jueves, 27 de abril de 2017

DINERO DE TRANSICIÓN (LITUANIA 1991)

Los billetes de hoy, que en su simplicidad nos pueden recordar a cupones de racionamiento o dinero de emergencia emitido en periodos bélicos o pos-bélicos (en el fondo, guarda bastantes similitudes con ambas formas de pago) tienen su interés en tanto en cuento son testigos de un hecho que ha marcado (y aun marca) de forma significativa la historia reciente: el colapso de la Unión Soviética.

El Báltico: un quebradero de cabeza para la Unión
Soviética en sus últimos años
El desmoronamiento de la URSS tuvo numerosas causas de índole política y económica, que pueden resumirse en el anquilosamiento de los canales de gestión y participación (con la sombra del Partido Comunista omnipresente en todos los niveles de la administración) y en la escasa eficiencia de su modelo productivo. No obstante, la llamada cuestión nacional, es decir, las tensiones y conflictos latentes entre las diferentes nacionalidades que componían el  estado soviético, tendría un innegable impacto en la aceleración de este proceso.

El imperio de los zares había logrado constituirse en los siglos precedentes a través de un largo proceso expansionista  en el que un heterogéneo elenco de diferentes pueblos (polacos, lituanos, finlandeses, descendientes de tribus turco-mongolas, poblaciones de Asia central, y un largo etcétera) fueron sometidos, en muchos casos de forma violenta. Como consecuencia, Rusia se convirtió en un vasto imperio en términos territoriales además de un enrevesado mosaico multinacional, multicultural y multirreligioso, un puzle cuyas piezas en muchos momentos costaba encajar. La llegada al poder de los bolcheviques trajo consigo un intento de superación de estos problemas de convivencia  a través de la realización del ideario socialista, en el que las repúblicas integrantes de la Unión Soviética eran iguales en derechos y obligaciones y en teoría soberanas, es decir, que podían acceder a la independencia si así lo deseaban.

Cuando Mijail Gorbachov accedió a la secretaría general del PCUS en 1985 tenía muy claro que las reformas pendientes no se podían posponer si  la URSS tal y como era conocida quería prevalecer. Las reformas políticas evidenciaron la existencia de tendencias y movimientos ajenos al Partido Comunista, entre ellos los diferentes nacionalismos que se manifestaban muy especialmente en el Cáucaso y en las llamadas repúblicas bálticas: Estonia, Letonia y Lituania.

Como sucede muchas veces entre vecinos, la historia de la relación entre Lituania y Rusia difícilmente se puede definir como cordial. Constituida como Gran Ducado a mediados del siglo XIII, Lituania no tardó en vincular su destino al de Polonia, país con el que mantuvo una estrecha alianza de cuatro siglos durante los cuales su territorio logró su máxima extensión hacia el sur y el este y Vilna llegó a convertirse en un centro de referencia económico y cultural en Europa del Este. A partir de  1569 su poder e influencia en la zona se vieron relegados en favor de su aliado polaco y a finales del siglo XVIII su territorio (junto con el de Polonia) fue repartido por las nuevas  potencias hegemónicas de la zona: Austria, Prusia y Rusia. Rusia ocupó la mayor parte del territorio lituano,  aunque Prusia también accedió a algunas áreas en el oeste, como Memel (actual Klaipeda). Durante el siglo XIX los lituanos mantuvieron sus aspiraciones nacionalistas, fuertemente reprimidas por Rusia, pese a lo cual pudieron acceder a  la independencia en 1918 (junto con Estonia y Letonia)  tras el colapso del Imperio Ruso y la llegada de los bolcheviques al poder. Durante dos décadas disfrutaron los lituanos de esta independencia (si bien con Vilna anexionada por el nuevo estado polaco) hasta que el nefando pacto Molotov-Ribbentrop condenó a Europa del este a ser dividida en zonas de influencia entre nazis y soviéticos. A partir de ese momento Lituania se convirtió en escenario de la rivalidad entre ambas potencias, con consecuencias nefastas para su población, víctima del Holocausto (en el caso de los judíos lituanos), trabajos forzosos y alistamiento en las fuerzas alemanas. No mejoró mucho la situación cuando los soviéticos recuperaron estos territorios en 1944, pues continuó la política de asesinatos y deportaciones, esta vez por parte de una Unión Soviética que esta vez no pensaba dejar escapar lo que consideraba sus territorios del Báltico.

Billetes de 0,10, 0,20 y 0,50 talonas
La puesta en marcha de la perestroika a partir de la llegada de Gorbachov al poder pondría de manifiesto (muy a su pesar, por supuesto) las antiguas rivalidades y cuentas pendientes entre las diferentes nacionalidades integrantes de la URSS. Durante los procesos electorales celebrados a finales de la década de los 80 los diferentes “frentes populares” de las repúblicas bálticas consiguieron un respaldo popular considerable que legitimaba sus aspiraciones independentistas. La asamblea lituana declaró la independencia en Marzo de 1990 no obstante, ante las presiones económicas de la URSS, el nuevo presidente Landsbergis decidió imponer una moratoria a esta declaración para tratar de ganar tiempo ante una previsiblemente ardua negociación con Moscú. Durante este tiempo, sin embargo, la línea dura se impuso en el gobierno soviético, lo que llevó a un incremento de la tensión con intervención militar incluida en Enero de 1991. No era el Báltico el único frente abierto para Moscú, pues en las repúblicas del Cáucaso, Asia Central y Moldavia se extendían también los movimientos nacionalistas. Los intentos desesperados de Gorbachov por conseguir un nuevo  Tratado de la Unión no tuvieron eco en muchos de estos territorios que, como Lituania, directamente se desvincularon. En Septiembre de 1991 una moribunda Unión Soviética se vio obligada a reconocer la independencia de Lituania.

Fue precisamente por estas fechas cuando las autoridades lituanas, actuando de facto de forma independiente, dieron sus primeros pasos en política monetaria. En un primer momento no prescindieron del rublo pero introdujeron una moneda propia provisional, el talonas (con un valor equivalente al rublo), con el fin de atajar la inflación que castigaba las economías de la URSS. La medida era cuando menos peculiar: los trabajadores debían recibir el 20 % de su salario en la nueva moneda, hasta un máximo de 200 talonai. Por otro lado, la mayor parte de los bienes (salvo básicos como alimentos) debían adquirirse por su valor en rublos y talonai. Así, si unos zapatos costaban 50 rublos, se debían adquirir pagando los 50 rublos más 50 talonai.

Este sistema no tardó en demostrar ser enormemente impopular. Los particulares necesitaban mucho tiempo para acumular los talonai necesarios para adquirir ciertos bienes y servicios, mientras una gran cantidad de rublos quedaban inutilizados en estas condiciones. No sirvió pues ni para satisfacer la demanda ni tampoco la oferta, ya que afectó negativamente al sistema productivo y no contuvo la inflación de los bienes básicos cuyo pago no debía efectuarse en talonai, pues no se trataba de una moneda independiente sino de una moneda suplementaria ligada al rublo. Además, socialmente favorecía el mercado negro de moneda y la especulación entre la población.

