil" en Aragón o "dinerets de pedra" y "centimets" en Cataluña y Valencia. Sin duda no es más que una especulación, pero podría tratarse de un caso singular de fusión entre ciencia y cultura popular. 

Y algo que no se puede pasar por alto es el protagonismo que el nummulites tiene en la construcción de una de las maravillas arquitectónicas del mundo, la pirámide de Giza, levantada con bloques de piedra caliza formada precisamente gracias a este pequeño fósil. De hecho, se ha especulado con la posibilidad de que pudieran utilizarse como moneda en el Antiguo Egipto, una idea que no es descabellada en sí misma (los caparazones han sido empleados para este fin por muchas culturas a lo largo de la Historia) pero que no cuenta hoy día con una base sólida que la sustente. 

En cualquier caso, hoy los nummulites constituyen un interesante objeto de estudio para geólogos y biólogos, así como un magnífico artículo para coleccionistas. Y también, por qué no, una excusa para que los aficionados a la numismática nos sumerjamos alguna vez en materias distintas de la historia, la economía o la política.      


Sobre los fósiles: 

martes, 30 de junio de 2020

BILLETES CON (UNA) HISTORIA VII

Desde muy pequeño, cuando empecé a darme cuenta de mi inclinación hacia la geografía e historia, he sentido cierta debilidad hacia los mapas. Siempre me pareció asombrosa la capacidad del ser humano de poder representar de forma fiel, y muchas veces con todo lujo de detalles, un determinado territorio sobre el papel a escala reducida. Mucho más si se trata de mapas antiguos, de épocas en las que los cartógrafos contaban con limitados recursos pero una motivación incuestionable, sobre todo en aquellos casos en los que llegaban a territorios hasta entonces desconocidos para los europeos.

Reverso del billete de una peseta de 15 de Junio de 1945 con el mapa de
América de Joan de Oliva (1596)

En estos días en los que se derriban estatuas como supuesta forma de hacer justicia retrospectiva y saldar cuentas pendientes, me ha venido a la mente un antiguo billete de peseta que contiene uno de estos mapas. Forma parte de las emisiones del 15 de Junio de 1945 de una y cinco pesetas, que hacen referencia al papel decisivo que jugó España, o más concretamente la corona de Castilla, en la llamada era de los descubrimientos. Es cierto que hoy en día puede parecer obsoleto definir como descubrimientos a la llegada de los europeos a territorios habitados por pueblos seguramente procedentes de migraciones procedentes de Asia y Oceanía ocurridas en siglos anteriores. Además, desde hace varias décadas se da por hecho que Colón y su tripulación ni siquiera fueron los primeros europeos que llegaron al continente Americano, siendo los noruegos los que tuvieron ese honor al alcanzar las costas de Groenlandia y seguramente las de Terranova alrededor del año 1000. No obstante, es innegable que los viajes colombinos fueron los que tuvieron repercusiones a nivel mundial en cuanto a migraciones e intercambios y que, sumados a otros hechos de importancia similar en el desarrollo de las artes, las ciencias y la tecnología, marcaron el final de la Edad Media y el paso hacia una nueva época. 

La influencia hispánica en el comienzo de la Edad Moderna fue por tanto decisiva, un hecho que no pasó desapercibido durante el franquismo en su búsqueda de referentes históricos relevantes. Así, fue una constante durante la década de 1940 encontrar imágenes evocadoras de Cristóbal Colón y los Reyes Católicos en buena parte de los billetes puestos en circulación. Hoy en lugar de uno voy a comentar acerca de dos de estos billetes, que no solo coinciden en fecha sino también en la historia (con mayúscula y minúscula) que contienen. 

Capitulaciones de Santa Fe en el anverso del billete de 5 pts. de 1945
El billete de cinco pesetas de 1945 reproduce dos escenas en ambas caras. El anverso, en el que podemos ver a Colón presentado un documento a la reina Isabel, recoge las célebres "Capitulaciones de Santa Fe". Colón, genovés de nacimiento pero afincado en Portugal, llevaba tiempo gestando un proyecto marítimo en el que fuera posible alcanzar las costas de Asia por occidente. Al encontrarse los portugueses ocupados en sus rutas hacia oriente rodeando África, decidió también buscar fortuna en el este, concretamente en el reino de Castilla. A finales del siglo XV, la unión dinástica entre las coronas de Castilla y Aragón presagiaba una futura unión de los reinos hispánicos, y la conquista del reino de Granada confirmaba esta pretensión. Santa Fe era una ciudad castrense situada en las afueras de Granada desde la que los Reyes Católicos preparaban el asalto final  del reino nazarí. A finales de 1491 Colón fue citado allí para exponer su empresa, que no fue en principio aceptada por los monarcas. De hecho, le costó a Colón meses convencerlos de las virtudes de su proyecto gracias a la intermediación de personajes cercanos a la corte, tiempo durante el cual Colón pudo presenciar la caída del último reino musulmán de la península en Enero de 1492, acontecimiento que queda inmortalizado en el reverso del billete. 

Toma de Granada en el reverso del billete de 5 pts. de 1945

Es de justicia reconocer que Colón debía ser todo un gran negociador porque pese a las reticencias iniciales consiguió de la reina Isabel nada menos que el reconocimiento como virrey y gobernador de aquellos territorios que descubriera, la obtención del diezmo sobre beneficios y rentas o el derecho a participar con una octava parte en futuras expediciones comerciales hacia los nuevos territorios, entre otros privilegios. Así, partió de Palos de la Frontera el 3 de Agosto de 1492 con dos carabelas (la Pinta y la Niña) y una nao (la Santa María), que tras un breve parada en Canarias se adentraron rumbo a lo desconocido un mes después. 

