martes, 15 de agosto de 2017

EFECTOS DE LA HIPERINFLACIÓN (IX): VIETNAM

Como buen coleccionista que intento ser, no puedo desperdiciar esas ocasiones en las que amigos o conocidos viajan a países fuera de la zona euro y pueden de este modo contribuir sin grandes esfuerzos a la ampliación de mi colección. Siempre me ofrezco generosamente a limpiar de calderilla foránea los bolsillos de todos aquellos viajeros que no saben qué hacer con todo el cambio que no han tenido tiempo u ocasión de gastar. En el caso de mi colección de monedas y billetes de Vietnam, la mayor parte ha sido obtenida gracias a viajes ajenos. Hace unos años un buen amigo que celebraba su luna de miel en el sureste asiático me regaló una interesante colección de monedas locales que abarcaban los siglos XIX y XX, es decir, la colonización francesa, las dos guerras mundiales, el periodo de división entre norte y sur, la guerra entre ambas mitades en la que intervino Estados Unidos y la victoria final de Vietnam del Norte. Se vendían en un folio de plástico con clasificadores, a modo de souvenir para turistas.  Más recientemente, una compañera de trabajo que viajó a la zona tuvo a bien traerme un ejemplar de casi todos los billetes en circulación, un total de 10, por valores de 500, 1.000, 2.000, 5.000, 10.000, 20.000, 50.000, 100.000, 200.000 y 500.000 dong (creo que únicamente falta el de 200, pero debe ser difícil de encontrar dado su bajo valor) que únicamente me costó su equivalente en euros, es decir,  un total de 35 €. Esta amplia muestra de papel moneda, sin tener demasiado conocimiento (por no decir nulo) acerca de la economía y la moneda vietnamita, da una pista acerca de las tendencias inflacionarias que ha sufrido el país. No obstante, hubo algo que me pareció aún más llamativo: ¿dónde estaban las monedas? La respuesta de mi compañera fue simple: no vio ninguna en circulación durante las dos semanas que estuvo allí. ¿Dónde están las monedas de Vietnam?  

Muchos billetes, pero ¿dónde están las monedas?


El final de la traumática guerra con intervención de los Estados Unidos incluida, la caída del régimen de Vietnam del Sur y la consiguiente unificación del país son los hitos que marcan el comienzo del Vietnam moderno. En 1975 el gobierno de Hanoi se hizo con las riendas de todo un país económica y socialmente destrozado  por las secuelas de la guerra, y la fórmula de gestión escogida fue la de la centralización a ultranza y planificación de su economía propia del marxismo-leninismo. La implantación de este sistema no pudo ocultar los desequilibrios reales de la economía vietnamita, con un exceso de demanda típico de un país que deja atrás un conflicto bélico y una oferta insuficiente propia de un tejido productivo seriamente deteriorado. 

Estas contradicciones se hicieron notar en muchos ámbitos, incluido el de los precios de bienes y servicios. Mientras que el gobierno trataba de establecer un férreo control de éstos, en las calles surgían mercados paralelos en los que por lo general los precios se disparaban. Desde el gobierno se pusieron en marcha una serie de tímidas reformas para estimular la producción e integrar los precios reales con los oficiales, pero con un éxito limitado. A esto debemos sumar una gestión deficiente de las finanzas públicas, con un creciente gasto público no respaldado por ingresos sostenibles y el conocido recurso a la impresión de dinero para compensar este hecho.

A mediados de la década de 1980 la inflación se encontraba fuera de control en Vietnam, llegando al 453 % anual en 1986. Justo en ese momento, el gobierno vietnamita tomó la decisión que marcaría su economía hasta nuestros días, que consistió en una adopción efectiva de la economía de mercado sin renunciar a los ideales propios del marxismo, con el fin de estabilizar su economía y corregir los desequilibrios arriba mencionados. Fue el plan conocido como Doi Moi, que, resumiendo, consistíió en:

  • Aprobación de legislación favorable al emprendimiento y al fortalecimiento del sector privado, con el fin de evitar el monopolio del sector público y favorecer el crecimiento y la competitividad. 
  • Unificación de la tasa de cambio del dong. Anteriormente el tipo de cambio oficial había sido establecido por decreto, lo cual dio lugar a un mercado negro paralelo  de divisas en el que el valor real del dong difería sustancialmente del oficial. Tras el Doi Moi tuvieron lugar una serie de devaluaciones de la moneda con el fin de ajustar el valor oficial con el real.  
  • Reformas en la agricultura, asegurando a los campesinos un mayor control y autonomía sobre las tierras que tenían asignadas, así como seguridad en la tenencia y derechos de transferencia. En los años siguientes la productividad mejoró, convirtiéndose Vietnam en uno de los mayores  exportadores mundiales de arroz.
  • Apertura al comercio exterior, permitiendo la inversión extranjera en el país, que pasó de la total irrelevancia a ocupar el 10 % del PIB a mediados de los 90. Las exportaciones crecieron de forma exponencial, Vietnam se convirtió en miembro de ASEAN y el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) y en poco tiempo pasó a firmar acuerdos bilaterales con sus vecinos (China, India, Japón, Corea, Australia y Nueva Zelanda) e incluso con los Estados Unidos.  


Anversos de las monedas de 2000 y 5000 dong de 2003, sin circular


Todas estas medidas alcanzaron sus objetivos principales, que no eran otros que conseguir la estabilidad macroeconómica, integrar a Vietnam en la economía global, mejorar el nivel de vida de la población y detener la imparable depreciación del dong. En los años siguientes la inflación se redujo a los dos dígitos anuales y a partir de 1993 quedó por debajo del 10 %. Desde entonces ha permanecido estable aunque ha sufrido algún repunte en fechas recientes, siempre lejos de fenómenos hiperinflacionarios en cualquier caso. 

En el caso de Vietnam, el efecto más palpable que posiblemente ha tenido la hiperinflación ha sido el abandono efectivo de la moneda metálica por parte de la población, con el consiguiente uso exclusivo del papel moneda para las transacciones ordinarias. Durante los años 80, en el momento álgido de la inflación, la mayor parte de las monedas puestas en circulación tras la guerra perdieron su ya de por sí escaso valor, y durante los años siguientes el gobierno renunció a lanzar nuevas emisiones. Solo en fechas más recientes, a partir de 2003, las autoridades trataron de recuperarlas, conscientes de que a la larga las piezas de metal suponen un ahorro para las arcas del estado dada su mayor resistencia al uso y perdurabilidad. Fue en este año cuando se emitieron las monedas de 200, 500, 1.000, 2.000 y 5000 dong (dos de las cuales podéis ver aquí).

