lunes, 17 de septiembre de 2018

EFECTOS DE LA HIPERINFLACIÓN (XI): BOSNIA-HERZEGOVINA

Las "repúblicas" de Bosnia-Herzegovina:
un rompecabezas étnico (wikipedia) 
Tras analizar unos cuantos casos de hiperinflaciones en diferentes puntos del planeta en épocas distintas es inevitable encontrar numerosos puntos en común: inestabilidad política, conflictos civiles, mala gestión económica o expansión ilimitada del gasto público son algunas de las características que ayudan a explicar los orígenes de las inflaciones disparadas. No obstante, siempre es posible dar con aspectos singulares que hacen que un caso sea distinto de otro. El caso de Bosnia-Herzegovina, pese a guardar lógicos paralelismos con su vecina Yugoslavia tiene la peculiaridad de reflejar la profunda división existente en su territorio: en lugar de una hiperinflación tuvieron lugar dos.

Bosnia-Herzegovina fue el territorio de los Balcanes más castigado por el conflicto precisamente por su diversidad étnica y posición geográfica entre dos nacionalismos combatientes: el serbio y el croata. El frágil equilibrio que había caracterizado la unión de todas las nacionalidades eslavas del sur de Europa saltó por los aires tras la muerte del mariscal Tito durante la década de 1980. Podemos pensar erróneamente que el conflicto de la ex-Yugoslavia fue el resultado de las tensiones centro-periferia propias de los estados descentralizados, pero en realidad fueron las desmedidas ambiciones del nacionalismo serbio (que podríamos considerar como el "centro" en este contexto) y su idea de creación de una "Gran Serbia" a expensas de las demás repúblicas de la federación lo que precipitó el primer conflicto bélico en suelo europeo desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

De hecho, los únicos escenarios bélicos en la desintegración de Ýugoslavia fueron aquellos en los que Serbia podía encontrar territorios que anexionar: Eslavonia y la Krajina en Croacia y la parte nororiental de Bosnia-Herzegovina eran zonas pobladas mayoritariamente por serbios. Esta república, que no se separó de la federación en un primer momento (como sí lo hicieron Croacia y Eslovenia en Junio de 1991) desarrolló un creciente recelo hacia el nacionalismo serbio, cada vez más agresivo y fuera de control, toda vez que se veía libre del respeto hacia las antiguas fronteras internas. Los dirigentes de Sarajevo consideraron que la única forma de preservar la integridad de Bosnia-Herzegovina pasaba por proclamar su independencia, acontecimiento que se produjo en marzo de 1992 tras la celebración de un referéndum.

Dinar serbo-bosnio de 1992, con el escudo de armas serbio

Los problemas se hicieron patentes con el rechazo mayoritario de los serbo-bosnios a esta separación, apoyada masivamente por las otras dos comunidades: los bosníacos (la mayoría de ellos musulmanes, residentes sobre todo en las grandes ciudades) y los bosnio-croatas, localizados en la parte occidental del país. Pese a los intentos de la nueva República de Bosnia-Herzegovina de establecer un estado multiétnico ampliamente descentralizado que integrara las sensibilidades de las diferentes comunidades, las milicias serbo-bosnias apoyadas por el ejército federal yugoslavo se abrieron paso en medio de unas operaciones de limpieza étnica que horrorizaron al mundo a mediados de la década de 1990. Esta limpieza étnica, conviene recordar, fue reproducida por milicias croatas en la parte occidental del país. La población bosniaca fue en ambos casos la más perjudicada, como atestiguan las sonrojantes cifras de muertos, desplazados y mujeres violadas. 
Dinar bosnio-herzegovino de 1992, con el emblemático puente de Mostar

Así, a partir de Abril de 1992 Bosnia estaba dividida en dos estados independientes de facto: la Federación Bosnio-Croata y la República Serbia (Republika Srpska). Esta última, liderada por Radovan Karadzic en lo político y el general Ratko Mladic en lo militar, además de realizar una limpieza étnica del 70 % de su territorio, estableció unas estructuras político-administrativas que incluían su propia moneda, el dinar serbo-bosnio. El resto de Bosnia utilizaba el dinar bosnio-herzegovino, salvo en zonas controladas por los croatas, donde circulaba la kuna. Ambos dinares tenían paridad con el nuevo dinar yugoslavo, no obstante evolucionarían de forma bien distinta.

Billete de 10 dinares bosnio-herzegovinos resellado a 100.000 en 1993

Como comentaba en la introducción, Bosnia-Herzegovina fue un caso peculiar en el que dos hiperinflaciones paralelas tuvieron lugar. En un contexto de caos económico como este, caracterizado por la escasez y la concentración de recursos en el esfuerzo bélico la emisión indiscriminada de papel moneda provocó una depreciación galopante de ambos dinares, si bien más pronunciada en la zona serbo-bosnia. La hiperinflación de la República Serbia fue prácticamente calcada a la de la Yugoslavia de Milosevic (ver entrada anterior), pues duró hasta comienzos de 1994 y alcanzó una tasa máxima de 297 millones % mensual y 64,3 % diario, duplicándose los precios cada 1,4 días. En Octubre de 1993, al igual que en la vecina Serbia, se introdujo el nuevo dinar equivalente a un millón de los antiguos dinares, algo que (como era de prever) no sirvió para reconducir la situación ya que las nuevas denominaciones de papel moneda llegaron nada menos que a los cincuenta mil millones (50 seguido de nueve ceros). En el caso de la Federación de Bosnia-Herzegovina las cifras fueron sensiblemente más suaves: 322 % mensual en su peor momento (4,92 % diario) y 14,6 días necesitaban los precios para duplicarse. Aún así, en los últimos meses de 1993 el dinar estaba tan devaluado que se recurrió al resellado, como puede verse en la imagen, o simplemente al añadido de ceros a los billetes. Pocos meses después, en Agosto de 1994 se recurrió también a un nuevo dinar, aunque en este caso equivalente a 10.000 de los viejos dinares, en un momento en que la inflación estaba bajo control en esta zona del país. 

1995 fue el año del acuerdo de Dayton, que, con todos sus inconvenientes, redujo notablemente la tensión en la zona apostando por un modelo federal muy descentralizado que integrara las dos repúblicas respetando la integridad de Bosnia-Herzegovina, con una presidencia rotatoria y la tutela provisional del Consejo de la Unión Europea para una paulatina unificación administrativa. En 1998 se puso en circulación el marco bosnio-herzegovino en sustitución de las diversas monedas que las diferentes entidades emitieron durante los años del conflicto, dejando atrás la hiperinflación, pero no unas profundas heridas emocionales que tardarán décadas en cicatrizar, si es que alguna vez eso ocurre. 