La historia que sigue es de sobra conocida. Los cálculos de Colón demostraron ser doblemente erróneos: no solo la distancia a las costas de Asia era mucho más larga de lo estimado, sino que además había un continente en medio que conectaba los dos polos del planeta. Este último hecho no se descubrió hasta algunos años más tarde, y fue curiosamente lo que impidió que el Nuevo Mundo fuera bautizado como Colombia. Los primeros mapas del mundo que incluían las costas e islas recién descubiertas, como la Carta Marina de Martin Waldseemüller de 1507, optaron por América en honor a Américo Vespucio, explorador que seguramente fue de los primeros en comprender que se trataba de un continente independiente de Asia. Pese a que en poco tiempo Colón fue reconocido como el primer europeo en llegar al continente americano (concretamente a la costa norte de la actual Venezuela), la denominación América ya había arraigado en el imaginario colectivo y en la cartografía. 
Anverso del billete de 1 pta. con la reina Isabel

Y es en estos fascinantes mapas donde me quiero detener a continuación. El billete de una peseta, que presenta de nuevo a la reina Isabel en el anverso, muestra en su reverso una ilustración de un portulano de finales del siglo XVI del Caribe y Golfo de México acompañado de la imagen de un indígena, toda una concesión hacia las poblaciones autóctonas de la zona. Tras hacer una serie de comprobaciones (y fijarme en su esquina inferior izquierda), se trata de la Carta de la parte oriental de América del Norte, Golfo de México, Antillas y porción septentrional de América del Sur de 1596 de Joan de Oliva. Las cartas portulanas eran mapas muy precisos que se empezaron a elaborar en el siglo XIII y, como su propio nombre indica, reflejaban los puertos más importantes (de hecho por lo general las poblaciones de interior no se mencionan) así como una retícula que indicaba las direcciones o rumbos de acuerdo con la rosa de los vientos. Esto sirvió a los navegantes para orientarse con brújula, gracias a lo cual la navegación y el comercio marítimo conocieron un desarrollo nunca visto hasta entonces. Es habitual muchas veces caer en el simplismo de considerar la Edad Media como una época oscura y retrógada, lo cual hace necesario puntualizar que muchos de los avances que marcaron el paso hacia la Edad Moderna tuvieron su origen durante el tramo final del medievo. Los portulanos son un buen ejemplo de ello. 

Además, son unas verdaderas obras de arte, decoradas a menudo con motivos mitológicos, marinos o con representaciones más o menos idealizadas de las monarquías del momento. El mapa de Joan de Oliva me ha llamado la atención por las denominaciones de los territorios utilizadas en aquel momento. Sudamérica es definida como India, una prueba más de cómo una vez que se adopta un nombre es difícil prescindir de él, por muy inexacto que sea. Podemos ver también Spagnola sobre la isla que hoy día alberga los estados de Haití y República Dominicana y la denominación Mare Occeano sobre el Atlántico, respetando así el nombre elegido por griegos y romanos en la Antigüedad. Si nos detenemos en América del Norte, podemos ver un territorio que nos resultaría familiar, La Florida, y otros cuyos nombres se han perdido con el tiempo: Capaschi, en una zona que vendría a ocupar los actuales estados de Texas y Luisiana; Nova Francia más al norte, donde se encontrarían Kentucky y Tennessee; Chilaga, Calicua, Avagal...Lugares prácticamente desconocidos para aquellos exploradores, que convertían a la cartografía en un perfecto ejercicio de precisión e imaginación.  

Imagen del mapa de Joan de Oliva en el que se inspira el billete de 1 pta.
con la rosa de los vientos bien visible en su parte superior y a la derecha
(http://rla.unc.edu/EMAS/Ultramar.html#1A)

Con estos magníficos billetes quiero desearos un verano lo más feliz posible, durante el cual os podáis reencontrar con todas aquellas personas especiales a las que no habéis podido ver durante todos estos interminables, pero también inolvidables, meses de aislamiento. 

 

Sobre los viajes de Colón y las Capitulaciones de Santa Fe: 

Armillas, J.A. Descubrimiento y contacto con otros mundos en en Historia Moderna Universal, de Alfredo Floristán (coord,) Editorial Ariel S.A. 2002 (Barcelona)
https://historia.nationalgeographic.com.es/a/cristobal-colon-y-capitulaciones-santa-fe_14075

Para ver mapas antiguos más en detalle, como los de Joan de Oliva: 
http://rla.unc.edu/EMAS/Ultramar.html

Sobre los portulanos:
https://www.meteorologiaenred.com/portulano.html





martes, 16 de junio de 2020

MONEDAS INDO-SASANIDAS

Como tantas otras veces, el tipo de moneda sobre el que escribo hoy no es nuevo. De hecho, protagonizó una de mis primeras entradas sobre la numismática medieval de la India allá por el 2013 poco después de comenzar mi andadura con este blog. En aquel momento no tuve acceso a mucha información relevante acerca de esta moneda, por lo que no pude más que ofrecer una serie de pinceladas que más o menos resultaron ser correctas. Me complace hoy indagar un poco más sobre la misteriosa gadhaiya paisa, probablemente la más conocida pieza de la familia de las indo-sasánidas, que circularon entre los siglos X y XII aproximadamente, una época en que el Occidente europeo vivía las gestas de Cid, la invasión normanda de Inglaterra o el inicio de las cruzadas.