Reversos de las monedas de 2000 y 5000 dong de 2003

En este caso, las dos monedas que muestro en esta entrada no fueron conseguidas en Vietnam, sino en una numismática de Valencia, básicamente porque es muy difícil para los visitantes extranjeros encontrar alguna. Si bien son de curso legal y el gobierno hace lo posible por extender su uso (incluyendo legislación favorable y la progresiva retirada de los billetes con valores faciales más bajos), la mayor parte de la población ha perdido su confianza en ellas y es verdaderamente complicado encontrar lugares en los que sean aceptadas. Así, pese a su fabuloso legado numismático de más de 1000 años, tanto con producción propia de monedas cash como importada de China, en Vietnam es más sencillo hoy en día encontrar monedas como souvernirs que en los bolsillos de los particulares. Paradojas de la Historia.


Bui Thi Kim Thanh, Inflation in Vietnam over the Period 1990-2007, Institute of Social Studies, Graduate School of Development Studies, The Hague (Netherlands) 2008

Michael Kokalari and Arup Raha, Vietnam: The Next ASEAN Tiger, CIMB Asean Research Institute (CARI) http://www.cariasean.org/downloads/vietnam-the-nextasean-tiger.pdf



viernes, 14 de julio de 2017

NOTGELD EN SERIE(S)

Tiempos duros: "El dinero debe recaudarse de la gente, no cae
de los árboles", dice el reverso de este notgeld de Papenburg
En anteriores ocasiones en las que ha protagonizado este espacio el dinero de emergencia alemán de 1914-1923 (notgeld) hemos podido constatar que estas emisiones no solo trataban de compensar la escasez de circulante propio de un periodo de austeridad e impulsar las economías locales, sino que también constituían una oportunidad para ganar dinero de diferentes maneras. A principios de la década de 1920 era evidente que los billetes notgeld habían suscitado el interés de los coleccionistas y la única forma de mantener este interés consistía en ampliar la variedad de emisiones. De esta forma surgió lo que los estudiosos de esta materia denominaron como serienscheine, es decir, grupos o series de billetes.

Se trata de series o grupos porque pertenecen a una misma ciudad o entidad y porque reflejan una misma temática, de tal manera que deshacerse de uno o más rompería esa serieNo cabe duda de que el objetivo de atraer el coleccionismo fue ampliamente conseguido, dado que aun hoy sigue existiendo una gran demanda de estos billetes por parte de los amantes de la notafilia. Para las municipalidades este tipo de emisiones no solo constituían una fuente de ingresos (todo notgeld que se guardaran los particulares y por tanto no fuera redimido suponía más dinero para las arcas públicas) sino también una forma de promocionar la ciudad. De hecho, en muchos establecimientos como hoteles y restaurantes podían encontrarse notgeld serienscheine de venta al público.

Serie de billetes de 20 y 50 pfennig y 1 marco de
Berchstesgaden, 1920
No obstante, todo esto excedía las funciones de emergencia que en un principio se atribuían al notgeld, dando pie a muchas actividades que podríamos calificar de poco honestas. Tal y como describe Courtney L. Coffing en su "World Notgeld" se dio el caso de localidades que imponían cargas abusivas, o reflejaban una fecha de redención del billete anterior a su puesta en circulación, o favorecían la producción en masa de notgeld sin preocuparse mucho de las consecuencias que ello pudiera tener. En estos abusos participaban empresarios que, en la búsqueda de beneficio, no dudaron por ejemplo en emitir billetes de localidades inexistentes como Neukirch, Knivsberg o Gaansager. Se dio el caso también de entidades privadas que emitieron notgeld disfrazado de tickets de entrada o recibos de donaciones. 

En cualquier caso, los notgeld serienscheine (legítimos o de fantasía) constituyen un objeto de colección muy popular hoy en día por su colorido, originalidad y variedad. Dado que en la mayor parte de los casos los serienscheine no han circulado, es normal encontrarlos en perfecto estado, lo cual aumenta su indiscutible atractivo. El valor facial rara vez sobrepasa los 10 marcos, siendo los más habituales los de 10, 25, 50 y 75 pfennig, 1 y 2 marcos. Una típica serie está compuesta de seis billetes de 50 pfennig o de tres billetes de 25 y 50 pfennig y un marco, pero es posible encontrar otros valores como 40, 60, 75 u 80 pfenning, así como 100 y 150 pfennig (es decir, marco o marco y medio expresados en su divisor, como si en una moneda de euro se pudiera leer "100 céntimos"). El número de billetes incluidos en una misma serie oscila normalmente entre los 3 y los 6, no obstante existen series mucho más largas, llegando incluso a varias decenas. 



Serie de 5 billetes de 20 pfennig de Lübeck de 1921 en los que se muestra una peculiar visión de uno de los símbolos de la ciudad: I. El águila de Lübeck en el huevo/II. La primera cabeza del águila de Lübeck/III. El águila de Lübeck reconoce su doble cara/IV. Se escapa el águila de Lübeck/V. El águila de Lübeck salida del cascarón consigue su escudo de armas

En general, todos los billetes de una serie presentan un anverso idéntico o similar con el valor facial y reversos distintos ajustados a una determinada temática casi siempre relacionada con la ciudad emisora. Estas temáticas son extremadamente variadas, siendo muy difícil establecer una catalogación exhaustiva de los serienscheine en este sentido. Aún así, es posible resumir en este espacio las siguientes: 

  • Monumentos y patrimonio artístico local: es de las temáticas más habituales, siendo posible encontrar edificios emblemáticos así como catedrales o iglesias. 
  • Paisajes y entornos naturales: categoría muy extendida también dentro de la promoción turística de muchas localidades, que hace gala de una paisajística propia del centro y norte de Europa (v. la serie de Berchstesgaden, residencia veraniega de Adolf Hitler)
  • Actividades económicas y comercio local: dependiendo de la zona, se puede apreciar desde la producción agrícola y ganadera hasta diferentes tipos de industria. 
  • Personajes históricos: cabe mencionar las series dedicadas a Lutero así como los llamados reutergeld, en honor al poeta Fritz Reuter.
  • Acontecimientos históricos, normalmente situados en los días del legendario Sacro Imperio, aunque también más recientes como la unificación alemana o la Primera Guerra Mundial (en aquel momento Gran Guerra)
  • Actualidad social y política: estos son particularmente interesantes, pues reflejan las circunstancias vividas por la población tras la derrota frente a los Aliados. Es habitual así encontrarse con referencias a las estrecheces económicas y la carestía que la mayoría de los alemanes tuvieron que pasar: escasez, acaparamiento, desempleo, etc
  • Antisemitismo: este tema no fue de los más explotados pero no es difícil toparse con este tipo de referencias cuando adquirimos notgeld. Al antisemitismo ya dedicamos una entrada entera hace algún tiempo en EL ANTISEMITISMO EN LOS NOTGELD
  • Humor: algunas series reflejan "historietas" en cuatro, cinco o seis viñetas (a viñeta por billete), en un estilo que recuerda mucho al del primer TBO (no en vano el lanzamiento de esta publicación coincidió con el final de la Primera Guerra Mundial)
  • Cuentos y leyendas populares: en algunos casos se alude a personajes propios de la mitología nórdica (gnomos, hadas), en otros a cuentos tradicionales como el Flautista de Hamelin. 
  • Religión: es posible también encontrar billetes notgeld con motivos religiosos, como los que  homenajean a santos y santas locales, o a la Virgen María. Por otro lado, nos podemos topar también con referencias a temas satánicos como aquelarres o imágenes del demonio (en muchos casos, con un aspecto sospechosamente semítico) 
Por supuesto, y con el fin de ofrecer mayores desafíos a los coleccionistas tanto presentes como futuros, los serienscheine pueden presentar numerosas variantes en forma de diferentes colores o fechas, formas distintas de numeración y errores más o menos deliberados. 