Como sabéis, siempre indico mis fuentes de referencia. En el caso de hoy creo que es digno de elogio el trabajo World Hyperinflations de Steve H. Hanke y Nicholas Krus del Cato Institute de Washington, fácilmente accesible en internet (https://www.cato.org/publications/working-paper/world-hyperinflations) que tras meses de minuciosos estudios y recopilación de datos consiguieron ofrecer una idea exacta del fenómeno inflacionario de esta zona entre los años 1992 y 1994, algo extremadamente difícil en un contexto de guerra civil. 

Taibo, C. Para Entender el Conflicto de Kosova, Colección Los Libros de la Catarata, Madrid 1999


jueves, 30 de agosto de 2018

LOS BILLETES DEL INFIERNO

Para retomar mi actividad tras el parón veraniego, he pensado que no hay nada mejor que la búsqueda de curiosidades del lejano Oriente. Desde que el ser humano emite dinero, se han dado casos en que por circunstancias éste ha perdido la mayor parte de su valor, bien sea por políticas monetarias erráticas o por procesos inflacionarios fuera de control. Son significativas, y siempre invitan a la reflexión, las imágenes de billetes cuyo valor facial supera los cinco dígitos, de transacciones hechas al peso o en montones, o de papel moneda que únicamente ha sido pasto de los servicios de limpieza una vez que la población ha perdido totalmente la confianza en su moneda. 


Billete del infierno imitativo de 50 euros con imagen del
Emperador de Jade y la leyenda 地府通用 (dìfû tonyòng)
Los billetes que tengo el placer de compartir hoy no poseen el más mínimo valor económico (salvo aquel que el coleccionismo tenga a bien otorgarles), puesto que al no ser de curso legal no están sujetos a vaivenes financieros o circunstancias políticas. Su valor es meramente simbólico aunque de gran carga espiritual, como veremos a continuación.

Los conocidos como “billetes del infierno” (hell money o hell notes) son producto de la mitología y creencias ancestrales chinas. Dìyù (地狱considerado como el infierno chino, se puede traducir mejor como “prisión del inframundo” y es más parecido al concepto de purgatorio que tenemos los occidentales que al de infierno, ya que la estancia de las almas en este lugar es temporal, no eterna. El inframundo se presenta en la mitología china como una especie de red de laberintos colocados en diferentes niveles (en un número que difiere según las diferentes interpretaciones), donde las almas esperan a ser juzgadas por Yan Luo, Señor de la Corte Terrenal, que decidirá si van al cielo o si continúan purgando sus pecados en esta inmensa cárcel. 


Billete del infierno imitativo de 100 euros también con imagen
del Emperador de Jade y la leyenda 地府通用 (dìfû tonyòng)
Durante su estancia en dìyù, las almas llevan una vida similar a la que tuvieron en la Tierra, siendo el uso de dinero un aspecto más de esta existencia. Así, como forma de honrar a los antepasados (verdadera obligación dentro del confucianismo) y al mismo tiempo enviarles el dinero necesario para sobrevivir en el inframundo, se queman estos billetes simbólicos en diferentes ceremonias, especialmente en funerales o durante las oraciones por los difuntos en su lugar de enterramiento. También es habitual verlo en festividades como Dongzhi (que celebra el solsticio de invierno) o la del Fantasma Hambriento, una suerte de Halloween oriental. 

Gracias a su bajísimo coste hoy día existe una gran variedad de billetes del infierno, tanto en diseños como en denominaciones, lo cual aumenta su atractivo de cara al coleccionismo. Aunque se sabe que los chinos han empleado imitaciones de dinero con fines espirituales desde tiempo inmemorial, se piensa que el uso de estos billetes de fantasía se remonta a finales del siglo XIX, momento en que China comenzó a emitir papel moneda de estilo occidental. Dependiendo de dónde nos encontremos, pueden imitar al yuan chino, al dong vietnamita o al dólar estadounidense. Los que yo he encontrado, en toda lógica, son imitativos del euro, como podéis ver en las imágenes. 


Billete del infierno imitativo de 200 euros con una imagen distinta del
Emperador de Jade y la leyenda 天地通用紙幣 (tiandì tongyòng zhîbì)

En este caso, su parecido a nuestros billetes de euro es total, aunque me ha dado para analizar ciertos aspectos que me han parecido interesantes, sobre todo ahora que estoy estudiando en más profundidad la cultura y la lengua chinas: 
  • Por un lado, los textos en anverso y reverso. Los billetes de 50 y 100 euros contienen la leyenda 地府通用 dìfû tōngyòng, que viene a significar "de curso general en la Corte del Inframundo" (dìfû es una denominación alternativa de dìyù). El billete de 200, por su parte, contiene más texto en escritura china tradicional. En el lugar que corresponde a las siglas del Banco Central Europeo, podemos leer (de derecha a izquierda) 天地通用银行 tiāndì tōngyòng yínháng, es decir, Banco Común del Cielo y la Tierra. La otra inscripción, de derecha a izquierda en el anverso y de arriba a abajo en el reverso, dice 天地通用紙幣 tiāndì tōngyòng zhîbì o "papel moneda del Cielo y la Tierra". 
  • Por otro lado, las imágenes. En el caso de estos billetes aparecen únicamente dos representaciones diferentes del Emperador de Jade o Yù Huáng, gobernante supremo del cielo según la mitología china y las creencias taoistas. En diseños de otros billetes del infierno (que podéis ver en los enlaces que incluyo más abajo) es fácil encontrar además una gran variedad de simbología religiosa como dragones, el ave fénix o templos. 
Pese a que aún no es un artículo muy popular entre coleccionistas (no son billetes fáciles de encontrar en las numismáticas), su gran diversidad e indudable interés cultural pueden ser factores decisivos para cambiar esta tendencia. Además, no parece existir aún un catálogo al respecto, lo cual puede ser un verdadero incentivo para futuros estudiosos. Mi consejo a los potenciales coleccionistas es que, si en algún momento se encuentran con este peculiar papel moneda lo adquieran lo más rápidamente posible antes de que sea enviado a dìyù... para siempre. 