¿Muchas diferencias? Existen coincidencias también: se trata de un busto coronado
a la derecha, son de plata y pesan exactamente lo mismo: 4,2 g. La de la izda. es un
dracma sasánida de Peroz (s. V) y la de la derecha un gadhaiya paisa de los ss. XI-XII

Desde nuestra óptica eurocentrista normalmente vemos al imperio persa sasánida como una amenaza exterior, para los romanos primero y para los bizantinos después, pero los persas también debían hacer frente a sus propias amenazas. Si en su flanco occidental los enfrentamientos con los romanos de oriente eran constantes, en su parte oriental grupos tribales de Asia Central encontraron su talón de Aquiles. Un hecho que debilitó enormemente a este imperio fueron las derrotas del emperador Peroz (459-484) a manos de los llamados hunos heftalitas, que llegaron a apresar al propio emperador y a su hijo Kavad. Como consecuencia, los persas se vieron obligados a pagar enormes sumas de dinero a los heftalitas como tributo, sin sospechar que  no solo introducirían a estos en el uso de la moneda sino que los dracmas de Peroz establecerían los patrones estilísticos y metrológicos de las monedas emitidas en el Noroeste de India durante gran parte de la Edad Media.

Los anversos también coinciden, mostrando un altar de fuego, aunque en la
gadhaiya paisa desaparecen las figuras humanas a ambos lados

No mucho después de estos acontecimientos un pueblo conocido como "gurjara" comenzó a despuntar. Originarios también de Asia Central e integrados con los hunos heftalitas (seguramente como mercenarios) comenzaron a establecerse en el noroeste de India, en la zona que hoy ocupan los estados de Gujarat y Rajasthan. No era una mala elección, dado que se trataba de una zona estratégica para el comercio internacional, con puertos importantes en el Mar Arábigo que conectaban el extremo oriente con un cada vez más pujante mundo islámico. A finales del siglo VII establecieron un reino permanente en la zona, que consiguió prosperar económicamente y mantener a los ejércitos musulmanes fuera de sus fronteras, no sin dificultades. A mediados del siglo X tomaron el relevo los Chaulukyas, aprovechando el declive tanto de la dinastía Gurjara en el norte como de los Rashtrakuta en la meseta del Deccan. 

El desarrollo económico de estos sucesivos reinos requirió del uso de una moneda fuerte y estable para satisfacer las necesidades de comunidades dedicadas al comercio y la producción, y para ello tomaron como referencia el dracma sasánida de los siglos V-VI. Lo interesante aquí es comprobar la evolución que estas piezas experimentaron durante gran parte de la Edad Media, pasando de una representación bastante fidedigna de bustos y elementos religiosos a un grado de abstracción y esquematización que hace de personas y objetos representados elementos difíciles, casi imposibles de reconocer a simple vista. 

El dracma sasánida, como vimos en su día, se caracterizaba por su gran anchura y escaso grosor de los cospeles utilizados, con un peso aproximado de 4,2 g. Su anverso reflejaba el retrato de perfil del rey ataviado con imponentes coronas y su reverso aludía a la religión zoroastriana, con un altar ardiente vigilado por dos figuras humanas a ambos lados, normalmente portando espadas. Las leyendas en pahlavi indicaban el nombre del rey en el anverso a la derecha y la ceca y el año de reinado en el reverso. Las primeras copias que surgieron a partir del siglo V se ceñían bastante a estos patrones pero conforme avanzamos en el tiempo la situación cambia radicalmente. Los dracmas de los gurjaras, emitidos aproximadamente entre los siglos VII - VIII conservaban el peso y el grado de pureza de la plata pero reducían considerablemente la anchura de los cospeles y sacrificaban el realismo en las imágenes por un diseño más esquemático, tal y como podemos apreciar en las fotografías. 


Evolución del gadhaiya paisa (787) a partir del dracma de Peroz (105): copia heftalita (761)
copia gurjara (775) y gadhaiya gurjara (783)
Fuente: Early World Coins, R. Tye

No obstante, durante el periodo chaulukya a partir de los siglos X-XI estos cambios se aceleran, resultando en un concepto más abstracto tanto del rey como del altar. A medida que avanzamos en el tiempo vemos cómo cuesta reconocer el rostro en el anverso, reducido a una protuberancia en forma de judía rodeada de un mar de puntos y líneas que vendrían a conformar los adornos de la cabeza y otros rasgos faciales como la nariz, labios y orejas. Algo parecido sucede en el reverso, cuyas líneas horizontales reproducen el altar, coronado por un cúmulo de puntos que vendrían a representar el fuego. La forma de la moneda ya no es aplanada sino globular, con un diámetro mucho menor, aunque durante mucho tiempo la plata siguió conservando su pureza y, lo más curioso de todo, un peso similar al establecido por los patrones persas, de poco más de 4 g.

La dinastía Chaulukya fue depuesta a mediados del siglo XIII por los Vaghela, que hasta el momento habían sido vasallos suyos. Esta dinastía sobrevivió hasta finales de siglo, momento en que los reinos hindúes del norte sucumbieron al empuje de los musulmanes. No obstante, siguieron produciendo las monedas gadhaiya paisa durante este tiempo, cada vez menos reconocibles y con una plata devaluada, terminando así una tradición que se remontaba a la Antigüedad y dejó una profunda huella en diversos pueblos de Oriente Medio, Asia Central y el subcontinente indio. 


