viernes, 7 de febrero de 2014

PRUTAH: UNA MONEDA BÍBLICA

Anverso de prutah correspondiente a Herodes I
Hoy me complace compartir en este blog una moneda de la Antigüedad poco extendida en el coleccionismo numismático pero de significativa carga histórica: el prutah. La Historia de Israel y el pueblo judío no nos puede dejar indiferentes, especialmente a los que hemos recibido una educación religiosa. El Cristianismo, religión predominante en todo el mundo occidental, está directamente ligado al Judaísmo. El Antiguo Testamento ofrece numerosas referencias históricas de Israel, una de las impactantes sin duda la protagonizada por Moisés, magistralmente plasmada (todavía varias décadas después) en Los 10 Mandamientos de Cecil B. DeMille.


Independientemente de mitos e interpretaciones, la Historia de Israel se ha desarrollado siempre bajo la amenaza de vecinos poderosos. No es de extrañar, porque su posición estratégica en el Mediterráneo oriental le ha puesto en el punto de mira de potencias hegemónicas de la zona: egipcios, asirios, hititas…originariamente nómadas, los hebreos eligieron la tierra de Canaán para sedentarizarse durante el segundo milenio a.C. Bajo los reinados de David y Salomón, a caballo entre el segundo y el primer milenio a.C. se unificaron los reinos de Israel y de Judá viviendo una era de cierto esplendor. Posteriormente sufrieron las sucesivas deportaciones a Asiria y Babilonia hasta ser liberados por el rey Persa Ciro el Grande en el 538 a..C. Tras estas tribulaciones, una nueva potencia hegemónica, Grecia, dejó su huella en el pueblo de Israel. El helenismo, y la reacción contra su influencia, condicionaron notablemente su Historia durante la Antigüedad

Alejandro Magno conquistó un impresionante imperio que abarcaba desde Macedonia hasta la India. Pese a que no sobrevivió mucho más allá de la muerte de su fundador (323 a.C.), sí perduró su influencia en los pueblos conquistados bajo el encanto del helenismo. Israel, cuya adhesión osciló entre los imperios Ptolemaico en Egipto y Seleucida en Siria y Persia, no se vio libre de esta influencia cultural. El choque entre los partidarios de la helenización y los del mantenimiento a ultranza de la idiosincrasia hebrea fue inevitable y se tradujo en periodos de inestabilidad que a la larga terminaron con la relativa independencia que este reino pudo tener.
Reverso de la misma moneda

En efecto, la revuelta macabea del año 166 a.C. supuso una reafirmación de los valores y tradiciones judaicas así como un periodo de independencia de algo más de 100 años frente a unos imperios vecinos decadentes. No obstante, nunca es posible encontrar una unidad total y una disputa dinástica en el 63 a.C. propició la intervención de lo que entonces era, utilizando la terminología actual, una potencia emergente: Roma. Judea, pese a mantener sus tradiciones e instituciones, se convirtió en realidad en un reino tributario de Roma controlada política, fiscal y militarmente por un procurador dependiente del gobernador de Siria.

La moneda que comparto hoy aquí pertenece a esta época, y fue acuñada bajo el reinado de Herodes I, muy familiar dentro del cristianismo puesto que ejercía el poder en el momento del nacimiento de Jesús. Resulta interesante comprobar que aunque los israelitas buscaron en todo momento reafirmar su independencia cultural de toda influencia exterior sus monedas no dejaron de ofrecer un diseño helenístico. En este sentido, sus monedas recogen simbología griega de tipo militar (casco crestado, escudo, proa de barco), mitológica (caduceo, cornucopia) vegetal (ramas de palma, uvas, flores) o animal (águila). Esta pequeña moneda de bronce de 16 mm. y 1,65 grs. de peso es un prutah, una de las denominaciones de más bajo valor. Presenta en el anverso, un tanto descentrado, un ancla con la leyenda en griego ΗρωΔ Βαςι (es decir, “Erod Basi” o Herodes Rey) y una doble cornucopia en el anverso

Herodes I, que reinó entre el 37 y el 4 a.C. es un monarca poco apreciado tanto por cristianos (por razones de sobra conocidas) como por judíos. En la historiografía hebrea se le representa como un gobernante autoritario (aun para los patrones de la época), despiadado e imprevisible, que logró mantenerse en el trono durante más de 30 años gracias a su habilidad para presentarse como fiel aliado de Roma independientemente de quién ocupara el poder, ya fuera Marco Antonio primero o Augusto después.

Pero sin duda lo más interesante y fascinante de todo es que esta pequeña moneda de influencia griega debió circular en el tiempo y lugar que ocupó Jesús de Nazaret.

Foucart, S., J. Mesopotamia – Los Albores de la Historia en El Atlas de las Civilizaciones. Le Monde Diplomatique en español. Fundación Mondiplo, Valencia.

Centre for Online Judaic Studies (http://www.cojs.org)


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