Además de compartir los enlaces que me han servido para documentarme, quisiera agradecer de nuevo a Rocío su ayuda a la hora de descifrar los caracteres de los billetes de las imágenes 老师,谢谢!

http://www.planetslade.com/hell-money.html

lunes, 6 de agosto de 2018

LUIS XIV EN LAS MONEDAS CATALANAS

Antes de tomarme un pequeño respiro veraniego, quisiera dedicar una entrada a una curiosidad numismática autóctona que, como en otros muchos casos que ya hemos comentado por aquí, fue producida en Cataluña. Las monedas de hoy reflejan un momento crucial de la historia de España en el que no solo se jugaba su papel hegemónico mundial, sino también su propia existencia, pues las revueltas de mediados del XVII en diferentes territorios (siendo Cataluña y Portugal los focos principales) amenazaron seriamente la continuidad del reinado de los Habsburgo y pudieron restituir el mapa medieval de la península.

Para comprender los orígenes de estas sublevaciones es necesario tener en cuenta dos factores, uno interno y otro externo. El factor interno tiene que ver con las reformas que el conde-duque de Olivares trató de impulsar una vez asumió las responsabilidades de gobierno tras el acceso al trono de Felipe IV en 1621. Su Gran Memorial de 1624, informe confidencial que detallaba los principales problemas por los que atravesaba la monarquía y sus instituciones, exponía abiertamente la necesidad de avanzar hacia una mayor integración política, económica y administrativa de los diferentes reinos y territorios peninsulares, unidos por poco más que la figura del rey. Olivares estaba especialmente interesado en liberar dentro de lo posible al reino de Castilla del peso de la defensa exterior de la Monarquía Hispánica, para lo cual esbozó el proyecto de Unión de Armas, que fomentaba la cooperación militar entre los territorios peninsulares estableciendo un ejército permanente de 140.000 hombres.

El factor externo se encuentra en el contexto convulso de la Europa de la primera mitad del siglo XVII, más concretamente en la Guerra de los Treinta años en la que España participó activamente. Aunque el origen de esta guerra se encuentra en las diferencias políticas y religiosas entre estados centroeuropeos, la intervención de las grandes potencias le dotó de unas dimensiones continentales. Francia, en particular, deseaba sacudirse del cerco de los Habsburgo, ya que estaba rodeada geográficamente de reinos y territorios afines a éstos (Flandes, Alsacia y Lorena, el Franco Condado y Lombardía).  Así, Francia declaró la guerra formalmente a la Monarquía Hispánica en mayo de 1635, no sin antes tejer una serie de alianzas con los enemigos de los Habsburgo: las Provincias Unidas de los Países Bajos, los ducados de Saboya y Parma y la Liga de Heilbronn, que incluía a príncipes protestantes alemanes y el reino de Suecia.
Seiseno catalán de 1646 con la efigie de Luis XIV

Las reformas de Olivares fueron muy difíciles de implementar debido a los obstáculos que suponía la existencia de diferentes fueros, leyes y privilegios de los distintos territorios peninsulares así como las lógicas reticencias de sus representantes. Cataluña fue en este sentido uno de los territorios que más se opuso a colaborar en esta empresa, negando incluso contribuciones económicas al respecto. En 1639 Olivares quiso forzar su colaboración escogiéndola como frente para atacar a los franceses desde el sur, pero la oposición interna, lejos de aminorar, se acrecentó hasta convertirse en revuelta y, posteriormente, incorporación al propio reino de Francia.

El alojamiento de tropas en Cataluña, además de considerarse contrario a las Constituciones catalanas, provocó una escalada de enfrentamientos con el campesinado  cada vez más violentos que derivaron en una sublevación que se llevó por delante al propio virrey en Junio de 1640. Ante el vacío político que esto suponía, y temiendo que la revuelta se fuera aún más de las manos, la Diputación del General presidida por el diputado eclesiástico Pau Clarís decidió asumir el control de la situación y evidenciar su oposición frontal a las medidas impuestas desde Madrid. Aunque esto suponía independizarse "de facto" de la monarquía de los Habsburgo, las autoridades catalanas, cercadas por las tropas de Felipe IV por un lado y unos sublevados contrarios a cualquier tipo de negociación por otro, se vieron obligadas a solicitar protección a Luis XIII en Enero de 1641, lo cual colocaba a Cataluña bajo la soberanía francesa. 

Las monedas de la época dan buena cuenta de la sucesión de estos acontecimientos. El sistema monetario que imperaba en Cataluña tenía como unidad de cuenta la libra de plata (lliura) dividida en 20 sueldos (sous) que a su vez se dividían en 12 dineros (diners). Así, entre las monedas acuñadas en esta época se distinguen: 

  • Oro: trentín, equivalente a 33 croats de plata o 66 sueldos. Esta moneda tenía como divisores el medio trentín y el tercio de trentín, conocido también como onzén, ya que equivalía a once croats de plata. 
  • Plata: la libra de plata equivalía a 10 croats o reales catalanes, valiendo un croat 2 sueldos. El croat era la moneda de plata principal de Cataluña, equivalía a 24 dineros y tenía como divisor el medio croat. 
  • Cobre: las monedas de menor valor eran el ardite, que se dividía a su vez en 2 dineros 
Durante estos turbulentos años el Consejo de Ciento (Consell de Cent), la autoridad municipal de Barcelona, fue la institución responsable de la emisión de moneda. En Noviembre de 1640 creó la Setzena de Moneda, órgano que además de vigilar la calidad de las piezas emitidas podía sugerir la acuñación de nuevas piezas como la de 5 reales de plata o el seiseno (sisé) o pieza de 6 dineros como la que podéis ver en las imágenes.
  • Reverso del seiseno con la leyenda CIVI BARCINO y la fecha
Este seiseno refleja en su anverso el busto de estilo romano de un muy joven Luis XIV (de apenas 8 años de edad) rodeado de la leyenda LVD XIIII D G R F ET CO B (Ludovicus XIIII Dei Gratia Rex Francorum et Comes Barcinonae - Luis XIV Rey de Francia y Conde de Barcelona por la Gracia de Dios). El reverso está dominado por un prominente escudo de Barcelona con la leyenda CIVI 1646 BARCINO. Barcelona fue prácticamente la única ceca activa de este periodo, toda vez que las autoridades francesas decidieran imponer una estricta centralización de la emisión de circulante en territorio catalán. 

Esta pieza se acuñó en un momento económico complicado, en  el  que debido a las circunstancias propias de un escenario bélico la plata se convertía en un bien escaso y la inflación se disparaba. De hecho, las autoridades se vieron obligadas a recurrir al contramarcado y a la emisión de dinero de emergencia o moneda obsidional a partir de 1651, cuando el ejército español al mando de Juan José de Austria comenzó el sitio de Barcelona. Cataluña, convertida en teatro de operaciones francesas, no ocultaba su descontento con Francia, lo que llevó a Felipe IV a centrarse en la recuperación del Principado. Esto se hizo efectivo en Octubre de 1652 tras la toma de Barcelona y la aceptación de Felipe como soberano a cambio de una amnistía general y la promesa real de observar las constituciones catalanas. No fue este sin embargo el final de la guerra con Francia, que concluyó en 1659 con la Paz de los Pirineos, que concedía a Francia los condados catalanes de Rosellón, Cerdaña y Conflent, territorios que quedaban como único vestigio de lo que fue la ocupación francesa de Cataluña. Además, por supuesto, de las monedas... 