Resulta imposible reflejar un ejemplo de cada categoría en esta breve entrada, aún así no puedo resistirme a compartir una de mis series favoritas, que mezclan varios de los temas descritos más arriba (excepto, espero, en lo referente al antisemitismo). Se trata de una serie de cinco billetes de 50 pfennig de las localidades de Lichtenstein-Callnberg en Sajonia al este de Alemania, que refleja una tira cómica mediante siluetas, un diseño muy común dentro de los serienscheine. La traducción es cortesía de A.J. Gibbs-Murray, cuyo German Gems - Encyclopedia of German Notgeld explica y contextualiza muchas de estas emisiones. 




En la embrujada hora, bajo la luz de la luna Satán iba de Callnberg a Lichtenstein




Se encontró con un pequeño tejedor que iba a su casa después de haber bebido hasta altas horas con su gremio





Satán comienza a bromear y quiere hacer cosquillas al tejedor





Pero el tejedor no es ni perezoso ni está demasiado bebido, así que clava su herramienta en el trasero del demonio



Satán quedó tan malherido que no volverá a enredarse con un tejedor jamás

Cierto dicho popular reza "Bien sabe el diablo a quién se le aparece". No es este el caso, desde luego...


German Gems - The Ecyclopedia of German Notgeld, by Anthony John Gibbs-Murray, copyright 2014 www.notgeld.com

World Notgeld 1914-1947 And other Local Issue Emergency Money – A Guide and Checklist (2nd edition), Courtney L. Coffing 2011 Krause Publications


https://de.wikipedia.org/wiki/Serienschein


"El dinero debe recaudarse de la gente, no cae de los árboles"

viernes, 30 de junio de 2017

FICHAS EN LA CASA DE LA MONEDA

Más de una vez he tenido la ocasión de tratar el tema de las fichas o tokens, verdadero filón para los coleccionistas que buscan alternativas a la numismática tradicional. Hasta hace poco pensaba que una de las condiciones sine qua non para que las fichas se utilicen por parte de los particulares es la falta de circulante que puede tener lugar en diferentes contextos: situaciones de crisis económica o inestabilidad política, escasez de metales o simplemente el carácter remoto de ciertas sociedades en las cuales la lejanía de los centros de poder propicia la aparición de autoridades propias más o menos formales.

Fichas del comedor de la Casa de la Moneda de Mumbai (Indian
Government Mint - Bombay)

No obstante, si lo pensamos bien, no tienen que darse situaciones extremas o de escasez para el uso de fichas. Al fin y al cabo, su emisión es muchas veces prerrogativa de ciertas empresas o establecimientos, y su uso se limita a sus dependencias. Un caso muy conocido y habitual es el de las fichas de casino o los parques de atracciones. En muchos lugares todavía se emplean fichas en cabinas telefónicas y en el transporte público, lo que puede hacer de ellas un objeto incluso cotidiano. El ejemplo de hoy guarda una considerable carga irónica, pues se trata de tokens utilizados en los lugares que más circulante oficial pueden acumular: las casas de la moneda. 
Reverso de los tokens, en los que se indica los valores (10 y 5 paisa)
y que corresponden a la cantina 

Las fichas que tengo hoy el placer de compartir pertenecen (pertenecieron sería más correcto) a la Casa de la Moneda de Mumbai (Bombay Mint), y eran las que los trabajadores debían utilizar en su cantina. La Casa de la Moneda de Mumbai se estableció en 1829, no obstante la ciudad ya se había distinguido entre otras cosas por su fabricación de piezas durante la era del Imperio Mughal en el siglo XVII. Curiosamente, Mumbai empezó a destacar como ceca durante la decadencia de este imperio a partir del siglo XVIII, momento en que los británicos afianzaron sus intereses en el subcontinente a expensas de portugueses y holandeses y, por supuesto, de los propios indios que vieron como diferentes territorios pasaban a ser independientes o semi-independientes (los llamados "estados principescos") o directamente administrados por potencias extranjeras, como era el caso de la "Presidencia de Bombay", es decir, los territorios occidentales bajo la tutela de la Compañía Británica de las Indias Orientales.

Postal de principios del siglo XX en la que se muestra
una imagen de la Casa de la Moneda de Mumbai
(Wikipedia)
De todos modos la apertura oficial de esta ceca durante la primera mitad del siglo XIX coincidía con el declive de la otrora poderosa Compañia, cuyo protagonismo iba disminuyendo mientras el gobierno británico tomaba un control cada vez más directo de estos territorios hasta que en 1857 fueron incorporados directamente a la Corona, terminando de paso con el Imperio Mughal de forma oficial, aunque de éste sólo quedara ya el nombre. Así, la Bombay Mint pasó en 1876 a ser controlada por el Gobierno de India, siendo hoy en día una de las cuatro casas de moneda que, junto con las de Calcutta, Hyderabad y Noida, forman parte del Security Printing & Minting Corporation of India Ltd., el organismo responsable de la fabricación de dinero en India. Durante todo este tiempo, durante el cual India ha pasado de ser una colonia británica a una potencia económica con aspiraciones globales, la Casa de la Moneda de Mumbai ha permanecido siempre como un referente en cuanto a cantidades de dinero emitidas así como en la fabricación de instrumentos para la fijación de los pesos y medidas aprobados por el gobierno. 

Como ocurre con tantos ejemplos de exonummia, la simplicidad de estas fichas impide tener acceso a una información detallada. Aún así podemos asegurar que las de la entrada de hoy son de cobre, se utilizaban para el comedor de la Casa de la Moneda de Mumbai  e indican valores correspondientes a 5 y 10 paisa, divisores de la rupia. En aquel momento, recordemos, el sistema no era decimal por lo que una rupia no equivalía a 100 paisa como ahora sino a 64. Precisamente el aspecto más difícil de catalogar en relación a estas fichas es su época, pero con casi total seguridad se puede situar a mediados del siglo XX, alrededor de la proclamación de independencia. El hecho de que los valores sean de 5 y 10 puede ser indicativo de la adopción de un sistema decimal, algo que en India se produjo en la década de 1950.      