Reverso común de las emisiones de 0,10, 0,20 y 0,50 talonas
Así y todo, los niveles de inflación en Lituania fueron menores que en la extinta Unión Soviética entre los años 1991-92, de tal forma que las autoridades decidieron lanzar una segunda reforma, seguramente como forma de ganar tiempo mientras establecían un sistema monetario independiente del soviético y para reemplazar los primeros talonai, muy cuestionados por el público, pues eran por lo general de mala calidad y fácilmente falsificables. Fueron apodados de varias maneras como “Vagnorkes”, en alusión al Primer Ministro Gediminas Vagnorius, o “entradas de zoo” dado que muchos reflejaban animales de la fauna típica lituana. En Mayo de 1992 se reintrodujo el talonas como moneda independiente que circularía con el rublo de forma provisional hasta que este fue abandonado definitivamente en Octubre de ese mismo año. Finalmente, la nueva moneda nacional, el litas, fue adoptada tras varios retrasos en Junio de 1993 al cambio oficial de 1 litas = 100 talonai.

Los talonai que veis en las imágenes son los de menor denominación, de 0,10, 0,20 y 0,50. No se emitió moneda metálica, utilizándose siempre el papel. Son de gran simplicidad, muy parecidos a emisiones de emergencia o cupones, aunque los de mayor valor lucían diferentes animales autóctonos, como comento más arriba. En la primera reforma se emitieron billetes de hasta 100 talonai, añadiendo unidades de 200 y 500 talonai tras la segunda reforma de 1992. No puede decirse que estos billetes fueran despedidos con todos los honores en 1993, pues parece ser que las emisiones que no fueron intercambiadas por litas fueron destinadas al reciclaje para la producción de papel higiénico. No he podido averiguar si este hecho se debe a una simple casualidad o si se llevó a cabo de forma premeditada, pero dada la escasa popularidad con que esta moneda fue acogida en su momento, tenemos razones para sospechar lo peor.


Martín de la Guardia, R.M. y Pérez Sánchez, G.A. La Unión Soviética: de la Perestroika a la Desintegración (Colección La Historia en sus Textos) Ediciones Istmo, Madrid 1995

Historia de Lituania en Lonely Planet http://www.lonelyplanet.com/lithuania/history#ixzz4fIkyhkzW






jueves, 20 de abril de 2017

EL GROSSO VENECIANO

Es para mi un placer dedicar mi entrada número 200 a una de las monedas más representativas de la Baja Edad Media y símbolo del poder económico de la república de Venecia. Esta ciudad-estado llegó a dominar las rutas comerciales con el Levante y Asia, convirtiéndose en puente (no solo comercial, sino también político y cultural) entre el mundo musulmán y los reinos europeos. Su poderío se fraguó en un contexto de decadencia imparable del Imperio Bizantino, cada vez menos influyente y más presionado en todas sus fronteras. Únicamente los descubrimientos de españoles y portugueses a partir de finales del siglo XV y la pujanza otomana pudieron dejar fuera de lugar a esta gran potencia mediterránea.

Territorios controlados por la República de Venecia durante
los siglos XV-XVI (fuente: wikipedia)
Durante toda la Edad Media, y hasta bien entrado el siglo XIX, Italia no era más que (en palabras del canciller Metternich) "una expresión geográfica". Dividida en multitud de estados (bien fueran reinos, ducados, marquesados o repúblicas aristocráticas) durante mucho tiempo fue escenario de los conflictos entre grandes potencias que aspiraban a aumentar su esfera de influencia. No obstante, varios estados de la península italiana tuvieron la capacidad de ejercer una mayor o menor influencia por sus propios medios, especialmente a través del comercio internacional.

Unos de ellos era indiscutiblemente Venecia. Este archipiélago de cerca de 120 islas situado en el norte del mar Adriático posee una historia tan fascinante como todo el patrimonio que hoy día podemos apreciar a través de sus canales. Aunque su fundación en el siglo V no se remonta tanto como otras ciudades emblemáticas, la escasa evidencia documental de la época hace que este acontecimiento tenga tintes legendarios. Parece claro, eso sí, que fue fundada por los habitantes de los alrededores que escapaban de las invasiones hunas primero y lombardas después. No tardó en entrar en la órbita bizantina, dado que el Imperio de Oriente, claro dominador de la península italiana durante siglos, quiso aprovechar su posición estratégica en las rutas comerciales entre oriente y occidente así como su potencial como puerto en el Adriático. Estas ventajas, por supuesto, fueron percibidas también por los propios venecianos, que pronto se posicionaron como un relevante actor comercial. Su apoyo a Bizancio frente a enemigos árabes y normandos en los siglos X y XI permitieron a Venecia acumular privilegios en forma de exención de impuestos, apertura de rutas comerciales en el Levante y concesión de un barrio en Constantinopla. De esta manera, Venecia se fue posicionando como un relevante actor comercial, lo que le llevaría a aumentar también su poder e influencia en el Mediterráneo en detrimento de un Imperio Bizantino cada vez más asediado por sus enemigos externos. Tanta fue esta influencia que en 1204 se vio en posición de capitanear la Cuarta Cruzada que en 1204 puso a Constantinopla bajo el dominio latino durante varias décadas. 


Anverso de grosso veneciano de finales del siglo XIV.
Pesa 1,82 grs. y mide 22 mm. 
Este hecho consagró a Venecia como potencia mediterránea y referente mundial del comercio, especialmente de la seda, grano y especias. Constituida como república aristocrática, se caracterizaba por una división de poderes bastante poco común en la época, que dotaba al Gran Consejo de las mayores atribuciones. Este parlamento de unos 2000 miembros estaba dominado por las principales oligarquías mercantiles y aristocráticas de Venecia, y era su responsabilidad la elección del Dux o Dogo, el jefe del estado, cuyo cargo era vitalicio pero no hereditario. El Gran Consejo se encargaba también de la elección del Senado, de unos 300 miembros, órgano responsable de la política exterior de la república. En general y salvo algunas excepciones como la del Dux, el ejercicio de cargos públicos tenía una duración limitada, lo que evitaba abusos de poder y mantenía el equilibrio entre las diferentes familias. Su apogeo mercantil, militar y territorial se sitúa en las confusas fronteras que separan la Edad Media de la Edad Moderna durante los siglos XV y XVI, momento en que gracias a una impresionante flota llegó a dominar el nordeste de la península italiana, Istria, la costa dálmata y numerosas islas del mar Egeo y del Mediterráneo oriental, entre ellas nada menos que Creta y Chipre. 

Pero sin duda la mayor contribución veneciana a la historia del Medievo y el Renacimiento fue su poderío comercial. En muchos sentidos, se considera a Venecia como una verdadera antecesora de ciudades como Hong Kong o Singapur, lugares cuyos mayores recursos se basan en la posesión de un buen puerto y la creación de un clima social y normativo favorable al comercio internacional. Esto posibilitó no solo el dominio del comercio mediterráneo sino también el de las rutas mercantiles con China e India, de lo cual dan buena fe los viajes de Marco Polo y su larga estancia en la corte de Kublai Khan. Este poderío debía reflejarse en una moneda fuerte, especialmente en un momento en que el gran referente monetario bizantino daba claros signos de fatiga. 

Durante varios siglos el sistema monetario veneciano estuvo ligado, dentro del monometalismo de plata dominante en la mayor parte de Europa, a los patrones fijados por los carolingios desde el siglo VIII. No obstante, su moneda de plata había estado sujeta a continuas devaluaciones en forma de disminución de peso y pureza. Durante el periodo del Dux Enrico Dandolo (1192-1205) se introdujo el grosso o matapan, valorado en 24 de las antiguas piezas de plata, con una pureza de 98,5 % y un peso equivalente a 100 en un marco de plata (218 grs.) por lo que cada uno debía pesar alrededor de 2,18 grs. Su introducción revalorizó el prestigio de la moneda de plata, ya que enseguida fue extensamente aceptada e incluso imitada en otros países. 
Reverso del grosso, con imagen de Cristo entronizado

Pero Venecia daría un paso más en su política monetaria al adoptar el ducado de oro un siglo después. A mediados del siglo XIII otra potencia comercial italiana, Florencia, había introducido el florín de oro, acabando de facto con el monometalismo en Europa tras varios siglos en los que las únicas piezas de oro circulantes habían sido bizantinas o árabes. Los venecianos pondrían en marcha el ducado de oro en 1284 a imagen y semejanza del florín, con un peso de 3,54 grs. y una pureza de 0,997. Durante los dos siglos siguientes el ducado fue progresivamente sustituyendo al florín como pieza de oro de referencia, ya que las autoridades venecianas procuraron no caer en tentaciones devaluadoras.  Con una estricta equivalencia de 24 grossi, se convirtió en unidad de cuenta de referencia y un valor seguro en momentos de zozobra económica o financiera.