Early World Coins & Early Weight Standards, by Robert Tye, published by Early World Coins, York 2009
https://www.cointalk.com/threads/indo-sassanian-the-evolution-of-the-gadhaiya-paisa.348516/
https://www.forumancientcoins.com/numiswiki/view.asp?key=Gadhaiya%20Paisa
https://en.wikipedia.org/wiki/Chaulukya_dynasty

domingo, 31 de mayo de 2020

FICHAS DE CONTABILIDAD

La exonumia, o coleccionismo de fichas o tokens, corre el riesgo en ocasiones de ser vista como una versión más "pobre" de la numismática. Las fichas, utilizadas como sustitutivos del dinero para diferentes fines (como el pago por un servicio público o el uso en las salas de juego, por poner dos ejemplos conocidos) no tienen casi nunca un alto valor intrínseco ni cuentan con atractivos diseños, optando casi siempre por la funcionalidad. Aún así, creo que son argumentos fácilmente rebatibles, por varios motivos. Las fichas o tokens constituyen un material altamente coleccionable, tanto por su variedad como por ese bajo valor al que antes aludía. Un valor, que, como en las monedas, puede aumentar si la ficha en cuestión es escasa. Además, la emisión de fichas ha sido recurrente a lo largo de la Historia, lo que supone un interés añadido a estos objetos. Las de hoy sin ir más lejos, conocidas como "jetones" tienen alrededor de 200 años de antigüedad y representan un tipo de ficha utilizado en Europa durante siglos como veremos a continuación.

Anversos de dos jetones alemanes de principios del s. XIX

Su nombre deriva del francés "jeton", que a su vez viene del verbo "jeter", es decir, "arrojar o tirar", ya que se trataba de fichas monetiformes que se lanzaban sobre un tablero o ábaco que servía para realizar la contabilidad. Aunque durante la Antigüedad se utilizaron sistemas de cuenta similares, el uso de fichas imitativas de la moneda se extendió durante la Baja Edad Media, coincidiendo con un nuevo auge del comercio internacional. Es difícil saber dónde y cuando exactamente surgieron los primeros jetones, ya que al tratarse de fichas normalmente de uso privado y emitidas de forma no oficial únicamente llevan elementos decorativos, quedando desprovistas de caracteres y otras pistas que sí nos dan las monedas. Aún así, es posible afirmar que los primeros jetones debieron surgir en Francia y Norte de Italia (verdadero centro financiero de la época) a comienzos del siglo XIII. Normalmente se utilizaba el cobre o el latón para su fabricación, y utilizaban símbolos y heráldica reconocidos en el continente, como la flor de lis francesa, la cruz típica de las monedas de plata medievales o el castillo, muy presente en la numismática medieval europea.

En un primer momento, los jetones se utilizaban para el cálculo contable, que se realizaba en tableros cuyas líneas horizontales simbolizaban cada uno de los numerales romanos más o menos de la siguiente manera: 


Pese a que los numerales arábigos, mucho más indicados para el cálculo rápido, se fueron introduciendo en Europa occidental a partir del siglo XIII, todavía se emplearon durante bastante tiempo los tradicionales números romanos. ¿Cómo se realizaba un cálculo en este tablero? Simplificando la cifra lo más posible. Pongamos un ejemplo de suma simple: 183 + 44, es decir, CLXXXIII + XXXXIIII


A un lado del tablero, repartimos los jetones indicando los numerales correspondientes a 183 y al otro los correspondientes a 44. La simplificación para llegar al resultado llegará empezando por abajo y subiendo línea a línea. Así, en la línea de las unidades (I) de la base, tenemos siete jetones. Retiramos cinco, que se convierten en un jetón que pasa a formar parte de la siguiente línea (V), quedando dos en la línea I.

La línea V tiene un solo jetón, que no puede convertirse en numerales superiores, por lo tanto lo dejamos donde está y pasamos a la siguiente línea (X). Aquí vemos siete jetones (es decir, siete decenas). Cinco de ellos pueden retirarse y convertirse en un numeral L. Retiramos estos cinco, quedando dos en la línea X, y colocamos un jetón en la línea L. La línea L tiene ahora dos jetones, que, en sentido siempre ascendente, podemos retirar y convertirlos en un jetón de la línea C, que ahora pasa a tener dos. Finalmente, tenemos este resultado:


CCXXVII (227)

Interesante, ¿verdad? Aunque se podían realizar otras operaciones además de sumas, este sistema no podía competir con el cálculo con números arábigos, mucho más dinámico y con más posibilidades. Poco a poco, durante la Edad Moderna se abandonó este sistema pero no los jetones, que se siguieron produciendo aunque con otros fines, como los que tengo a bien compartir hoy.

De hecho, fueron los holandeses los que utilizaron estas piezas de forma extensa con fines propagandísticos durante su larga lucha por la independencia entre los siglos XVI y XVII. Para ese momento, los jetones se estaban convirtiendo en un popular objeto de colección, sobre todo en una zona como los Países Bajos, donde se habían usado de forma habitual durante los siglos anteriores. En este sentido, se convirtieron en portadores de mensajes políticos y religiosos a favor de la revuelta contra España y del protestantismo, reflejando escenas como batallas, tratados de paz o incluso el asesinato de Guillermo de Orange en 1584. 

Reversos de los jetones, con ciertas influencias clásicas y medievales

Otro uso muy extenso de los jetones, que es el que más nos concierne hoy, es el de fichas para juegos de mesa o naipes. Siempre resulta más elegante (y menos arriesgado en muchos sentidos) jugar con fichas que con dinero, por tanto, qué mejor que utilizar unas que además se parezcan al dinero. Parece ser que la ciudad de Nuremberg en Alemania destacó entre otras cosas por la fabricación de estas piezas con fines lúdicos entre los siglos XVI y XIX. Las que muestro hoy se enmarcan dentro de esta tradición. Son dos pequeños jetones de latón muy ligeros sin apenas grosor de 14 y 18 mm producidos por la casa Lauer a principios del siglo XIX. 