De Francisco Olmos, José María. La Moneda Catalana de la Guerra dels Segadors (1640-1652). Documento de Soberanía. Universidad Complutense de Madrid/Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía 

Felipo Orts, Amparo. Monarquías Rivales. Francia (1610-1661) y España (1598-1665). en en Historia Moderna Universal, de Alfredo Floristán (coord,) Editorial Ariel S.A. 2002 (Barcelona)

lunes, 16 de julio de 2018

EL GROS DE PRAGA

Territorio bajo control de la dinastía
Premyslid a principios del s. XIV
(fuente: wikipedia)
Como bien sabéis los que tenéis a bien leer mis artículos, todo lo que muestro aquí cuenta con una interesante historia detrás: cómo se creó, quién lo creó, en qué circunstancias, qué evolución tuvo, qué aceptación encontró entre la sociedad, cómo fue su decadencia y final...Para ser sincero, no es una tarea muy difícil, pues es extraño encontrar artículos de notafilia o numismática que no tengan interés histórico, por pequeño que sea. Hay ocasiones, además, en las que tengo la oportunidad de escribir acerca de monedas o billetes que en su día hicieron historia. La entrada de hoy me brinda una de esas ocasiones como veremos a continuación.

El gros de Praga (Prazsky gros) consiguió convertirse en moneda de referencia centroeuropea en los siglos que marcaron la transición de la Edad Media al Renacimiento. De hecho, su origen coincide con un renacimiento particular de las acuñaciones europeas, ligado al progreso económico y al impulso de la urbanización. En 1266 Francia se convirtió en el primer reino de Europa occidental que retomó la idea de una pieza grande de plata, materializada en el gros tournois. De 4,22 grs. de peso y una pureza del 95,8% esta moneda simbolizaba el nuevo empuje que experimentaban las acuñaciones europeas tras siglos de estancamiento. El peculiar diseño del anverso con círculos concéntricos en forma de diana probablemente derivaba de acuñaciones musulmanas medievales. El reverso, por su parte, contenía en el centro un castillo (un tanto esquematizado, a simple vista puede recordar a una corona) rodeado de doce flores de lis, dando así continuidad a tradiciones estilísticas europeas, dominadas por templos y fortalezas durante gran parte de la Edad Media.

Imagen del gros tournois francés, "inspirador" del gros de
Praga (y otras muchas monedas bajomedievales)
Fuente: Early World Coins, de R. Tye

El reino de Bohemia, dentro de la órbita del Sacro Imperio Romano-Germánico pero con casi total independencia en la práctica, no fue ajeno al clima de progreso económico bajomedieval. A finales del siglo XIII y principios del XIV la dinastía Premyslid controlaba un territorio equivalente hoy día al de la República Checa, Hungría y Polonia occidental, llegando a abarcar desde el Báltico hasta el Adriático, gracias a una serie de exitosas campañas militares y una tenaz resistencia a las acometidas de los mongoles. El poderío económico y comercial de este reino centroeuropeo era notable, en gran medida gracias a sus recursos naturales: precisamente, el descubrimiento en 1298 de grandes cantidades de plata en Kutna Horá, en pleno corazón de Bohemia, fue clave a la hora de explicar el origen y expansión del Prazsky gros.

Con el aprovisionamiento de plata asegurado (para Bohemia y de paso gran parte de Europa), y el conveniente asesoramiento de prestigiosos juristas y financieros italianos, el rey Wenceslas II llevó a cabo una reforma general de la acuñación de moneda a través de la elaboración de un código Ius Regale Montanorum, que establecía las condiciones para la extracción y procesamiento de la plata, lo cual de facto suponía un monopolio estatal sobre este metal. Se centralizó la producción de moneda en Kutna Horá y se ponía en marcha una nueva pieza de gran contenido y pureza de plata (3,97 grs. al 93,5 %) a imagen y semejanza del gros tournois francés. Se subdividía en 12 unidades llamadas parvus ("pequeño" en latín)

Anverso del Prazsky gros de Vladislav II (1471-1516)
Pesa 2,60 grs y mide 27 mm. 

Un rasgo característico de la numismática medieval europea es la propensión a la imitación y copia entre los numerosos reinos y estados que coexistían en el Viejo Continente. El gros de Praga (llamado así porque se empezó a acuñar en esta ciudad, aunque pronto la acuñación se trasladó a Kutna Horá) basa su diseño en gran medida en el gros tournois pero guarda evidentes similitudes con otras piezas contemporáneas. Su anverso luce los característicos círculos concéntricos antes mencionados aunque sustituyen la cruz central por una corona que recuerda en gran medida al castillo del reverso de la moneda francesa. La leyenda del círculo exterior reza DEI GRATIA REX BOEMIE (Rey de Bohemia por la Gracia de Dios) mientras que en el círculo interior podemos distinguir el nombre del monarca en cuestión: WLADISLAVS SECVNDVS (Vladislav II, 1471-1516). El reverso, por su parte, recurre a la heráldica bohemia con un león rampante propio de monedas medievales de los Países Bajos (entonces también en la órbita del Sacro Imperio) rodeado de la leyenda GROSSI PRAGENSES (Gros de Praga). Una imagen, por cierto, que también recuerda enormemente a la heráldica de nuestro reino de León. 
Reverso del Prazsky gros, con la imagen del león rampante

Lo cierto es que no ha sido fácil distinguir correctamente las leyendas ya que, como podéis comprobar en las imágenes, se trata de una acuñación bastante floja. De hecho, tiene un peso sensiblemente inferior al de los primeros gros de Praga, apenas 2,60 grs. El reinado de Vladislav II de la dinastía Jagellón, pese a su larga duración certificó un declive que venía produciéndose en Bohemia durante todo un siglo XV marcado por las luchas religiosas y las divisiones en el seno de la nobleza. Pese a que Vladislav consiguió heredar el trono húngaro y mantener una base territorial relativamente amplia, no pudo evitar que el poder real se debilitara frente a la nobleza, mientras en el exterior Bohemia se encontraba cada vez más atenazada entre dos potencias emergentes: la Austria de los Habsburgo en el oeste y el Imperio Otomano en el este. El Prazsky gros reflejó fielmente esta decadencia, pues a partir del siglo XV su emisión fue irregular y su pérdida de peso y calidad una constante. Aún así, se continuó acuñando nada menos que hasta 1547, siendo finalmente eclipsado por la nueva moneda de referencia en Centroeuropa: el thaler. Pero esto ya es otra historia...