El grosso de las imágenes fue emitido durante el mandato el Dux Antonio Vernier, entre 1382 y 1400. De estilo claramente bizantino, muestra en el anverso al Dux de perfil arrodillado ante San Marcos, patrón de Venecia, escena rodeada por la leyenda ANTO' VENERIO SM VENETI. El reverso, por su parte, refleja a Cristo entronizado rodeado de las iniciales IC XC, correspondiente al nombre de Jesús en griego. Fue acuñada pues en el momento de mayor esplendor de Venecia y su moneda, ya que la caída de Constantinopla a mediados del siglo XV marcó el inicio del lento declive de la Repubblica Serenissima frente a su nuevo y poderoso enemigo en el este: el Imperio Otomano. A partir del siglo XVI, el dominio de nuevas rutas comerciales con Asia por parte de portugueses y holandeses y la apertura de nuevas rutas en el Atlántico, lejos de su influencia, acentuaron este declive. No obstante, su dominio en las habilidades diplomáticas y negociadoras posibilitó a los venecianos mantener su independencia y prestigio hasta bien entrado el siglo XVIII, momento en que pasaron a formar parte de la órbita austriaca por obra y gracia de Napoleón. 

Colás Latorre, G. Pluralidad de formas políticas en Europa, en Historia Moderna Universal, de Alfredo Floristán (coord,) Editorial Ariel S.A. 2002 (Barcelona)

Early World Coins & Early Weight Standards, by Robert Tye, published by Early World Coins, York 2009

El Cercano Oriente Medieval - De los Bárbaros a los Otomanos, Michel Kaplan, Bernadette Martin y Alain Ducellier, Iniciación a la Historia Akal, 1988


Encyclopedia of Money, by Larry Allen, ABC-Clio Inc. Santa Barbara, California 1999


http://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/venecia_8680

miércoles, 29 de marzo de 2017

EFECTOS DE LA HIPERINFLACIÓN (VIII): BOLIVIA

Al igual que muchos otros países de Iberoamérica durante la década de 1980, Bolivia reunía gran parte de las condiciones necesarias para que su inflación acabara fuera de control. Su modelo de crecimiento durante las décadas previas, basado en gran medida en una constante intervención estatal y el incremento de su deuda externa para financiar esta intervención, demostró ser insostenible. Pese a tratarse de un país dotado de importantes recursos mineros y agrícolas, tradicionalmente ha soportado grandes bolsas de pobreza (sobre todo entre campesinos indígenas)  lo que, unido a su constante inestabilidad política, no ha ayudado precisamente a impulsar un verdadero desarrollo socio-económico.


En 1982, el año en que oficialmente dio comienzo la crisis de la deuda en Iberoamérica cuando Méjico reconoció su incapacidad de hacer frente a sus pagos, una frágil democracia volvió a Bolivia tras años de golpes de estado y dictaduras de distinto signo. Si consolidar la democracia en aquel momento ya representaba un gran reto de por sí, estabilizar la situación económica demostraría ser aún más complicado. El presidente Siles Zuazo tenía poco margen de maniobra atrapado entre una amenaza permanente (y bastante real) de golpe militar y las altas expectativas de sindicatos y grupos opositores a la dictadura, en un país tradicionalmente acostumbrado a la intervención estatal en la economía.

Precisamente, las medidas económicas del nuevo gobierno iban encaminadas a continuar con este intervencionismo. De hecho, el gasto fiscal aumentó de forma desmedida sin que ello fuera contrarrestado con un incremento de ingresos acorde, que apenas servían para cubrir un 15 % de esos gastos. Durante estos años se tomaron todo tipo de medidas expansivas para paliar los efectos de una inflación que empezaba a ser preocupante: incrementos generales de sueldos (incluyendo una subida del salario mínimo del 30 %), indexación salarial y congelación de precios. Asimismo, se aumentó el número de empleados públicos y del gasto en personal de empresas públicas como YPFB (petrolera) y COMIBOL (mineria), un hecho que contribuyó a incrementar considerablemente el déficit de las compañías que aportaban más ingresos al estado.


Las medidas relativas a la política cambiaria, destinadas en principio a desdolarizar la economía y aumentar la disponibilidad de divisas, resultaron contraproducentes. Se estableció un rígido control de cambios mediante una paridad fija para el peso boliviano y se convirtieron a la moneda nacional todos los contratos previamente existentes en dólares. Además, dentro de esta filosofía estatalizadora de la economía, todo el comercio exterior debía centralizarse en el Banco Central, lo cual resultó altamente ineficaz. Como resultado, la escasez de divisas siguió siendo patente, generándose un mercado paralelo extraoficial en el que el dólar aumentaba de valor a pasos agigantados frente al peso boliviano. El dólar, por tanto, se convirtió progresivamente en la referencia monetaria no oficial frente a una moneda nacional cada vez más devaluada. Como ya hemos visto en otros casos (Alemania, Hungría, Zimbabue) la pérdida de confianza ciudadana en la moneda nacional es la antesala de la hiperinflación.

El deterioro económico durante el bienio 1984-85 era más que evidente. Las respuestas del gobierno se limitaban a devaluar la moneda (siempre por detrás de su devaluación de facto frente al dólar en el mercado no oficial) , aumentar los precios de algunos artículos o imponer nuevas restricciones, por lo general sin efecto, mientras se reconocía la imposibilidad de hacer frente a los compromisos de deuda. El periodo comprendido entre Agosto de 1984 y Agosto de 1985, momento en que la tasa de inflación anual se situó en el 24.000 %, es considerado como el de la hiperinflación. Para colmo de males, Bolivia no hacía frente a una sola hiperinflación, sino a dos: la oficial y la paralela. Para hacernos una idea, en Diciembre de 1982 un dólar estaba fijado oficialmente en 200 pesos, mientras que en el mercado negro se cotizaba a 283. En Agosto de 1985 con un dólar se podían adquirir 75.000 pesos de forma oficial y nada menos que 1.050.000 en los mercados paralelos.  


Durante estos meses se emitió tal cantidad de papel moneda que el gobierno boliviano se vio obligado a depender de otros países para su suministro, como Argentina, Brasil o Alemania. Las transacciones en cheque o tarjeta de crédito fueron en muchos casos desechadas ya que durante el tiempo que llevaba el proceso de compensación el peso boliviano podía perder su valor de forma significativa, de hecho en los peores momentos pudo llegar a depreciarse entre un 1 y 2 % por hora. Con el fin de simplificar la contabilidad, el dinero se medía en fajos de billetes idénticos, llegando incluso a medirse la altura o el peso de la cantidad de fajos para determinar una transacción. Allen comenta en su Encyclopedia of Money que se dio el caso de catedráticos de universidad que recibían su sueldo en fajos de billetes amontonados que alcanzaban una altura de unos 50 cm., mientras que el del personal administrativo podía llegar a la mitad. 