Esta casa lanzó al mercado del coleccionismo fichas imitativas de monedas europeas existentes, y en el caso de estas puede percibirse una especie de mezcla de cultura clásica con diseños medievales. La de menor tamaño muestra en su anverso un busto de Minerva con atuendo militar y casco y una iglesia en su reverso con la leyenda FURCHT GOTT, es decir, "temed a Dios". La otra muestra un retrato muy similar (casi idéntico de hecho) de Pallas, héroe mitológico romano y un reverso con un león rodeado de la leyenda RECHPFENING, que es el nombre genérico que recibían estas fichas o jetones en alemán. 

La popularidad de estos objetos no fue mucho más allá del siglo XIX, aunque su interés para el coleccionismo no ha decaído lo más mínimo. Su diseño es atractivo, su precio es más que razonable y tienen un justificado interés histórico. Poco más se puede pedir, ¿no creéis?

sábado, 16 de mayo de 2020

NOTGELD DE PRISIONEROS

El dinero de emergencia, uno de los temas que más nutren este blog, se produce normalmente en situaciones excepcionales o de conflicto, y, de acuerdo con la inexorable Ley de Gresham (que muy básicamente explicada viene a decir que el dinero "feo" desplaza de la circulación al "bonito"), llega a todos los rincones de las sociedades que se ven obligadas, por la vía de los hechos consumados o por imperativo legal, a utilizarlo. Por lo tanto no es de extrañar que llegue también a uno de los ámbitos más visibles y muchas veces estremecedores de las guerras como son los campos de prisioneros. Estos lugares, en los que se concentran personas por lo general al servicio de un ejército enemigo capturadas en tiempos de guerra, se multiplicaron durante la Segunda Guerra Mundial pero no eran ni mucho menos una novedad. El efecto cada vez más devastador de las guerras durante el siglo XIX se tradujo en un aumento de víctimas colaterales, especialmente la población civil, pero también un número significativo de combatientes heridos o capturados. Dentro de la búsqueda de un comportamiento civilizado durante los conflictos bélicos las sucesivas convenciones de La Haya y Ginebra establecieron entre otras cuestiones cuál debía ser el trato que debían recibir los prisioneros de guerra capturados por el enemigo. Debía ser siempre un trato digno, en el que los internos recibieran en todo momento el alimento, vestimenta o atención sanitaria necesarias y estuvieran protegidos de cualquier comportamiento degradante, tortura o trabajos forzados peligrosos para su vida o integridad física.

Dinero alemán de campo de prisioneros de 1917 correspondiente a
Oberhausen (German Gems: the Encyclopedia of German notgeld

No obstante, en ningún caso se impedía que los prisioneros pudieran mantenerse ocupados durante el tiempo de su cautiverio. De hecho, uno de los aspectos que tratan estas convenciones es el del derecho a recibir una remuneración por su trabajo. Los campos de prisioneros pueden alcanzar en muchos casos unas dimensiones considerables, llegando a convertirse en pequeñas ciudades cuyos habitantes requieren de una serie de bienes y servicios básicos: alimentación, ropa, artículos de limpieza e higiene, medicinas, reparaciones y mantenimiento...son unos pocos ejemplos que implican una serie de actividades en las que los prisioneros de guerra, además de consumidores, pueden convertirse en agentes activos, contribuyendo con su trabajo o habilidades. Una cantina o una enfermería, además de ser útiles a los internos podían dar trabajo a muchos de ellos. 

No tendría mucho sentido poner en circulación dinero oficial en un contexto como este, ya que no podía contemplarse que los prisioneros lo utilizaran fuera de los límites del campo. De esta manera, con el fin de organizar mejor el funcionamiento de los campos de prisioneros, las propias autoridades militares se encargaron en muchos casos de autorizar la emisión de dinero de emergencia para que circulara exclusivamente en ellos. Se trataría por lo general de cupones de baja calidad, con un diseño simple y una impresión pobre, algo que en estas circunstancias no podía preocupar menos a sus usuarios. 

Los campos de prisioneros (aquellos compuestos en su mayor parte por combatientes, no entramos hoy en otro tipo de instalaciones mucho más siniestras) se multiplicaron durante la Segunda Guerra Mundial, durante la cual estuvieron presentes en todos los continentes llegando a formar parte de la cultura popular gracias a la literatura, el cine (quién no recuerda clásicos como La Gran Evasión o El Imperio del Sol) y la televisión.  Dos décadas antes tuvo lugar otro conflicto internacional en el que el estancamiento de los bandos beligerantes provocó entre otras cosas una masificación de prisioneros de guerra, que tuvieron que ser internados tanto en territorios de los imperios centrales como en los controlados por los aliados. El billete de hoy hace referencia a uno de estos campos de prisioneros situado en Avignon (Francia), pero al analizarlo se pueden ver una una serie de características que no encajan con lo que corresponde al dinero emitido en ellos. 

Anverso del notgeld de 1921 de la Comunidad de Prisioneros de Avignon
(Gefangenen Gemeinde)

Lo primero, es su elaborado diseño. Como comento más arriba, el dinero de los campos de prisioneros no tiene apenas decoración, consistiendo en muchos casos en simples cupones con una impresión deficiente. En este podemos ver dos escenas en el anverso: a la izquierda una imagen del interior del campo y a la derecha otra un tanto melancólica de una mujer en su casa con dos niños pequeños, sin duda familiares de un prisionero de guerra. Para rematar, el reverso muestra un poema del escritor nacionalista Rudolf Herzog, al que aludiremos más adelante. 

Segundo, no es habitual que el dinero de un campo de prisioneros se denomine "notgeld" (dinero de emergencia), ni que esté íntegramente en alemán si se ha emitido en un campo de prisioneros en Francia. El término que aparece impreso en los billetes de prisioneros de guerra es "gefangenenlager", es decir, "campo de prisioneros". Además, su valor está expresado en marcos y francos (5 y 50 cts. respectivamente) algo que no tiene mucho sentido. Lo lógico es que, al tratarse de un campo situado en una localidad francesa, fuera un vale expresado en francos y en lengua francesa. 

