viernes, 25 de enero de 2019

BILLETES POR LA INDEPENDENCIA DE HUNGRÍA

No sé si lo he comentado en alguna ocasión (disculpadme si ha sido así, después de siete años publicando uno tiende a repetirse de vez en cuando) pero una ventaja que tiene el coleccionismo de curiosidades es que aunque muchas veces uno las busca, a veces da la impresión de que son las curiosidades las que le encuentran a uno. Siempre me han parecido muy especiales los billetes antiguos, seguramente por sus elaborados diseños y por el hecho de que unos objetos tan frágiles hayan soportado de forma satisfactoria el paso del tiempo. Cuando de forma absolutamente inesperada, hojeando un álbum en una reputada numismática valenciana, me encontré con el billete que protagoniza la entrada de hoy no pude resistir la tentación de adquirirlo.


Lo siguiente, cómo no, consistió en recopilar información al respecto. Parecía húngaro, de mediados del siglo XIX, y me percaté de que Hungría no había conseguido su independencia del Imperio Austriaco al menos durante un periodo prolongado de tiempo. Este otrora gran reino centroeuropeo sucumbió en el siglo XVI a la presión de los otomanos por el este y el sur y a la influencia austriaca en el oeste, que encontraban en Hungría una suerte de "estado tapón" frente al empuje de los ejércitos del sultán. Hungría quedó de hecho repartida entre el Imperio Otomano, el Imperio Austriaco y el principado de Transilvania, en la práctica tributario del sultán. Con el tiempo, el equilibrio de poder basculó hacia el lado austriaco de tal forma que muchos antiguos territorios húngaros se fueron progresivamente incorporando a la monarquía de los Habsburgo. Aunque por lo general se trató de preservar las particularidades y leyes húngaras dentro del imperio, lo cierto es que las relaciones entre Austria y Hungría nunca fueron fáciles, caracterizándose por una desconfianza mutua que en muchos momentos derivó en conflicto abierto.

Centroeuropa no fue ajena al terremoto político surgido de la Revolución Francesa y las posteriores invasiones napoleónicas. De hecho, numerosos políticos, artistas e intelectuales húngaros vieron en estos movimientos la oportunidad de llevar a cabo una serie de reformas de corte liberal que resultaban imposibles dentro del Imperio Austriaco, toda vez que éste fue uno de los vencedores frente a Napoleón y por tanto defensor de las esencias del Antiguo Régimen. Al mismo tiempo, las nuevas corrientes liberales se identificaron con un cierto "despertar nacional" húngaro tras siglos de división y sometimiento a grandes potencias.


El Imperio Austriaco: un inmenso mosaico plurinacional en el cual
Hungría ocupaba un lugar destacado (fuente: Wikipedia)

Todo esto se manifestó abiertamente en la ola revolucionaria de 1848, que marcaría un antes y un después en los acontecimientos políticos del continente, de forma muy significativa en las estructuras político-administrativas del Imperio Austriaco. En Marzo de ese año se inició un movimiento político en Hungría que defendía postulados cercanos al liberalismo como la libertad de expresión, la abolición de la servidumbre o el pago de impuestos equitativo mientras que abogaba por la puesta en marcha de estructuras propias de un estado como una asamblea, un banco nacional y un ejército propio entre otros. Al poco tiempo, el emperador  Fernando, arrollado por los acontecimientos, no pudo sino aceptar estos postulados ante el riesgo cierto de desmembramiento del imperio, teniendo en cuenta además que en la propia Viena la revolución se había llevado por delante al principal valedor de las monarquías absolutas europeas y arquitecto de la Europa post-napoleónica: Klemens von Metternich. 

No obstante, las fuerzas contrarrevolucionarias no tardaron en reaccionar, lo que únicamente significaba malas noticias para el movimiento nacionalista húngaro. A finales de 1848 Fernando abdicó en favor de su sobrino Francisco José, mucho más proclive al restablecimiento del statu quo anterior a la revolución. Ante la inminente invasión de Hungría por parte de las tropas austriacas la asamblea húngara proclamó la independencia total en Abril de 1849 pero ésta no pudo apenas ejercerse ya que en Agosto, tras semanas de duros combates en los que la ayuda rusa al emperador Francisco José fue determinante, el ejército húngaro no vio otra salida que la rendición incondicional. 

Lajos Kossuth (1802-1894). Fuente:
www.britannica.com
En todo este proceso revolucionario el papel de Lajos Kossuth fue más que significativo. Kossuth formaba parte de la facción más radical del movimiento nacionalista húngaro, que abogaba por la separación total de Austria como única forma de conseguir la ansiada modernización del país tras siglos de estancamiento. Fue ministro de Finanzas en el gobierno del Conde Batthyány, surgido de la asamblea húngara en Marzo de 1848 y más tarde, ante la certeza de que Viena no aceptaría más que el sometimiento de Hungría, fue designado por la misma asamblea como responsable del comité de defensa nacional, lo que le convertía de facto en el "hombre fuerte" del país, y le daba la oportunidad de, como se ha comentado más arriba, proclamar la independencia total. Tras la rendición, Kossuth se vio abocado a abandonar el país y vivir casi medio siglo de exilio en diferentes países. 

Al caer este atractivo billete en mis manos pensé en un primer momento que se podía tratar de papel moneda emitido durante la etapa de Kossuth como ministro de Finanzas, pero tras un somero análisis salí pronto del error. Aunque se encargó de desarrollar una moneda propia húngara durante los meses que ocupó el cargo ministerial, el billete de hoy es posterior, concretamente de su exilio norteamericano. 

Estados Unidos fue uno de los países en los que Kossuth vivió durante su prolongado destierro y en los que más simpatías encontró para su causa independentista. No es de extrañar, ya que se trataba de un país que había obtenido su independencia tan solo unas décadas atrás. A principios de la década de 1850 recorrió diferentes partes del país tratando de atraer adeptos y recaudar fondos, para lo cual se valió de billetes como el de las imágenes, que se entregaban a cambio de donaciones. Su diseño, compuesto sobre todo de figuras alegóricas, se inspira enormemente en la notafilia norteamericana de la época.  Está impreso por una sola cara y muestra la firma de su promotor debajo a la derecha. 

Firma de Kossuth en los billetes promocionales
En los veinte años posteriores a 1849 el imperio austriaco no pudo evitar sufrir una serie de pérdidas territoriales como consecuencia de dos movimientos nacionales externos, el italiano en el sur y el alemán en el norte, que obligaron a Viena a plantear una considerable descentralización interna con el fin de mantener unido su territorio. A partir de 1867 la monarquía de los Habsburgo se convertiría en dual de tal forma que, salvo en asuntos de política exterior y defensa, Hungría gozaría de total autonomía. No sería suficiente en ningún caso para Kossuth, que moriría en el exilio en 1894, sin ver cumplido su sueño de ver una Hungría independiente. Un sueño que se materializaría en 1918, paradojas de las historia, tras una contundente derrota militar que supuso la desaparición no solo de Austria-Hungría sino de todas de las dinastías imperiales europeas, cerrando de forma definitiva el convulso y conflictivo siglo XIX.  


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