Pero sin duda lo más llamativo de la hiperinflación boliviana fue su efecto en la sociedad. El mercado paralelo de dólares resultó como nos podemos imaginar más accesible y atractivo para muchos bolivianos, que en poco tiempo se convirtieron en especuladores monetarios. Como estaba prohibido adquirir bienes o servicios en otra moneda que no fuera el peso, los consumidores cambiaban en las calles dólares por pesos para hacer sus compras. Una vez los comerciantes recibían los pesos acudían a los cambistas callejeros lo antes posible para cambiarlos por dólares. Muchos de estos dólares, por cierto, provenían del pujante comercio ilegal de la cocaína con Estados Unidos (no olvidemos los ochenta fue la edad de oro de los young urban professionals, popularmente conocidos como yuppies)


Los billetes de 50.000 y 100.000 pesos de las imágenes corresponden justo al momento previo a la hiperinflación; las más altas denominaciones alcanzaron los 10 millones. A mediados de 1985 la pérdida de crédito de el gobierno de Siles era absoluta, lo que llevó a unas nuevas elecciones que no tuvieron un claro ganador. Finalmente, en Agosto de ese año el Congreso proclamó presidente a Paz Estenssoro, que llevó a cabo un ambicioso plan de ajuste que en la práctica era una enmienda a la totalidad de todo lo realizado anteriormente: flexibilidad en el tipo de cambio, autorización a los bancos para operar con moneda extranjera, congelación de sueldos en el sector público y liberación de los mismos en el sector privado, eliminación de restricciones al comercio exterior, subida de los precios de los productos derivados del petróleo... Dentro de la política monetaria se sustituyó el peso boliviano por su antecesor, el boliviano, con un valor de un millón de los antiguos pesos por boliviano. En la imagen del billete de 50.000 podéis apreciar un resello que indica su nuevo valor: 5 céntimos de boliviano. 
Resello de 5 c. de boliviano en billete de 50.000 bolivianos

No sería riguroso que el gobierno de Siles cargara con toda la culpa de este caos económico, pues heredó una situación de por sí muy difícil y deteriorada. Además, es comúnmente aceptado que contribuyó decisivamente a consolidar la democracia en el país. No obstante, el ejemplo boliviano es una prueba fehaciente de la importancia que tiene el rigor presupuestario y la capacidad de generar ingresos para la puesta en marcha de cualquier política económica.  



Sabino, C. El Fracaso del Intervencionismo: Apertura y Libre Mercado en América Latina Ed. Panapo, Caracas 1999 (http://www.eumed.net/cursecon/ecolat/bo/Sabino-bolivia.htm)

Encyclopedia of Money, by Larry Allen, ABC-Clio Inc. Santa Barbara, California 1999

Sachs, J. The Bolivian Hyperinflation and Stabilization (http://www.earthinstitute.columbia.8edu/sitefiles/file/about/director/documents/AERBolivia87.pdf)


lunes, 13 de marzo de 2017

EL DRAM DE NAGORNO-KARABAJ

En entradas anteriores hemos tenido la oportunidad de descubrir monedas de territorios no reconocidos como estados por la comunidad internacional pero con características propias de uno: un gobierno efectivo, instituciones propias de un poder legislativo, uso del monopolio de la violencia mediante un cuerpo de policía y ejército y la capacidad de establecer una organización económica, que en algunos casos puede conllevar el uso de una moneda propia.

Situación de Nagorno Karabaj en el sur del Cáucaso y la zona ocupada en
Azerbaiyán (fuente: www.igadi.org)
Es el caso de Nagorno-Karabaj, enclave de población armenia dentro del vecino Azerbaiyán, y que ha dado lugar a un conflicto (normalmente latente pero con episodios ciertamente violentos) que dura ya casi tres décadas. El sur del Cáucaso, zona de confluencia de diferentes imperios y poblaciones y puente entre dos continentes, ha sido siempre considerado como una zona estratégica y por lo tanto escenario de tensiones y conflictos. De hecho, cuando repasamos brevemente la historia de Armenia, nos damos cuenta de que sus fronteras han sido objeto de constantes modificaciones, siempre ligadas a los vaivenes políticos de los imperios que le rodeaban. En la Antigüedad, sus casi seis siglos de independencia finalizaron una vez la parte occidental fue anexionada por los romanos en 387 d.C. y la parte oriental al Imperio Persa Sasánida en 428 d.C. A mediados del siglo VII, al igual que gran parte del mundo conocido, sufrió la invasión y posterior anexión al Califato Árabe. Las presiones recibidas para convertirse al islam provocaron una diáspora hacia zonas controladas por Bizancio dada la resistencia mostrada por los armenios, que aún hoy hacen de su fe cristiana un signo de identidad en una zona de mayoría musulmana.

Únicamente cuando el imperio árabe mostró signos de debilitamiento Armenia pudo recuperar su independencia a mediados del siglo IX a través del establecimiento de un principado. A partir de 1045 Armenia volvió a estar en el centro de las disputas entre imperios rivales al ser ocupada por los bizantinos, y posteriormente por los pueblos turco-mongoles procedentes de Asia Central:  primero los selyúcidas en 1071 y más adelante en el siglo XIII los mongoles. A partir del siglo XV Armenia se incorporó progresivamente al pujante Imperio Otomano aunque como en otras épocas de su historia su territorio se convirtió en frontera entre dos estados rivales: los otomanos y los persas safávidas. Durante siglos, Armenia no solo careció de estructuras político-administrativas autónomas sino que además su población literalmente se desperdigó por diferentes puntos del Imperio Otomano, Europa del Este y el subcontinente indio. 

Detalle de un billete de 100 rublos de 1918 con mapa de Transcaucasia
Los rusos, que durante los siglos XVII-XVIII inician una constante expansión hacia los confines de Asia, se interesaron también por el Cáucaso, al que accedieron a principios del siglo XIX tras derrotar a los turcos en 1829. La integración en un estado cristiano como la Rusia de los zares no solucionó los problemas de los armenios, pues muchos siguieron viviendo bajo la soberanía del sultán otomano. La parte oriental de Armenia se integró en el Imperio Ruso, lo que animó a muchos armenios a regresar, pero los que permanecieron en territorio otomano lo hicieron en condiciones cada vez más desfavorables y bajo una constante tensión con las autoridades turcas. La rivalidad entre el Imperio Otomano y Rusia en la Primera Guerra Mundial exacerbó el odio hacia los armenios, insistentemente acusados de trabajar para el enemigo. Entre 1915 y 1922 fueron asesinados aproximadamente millón y medio de armenios en lo que se considera el primer genocidio de la historia moderna. 

Pese a su retirada del frente a principios de 1918 y su aislamiento internacional, la nueva Unión Soviética consiguió reafirmar sus intereses en el Cáucaso después de unos años en los que el debate sobre la independencia de Armenia fue ahogado por un sangriento conflicto con una Turquía que se resistía a ver su territorio reducido. En 1920 los turcos lograron conservar la parte occidental de Armenia mientras que la parte oriental quedaba bajo dominación soviética, establecida como República Socialista Soviética hasta 1991. Esta época trajo la estabilidad y prosperidad que Armenia no había conocido desde hacía tiempo, pero dejó pendiente un problema territorial que aún hoy sigue sin resolverse: el enclave de Nagorno-Karabaj, situado en la parte oeste del vecino Azerbaiyán.