Durante mucho tiempo ha sido habitual el empleo de fichas en las fábricas de moneda como medida de seguridad, puesto que no es conveniente mezclar piezas externas con las que se producen dentro. Aún así, al llegar estos tokens a mis manos no he podido evitar recordar el célebre dicho: "En casa del herrero..."


miércoles, 14 de junio de 2017

BILLETES DE LOS SEÑORES DE LA GUERRA

Los que entráis por estas páginas os habréis percatado de mi preferencia, dentro de la notafilia, por las emisiones locales. Por lo general, y salvo en algunos casos (como los modernos billetes locales de economía social, por ejemplo), estos billetes son testigos mudos de tiempos difíciles caracterizados por el conflicto y la escasez, pero también son en muchos casos representativos de otras facetas humanas en las que reparamos menos a la hora de coleccionar monedas o billetes, como el deseo de mantener la normalidad en momentos de dificultad, las aspiraciones políticas o económicas de grupos u organizaciones que en circunstancias normales no alcanzarían el poder, o incluso nuevas formas de creatividad (unas más acertadas que otras) lejos de los estrictos patrones que suelen marcar los bancos centrales a la hora de escoger diseños.

Mapa de China con la provincia de Xinjiang señalada en rojo
(fuente: wikipedia)
Algo muy atractivo, en mi opinión, de muchas emisiones locales radica en este último aspecto: la técnica tosca que muchas veces se emplea, unida a los materiales de escasa calidad (vienen a mi mente ahora los billetes de guerrilla filipinos de la II Guerra Mundial) dan la sensación de que muchos de estos billetes se emitían en situaciones límite. El caso que hoy nos ocupa, el de los billetes de Xinjiang (noroeste de China) de la década de 1930 es paradigmático de todo esto, ya que los emisores trataban de reflejar rasgos culturales propios en su papel moneda utilizando técnicas primitivas, todo ello bajo unas circunstancias francamente difíciles, como veremos a continuación.

Y es que la historia de la China posterior a la de la última dinastía imperial Qing dista mucho de aproximarse a lo que entendemos por normalidad. Si bien el país había conocido en su dilatada historia periodos de desintegración más o menos largos, durante las tres primeras décadas del siglo XX esta desintegración va unida a un estricto marcaje por parte de las potencias occidentales (Reino Unido, Francia, la Unión Soviética) y el imperio emergente de Japón, que no disimulan en absoluto su deseo de ampliar su poder colonial y comercial a costa de un moribundo imperio chino. La proliferación de los llamados "señores de la guerra" (warlords) no es sino un resultado lógico de la trayectoria del país durante la segunda mitad del siglo XIX y el comienzo del XX. La división de China en esferas de influencia por parte de las potencias extranjeras menoscababa la autoridad imperial y contribuía a la emergencia de poderes locales. Por otro lado, la brutal represión de las revueltas que tuvieron lugar en diferentes partes del territorio a mediados del XIX, dejó clara la creciente importancia de la fuerza militar para dirimir cualquier tipo de cuestión. A la muerte del general Yuan Shikai, considerado como hombre fuerte de la nueva República en 1912  precisamente gracias a su poder militar, numerosos gobernadores provinciales se proclamaron (o comenzaron a actuar como si fueran) independientes.

Billete de la administración de Khotan de mediados de la
década de 1930. 

Los primeros años de la República China no pudieron empezar peor en cuanto a la integridad territorial se refiere. Muchos gobernadores provinciales en teoría ejercían su cargo en nombre del gobierno central, pero en la práctica se comportaban con total independencia con respecto a éste. Además, dentro de sus propios territorios las fuerzas de oposición luchaban por conseguir su propio espacio de gobierno, de tal manera que en pocos años China se vio dividida en cientos de entidades independientes o cuasi-independientes, de tal forma que más que desunión, podemos hablar de verdadera atomización. La región de Xinjiang, situada en el extremo noroccidental del país, tradicionalmente punto estratégico de la Ruta de la Seda y habitada en gran medida por minorías étnicas como uigures y poblaciones turcas, fue un buen ejemplo de este caos. Ya en las décadas de 1860 y 1870 la región había sido testigo de la rebelión de Yakub Beg, personaje singular de origen uzbeko que trató de establecer un reino musulmán independiente en este territorio. Con este precedente, unido a otros factores como la diversidad étnica y religiosa y la lejanía con respecto al poder central, no es sorprendente que Xinjiang se sumara a las tendencias centrífugas imperantes.

En Xinjiang los gobernadores que ejercían su cargo en nombre de la República de China tras la caída de la dinastía Qing consiguieron durante dos décadas mantener la situación bajo control gobernando como auténticos soberanos, pero a principios de la década de 1930 las tensiones entre los gobernantes de origen chino y las minorías étnicas estallaron, llevando a una rebelión de los uigures y otros pueblos de origen turco y religión musulmana, que se saldó con la proclamación de la efímera República del Turkestán Oriental. Este estado, de solo unos meses de duración entre 1933 y 1934 fue ocupado por las fuerzas de Ma Zhongying, señor de la guerra que lideraba a los hui o tungan (chinos musulmanes) que constituían la 36 División del ejército del Kuomintang, el Partido Nacionalista Chino. Este señor de la guerra curiosamente se había alineado en un principio con los rebeldes uigures, pero en este contexto, cualquier lazo étnico o religioso quedaba relegado en favor de la posibilidad de establecer una parcela de poder efectivo, por pequeña que fuera.
En este lado del billete pueden apreciarse los caracteres
chinos en el rectángulo central, así como la tinta del sello
rojo de la otra cara

Quien pensara que la derrota de la República del Turkestán Oriental significaba el fin del secesionismo en esta parte de China se equivocaba. Ma Zhongying se estableció en Khotan, al sur de la región, para seguir ejerciendo como señor de la guerra en un territorio que sería conocido por los occidentales como Tunganistán, mientras se enfrentaba a Sheng Shicai, otro señor de la guerra que trataba de defender sus derechos como gobernador provincial de Xinjiang contando con el apoyo de la vecina Unión Soviética. Ma Hu Shan, medio hermano y sucesor de Ma Zhongying, no dudó en continuar ejerciendo como soberano de facto en Tunganistán en nombre del Kuomintang, que en aquel momento luchaba por dotar a duras penas de una cierta cohesión a todo el país.

En este convulso y enrevesado contexto de mediados de la década de 1930, que si soy sincero tengo dudas sobre si he explicado correctamente,  fue en el que se produjeron los billetes que protagonizan la entrada de hoy. Parece ser que el material utilizado para su fabricación es la corteza de morera (aunque en otros casos se utilizaron materiales alternativos como la tela) y, pese a su tosco acabado, reflejan un diseño propio de las culturas musulmanas de Asia Central, combinado con caracteres chinos. Los valores reflejados en estos billetes son en tael de plata (aproximadamente 36-37 grs.) no obstante se emitieron en tal cantidad que en poco tiempo sucumbieron a los efectos de la inflación y perdieron su valor.