La fecha tampoco parece encajar. Parece ser de finales de 1921, exactamente tres años después del fin de la contienda, haciendo una referencia expresa a la Navidad de ese año (Weihnacht 1921). Esto sí podría tener cierta lógica, ya que parece ser que el campo de prisioneros de Avignon en el sureste de Francia sí retuvo alemanes hasta esas fechas. Aunque el Tratado de Versalles, que entraba en vigor en Enero de 1920, obligaba a la devolución de los prisioneros de guerra a sus respectivos países, permitía ciertas reservas a los vencedores. Estas reservas se reflejaban en el artículo 219, que estipulaba que aquellos prisioneros de guerra y civiles internos en espera de condena o cumpliendo condena por delitos distintos de los que atentaran contra la disciplina podían ser detenidos por periodos más largos. 

Reverso con el poema de Rudolf Herzog y las firmas de los presos

El contenido del billete es además una arenga patriótica en si mismo, algo que ningún campo de prisioneros (más aún el de un país vencedor) aceptaría. En la parte de arriba del anverso se lee "redención: el día de la libertad" y el reverso reproduce el poema al que antes aludía, que, gracias al traductor de Google (con las limitaciones propias de este tipo de herramientas, pero tremendamente útil para los que desconocemos totalmente el idioma) dice algo así como


Le da a una madre su precio de vida 
Alemania, Alemania
que ella conoce a los niños en esclavitud oh, madre alemania
y buscas honor en la tormenta de la libertad
con los niños que miran en la torre de la prisión
allí ella yace encadenada en vergüenza en gris
llama a tu libertad primero
y aparta a tus hijos
de lo profundo a lo ancho

Una estrofa que es completada con la firma del autor (Rudolf Herzog, que por lo visto años después destacó por sus simpatías indisimuladas hacia el nacionalsocialismo) y la de los que aún permanecían prisioneros en Avignon. 

Pues bien, todo indica que este billete no fue realmente dinero gefangenenlager sino el resultado de una iniciativa privada de la comunidad de Neuhaus en Westfalia que reclamaba la inmediata repatriación de los prisioneros que aún permanecían en Francia. El estado de estos internos preocupaba no solo a sus familias, sino también a la opinión pública y a los representantes políticos, que consideraban su situación como una humillación añadida a las que Versalles ya había infligido a los alemanes. Aprovechando la popularidad de los notgeld a principios de la década de 1920, que muchas veces servían más como artículo de coleccionismo que como dinero de emergencia, este billete trataba de sensibilizar acerca de la situación de los presos. No me ha quedado claro, tras acceder a la historia más detallada que he podido encontrar acerca de este billete (https://www.geldscheine-online.com/post/die-kriegsgefangenen-von-avignon) si se trató de una iniciativa de los propios reclusos, de un intento de captar fondos, de un artículo dirigido a coleccionistas o simplemente de una estafa. Si alguien conoce el idioma alemán y tiene un momento para leer la historia completa, agradecería de veras un poco de ayuda. 

Sea como fuere, no deja de ser, como todo el dinero notgeld, una pequeña pieza de historia. En este caso, de un hecho que suele pasar desapercibido en los libros de historia. Al fin y al cabo, cuando estudiábamos el Tratado de Versalles, ¿qué espacio dedicábamos a los prisioneros de guerra? 


German Gems - The Ecyclopedia of German Notgeld, by Anthony John Gibbs-Murray, copyright 2014 www.notgeld.com
https://en.wikipedia.org/wiki/Geneva_Conventions
https://www.pmgnotes.com/news/article/2895/POW-Camp-Money/
https://www.mintageworld.com/blog/war-camp-money-pow-camps/
https://www.geldscheine-online.com/post/die-kriegsgefangenen-von-avignon

jueves, 30 de abril de 2020

MONEDAS CARTAGINESAS

En más de una ocasión he comentado que si algo he aprendido en los ocho años que llevo escribiendo artículos es que una curiosidad numismática lleva a otra. Hace dos semanas compartí unas notas sobre el jinete ibérico, reverso representativo de la que podría calificarse como primera moneda realmente "española" emitida en una época en la que Roma y Cartago trataban de establecer sus esferas de influencia en el Mediterráneo occidental, con la península ibérica como el principal teatro de operaciones. Más o menos durante la misma época los cartagineses emitieron su propia moneda, que, al igual que sus coetáneas griegas y romanas, también han llegado hasta nosotros. 

Máxima expansión de Cartago, c. 270 a.C. (fuente: wikipedia)

En más de una ocasión no he podido evitar hacerme la pregunta. Podemos saber muchas cosas acerca de las civilizaciones griega y romana no solo a través de sus monedas sino también gracias a su legado artístico y literario así como los numerosos restos arqueológicos que hoy día atraen a millones de visitantes todos los años. No es necesario ir a Roma o Atenas para comprobarlo, simplemente con darse un paseo por Sagunto o Mérida nos podemos hacer una idea. Pero, ¿qué pasa con Cartago? Se trata de una civilización que dominó parte del norte de África y el sur de la península ibérica durante siglos y sin embargo no tenemos tanta constancia de su arte o arquitectura como sí podemos tener de Grecia o Roma. ¿Quienes eran realmente los cartagineses?