Nagorno-Karabaj, territorio de mayoría armenia (que de hecho prefiere la denominación Artsaj para esta región), fue integrado en Azerbaiyán una vez que la Unión Soviética confirmó la incorporación de la región Transcaucásica a su esfera de influencia. Rusia tenía un particular interés en esta región no solo por sus lazos históricos y culturales sino también por sus recursos naturales, especialmente el petróleo. Tras los convulsos momentos que se vivieron en la zona a principios de la década de 1920 la URSS decidió delimitar las fronteras de las repúblicas de Transcaucasia de forma muy favorable a Azerbaiyán en detrimento de Armenia, seguramente como forma de mostrar buena voluntad hacia Turquía así como de practicar la clásica política de "divide y vencerás". De esta forma, en lugar de integrar Nagorno Karabaj en Armenia (como los armenios habían esperado), se declaró este pequeño territorio de unos 11.400 Km2 (extensión similar a la provincia de Guadalajara) como región autónoma dentro de la República Socialista Soviética de Azerbaiyán. 
Monedas de 1/2, 1 y 5 dram de Nagorno-Karabaj (2004)

Durante décadas, el férreo control soviético mantuvo las tensiones a raya, pero cuando este control comenzó a debilitarse, éstas inevitablemente volvieron a manifestarse. 1988 fue el año en que estalló el conflicto entre los armenios de Nagorno-Karabaj y las autoridades azeríes, que se saldó con entre 20.000 y 30.000 muertos así como con el control de facto de los armenios de este territorio y de sus alrededores hasta alcanzar la frontera con Armenia. En 1991 la República de Nagorno-Karabaj, en medio del caos producido como consecuencia de la desintegración de la URSS, se declaró independiente. En 1994 Rusia consiguió impulsar un alto el fuego que aún hoy se encuentra vigente, aunque han sido frecuentes los episodios más o menos violentos entre las partes en conflicto, el último de ellos en Abril de 2016. Pese a que Nagorno-Karabaj no es hoy día una república reconocida por ningún estado o institución internacional (ni siquiera Armenia, su mayor apoyo en la región) y oficialmente sigue considerada parte íntegra de la República de Azerbaiyán, se comporta como un estado soberano de hecho. 

Reverso común de todas las monedas
con el escudo de la República de
Nagorno-Karabaj
Dentro de las atribuciones de esta soberanía se encuentra la de adoptar su propia moneda. Hoy día la moneda principal en circulación en Nagorno Karabaj es el dram armenio (520 drams equivalen a un euro), pero sus autoridades no han dudado en emitir a partir de 2004 un dram propio cuya tasa de cambio, como nos podemos imaginar, es paritaria a la moneda armenia. Aunque es de curso legal, el dram de Nagorno Karabaj es más objeto de curiosidad por parte de los coleccionistas que una moneda de uso corriente. De hecho, están fabricadas por la Educational Coin Company (http://www2.educationalcoin.com/), uno de los mayores proveedores mundiales de material numismático y notafílico.

La emisión de 2004 que presento en las imágenes consiste en monedas de 50 luma (medio dram) y 1 dram de aluminio con diferentes animales salvajes en el anverso y un retrato al más puro estilo bizantino de San Gregorio el Iluminador, fundador y patrón de la Iglesia apostólica armenia en los siglos III-IV. Las monedas de 5 dram, de una aleación de cobre, níquel y zinc, presentan dos monumentos emblemáticos de Nagorno-Karabaj: la iglesia de Ghazanchetots y el conjunto escultórico "Somos Nuestras Montañas", que representa (de forma un tanto esquemática) un hombre y una mujer del Alto Karabaj. Moneda poco común donde las haya, tiene un precio bastante razonable, lo que hace de ella un artículo al que ningún aficionado a las curiosidades numismáticas puede renunciar. 


Fuentes: 

martes, 28 de febrero de 2017

LAS ÚLTIMAS MONEDAS CASH

Pu Yi (Xuantong) último emperador Qing como
emperador de Manchukuo (fuente: Wikipedia)
Se cumple por estas fechas mi quinto aniversario como bloguero numismático y pensaba, como tengo por costumbre en tan entrañable ocasión, dedicar mi entrada a Japón, ya que fue así como me estrené aquel 22 de Febrero de 2012. Esta vez no me ha sido posible encontrar algo realmente curioso de aquel país, aunque sí que puedo ofrecer un tema estrechamente relacionado, pues la entrega de hoy versará sobre uno de los personajes históricos más desdichados que se pueden recordar: Aisin Gioro Pu Yi, el último emperador chino Qing inmortalizado por Bertolucci en 1987. Pocas veces ha podido existir tanta diferencia entre el poder nominal y el poder efectivo de una persona.

Lo cierto es que Pu Yi, cuyo título imperial fue Xuantong (y así es como aparece en sus monedas) no pudo hacer mucho por evitar esta situación, pues fue entronado en unas circunstancias ciertamente lamentables para su país y sus habitantes. El siglo XIX chino es claramente un siglo de imparable decadencia, durante el cual las reformas que la dinastía manchú de los Qing  había introducido más de un siglo antes no darían más de sí. Viejos vicios como la corrupción generalizada entre el funcionariado o la adopción de desmedidos gastos suntuarios reaparecieron, así como un creciente empobrecimiento del campesinado, ya que el impresionante aumento de población (de 143 millones de habitantes a mediados del siglo XVIII a 360 millones a principios del siglo XIX) no fue efectivamente asimilado con el cultivo o colonización de nuevas tierras. En el exterior, el siglo XIX es recordado como el de la apertura de China hacia el resto de mundo, pero en un sentido más bien traumático. Las guerras del opio, impulsadas por los británicos para forzar la apertura del inmenso mercado chino al comercio occidental, mostraron al resto del mundo la debilidad de este inmenso imperio, que se había resistido a adoptar los avances tecnológicos ligados a la Revolución Industrial. China fue poco a poco convirtiéndose de facto en una colonia de los países occidentales y Japón al quedar dividida en zonas de influencia a finales de siglo. No obstante, como toda acción va acompañada de una reacción, surgieron al mismo tiempo movimientos de corte nacionalista y reformista que abogarían por adoptar todos aquellos avances modernizadores occidentales (parlamentarismo, industrialismo y reforma educativa) como forma de devolver a China la fortaleza necesaria para reafirmar su papel de gigante asiático.

Moneda con la efigie del general Yuan Che-Kai, que
gobernó China entre 1912 y 1916
Además, Pu Yi asumió la más alta dignidad a la corta edad de dos años, lo cual no facilitaba precisamente las cosas. En realidad fue impuesto por la emperatriz viuda Cixi, antigua concubina del emperador Xianfeng (1851-1861) y verdadera gobernante en la sombra durante las últimas décadas de la dinastía Qing. Deseosa de seguir en este papel, a la muerte de su sobrino el emperador Guangxu (1875-1908) eligió a Pu Yi, hijo del medio hermano de aquel, como sucesor. Todos estos acontecimientos no sirvieron sino para acelerar el final de la dinastía. Cixi murió ese mismo año y la república fue proclamada apenas tres años después. Sus tímidas reformas en las finanzas y la administración, así como en el estamento militar no servirían para detener el imparable deterioro de la imagen del emperador, cuya autoridad, más teórica que real en este momento, llevaba siendo abiertamente contestada tanto dentro como fuera de China.