No tuvieron estos billetes ocasión de circular durante mucho tiempo ya que los dominios de Ma Hu Shan, fueron absorbidos por Sheng Shicai en 1937 con la ayuda de la Unión Soviética, lo que garantizó a este señor de la guerra el control de Xinjiang hasta el final de la II Guerra Mundial. No me ha sido posible encontrar demasiada información acerca de estas emisiones más allá de algunas reseñas en libros acerca de la historia de Xinjiang o en numismáticas online. Aún así, puede afirmarse que constituyen no solo un artículo muy interesante para los apasionados de la numismática y notafilia oriental, sino también un símbolo tangible de la herencia cultural china de Asia Central, menos conocida para los occidentales.


Bibliografía: 

Ceinos, P. Historia Breve de China, Sílex Ediciones S.L. Madrid, 2006
Dillon, M. Xinjiang and the Expansion of Chinese Communist Power. Kashgar in the Early Twentieth Century, Routledge 2014 
Forbes, A.D.W. Warlords and Muslims in Chinese Central Asia: a Political History of Republican Sinkiang 1911-1949, Cambridge University Press 1986

viernes, 26 de mayo de 2017

PULSERAS Y TOBILLERAS

El continente africano ofrece numerosos ejemplos de premoneda, algunos de ellos tan extendidos y recientes que aun hoy continúan formando parte del imaginario colectivo y la cultura popular. El ejemplo de hoy, las manillas de África Occidental, tuvo un uso prolongado en el tiempo seguramente gracias al hecho de que reunían muchas de las características propias de las monedas modernas: portabilidad, gran contenido en metal y durabilidad.

Imagen de manilla típica producida en Birmingham
(fuente: Odd & Curious Money, C. Opitz)
En realidad, tenían también un uso meramente estético, puesto que se utilizaban como brazaletes, colgantes o tobilleras, así como elementos de ceremonias. Como suele ocurrir con todas las formas de dinero primitivas o premonedas, los orígenes de las manillas como dinero son inciertos, lo cual da lugar a diferentes teorías. Una de estas teorías apunta a orígenes muy remotos, concretamente a los fenicios, legendario pueblo del Levante mediterráneo del siglo XIII a.C. Los fenicios, conocidos por sus fantásticas dotes de marinos y comerciantes, llegaron al otro extremo del Mediterráneo hasta adentrarse en el Atlántico, tanto hacia el norte, tierras de celtas, como hacia el sur, es decir, la costa africana. En una época en que la moneda no había sido inventada, ornamentos como pulseras o brazaletes eran uno de sus medios de cambio favoritos, y éstos pudieron dar lugar al uso de las primeras manillas como dinero entre los pueblos del occidente africano.

Otra teoría sobre el origen de las manillas se centra en tiempos más recientes, y hace referencia a los barcos occidentales hundidos en la costa atlántica africana. Según esta teoría, las primeras manillas vendrían de las piezas metálicas de los restos de estos navíos, pernos y abrazaderas principalmente.
Manillas tipo "Rey" y "Reina", de
mayor peso y tamaño (Odd &
Curious Money, C. Opitz)

El nombre occidental de esta forma de dinero ("manilla", pronunciado məˈnɪlə en inglés) tiene un origen poco claro también. Una teoría extendida es que vendría del castellano y portugués "mano pequeña", algo muy lógico si tenemos en cuenta que se trataba de brazaletes y pulseras en la mayor parte de los casos. Otra teoría señala que es que el término "manilla" puede provenir del latín "monilia", plural de la palabra "monile", es decir, collar. No es descartable tampoco, ya que las manillas podían emplearse como colgantes también.

En cualquier caso, lo que sí parece bastante seguro es que fueron los portugueses los primeros europeos que se percataron del uso de pulseras y brazaletes como moneda de cambio por parte de los pueblos de África occidental, al ser considerados por los nativos como objetos de alto valor. Durante la era conocida como de los Grandes Descubrimientos (ss. XV-XVI), los portugueses tenían un interés en África más estratégico que comercial, ya que veían este inmenso continente como una escala más de su vasta red comercial mundial, con terminales en diferentes puntos de India y China. De hecho, durante este periodo no tuvieron en ningún momento la idea de colonizar estos territorios, limitándose a establecer bases y ocupar islas que pudieran servir de base a sus navíos. África ofrecía productos atractivos para Europa pero en poca cantidad, sobre todo si lo comparamos con las riquezas de Asia o de la recién descubierta América: algo de oro, marfil, especias, aceite de palma...pronto los europeos se percatarían de que el mayor potencial de África residía en su fuerza de trabajo.

Por supuesto, nos referimos a la esclavitud. Las colonias americanas comenzaban a producir bienes cada vez más demandados en Europa como azúcar, ron, tabaco o algodón, para lo cual empleaban mano de obra esclava africana. La esclavitud, actividad que hoy día constituye un flagrante atentado contra la dignidad humana y por tanto se halla felizmente abolida (aunque por desgracia siga en práctica en algunos lugares de forma más o menos clandestina), era práctica habitual durante la época a la que nos referimos. Tan habitual, que no resultaba extraña a muchos pueblos africanos, que habían constituido ellos mismos sociedades esclavistas. No obstante, no cabe duda de que los europeos globalizaron la esclavitud, convirtiendo la costa occidental africana en la mayor empresa proveedora de esta fuerza de trabajo. Para mantener en marcha una maquinaria de esta magnitud, hacía falta una moneda aceptada ampliamente en la zona, un espacio que las manillas podían ocupar perfectamente.

De esta forma, los europeos comenzaron a producir manillas en grandes cantidades. Empezaron los portugueses, pero a finales del siglo XVI tomaron el relevo franceses, holandeses y británicos. La ciudad de Birmingham, centro productor de objetos de cobre y latón en el continente europeo, destacó por ser la mayor proveedora de manillas para el comercio de esclavos. Una típica manilla de cobre o latón consistía en un anillo ovalado abierto con forma de herradura de aproximadamente 63 x 82 mm. y alrededor de 80-100 grs. de peso y con los extremos abocinados, como podemos observar en las imágenes. Es muy complicado establecer una tipología precisa, de hecho este es un tema aún pendiente de explorar en profundidad, pero sí es comúnmente aceptado que durante sus más de cuatro siglos en circulación fueron perdiendo peso y tamaño hasta llegar a las medidas descritas más arriba, se pronunciaron más sus extremos y se perfeccionó su acabado. Esto último era importante ya que parece ser que la población local era muy exigente con la apariencia de este tipo de dinero, rechazando todas aquellas piezas consideradas de peor calidad.
Pulsera africana de latón con diseño más complejo,
seguramente empleada como moneda de cambio (90x80 mm) 

Existían además manilllas de mayor tamaño, las conocidas como Rey y Reina, de aproximadamente 30 cm. las primeras y 25 cm. las segundas y un peso superior a los 300 grs. En estos casos se trataba de piezas de uso ceremonial y como depósito más que como moneda circulante. Además, no faltaron las imitaciones locales: en regiones vecinas fuera de la costa occidental africana y del río Níger se utilizaron todo tipo de objetos imitativos, desde brazaletes y tobilleras con diseños más complejos (como el que aparece en la imagen de arriba) hasta simples barras de metal dobladas hasta formar un anillo.