Early World Coins & Early Weight Standards, by Robert Tye, published by Early World Coins, York 2009
Colás Latorre, Universidad de Zaragoza. Pluralidad de Formas Políticas en Europa en Historia Moderna Universal, de Alfredo Floristán (coord,) Editorial Ariel S.A. 2002 (Barcelona)
https://en.wikipedia.org/wiki/Kingdom_of_Bohemia#13th_century_(growth)
http://www.radio.cz/cz/rubrika/historie/705-let-prazskeho-grose
https://en.wikipedia.org/wiki/Prague_groschen

domingo, 1 de julio de 2018

EL DRACMA SASÁNIDA

Hace ya algún tiempo, en los comienzos de la andadura de este blog, tuve el placer de analizar la moneda de hoy como una simple curiosidad de la numismática de una época en que la Antigüedad y la Edad Media se funden, una pieza de plata contemporánea de las monedas del Bajo Imperio y bizantinas (ver entrada MONEDAS PERSAS). Hoy, como en otras ocasiones, llega el momento de profundizar más en el dracma sasánida porque a poco que exploremos nos daremos cuenta que es mucho más que una pieza de interés histórico o artístico. 

Anverso de dracma sasánida de Kavad I (488-531)
Mide 29 mm. y pesa 3,60 grs. 

Muchas cosas llaman la atención de estos dracmas: su gran diámetro y prácticamente inexistente grosor, el muy elaborado diseño de las coronas que cubren la cabeza de los reyes en el anverso, los símbolos astrales que adornan ambas caras de la moneda, el enigmático altar de fuego que domina el reverso...sin embargo, su relevancia en la numismática medieval pasa prácticamente desapercibida. Y no debería ser así, puesto que su influencia se dejó ver nada menos que en las acuñaciones árabes, europeas y del norte de la India.

La dinastía Sasánida desplazó a los indo-partos en Persia en 226 d.C., y una de sus primeras medidas consistió, como suele ocurrir, en afianzar su poder reformando el sistema monetario en vigor. Conservaron la moneda principal existente, el dracma de plata, aumentando ligeramente su peso hasta los 4.2 grs. Siguiendo el patrón romano, se introdujeron divisores del dracma (hemidracma o medio dracma, óbolo o un sexto de dracma y tetradracmas de vellón) se propiciaron las acuñaciones de cobre y se pusieron en circulación piezas de oro o dinares, aunque su relevancia en este sistema monetario fue más que discutible. 

Reverso del dracma de plata, con altar de fuego en el centro,
flanqueado por dos figuras humanas

Con el tiempo se fue dibujando un sistema bimetálico de plata-cobre dominado por los dracmas de plata que fueron adquiriendo sus conocidas características gran anchura y escaso grosor de los cospeles, un anverso dominado por el retrato de perfil del rey ataviado con imponentes coronas y un reverso alusivo a la religión zoroastriana, con un altar ardiente vigilado por dos figuras humanas a ambos lados, normalmente portando espadas. Las leyendas en pahlavi reflejan el nombre del rey en el anverso a la derecha y la ceca y el año de reinado en el reverso. Bajo el reinado de Peroz (457-84 d.C.) se redujo ligeramente el peso de los dracmas de plata seguramente para acomodarlo más a los pesos y medidas locales, mientras se mejoró el control del peso y se aumentó sustancialmente su emisión. El dracma de las imágenes corresponde al rey Kavad I (que reinó entre 488 y 531 con una breve interrupción de tres años) algo que he podido deducir tras analizar las leyendas del anverso y el diseño de su corona, clave en muchos casos para la correcta identificación de estas monedas.  

Se ha especulado mucho sobre la razón por la cual los persas sasánidas acuñaron piezas tan anchas y finas. Se dice que la anchura del cospel servía para dar cabida a los elaborados diseños de las coronas de los retratos, aunque también, atendiendo a razones meramente prácticas, se piensa que este tipo de monedas se podían apilar de forma sencilla, facilitando su contabilidad. Sea como fuere, no es probable que los persas fueran conscientes de la influencia que iba a tener su dracma de plata fuera de sus fronteras, cada vez más menguantes ante el empuje de los árabes a partir del siglo VII. 

La influencia del dracma sasánida puede notarse en las acuñaciones medievales árabes
 y cristianas. En el centro, dirhem hispano-musulmán. A la derecha, dinero castellano. 

Las primeras monedas árabes eran imitativas de aquellas pertenecientes a los pueblos conquistados, siguiendo los patrones bizantinos en algunos casos y los persas en otros. El dracma sasánida influyó claramente en la concepción del dirhem de plata, de dimensiones y grosor muy similares. Si tenemos en cuenta que la moneda de plata de los reinos cristianos medievales (el denier carolingio, el dinero castellano o el penique inglés) se basó en gran medida en el modelo musulmán, podemos afirmar que el dracma sasánida tuvo una influencia indirecta en la moneda europea durante casi todo el periodo medieval. 

Si en occidente triunfó el formato del dracma (acuñaciones de plata anchas y delgadas), fueron varios reinos del este los que continuaron el legado persa en lo relativo al diseño. Uno de los primeros pueblos en emitir imitaciones de los dracmas sasánidas fueron los llamados hunos heftalitas que, tras derrotar y capturar al rey Peroz y cobrar el correspondiente rescate, comenzaron a producir unas atractivas piezas de vellón muy similares a los dracmas recibidos, que circularon durante los siglos V y VI en diferentes zonas de Asia Central, Afganistán y noroeste de India. En la región de Bujará, situada en el moderno Uzbekistan y zona de paso de la Ruta de la Seda, se emitieron a finales del siglo VIII unas curiosas piezas de plata rebajada de carácter fiduciario imitativas del dracma sasánida, sin duda en un intento por parte de las autoridades de dotarles de prestigio.  
Altar de fuego en el reverso de una gadhaiya paisa, cuyo
diseño se reduce a una serie de líneas y puntos

Más al sur, en la zona que hoy ocupan los estados de Gujarat y Maharashtra en la India occidental, diferentes reinos emitieron monedas de plata y vellón siguiendo el modelo sasánida, si bien con el tiempo derivaron en formas cada vez más abstractas y estilizadas aunque reconocibles (y mostradas en este blog en alguna ocasión). Se trata de los gadhaiya paisa, monedas de plata de peso similar a los antiguos dracmas pero de forma globular (nada que ver con la forma aplastada de aquellos) y producidos en grandes cantidades entre aproximadamente los siglos IX y XIII, sin duda para cubrir las necesidades derivadas del comercio internacional del que pueblos como los gurjaras o los chalukyas vivían.  