Sus orígenes se encuentran en otro pueblo clave en la historia antigua de España: los fenicios. La teoría más aceptada es que Cartago, situado cerca de la actual capital de Túnez, fue una colonia fundada por emigrantes de la ciudad de Tiro (actualmente en el Líbano) en el siglo IX a.C. Una vez Tiro fue tomada por Caldea en el siglo VI a.C. Cartago se independizó y consolidó su dominio del norte de África y del Mediterráneo occidental aliándose y sometiendo a otras ciudades de origen fenicio, lo cual le dio no solo una importante base territorial (además del actual Túnez, gran parte de la franja mediterránea de África, sur de la península ibérica y grandes islas como las Baleares, Sicilia o Cerdeña) sino también un importante imperio mercantil aprovechando las factorías establecidas por los fenicios y creando otras nuevas. Esta expansión, que convirtió a Cartago en un estado próspero, llevó a constantes enfrentamientos, con los griegos primero y con los romanos después, que finalizarían con las guerras púnicas durante los siglos III-II a.C.

Pese a su indiscutida dedicación al comercio, los fenicios no acuñaron moneda y su adopción por parte de los cartagineses se produjo en fechas relativamente tardías, a finales del siglo V a. C. No parece que se debiera a una necesidad comercial, sino  militar, más concretamente para el pago de tropas mercenarias dentro del contexto de los enfrentamientos con las polis griegas por el control de Sicilia. Las primeras monedas cartaginesas fueron de plata y bronce, reproduciendo los patrones griegos en cuanto a pesos y medidas como muestran sus primeros tetradracmas de plata de 17g. Un poco más tarde, a mediados del siglo siguiente, pasaron a acuñar estáteras de electro (aleación de oro  plata) de mayor valor, equivalentes a 20 dracmas de plata. A finales del siglo IV abandonaron el dracma de plata e introdujeron una nueva denominación, el shekel, una unidad de plata con más peso, alrededor de 11 g., y acuñaron monedas de 1, 2, 3 y 6 shekel así como divisores de menor valor.  

Anversos de calco (izda.) y medio calco (dcha.) con busto de Tanit.
Miden 25 y 21 mm y pesan 9,2 y 7,6 g respectivamente

Los diseños escogidos por los cartagineses se inspiraron también en el arte helenístico aunque con características propias. Los anversos suelen presentar bustos de perfil, normalmente femeninos. En muchos casos se trata de Tanit, diosa de la fertilidad asociada a la deidad griega Perséfone y a la romana Proserpina. Es habitual encontrar también a Dido, reina legendaria a la que se atribuye la fundación de Cartago, así como el dios Melqart (ataviado con piel de león a la manera de Heracles o Hércules) y, más adelante, personajes históricos relacionados con la historia antigua de España como los generales Amílcar Barca y Aníbal. Para los reversos escogieron motivos animales, (principalmente el caballo pero también leones y elefantes), vegetales (la palmera es de los más comunes) y otros elementos coincidentes con la simbología grecorromana como la proa de un barco. Las leyendas que aparecen están escritas en caracteres fenicios, una lengua semítica, y se refieren tanto a la ciudad de emisión (como QRT HSDT de Qart-Hadasht, el nombre de la capital o SYS correspondiente al nombre púnico de Palermo en SIcilia) como a su destino (por ejemplo, MHNT para el ejército). 

Las monedas que tengo el placer de compartir hoy son dos bronces que, aunque algo difíciles de identificar debido al desgaste, muestran algunas de las características citadas más arriba. La de la izquierda de las imágenes es un calco, probablemente hispanocartaginés, con Tanit en el anverso ataviada con casco ático y un caballo parado en el reverso. La de la derecha, un medio calco, tiene un reverso muy similar y su anverso muestra también a Tanit, solo que laureada. Por las imágenes que he podido encontrar en la web seguramente es una emisión de Cartago. 

Reversos de los bronces, con su característico caballo

Ambas parecen ser del siglo III a.C., época en que Roma y Cartago se batían por el control del Mediterráneo occidental en sucesivas guerras que provocaron entre otras cosas la progresiva devaluación de la moneda púnica. Aunque tendamos a asociar la derrota de Aníbal frente a Escipión en 202 a.C. como el fin del Imperio Cartaginés, este se produjo unas décadas más tarde, a mediados del siglo II a.C. tras la tercera guerra púnica que supuso la aniquilación de Cartago como estado independiente y su incorporación un imparable Imperio Romano. Gran parte de su legado se perdió con el tiempo, siendo sus monedas de lo poco que ha llegado intacto a nuestros días para darnos una idea acerca de su lengua, arte y cultura. 

Para una buena introducción a la moneda cartaginesa os recomiendo estos enlaces: 
https://coinweek.com/featured-news/coinage-of-carthage/
https://www.ancient.eu/Carthaginian_Coinage/

Sobre el estado cartaginés: 
https://es.wikipedia.org/wiki/Estado_p%C3%BAnico

Más ejemplos de monedas cartaginesas: 
http://www.wildwinds.com/coins/greece/zeugitana/carthage/t.html
https://www.tesorillo.com/oca/hisp_cart/hisp_cart.htm

  

miércoles, 15 de abril de 2020

HOMENAJES NUMISMÁTICOS: ESPAÑA

La península ibérica, extremo occidental del mundo mediterráneo, siempre ha tenido un protagonismo mayor o menor en los procesos que se han generado en él. Desde época muy antigua, recibió las influencias de pueblos emprendedores, como los fenicios y griegos y fue escenario de la lucha entre romanos y cartagineses por la supremacía en la zona. No es extraño entonces que la utilización de moneda haya caracterizado nuestra economía desde tiempos inmemoriales, habiéndose acuñado versiones propias de piezas tan emblemáticas como ases y denarios y posteriormente dirhems, dineros o el real de a ocho, primera moneda que podría ser considerada como "global". Con este bagaje, resulta chocante que muy pocas veces hayamos rendido homenajes numismáticos a nuestro propio dinero, pero podemos encontrar excepciones, como la de hoy. 