Cabe decir que la película de Bertolucci, dejando aparte ciertas licencias fantásticas (la más recordada la del grillo del emperador, que permanece vivo en su caja durante nada menos que seis décadas), se ajusta bastante a lo que sucedió en realidad. No es para menos, teniendo en cuenta que el director consiguió filmarla en la mismísima Ciudad Prohibida. Este inmenso complejo amurallado de palacios, santuarios y jardines de Beijing, construido por los emperadores Ming a principios del siglo XV, fue la prisión de lujo en la que debió vivir el depuesto Pu Yi.  La proclamación de la República tras la revolución de 1911 no se llevó a cabo sin antes alcanzar un acuerdo de compromiso mediante el cual el emperador-niño podía residir en la mitad norte de la Ciudad Prohibida y disfrutar de todos los honores correspondientes a su dignidad (así como la percepción de una generosa suma anual) a cambio de su abdicación, efectiva el 12 de febrero de 1912. Pu Yi creció así entre cortesanos, concubinas y eunucos, rodeado de más pompa y boato que una persona tan joven pueda asimilar, y al mismo tiempo sometido a las más rígidas normas de protocolo y privado de ver a su familia  más que en contadas ocasiones. Un ambiente, podemos deducir, poco recomendable para el desarrollo físico y emocional de un niño.

Pero esta situación no duraría eternamente. La nueva república se deterioraría irremediablemente al acumular poder el general Yuan Che-Kai en detrimento del Kuomintang, el partido nacionalista chino impulsor de la revolución. La segunda década del siglo XX chino contempla un proceso muy similar al de otros momentos de la historia de este país, en el que un débil y deslegitimado poder central apenas puede hacer nada frente a la proliferación de señores de la guerra que controlan sus respectivas provincias al sur y al oeste del país. Estos señores de la guerra tendrían una influencia decisiva en el devenir de Pu Yi, pues uno de ellos, el pro-monárquico general Zhang Xun, le repuso como emperador durante apenas una semana en julio de 1917 (un aspecto, por cierto, que no recuerdo que figurara en la película) y otro, Feng Yu Hsiang, le expulsó de la Ciudad Prohibida en 1924. Era la primera vez que Pu Yi salía de este complejo en 16 años, y no volvería a él hasta varias décadas después como un visitante más.
Anversos de dos monedas xuantong tong bao (1909-11) correspondientes
al reinado de Pu Yi. La de la izquierda es fundida y la de la derecha producida
con maquinaria de acuñación. Son de reducidas dimensiones (aprox. 18 mm)

Reginald Johnston, el tutor británico encarnado por Peter O'Toole en el film (aunque su papel debía ser en realidad el de intermediario entre el gobierno británico y lo que quedaba de institución imperial, sí que enseñó al joven emperador a hablar inglés y a desarrollar una sincera fascinación por todo lo occidental), ayudó a Pu Yi a escapar a la sede diplomática japonesa en Beijing. Más tarde se trasladaría a Tientsin en la costa, dentro de la zona de influencia japonesa. Allí se dedicaría, además de desarrollar una activa vida social junto con sus dos esposas, a idear la forma de volver al trono.

En 1931 los japoneses invadieron Manchuria y crearon el estado de Manchukuo como forma de preservar sus intereses en el norte de China. Un estado-títere necesitaba un emperador-títere y Pu Yi aceptó entusiasmado este papel, no en vano, llevaba años dependiendo en todos los sentidos del Imperio del Sol Naciente. En 1934 fue coronado emperador, aunque si albergaba alguna esperanza de dirigir algo parecido a un gobierno independiente pronto se desvaneció la idea, pues los japoneses se encargaron de tomar todas las decisiones por él. Uno de los pocos aspectos en los que no se salieron con la suya, parece ser, fue en el de la elección de esposa. La emperatriz Wang Jung (conocida como Elizabeth), presa del desdén con el que su marido la trataba y una irrefrenable adicción al opio, perdió completamente el juicio durante este segundo reinado y fue apartada de la corte. Los japoneses presionaron a Pu Yi para que contrajera matrimonio con una candidata japonesa pero él siempre insistió, de acuerdo con sus costumbres ancestrales, en casarse con una mujer manchú, cosa que hizo en 1937 aunque solo por el espacio de seis años hasta el fallecimiento de ésta en extrañas circunstancias.
Reversos de las monedas xuantong tong bao, con la marca de la ceca en manchú.
La de la izquierda corresponde a Beijing y la de la derecha a Guangzhou

Los rusos, que invadieron Manchuria en los días postreros de la Segunda Guerra Mundial, hicieron prisionero a Pu Yi en 1945, permaneciendo bajo su custodia hasta 1949. Durante este tiempo fue bien tratado por las autoridades soviéticas, conscientes de que podía serles útil. De hecho, en 1946 testificó en Tokio contra criminales de guerra japoneses sin ningún reparo, seguramente regocijado ante la idea de vengarse por el trato denigrante recibido como emperador títere. Tras la llegada al poder de Mao Zedong fue devuelto a las autoridades chinas, internado en una prisión y sometido a varios años de "reeducaciòn" que lo convirtió en un ciudadano más de la República Popular China a partir de 1959. Trabajó como jardinero en el Jardín Botánico de Beijing, y su vida no fue todo lo anónima que podríamos suponer puesto que las autoridades siguieron utilizándole para diversos fines o inmiscuyéndose en su vida privada: en este sentido, escribió su autobiografía "animado" por el gobierno, que le organizó su última boda con una mujer llamada Li Shu-Hsien en 1962. Era la primera vez en la historia que un emperador manchú contraía matrimonio con una china. Murió en 1967 de cáncer renal y anemia cardíaca en medio de la Revolución Cultural impulsada por el todopoderoso líder Mao.

Moneda china de cobre de principios del s. XX emitida
a través de maquinaria de acuñación
Las monedas cash de Pu Yi reflejan a la perfección la crisis en la que estaba sumido el país a su llegada el trono, una crisis que no era sino herencia de un largo siglo de decadencia. El modelo monetario de la dinastía Qing fue, al igual que el de las dinastías que le precedieron, el de los símbolos tong bao (moneda en circulación) en el anverso a derecha e izquierda, acompañado del título imperial arriba y abajo. La aportación Qing a la historia numismática china fue la inclusión del símbolo de la ceca en el reverso con caracteres chinos o manchúes. Durante el siglo XIX el coste de la producción de moneda llegó en ocasiones a ser mayor  que el de la cantidad de moneda emitida, lo que llevó al cierre de numerosas cecas, mientras que las que continuaron emitieron piezas por lo general pequeñas y de mala calidad. A finales de siglo tuvieron lugar intentos de introducir maquinaria occidental para la producción que moneda que sustituyera a las antiguas técnicas de fundido, pero ciertas dificultades técnicas como la dificultad de reproducir el agujero central cuadrado de forma correcta, unidas al excesivo coste que acarreaba el empleo de la nueva tecnología llevaron a las autoridades monetarias a abandonar la idea en muchos casos. Aún así, durante los años de cambio de siglo se pusieron en circulación piezas de cobre fabricadas mediante maquinaria de acuñación importada con nuevos diseños y sin el agujero central, que anunciaban el final de un modelo milenario.  

Las monedas Xuantong tong bao correspondientes al breve reinado de Pu Yi no son de las más abundantes  pero en ningún caso difíciles de encontrar, con la peculiaridad de que podemos descubrir piezas fabricadas a la antigua (es decir, a través del fundido en moldes) y mediante máquinas de acuñación. No fueron estrictamente las últimas monedas tipo cash, pues la nueva república utilizó este modelo de forma muy breve, pero sí las últimas emitidas en nombre de un emperador. Un emperador que tuvo varias oportunidades para reinar ninguna para gobernar. 