Dado el carácter muchas veces informal de este tipo de dinero (no existía una única entidad emisora, por ejemplo) y la gran variedad de manillas que se produjeron y circularon entre los siglos XVI y XX, no es tarea sencilla establecer una tabla de valores para hacernos una idea aproximada de lo que se podía adquirir con ellas. El precio de diferentes mercancías o esclavos dependía en gran medida del lugar, la época y el tipo de manilla que se utilizara en la transacción. Sabemos, por ejemplo, que a principios del siglo XVI un manilla servía para adquirir un colmillo de elefante y con 12-15 se podía comprar un esclavo, pero normalmente nos tenemos que remitir a datos puntuales. 

Reverso de billete de cinco chelines de la República de
Biafra en África occidental, con imagen de una manilla (izda.)
La crisis que sufrió el mercado de esclavos durante el siglo XIX, gracias al empuje de movimientos que se oponían y luchaban activamente contra la esclavitud, afectó obviamente al empleo de las manillas y a su producción, que se convirtió en deficitaria. Aún así, continuaron utilizándose durante algún tiempo, solo que ahora en territorios bajo el estricto control de potencias coloniales, con lo que su valor quedaba ligado al de las monedas británica y francesa. En 1948 el gobierno británico decidió retirar definitivamente las manillas de circulación, dándoles un valor de redención que oscilaba entre las 80 y 480 por libra esterlina dependiendo del tipo de manilla. Un total de 32 millones de piezas, con un peso total cercano a las 2.500 toneladas, fueron recogidas y revendidas como chatarra. Un final poco digno para una forma de dinero tristemente unida a la compra y venta de seres humanos. 

Bertaux, P. África - Desde la Prehistoria hasta los Estados Actuales, Historia Universal Siglo XXI. Madrid 1984

Odd and Curious Money, descriptions and values, by Charles J Opitz, 2nd Edition 1991

Encyclopedia of Money, by Larry Allen, ABC-Clio Inc. Santa Barbara, California 1999

Manilla: Money for the Slave Trade, Scott Semans World Coins http://www.coincoin.com/I024.htm




miércoles, 10 de mayo de 2017

MONEDAS INDIAS DE LA EDAD MEDIA (VII)

Extensión máxima del Imperio
 Vijayanagar (ss. XV-XVI)
fuente: wikipedia


La moneda de hoy, pese a sus diminutas dimensiones, es portadoras de una riqueza histórica y cultural incomparable. Se trata del fanam del sur de India, emitido de forma continua aproximadamente entre los siglos XIV y XIX, cerca de cinco siglos durante los cuales esta zona del subcontinente indio logró establecer una idiosincrasia propia basada en la defensa de las creencias hinduistas, fuera del control del Sultanato de Delhi, mientras experimentaba los primeros contactos con comerciantes europeos que a la postre acabarían dominando toda la India, económicamente primero y militarmente después.

La gran referencia política, cultural e incluso espiritual del sur de India durante el final de la Edad Media y el comienzo de la Edad Moderna fue el Imperio Vijayanagar. Fundado en 1336, ocupó todos los territorios al sur del río Krishna y la meseta del Decán (los actuales estados de Karnataka, Andhra Pradesh, Tamil Nadu y Kerala) y consiguió erigirse en muchos sentidos como guardián de las esencias hindúes frente al todopoderoso Sultanato de Delhi al norte, que alcanzaba su máxima expansión e influencia precisamente durante esa época. La capital de este imperio, Hampi, constituye con todos sus templos un buen ejemplo del esplendor que gozó la cultura hindú durante este periodo. Las estructuras administrativas del Vijayanagar guardaban más relación con el feudalismo que con el estado absolutista, ya que el soberano debía asegurarse la fidelidad de los distintos señores y jefes locales, que ejercían su poder con un alto grado de autonomía dependiendo en muchos casos de la personalidad y carisma del emperador de turno. Poseía el imperio, eso sí, ciertas características de estado militar, ya que requería de un potente y eficaz ejército para la defensa frente a los vecinos musulmanes del norte. Muy celosos del mantenimiento del orden hinduista, los emperadores se aseguraban de que los cargos de responsabilidad fueran ocupados por brahmanes, grupo que ocupa la cúspide en la jerarquía del sistema de castas.

Anverso del fanam de Mysore con
imagen de Narasimha. Puede verse
arriba la cabeza (formada por puntos)
y debajo el torso y los brazos
Durante los siglos XV y XVI Vijayanagar logró un progreso considerable en muchos aspectos. Uno de estos aspectos fue el de la urbanización y las obras públicas, muy especialmente la construcción de embalses y obras de regadío. Otro aspecto, que además incidió directamente en la emisión de moneda, fue el impulso del comercio interior y exterior, en un contexto de contactos cada vez más fluidos con los europeos. Vijayanagar necesitaba de occidente caballos, elefantes, piedras preciosas y madera de sándalo, mientras que exportaba principalmente especias, arroz, productos textiles y azúcar. No es de extrañar que el puerto de Bhatkal en la costa del Mar Arábigo se convirtiera en un verdadero centro de intercambio  durante el siglo XV, siendo sustituido por Goa (bajo dominio portugués) en la siguiente centuria. Los portugueses fueron los primeros europeos en tener una extensa presencia en la India meridional, pero no tardaron en seguirles serios competidores, especialmente los holandeses y los británicos.

Reverso del fanam de Mysore con
la leyenda Sri Kanthirava
Vijayanagar llegó a su plenitud territorial, económica y cultural a principios del siglo XVI durante el reinado de Krishna Devaraya (1509-1529). A partir de mediados de siglo el imperio comenzó a sucumbir víctima del acoso de sus vecinos musulmanes del norte y la falta de una personalidad lo suficientemente fuerte para mantener unidos sus diferentes territorios, que poco a poco fueron actuando de forma independiente aunque siempre conservando su herencia social y cultural. Parte de esta herencia se mantuvo en un sistema monetario propio que incluso los europeos se esforzaron en mantener. 