La figura emblemática del jinete ibérico, recuperada en la posguerra

Tras finalizar la Guerra Civil, el régimen de Franco decidió sustituir las muy populares (y castigadas por varias décadas de circulación) perras gordas y chicas de 10 y 5 céntimos de cobre por unas piezas de aluminio de la misma denominación pero mucho menor valor intrínseco. Pese a su peor calidad, se pensó en un diseño atractivo que emulaba el llamado "jinete ibérico", omnipresente en las monedas ibéricas de la Antigüedad. El uso de la moneda en la península fue introducido por los griegos, más concretamente los foceos, fundadores ciudades en el Mediterráneo occidental como Emporion (Ampurias), Hemereskopeion (seguramente Denia) y Mainake (cerca de Málaga). Los griegos exportaron un modo de vida urbano que hacía necesaria la moneda para las transacciones económicas, un proceso que se originó en Asia Menor el siglo VII a.C. No obstante, dentro de la península ibérica su uso no se generalizaría entre las poblaciones autóctonas hasta la época de las guerras púnicas a finales del siglo III a.C., que enfrentaron a romanos y cartagineses, y por ende a todos los pueblos que se aliaron con una u otra potencia.

Esta influencia bélica pesó mucho en la elección del jinete ibérico como reverso de muchas monedas emitidas en la península durante esa época. Las primeras piezas españolas, acuñadas desde aproximadamente el 400 a.C. gozaron de una variedad de diseños considerable, ya que tuvieron como referencia los patrones numismáticos griegos, púnicos y romanos. No obstante, el caso del jinete ibérico puede definirse como un primer elemento cohesionador, pues unió a diferentes pueblos que únicamente coincidían en su servicio y sumisión a Roma. Se emitieron sobre todo en ciudades de la Hispania Citerior, es decir, la zona comprendida entre los Pirineos y Cartagena, y representa un jinete con atuendo militar galopando y portando una lanza (aunque son habituales otros objetos como espadas, armas arrojadizas u hojas de palma), sobre el nombre de la ceca emisora en caracteres de escritura ibérica. El anverso suele representar una cabeza masculina normalmente hacia la derecha, que seguramente evoca una divinidad o un héroe o notable local, algo en o que aún hoy los expertos no se ponen de acuerdo. 


Reverso de as de jinete ibérico, con el nombre de la ciudad emisora
en caracteres de escritura ibérica (Contrebia Carbica)

Pese a que se trata de diseños con atributos locales, la influencia romana es más que evidente, y es probable que se tratara de un patrón establecido por lo nuevos conquistadores entre los siglos II y I a.C. como forma de aportar elementos de afinidad entre los diferentes pueblos ahora bajo su dominio. No lo pueden explicar mejor Paz y Ortiz en su ensayo "El jinete en la moneda ibérica y celtibérica. Su imagen e interpretación: un arte provincial romano": 


La moneda constituye la fórmula preferida de propaganda y difusión de mensajes concentrados y muy pensados. Valor, circulación, pertenencia, identificación o manejabilidad, serían algunas de las cualidades que avalarían su elección como soporte propagandístico, en este caso para representar al jinete de la ciudad indígena que participó como aliado en las turmas del ejército romano, y por ello revestido de autoridad.

La moneda que tengo el gusto de compartir es claramente representativa en este sentido. Se trata de un as de bronce de 9,21 g de peso y 24 mm de diámetro. Pese a su tremendo desgaste pueden distinguirse claramente sus atributos principales. En el anverso aparece uno de estos jinetes al galope con la lanza en ristre, seguramente representando el momento de entrar en combate. La leyenda ibérica del exergo parece que corresponde a la ciudad de Contrebia Carbica, actualmente cerca de Huete en la provincia de Cuenca, es decir, el interior de la Hispania Citerior. El anverso refleja el busto masculino a la derecha mencionado más arriba acompañado de varios símbolos, uno de ellos un delfín, seguramente un emblema militar. 


Anverso del as con busto masculino a la derecha. Pueden apreciarse
varios símbolos, uno de ellos un delfín (situado a la derecha)

Tras las guerras sertorianas en el 72 a.C. se abandonó el modelo del jinete ibérico para abrazar definitivamente los patrones del mundo romano. Aún así, este modelo marcó una época en la que, tal y como señala la web www.tesorillo.com, tuvo lugar un sistema monetario autóctono, basado en la plata y el bronce, con su propia tipología, iconografía homogénea y leyendas ibéricas.  Además, la figura del guerrero a caballo no solo fue un tipo iconográfico muy recurrente en el Mediterráneo de la Antigüedad: muy posteriormente pueden encontrarse ejemplos similares en lugares tan distintos como la Europa medieval o en Afganistán y norte de India entre los siglos VIII y XIII. El ejército como elemento vertebrador de una sociedad y fuente de riqueza ha sido una constante en la historia de la humanidad, para bien o para mal. No es extraño que los romanos lo utilizaran en una época particularmente conflictiva en la que el ejército desempeñaba un papel protagonista. Y tampoco extraña que más de 2000 años después lo utilizara un régimen cuya legitimidad se basaba en una victoria militar. 

Paz Peralta, J.A. y Ortiz Palomar,  E. El jinete en la moneda ibérica y celtibérica. Su imagen e interpretación: un arte provincial romano. NVMISMA 251. Enero - Diciembre 2007. Año LVII. Pp. 87-136. Recibido: 14-1-2008. Aprobado: 26-1-2008
Vicens, J. Atlas de Historia de España. Editorial Teide S.A. Barcelona 1973
https://www.artehistoria.com/es/contexto/la-moneda-ib%C3%A9rica
http://www.tesorillo.com/hispania/1ibericas.htm





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