Cast Chinese Coins, A Historical Catalogue. David Hartill, published by Trafford, Victoria (BC) Canada, 2005
Moreno García, J. La China del siglo XX, Akal Historia del Mundo Contemporáneo, 1994
http://www.elmundo.es/magazine/m1/textos/emperador1.html
https://es.wikipedia.org/wiki/Puyi



viernes, 17 de febrero de 2017

LOS ORÍGENES DE LA MONEDA EN INDIA

Para los que seguís regularmente mi blog, veréis que las monedas de hoy han protagonizado entradas con anterioridad (v. Monedas Indias de la Antigüedad II), pero esta repetición tiene una explicación. Como me ha ocurrido en otras ocasiones, la aparición de nuevas y fiables fuentes de información me ha llevado a ampliar y actualizar lo escrito anteriormente. Hoy me complace desarrollar más en profundidad acerca de las monedas más representativas de la India de la Antigüedad, concretamente las piezas de plata de  cinco símbolos conocidas como karshapana

Como ya hemos comentado otras veces, no deja de ser curioso que las monedas surjan más o menos al mismo tiempo en tres lugares totalmente alejados geográfica y culturalmente: Grecia, India y China. Parece indiscutible que el primer lugar en el que se emplearon las monedas fue en Lidia en Asia Menor a finales del siglo VII a.C. y más  menos un siglo después comenzaron a circular también en el norte de India y en diferentes reinos de China durante el llamado Periodo de los Estados Combatientes. Todos estos lugares se encontraban entonces fragmentados políticamente pero al mismo tiempo experimentando un auge del comercio y la urbanización, elementos básicos en la adopción de un instrumento facilitador de intercambios como la moneda. 

Mapa del subcontinente Indio que muestra la posición de los reinos Mahajanapadas (fuente: wikipedia)

Pese a la lejanía, parece también aceptado que la primera moneda india tenía una indiscutible influencia de la griega. En los siglos VI-V a.C., momento en que comenzamos a contar con testimonios creíbles sobre la historia de India, el norte del subcontinente estaba dividido en 16 reinos conocidos como Mahajanapadas, siendo el más importante el de Magadha en la cuenca del Ganges al noreste. Estos reinos, en su mayor parte constituidos como repúblicas aristocráticas, poseían su propio ejército y administración y gozaban de rutas comerciales fluidas y eficaces, aunque durante el periodo que nos ocupa fueron poco a poco absorbidos por los dos reinos de corte más absolutista: Magadha y Kosala. Al oeste tenían como vecino al poderoso Imperio Aqueménida, que en su plenitud llegó a dominar los territorios comprendidos entre los Balcanes y el río Indo: Persia, Asia Menor, norte de Egipto y los modernos Pakistán y Afganistán. Este imperio, conquistador de parte del mundo helenístico, se convirtió en muchos sentidos en el puente entre India y occidente, y el empleo de la moneda fue un buen ejemplo de ello.  

Las primeras monedas del subcontinente indio: piezas de
Kabul y Gandhara de aprox. 450 a.C. (Early World Coins,
R. Tye p. 65)
La moneda, tal y como se había empezado a emitir en Asia Menor, llegó al subcontinente indio a través del Imperio Aqueménida. Los persas, que efectuaban sus pagos en plata al peso, empezaron a familiarizarse con las monedas de la Antigua Grecia durante los siglos VI-V a.C.,de tal manera que durante esta época diferentes gobernadores locales comenzaron a adoptar este nuevo sistema de pago. En la zona de Kabul, es decir, los confines orientales del imperio, seguramente a mediados del siglo V a.C., las autoridades locales pusieron en marcha piezas de plata imitativas de las primeras monedas griegas, con diseños simples geométricos o de animales en ambas caras. Consistían en cospeles de plata de unos 11 grs. de peso con una marca perforada en cada cara. Más al este, en la región de Gandhara (este de Afganistán y norte de Pakistán) durante la misma época se popularizaron unas monedas con forma de lingote de también 11 grs. de peso rectangulares con dos símbolos en forma de rueda perforados a ambos lados, que fueron emitidos seguramente hasta la época de las conquistas de Alejandro.

Pieza con cuatro símbolos circulares
en el anverso del reino de Kasi
al norte de India
(Early World Coins, R. Tye p. 30)
Tras estos acontecimientos no tardarían en aparecer piezas de plata en los reinos de la cuenca del Ganges al noreste de India. El reino de Kasi comenzó a emitir unas piezas de plata ovaladas de alrededor de 6 grs. de peso con cuatro símbolos perforados en el anverso con forma de rueda, seguramente como una variante de los lingotes de Gandhara. Estas piezas sirvieron de inspiración para la emisión de las que circularon posteriormente en otros reinos vecinos como Kosala, Shakya o Ashmaka, dando lugar a monedas de plata de diferentes medidas y formas con uno o varios símbolos perforados en el anverso, un modelo que sería plenamente adoptado también por el reino de Magadha, que a finales del siglo V o principios del IV comenzó a acuñar monedas con cinco símbolos diferentes en el anverso, dando lugar a las primeras karshapanas. 

El siglo IV a.C. es muy significativo en la historia de India, pues reflejó el choque con occidente representado en la invasión de las tropas de Alejandro Magno. Alejandro, que había sometido en poco tiempo a los Aqueménidas en el 331 a.C., puso sus miras en el norte de India, que hasta entonces había formado parte del área de influencia persa. Entre los años 327 y 325 a.C. los griegos consiguieron someter a varios reinos situados en el noroeste de India, alrededor del río Indo y el Punjab,  antes de virar hacia el sur siguiendo el curso del Indo hasta el Golfo Pérsico, momento en que el ejército de Alejandro, exhausto tras años de victoriosas pero interminables campañas, decidió emprender el regreso al oeste pese a la oposición de su líder, que hubiera preferido continuar hacia el este.

Karshapana de plata de 3,4 grs. de
final de época Maurya (anverso)
Estos acontecimientos sin duda motivaron el movimiento que llevó a Chandragupta al poder en el reino de Magadha, fundando la dinastía Maurya alrededor del 320 a.C. Este reino, que ya había absorbido a varios de sus vecinos del norte, utilizó la invasión extranjera como revulsivo para reafirmar su poder en la llanura gangética e iniciar una expansión hacia el oeste, completando su dominio de todos los territorios situados en el norte del subcontinente indio, desde el Indo hasta Bengala. En 305 a.C. el nuevo imperio Maurya logró además imponerse frente al pujante Imperio Seleúcida, sucesor griego de los antiguos Aqueménidas, cuyas ambiciones de recuperación del territorio en su día conquistado por Alejandro condujo inevitablemente al choque con Chandragupta. Estos enfrentamientos fueron resueltos a través de un acuerdo entre Chandragupta y el rey Seleuco en el que este último se llevó la peor parte, porque el Imperio Maurya logró incorporar más territorios al oeste del Indo, llegando al actual Afganistán.
Reverso de la karshapana, con lo que
posiblemente es la marca de la ceca

Este imperio, con capital en Pataliputra (actual Patna en el estado indio de Bihar) se constituyó como un estado fuertemente centralizado en lo político y dirigista en lo económico, como se deriva del Arthasastra, tratado de gobierno de la época de Chandragupta o anterior que estableció las bases de una sólida teoría del estado propiamente india y muchos consideran antepasado de El Príncipe de Maquiavelo por su defensa de la razón de estado por encima de otras consideraciones. Según el Arthasastra todos los recursos y sectores económicos debían ponerse al servicio de los intereses del estado, para lo cual era necesaria la creación de cuerpos especializados de inspectores y recaudadores de impuestos. Está claro que la India del siglo IV a.C. había adquirido unos niveles de complejidad administrativa y diversificación económica que contribuían a consolidar el uso de la moneda adoptada un siglo antes. 