El sistema monetario de Vijayanagar estaba dominado por el oro, a diferencia del sistema dominante en los estados musulmanes del norte, en los que la plata tenía primacía. Su unidad monetaria de referencia era la pagoda, pieza de oro de aproximadamente 3,6 grs. de peso. No obstante, el uso más extendido se encontraba en unas monedas diez veces más pequeñas. El fanam de oro fue una de las monedas más representativas del Imperio Vijayanagar. Los primeros ejemplares surgieron durante el siglo XIV y su acuñación continuó hasta mucho después de la propia existencia de este imperio, bien entrado el siglo XIX. Se caracteriza por su pequeño tamaño (apenas 0,4 grs. y entre 5 y 7 mm. de diámetro) y su preferencia por símbolos propios del hinduismo, en muchos casos con un nivel de abstracción tan grande que resultan muy difíciles de reconocer. Resulta complicado datar estas monedas puesto que el diseño se mantuvo prácticamente inalterado durante siglos, por no mencionar los numerosos ejemplos de monedas imitativas (por ejemplo los fanam que emitieron holandeses y británicos) así como falsificaciones de época o modernas, que para nuestra desgracia no pueden faltar.

Anverso del fanam tipo
Viraraya, con imagen de león
y media luna
En la entrada de hoy podemos contemplar dos ejemplos muy representativos de fanam. Uno es el emitido por el reino de Mysore, seguramente el más digno sucesor de Vijayanagar, pues en su momento de mayor esplendor (alrededor del siglo XVIII) llegó a dominar una buena parte del antiguo imperio, aunque sin librarse en ningún momento de la creciente influencia de los británicos. Se trata de un fanam tipo Kanthirava (nombre del rey bajo cuyo mandato se comenzó a emitir, entre 1638 y 1659), cuyo anverso representa a Narasimha, avatar del dios Visnú mitad hombre mitad león sentado en posición de yoga. No es fácil de identificar, sobre todo porque es imposible reflejar toda la imagen en un cospel tan diminuto, pero podemos apreciar en la foto el torso y la cabeza, ésta conformada por una serie de puntos, así como los brazos. Las piernas cruzadas simplemente no aparecen, pero estarían debajo del torso. El reverso refleja en tres líneas la leyenda Sri Kanthirava en escritura devanagari, también incompleta.

El segundo ejemplo de fanam se sitúa más al sur y al oeste, en la costa malabar correspondiente al estado de Travancore-Cochín (actualmente en el estado de Kerala). Es el fanam tipo Viraraya, cuyos orígenes son anteriores al fanam Kanthirava, y las imágenes que representan siguen siendo objeto de discusión. Normalmente se afirma que el anverso, formado por líneas curvas y puntos, representa un león con una media luna encima y el reverso un jabalí, aunque es habitual encontrar otras interpretaciones, dado el elevado grado de abstracción que presentan los diseños (muchas veces se afirma, por ejemplo, que el animal del reverso es en realidad un cocodrilo).
Reverso del fanam tipo
Viraraya, con imagen de jabalí

Me hubiera gustado ofrecer hoy información más detallada, no obstante no ha sido tarea sencilla dadas las siempre existentes dificultades en la correcta identificación de estas peculiares monedas. Las ubicaciones (Mysore y Travancore) parecen bastante precisas, y lo más probable es que sean ejemplares tardíos de los siglos XVIII-XIX. Parece ser, como apunta Tye, que las autoridades emisoras concibieron el fanam con la vista puesta en ritos y ceremonias religiosas, ya que podían ser utilizadas como ofrendas. No es de extrañar, ya que el hinduismo se caracteriza entre otras cosas por impregnar de espiritualidad todo lo que toca, incluso las cosas más materiales.

Embree, A.T. y WIlhelm, F. India: Historia del subcontinente desde las culturas del Indo hasta el comienzo del dominio inglés, Historia Universal Siglo XXI vol. 17 Madrid 1981

Early World Coins & Early Weight Standards, by Robert Tye, published by Early World Coins, York 2009

http://coins.lakdiva.org/medievalindian/hoysalas_fanam_au.html

http://historicalleys.blogspot.com.es/2009/07/fanams-of-calicut.html

http://www.harekrsna.com/sun/features/10-12/features2619.htm






jueves, 27 de abril de 2017

DINERO DE TRANSICIÓN (LITUANIA 1991)

Los billetes de hoy, que en su simplicidad nos pueden recordar a cupones de racionamiento o dinero de emergencia emitido en periodos bélicos o pos-bélicos (en el fondo, guarda bastantes similitudes con ambas formas de pago) tienen su interés en tanto en cuento son testigos de un hecho que ha marcado (y aun marca) de forma significativa la historia reciente: el colapso de la Unión Soviética.

El Báltico: un quebradero de cabeza para la Unión
Soviética en sus últimos años
El desmoronamiento de la URSS tuvo numerosas causas de índole política y económica, que pueden resumirse en el anquilosamiento de los canales de gestión y participación (con la sombra del Partido Comunista omnipresente en todos los niveles de la administración) y en la escasa eficiencia de su modelo productivo. No obstante, la llamada cuestión nacional, es decir, las tensiones y conflictos latentes entre las diferentes nacionalidades que componían el  estado soviético, tendría un innegable impacto en la aceleración de este proceso.

El imperio de los zares había logrado constituirse en los siglos precedentes a través de un largo proceso expansionista  en el que un heterogéneo elenco de diferentes pueblos (polacos, lituanos, finlandeses, descendientes de tribus turco-mongolas, poblaciones de Asia central, y un largo etcétera) fueron sometidos, en muchos casos de forma violenta. Como consecuencia, Rusia se convirtió en un vasto imperio en términos territoriales además de un enrevesado mosaico multinacional, multicultural y multirreligioso, un puzle cuyas piezas en muchos momentos costaba encajar. La llegada al poder de los bolcheviques trajo consigo un intento de superación de estos problemas de convivencia  a través de la realización del ideario socialista, en el que las repúblicas integrantes de la Unión Soviética eran iguales en derechos y obligaciones y en teoría soberanas, es decir, que podían acceder a la independencia si así lo deseaban.

Cuando Mijail Gorbachov accedió a la secretaría general del PCUS en 1985 tenía muy claro que las reformas pendientes no se podían posponer si  la URSS tal y como era conocida quería prevalecer. Las reformas políticas evidenciaron la existencia de tendencias y movimientos ajenos al Partido Comunista, entre ellos los diferentes nacionalismos que se manifestaban muy especialmente en el Cáucaso y en las llamadas repúblicas bálticas: Estonia, Letonia y Lituania.