De esta manera, el dracma de plata inspiró de una forma o de otra la acuñación medieval en la mayor parte del mundo conocido, siglos después del final de la dinastía Sasánida. Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que pocas veces una moneda ha podido dar más de sí...

Early World Coins & Early Weight Standards, by Robert Tye, published by Early World Coins, York 2009

http://www.iranicaonline.org/articles/sasanian-coinage

http://www.beastcoins.com/Sasanian/Sasanian.htm

sábado, 16 de junio de 2018

RESELLOS CHINOS

Ilustración de un lingote de plata utilizado en China
con contramarca (Early World Coins, R. Tye)
Como bien sabemos, los acontecimientos históricos del mundo chino tuvieron una evolución independiente de Occidente hasta bien entrada la época contemporánea. Pese a la expansión de las potencias europeas (especialmente Gran Bretaña, Holanda y Portugal) por el continente asiático, China consiguió mantener su soberanía en una relación comercial que claramente le favorecía, pues productos como seda, jade, porcelana o té eran muy valorados por los europeos. Los chinos, sin embargo, solo requerían un producto de Europa, pero de capital importancia: la plata.

Ya hemos comprobado que la historia monetaria de China difiere mucho de la occidental también. Por lo general, las moneda china se basaba en el valor intrínseco del cobre, aunque en muchas ocasiones tendría un alto componente fiduciario, en el que no importaba tanto su valor intrínseco como el valor facial que le conferían las autoridades. En este sentido, los chinos se adelantaron a los occidentales siglos, como demuestra su emisión de billetes en plena Edad Media. Es habitual comprobar cómo en épocas de apogeo de una dinastía en el poder se emitían grandes cantidades de moneda (en los miles de millones de piezas anuales en algunos momentos) con su peso correspondiente mientras que en los momentos de decadencia esta emisión descendía notablemente o se interrumpía, viéndose afectado además su valor intrínseco.

Reverso de real de a ocho de 1803 con resellos chinos y otras marcas de punzón

El problema de esta dependencia tan alta del cobre es que era difícil de sostener, pues creaba considerables complicaciones a la hora de realizar grandes transacciones. No siempre era posible ni deseable el transporte de ingentes cantidades de monedas de cobre, aunque éstas fueran agrupadas en manojos de mil unidades. Durante la Edad Media se buscaron diferentes fórmulas privadas para dar solución a estos problemas, principalmente el papel moneda y los lingotes de plata. El papel moneda, usado durante siglos, cayó en un total desprestigio durante la época Ming (1368-1644) tras sucesivas devaluaciones. Solo los lingotes de plata ofrecieron a banqueros y comerciantes un valor seguro para sus transacciones y refugio en épocas de inestabilidad. 

Por lo general los poderes públicos no intervinieron en su producción y circulación, limitándose a ser espectadores pasivos. A partir de la segunda mitad del siglo XV el uso de la plata fue tan generalizado que durante el siglo siguiente se llevaron a cabo reformas fiscales que consagraban el pago de impuestos en plata. El mayor problema para China consistía en producir las cantidades de plata suficientes para satisfacer su demanda interna, y ahí es donde entraba occidente. Más concretamente España, que gracias al descubrimiento de América pudo convertirse en proveedora mundial de este metal. 

Anverso de la moneda de 8 reales. El busto de Carlos IV presenta también unas cuantas marcas

Los lingotes de plata chinos, al ser producidos de forma privada, mostraban una gran variedad de tamaños, formas y calidad, aunque por lo general se ceñían a una ley de 935 milésimas. Al no estar respaldados por el estado, empleados de las corporaciones comerciales o de banqueros verificaban su peso y ley y contramarcando el lingote mediante la técnica del punzonado. A partir de finales del XVI, a través de la base comercial de Filipinas, serían las monedas de plata españolas producidas en las colonias americanas las que entraran de forma masiva en China para circular junto con los lingotes y las milenarias monedas cash. 
En el centro se aprecia el carácter
yuan (元), arriba a la derecha dà (大)
y debajo una perforación

Los resellos chinos  que podemos ver en las monedas de 8 reales españolas son, como nos podemos imaginar, de una variedad inmensa lo que les hace difícil de clasificar. Suele tratarse de caracteres con algún tipo de significado, pero es muy habitual encontrarse con simples perforaciones o surcos para controlar la calidad de la plata o símbolos decorativos, algo muy habitual en la numismática china: estrellas, soles, medias lunas o flores. Cuando se trata de caracteres, estos hacen referencia a nombres de localidades, nombres de empresas, apellidos de los comerciantes, estado de la plata, adjetivos honoríficos, representaciones distintas del concepto de dinero, o numerales. Es habitual encontrar en muchas monedas de plata el carácter yuan (元) que, además de significar "primero" o "bueno" es un apellido bastante común. Un carácter muy común también, aunque por razones diferentes, es zhèng (正) que significa "correcto", "justo" o "puro" y se utiliza para confirmar la idoneidad de las piezas. 

Se puede distinguir el
carácter shan  (山) arriba
a la derecha y el numeral 6
(六) debajo a la izquierda
En la moneda de las imágenes, consistente en un real de a ocho de Carlos IV de 1803 acuñada en Potosí (Bolivia) he podido identificar en el reverso, además del carácter yuan (元), el carácter dà (大) que significa "grande" así como algunas perforaciones y surcos. En el anverso puede apreciarse con bastante claridad los caracteres shan (山) que significa "montaña", el numeral correspondiente a 6 (六) y otros inacabados o que no logro leer, así como marcas parecidas a asteriscos y un círculo casi perfecto en la parte inferior del busto. 

Una buena prueba sin duda de la importancia que llegó a tener la moneda de plata española en el comercio mundial, especialmente en un lugar tan difícilmente accesible como China así como de su calidad, minuciosamente comprobada por los hombres de negocios chinos. Y para mí, personalmente, un acicate para hacerme con un real de a ocho, pues hasta la fecha no tenía ninguno. 