De hecho, la época de los primeros emperadores Maurya fue la más prolija en lo que a emisión de moneda se refiere. El modelo utilizado fue el de la karshapana de plata de 3,4 grs. de peso con cinco signos distintos perforados en el anverso. Si bien las primeras monedas de Magadha antes del ascenso de Chandragupta al poder habían tenido una forma ovalada al estilo de las de algunos de sus vecinos, a partir de mediados del siglo IV a.C. tomaron una forma más rectangular, conservando siempre un peso similar. No obstante, lo más llamativo es el misterio que rodea a los símbolos que decoran los anversos, porque apenas podemos aportar hoy día poco más que conjeturas al no disponer de fuentes escritas de la época que nos puedan dar alguna pista al respecto. 

Los símbolos con su posible explicación en Early World
Coins de R. Tye (p. 64)
Robert Tye, en su Early World Coins, propone la explicación que podéis ver en la ilustración de la derecha, siempre advirtiendo que se trata de una mera hipótesis. El primer símbolo con forma de sol, omnipresente en estas monedas, debe tratarse de una marca universal del Imperio Maurya. El segundo símbolo, consistente en una rueda con seis brazos, es muy posible que se trate de una marca propia del reino de Magadha, embrión del Imperio de Chandragupta y sus sucesores. El tercer y cuarto símbolos podrían hacer referencia a los gobernadores provinciales y locales, algo perfectamente posible en un sistema administrativo tan jerarquizado como el que promovió la dinastía Maurya. El quinto símbolo, en muchos casos representado por un animal (p.e. un elefante o una vaca), debe referirse a la fecha de emisión, pues tiende a ser el más cambiante y a repetirse de forma cíclica. La marca del reverso, por su parte, podría corresponder a la ceca en la que la moneda fue emitida. 

El Imperio Maurya, que alcanzó su cenit durante el reinado de Asoka (268-232 a.C) al incorporar la mayor parte de territorios del centro y sur de la India, no pudo permanecer unido mucho tiempo tras la muerte de éste: su final se sitúa en 180 a.C. momento en que una nueva dinastía llamada Sunga se hizo con el poder a través de la usurpación. Tampoco estas monedas sobrevivieron mucho más tiempo tras la desintegración del estado que las emitió aunque es bastante probable que su uso continuara entre la población durante dos o tres siglos más. De cualquier forma, su estudio hoy en día levanta tantas dudas como fascinación, pues descifrar los símbolos que contienen puede aportar muchos datos nuevos sobre la India de la Antigüedad. Una tarea que sin duda merece la pena asumir. 

Embree, A.T. y WIlhelm, F. India: Historia del subcontinente desde las culturas del Indo hasta el comienzo del dominio inglés, Historia Universal Siglo XXI vol. 17 Madrid 1981

Early World Coins & Early Weight Standards, by Robert Tye, published by Early World Coins, York 2009

sábado, 21 de enero de 2017

CÓMO EXPLICAR EL FUERA DE JUEGO

Moneda de 50 peniques conmemorativa de los JJOO de
Londres de 2012 en la que se explica el fuera de juego
A primera vista puede producir confusión el título de esta entrada, ya que éste no es un blog deportivo como bien sabéis. No obstante, la moneda de hoy viene a demostrar lo versátil que puede llegar a ser la numismática, sobre todo cuando las monedas se utilizan como herramienta de comunicación. La entrada de hoy trata sobre las piezas de 50 peniques británicas, que prácticamente desde su lanzamiento han servido para reflejar diversos motivos conmemorativos, en ocasiones incluso de forma didáctica como la que muestro en la imagen.

Precisamente la concepción de esta moneda no fue fácil ya que tuvo lugar durante la transición entre el sistema predecimal y el decimal a principios de la década de 1970. Recordemos que antes de 1971 la libra se dividía en 20 chelines y cada chelín en 12 peniques, de tal forma que la población estaba perfectamente acostumbrada a valorar bienes y servicios en tres unidades. Así como las autoridades monetarias tenían claro que el antiguo chelín equivaldría a los nuevos 5 peniques con la decimalización y el antiguo florín (2 chelines) a diez nuevos peniques, no estaba claro cómo encajar las nuevas monedas de 50 peniques.

Primer reverso de la moneda de 50
peniques (Britannia sentada)
Y es que media libra era dinero por aquel entonces, de hecho los 10 chelines eran el billete de más baja denominación antes de la adopción del sistema decimal. La pieza de mayor valor facial había sido la corona (5 chelines) equivalente a un cuarto de libra. Siguiendo la lógica imperante, una hipotética moneda de media libra debía ser más pesada y de mayor tamaño que la corona, que medía aproximadamente 38 mm. de diámetro y pesaba nada menos que una onza (alrededor de 28 grs.) Nos podemos imaginar lo impensable que era poner en circulación una moneda de estas características, ya que tales dimensiones la harían realmente impopular entre la población (que además, no olvidemos, bastante tenía con adaptarse a un nuevo sistema).

Por tanto, se hacía necesario diseñar una moneda que combinara un tamaño considerable de acuerdo a su valor facial con características propias y novedosas que poco a poco dejaran atrás el antiguo sistema monetario. Finalmente se optó por un diseño por aquel entonces rompedor: una pieza de cupro-níquel con forma de heptágono regular cuyos lados curvos la hacían mantener un diámetro constante. Medía 30 mm. de diámetro y tenía un peso alto pero manejable de 13,5 grs. Posteriormente, en 1997 se reducirían las dimensiones hasta quedar en la moneda de media libra que hoy circula en Gran Bretaña: 27,3 mm. y 8 grs.

50 peniques conmemorativos del
diccionario de Samuel Johnson (2005)
Si bien para el primer diseño del reverso en 1969 se optó por uno de los más clásicos de la numismática británica (la alegoría de Britannia sentada) pronto quedó patente que esta moneda poseía un enorme potencial para las conmemoraciones. Así durante las cerca de cinco décadas que ha estado en circulación ha servido para reflejar los más variados aniversarios: el desembarco en Normandía de 1944, la puesta en marcha de la Seguridad Social en 1948, el diccionario de Samuel Johnson de 1755, el movimiento scout de 1907, y un largo etcétera. Asimismo, la moneda de 50 peniques ha servido para marcar acontecimientos relevantes, uno de los más notorios los recientes Juegos Olímpicos de 2012. 

Precisamente de esta serie de los Juegos de Londres me ha llamado la atención la moneda cuyo reverso explica de forma sencilla el fuera de juego en el fútbol. Mediante un diagrama en el que los triángulos son los atacantes y los cuadrados la defensa y el portero del equipo contrario, podemos explicar esta regla que invalida las jugadas sin necesidad de utilizar vasos, cubiertos, tapones o cualquier otro objeto a nuestro alcance. Eso si, si viajáis a Reino Unido os prevengo que no es una moneda fácil de recibir como cambio en tiendas y comercios. Las últimas veces que he visitado este país no ha pasado por mis manos ni una sola vez, y solo recientemente un amigo que trabaja allí me ha podido proporcionar la que veis en la imagen. 
50 peniques de 1973: acceso del
Reino Unido a la CEE

No he podido evitar sentir, al comprobar todas las monedas de 50 peniques conmemorativas que guardo, un cierto sentimiento de frustración y melancolía al comprobar que la primera de éstas celebraba el acceso de Reino Unido en 1973 a la entonces Comunidad Económica Europea, simbolizada en nueve manos entrelazadas. No me cabe duda de que las monedas de 50 peniques seguirán conmemorando muchos momentos importantes de la historia de Gran Bretaña, pero la Unión Europea ya no figurará entre ellos... 

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