Como sucede muchas veces entre vecinos, la historia de la relación entre Lituania y Rusia difícilmente se puede definir como cordial. Constituida como Gran Ducado a mediados del siglo XIII, Lituania no tardó en vincular su destino al de Polonia, país con el que mantuvo una estrecha alianza de cuatro siglos durante los cuales su territorio logró su máxima extensión hacia el sur y el este y Vilna llegó a convertirse en un centro de referencia económico y cultural en Europa del Este. A partir de  1569 su poder e influencia en la zona se vieron relegados en favor de su aliado polaco y a finales del siglo XVIII su territorio (junto con el de Polonia) fue repartido por las nuevas  potencias hegemónicas de la zona: Austria, Prusia y Rusia. Rusia ocupó la mayor parte del territorio lituano,  aunque Prusia también accedió a algunas áreas en el oeste, como Memel (actual Klaipeda). Durante el siglo XIX los lituanos mantuvieron sus aspiraciones nacionalistas, fuertemente reprimidas por Rusia, pese a lo cual pudieron acceder a  la independencia en 1918 (junto con Estonia y Letonia)  tras el colapso del Imperio Ruso y la llegada de los bolcheviques al poder. Durante dos décadas disfrutaron los lituanos de esta independencia (si bien con Vilna anexionada por el nuevo estado polaco) hasta que el nefando pacto Molotov-Ribbentrop condenó a Europa del este a ser dividida en zonas de influencia entre nazis y soviéticos. A partir de ese momento Lituania se convirtió en escenario de la rivalidad entre ambas potencias, con consecuencias nefastas para su población, víctima del Holocausto (en el caso de los judíos lituanos), trabajos forzosos y alistamiento en las fuerzas alemanas. No mejoró mucho la situación cuando los soviéticos recuperaron estos territorios en 1944, pues continuó la política de asesinatos y deportaciones, esta vez por parte de una Unión Soviética que esta vez no pensaba dejar escapar lo que consideraba sus territorios del Báltico.

Billetes de 0,10, 0,20 y 0,50 talonas
La puesta en marcha de la perestroika a partir de la llegada de Gorbachov al poder pondría de manifiesto (muy a su pesar, por supuesto) las antiguas rivalidades y cuentas pendientes entre las diferentes nacionalidades integrantes de la URSS. Durante los procesos electorales celebrados a finales de la década de los 80 los diferentes “frentes populares” de las repúblicas bálticas consiguieron un respaldo popular considerable que legitimaba sus aspiraciones independentistas. La asamblea lituana declaró la independencia en Marzo de 1990 no obstante, ante las presiones económicas de la URSS, el nuevo presidente Landsbergis decidió imponer una moratoria a esta declaración para tratar de ganar tiempo ante una previsiblemente ardua negociación con Moscú. Durante este tiempo, sin embargo, la línea dura se impuso en el gobierno soviético, lo que llevó a un incremento de la tensión con intervención militar incluida en Enero de 1991. No era el Báltico el único frente abierto para Moscú, pues en las repúblicas del Cáucaso, Asia Central y Moldavia se extendían también los movimientos nacionalistas. Los intentos desesperados de Gorbachov por conseguir un nuevo  Tratado de la Unión no tuvieron eco en muchos de estos territorios que, como Lituania, directamente se desvincularon. En Septiembre de 1991 una moribunda Unión Soviética se vio obligada a reconocer la independencia de Lituania.

Fue precisamente por estas fechas cuando las autoridades lituanas, actuando de facto de forma independiente, dieron sus primeros pasos en política monetaria. En un primer momento no prescindieron del rublo pero introdujeron una moneda propia provisional, el talonas (con un valor equivalente al rublo), con el fin de atajar la inflación que castigaba las economías de la URSS. La medida era cuando menos peculiar: los trabajadores debían recibir el 20 % de su salario en la nueva moneda, hasta un máximo de 200 talonai. Por otro lado, la mayor parte de los bienes (salvo básicos como alimentos) debían adquirirse por su valor en rublos y talonai. Así, si unos zapatos costaban 50 rublos, se debían adquirir pagando los 50 rublos más 50 talonai.

Reverso común de las emisiones de 0,10, 0,20 y 0,50 talonas
Este sistema no tardó en demostrar ser enormemente impopular. Los particulares necesitaban mucho tiempo para acumular los talonai necesarios para adquirir ciertos bienes y servicios, mientras una gran cantidad de rublos quedaban inutilizados en estas condiciones. No sirvió pues ni para satisfacer la demanda ni tampoco la oferta, ya que afectó negativamente al sistema productivo y no contuvo la inflación de los bienes básicos cuyo pago no debía efectuarse en talonai, pues no se trataba de una moneda independiente sino de una moneda suplementaria ligada al rublo. Además, socialmente favorecía el mercado negro de moneda y la especulación entre la población.

Así y todo, los niveles de inflación en Lituania fueron menores que en la extinta Unión Soviética entre los años 1991-92, de tal forma que las autoridades decidieron lanzar una segunda reforma, seguramente como forma de ganar tiempo mientras establecían un sistema monetario independiente del soviético y para reemplazar los primeros talonai, muy cuestionados por el público, pues eran por lo general de mala calidad y fácilmente falsificables. Fueron apodados de varias maneras como “Vagnorkes”, en alusión al Primer Ministro Gediminas Vagnorius, o “entradas de zoo” dado que muchos reflejaban animales de la fauna típica lituana. En Mayo de 1992 se reintrodujo el talonas como moneda independiente que circularía con el rublo de forma provisional hasta que este fue abandonado definitivamente en Octubre de ese mismo año. Finalmente, la nueva moneda nacional, el litas, fue adoptada tras varios retrasos en Junio de 1993 al cambio oficial de 1 litas = 100 talonai.

Billete de 1 talonas de 1992, con fauna típica lituana
Los talonai que veis en las imágenes de arriba son los de menor denominación de 1991, de 0,10, 0,20 y 0,50. El de 1 talonas de la izquierda corresponde a la reforma de 1992. No se emitió moneda metálica, utilizándose siempre el papel. Son de gran simplicidad, muy parecidos a emisiones de emergencia o cupones, aunque los de mayor valor lucían diferentes animales autóctonos, como comento más arriba. En la primera reforma se emitieron billetes de hasta 100 talonai, añadiendo unidades de 200 y 500 talonai tras la segunda reforma de 1992. No puede decirse que estos billetes fueran despedidos con todos los honores en 1993, pues parece ser que las emisiones que no fueron intercambiadas por litas fueron destinadas al reciclaje para la producción de papel higiénico. No he podido averiguar si este hecho se debe a una simple casualidad o si se llevó a cabo de forma premeditada, pero dada la escasa popularidad con que esta moneda fue acogida en su momento, tenemos razones para sospechar lo peor.


Martín de la Guardia, R.M. y Pérez Sánchez, G.A. La Unión Soviética: de la Perestroika a la Desintegración (Colección La Historia en sus Textos) Ediciones Istmo, Madrid 1995

Historia de Lituania en Lonely Planet http://www.lonelyplanet.com/lithuania/history#ixzz4fIkyhkzW






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