China y los resellos de monedas españolas por José Antonio de la Fuente 

La Moneda China de la Dinastía Ming, por José Ramón Vicente Echagüe

Early World Coins & Early Weight Standards, by Robert Tye, published by Early World Coins, York 2009

jueves, 31 de mayo de 2018

BILLETES DEL SISTEMA BANCARIO LIBRE

A poco que investiguemos acerca de la notafilia estadounidense del siglo XIX, enseguida nos percataremos de su gran variedad. Durante gran parte de ese siglo, si bien la nueva república tenía la responsabilidad de la emisión de moneda, no ocurría lo mismo con la de billetes, que quedaba en manos de los bancos estatales acreditados. Es ciertamente interesante analizar los orígenes del sistema bancario norteamericano porque en ellos pueden reflejarse las tensiones y dilemas propios de una nueva nación que comienza su andadura llena de incertidumbres.

Andrew Jackson, detractor de la idea de
un banco central, pero homenajeado
en los billetes de 20 $
De hecho, la propia idea de un banco central fue muy discutida durante las primeras décadas del siglo XIX. En 1791 el gobierno del presidente Washington aprobó la creación del Primer Banco de los Estados Unidos con el fin de cubrir las necesidades de financiación por la deuda contraída durante la Revolución así como estabilizar la moneda nacional y establecer funciones de control sobre el funcionamiento de los bancos estatales. La oposición que encontró fue considerable, debida sobre todo al recelo que causaba cualquier institución capaz de acaparar tanto poder, así como al hecho de que gran parte del capital del Primer Banco estaba en manos extranjeras. La licencia no fue renovada por le legislativo en 1811 pero en 1816, tras un periodo de inestabilidad financiera en el contexto de la Guerra de 1812 contra Gran Bretaña, se retomó la idea y el Congreso decidió dar luz verde a un  Segundo Banco de los Estados Unidos.

Este Segundo Banco reproduciría las funciones de su antecesor, pero no estaría libre de polémica. Además de los recelos que una institución de estas características causaba ya de por sí, los bancos del oeste y del sur, lejanos a los centros de toma de decisiones, no simpatizaban con la disciplina financiera impuesta desde el Segundo Banco, que les obligaba a respaldar todas sus emisiones de papel moneda con depósitos en metálico. Estos bancos encontraron un decisivo aliado en la figura del presidente Andrew Jackson (1829-37) que usó su poder de veto para no renovar el estatuto del Segundo banco en 1836, arruinando por segunda vez el proyecto de un banco central para los Estados Unidos.

Es en este contexto en el que se impulsó la idea de un "sistema bancario libre", en el que las actividades bancarias estuvieran sometidas en lo posible a las normas de la oferta y la demanda como las de cualquier otra empresa. El estado de Nueva York aprobó en 1838 el Acta de Banca Libre (Free Banking Act) que permitía la apertura de nuevos bancos que compitieran con los bancos estatales acreditados (es decir, aquellos que tenían un estatuto otorgado por las autoridades del estado, muchas veces gracias a afinidades políticas). La condición para la apertura consistía en que los billetes que los nuevos bancos emitieran debía ser respaldados por bonos del estado y títulos hipotecarios, así como en oro y plata en un 12,5 %. Esta iniciativa, que fue progresivamente adoptada por otros 18 estados, permitió la creación de numerosas entidades bancarias que competían entre sí. No obstante, hablar de "libertad bancaria" puede ser un poco exagerado toda vez que estos nuevos bancos estaban sujetos en mayor o menor medida a las regulaciones de los estados, que podían diferir sustancialmente.

Billete de 3 $ del Bank of Windsor de Vermont de mediados del s. XIX

El escenario que resultó en los 25 años siguientes hasta la Guerra de Secesión puede parecer un tanto caótico. La variedad que billetes de banco en circulación, muchos de ellos cruzando las fronteras de sus estados de origen, dio lugar a un verdadero mercado de intercambio de billetes en el que no todos valían lo mismo: aquellos bancos emisores que atravesaran situaciones financieras difíciles, o mostraran dificultades para canjear sus billetes, perdían parte de su valor. La distancia física con el banco emisor también afectaba al valor de sus billetes, ya que su canje por dinero metálico se hacía más complicado. De esta forma floreció el negocio de unos intermediarios conocidos como note brokers que recopilaban información sobre los bancos privados y sus billetes en boletines periódicos para el público en general y se ofrecían a adquirir papel moneda "devaluado" (normalmente, aquellos billetes que los particulares y empresas se querían quitar de encima) para a su vez canjearlo en los bancos emisores por el dinero metálico que éstos estaban obligados a devolver, obteniendo así beneficios.

Hoy tengo el placer de compartir aquí uno de estos billetes de la era de sistema bancario libre. Se trata de 3 dólares del Bank of Windsor del estado de Vermont, cuya fecha seguramente corresponde a los años 50 del siglo XIX. Digo "seguramente" porque todas las anotaciones (número de serie y fecha básicamente) están muy difuminadas, viéndose claramente solo las firmas de presidente y cajero, ambas de apellido "Emerson". El reverso está en blanco, pero conserva anotaciones que tampoco puedo descifrar, aunque no descarto intentarlo de nuevo más adelante si el tiempo y las obligaciones me lo permiten.

Anotaciones en el reverso del billete
La inseguridad siempre estuvo presente en este peculiar sistema bancario, ya que era habitual que circularan billetes de bancos que habían quebrado, algunos bancos emitían más billetes de los que podían canjear aprovechándose de la falta de controles (lo cual provocaba continuos temores inflacionarios) y la especulación con los valores del papel moneda dificultaba el comercio entre diferentes regiones. Así y todo, las regulaciones por parte de los diferentes estados contuvieron con mayor o menor acierto estos peligros y el control sobre los bancos se hizo más efectivo gracias a los avances tecnológicos, muy notablemente el ferrocarril y el telégrafo. 

La Guerra de Secesión e 1861-65 puso fin a muchas cosas, entre ellas al sistema bancario libre. En 1863 el Congreso aprobó la National Bank Act, que sentaba las bases de una política bancaria común mediante la creación de bancos nacionales que compitieran con los de los estados. Además, se aprobó legislación adicional que imponía tasas a los bancos estatales sobre la emisión de billetes, lo cual contribuyó en poco tiempo a homogeneizar el papel moneda en Estados Unidos. Solo quedaba retomar la idea de un banco central, para lo cual aún pasarían unas décadas hasta la puesta en marcha de la Reserva Federal en 1913.   

Encyclopedia of Money, by Larry Allen, ABC-Clio Inc. Santa Barbara, California 1999

Gorton, G. Pricing Free Bank Notes, Journal of Monetary Economics 44 (1999) 33-64


martes, 15 de mayo de 2018

MONEDAS INCUSAS


Dada su rareza e inequívoca peculiaridad, las monedas defectuosas han sido siempre objeto de deseo dentro del coleccionismo numismático. Es tan extraño encontrarse con una pieza con imperfecciones evidentes (descentradas, con golpes en el canto o sin agujero central cuando lo debe tener, por poner unos pocos ejemplos) que cuando nos encontramos con una no podemos evitar tener la sensación de poseer algo único y fuera de lo común. Durante la Antigüedad y la Edad Media, épocas de monopolio de la acuñación en la emisión monetaria de occidente, los defectos podían ser más habituales sobre todo si tenemos en cuenta la mayor implicación del factor humano en todo el proceso. Uno de estos defectos, el anverso o reverso incuso, ha atraído desde hace tiempo mi curiosidad, razón por la cual hoy le voy a dedicar esta entrada.

Para comprender por qué antiguamente se podían producir piezas incusas es necesario en primer lugar repasar el proceso de acuñación de moneda y tener en cuenta todos los elementos que intervenían en él. Con el fin de simplificar un poco me voy a detener únicamente en la acuñación en sí misma obviando los elementos necesarios que la precedían como la extracción de metales, la fabricación de cospeles o el diseño de los cuños. 

Esquema recogido en "La Fabricación de
Moneda en la Antigüedad" de Ripollés
y Gozalbes (2003)
  • Cospeles: tal y como lo definen Ripollés y Gozalbes en el artículo que muestro como referencia, se trataba de los discos o fragmentos metálicos de peso y ley determinados preparados para la acuñación (en otras palabras, la moneda virgen sin reverso o anverso). 
  • Cuños: existían dos, uno fijo (por lo general para el anverso de la moneda) y otro móvil (por lo general para el reverso). Estaban insertados en estructuras metálicas, el fijo en un yunque apuntando hacia arriba y el móvil en una especie de cono o cilindro apuntando hacia abajo. Los extremos contenían los diseños en forma de grabados que quedarían posteriormente impresos en los cospeles. 
  • El factor humano. En este proceso intervenían varios operarios. Uno colocaba el cospel caliente con tenazas sobre el cuño fijo, mientras que otro martilleaba el cuño móvil sobre el cospel imprimiendo de esta forma ambos lados del mismo. Un tercer operario retiraba la moneda una vez terminada.


Teniendo en cuenta que se trataba de un proceso repetitivo, rápido y muchas veces bajo presión, pequeños errores como caras descentradas en las que falta parte de la leyenda (o incluso de la imagen) o dobles acuñaciones eran muy comunes. Las piezas incusas se producían como consecuencia de descuidos mayores, como ahora voy a detallar. Al estar los cospeles calientes, podían quedarse adheridos a uno de los cuños. Si los operarios no se daban cuenta, podían acuñar la siguiente moneda con la anterior pegada al cuño, de tal forma que el grabado se convertía involuntariamente en relieve.

Lo más habitual era que las monedas recién acuñadas se quedaran pegadas al cuño móvil, puesto que una moneda adherida al cuño fijo era más fácil de advertir por parte de los operarios. Si esto era así, se acuñaba el siguiente cospel con dos anversos, el del cuño fijo (como correspondía) y el del cuño móvil (por error) que quedaba hundido (incuso) en el reverso. De hecho, la pieza que muestro en las imágenes, un as de Tiberio (14-37 d.C.) está incusa de esta manera. 




Es posible encontrar monedas con dos reversos (el correcto y el incuso) cuando una moneda no se retirara por error del cuño fijo antes de acuñar la siguiente, aunque es menos frecuente. Lo más extraño y difícil de explicar son esos casos en los que una pieza presenta anverso y reverso  con uno de los dos lados incuso. La explicación más sencilla, recogida en la página https://www.tesorillo.com es que la pieza ya acuñada fuera volteada tras levantar el cuño móvil y, sin retirarla, se colocara un nuevo cospel encima para ser golpeado de nuevo. 

Lo que es indudable es que defectos como estos, lejos de ser un problema para los coleccionistas, hacen que estas piezas resulten mucho más interesantes y atractivas. Además, sirven para hacerse una mejor idea acerca de la técnica de acuñación, presente en la producción de moneda durante miles de años. Si estáis interesados, no dudéis en leer los siguientes artículos: 

Gozalbes, M. y Ripollés, P.P. "La Fabricación de Moneda en la Antigüedad", XI Congreso Nacional de Numismática Zaragoza 2003

"Errores y Defectos durante la Acuñación"

lunes, 30 de abril de 2018

MONEDAS INDIAS DE LA EDAD MEDIA (IX)

Ya hemos podido comprobar en varios artículos (unos cuantos, de hecho) lo complicada que puede ser la numismática del subcontinente indio, pero este hecho es precisamente lo que hace de ésta un objeto fascinante de estudio. Analizar cualquier moneda india de la Antigüedad o la Edad Media constituye un reto en sí mismo, y la de hoy no es una excepción. Su diseño, caracterizado por ese grado de esquematismo y abstracción propio de las monedas del sur de la India, es tan misterioso como el reino responsable de su emisión: los Chera de Kerala. 
Zona de influencia del reino Chera en los
ss. X-XI (fuente: wikipedia)

Pese a que por lo general el peso político, económico y cultural del subcontinente ha basculado alrededor de la llanura gangética y el valle del Indo en el norte, es innegable que el sur siempre logró mantener su propia idiosincrasia. Durante el primer milenio de nuestra era la cultura y religión del norte se fueron abriendo paso hacia la India meridional; así, los diferentes pueblos del sur fueron adoptando la religión hinduista y la  forma de organización social conocida como sistema de castas. El sánscrito también ganó en influencia, aunque el sur siempre mantuvo sus lenguas propias dravídicas como el telugu, el canarés y el tamil. Al mismo tiempo, los sistemas de organización político-administrativa propios de esta zona se caracterizaban por su alto grado de descentralización. Aunque se trataba de monarquías absolutas, se hacía necesaria una división del territorio en provincias, distritos y regiones que hicieran efectivas las políticas impositivas. En muchos casos los gobernadores de estas provincias consiguieron acaparar un considerable grado de poder, llegando a constituirse como señores feudales e incluso a rivalizar con el poder central. Es interesante comprobar que las unidades administrativas menores, los pueblos, contaban con una suerte de asambleas o concejos que no eran nombrados desde la capital, sino que se elegían localmente, y asumían responsabilidades en cuanto a obras públicas, justicia y templos.  

Las relaciones entre los reinos del sur de India, eso sí, fueron bastante tormentosas por la búsqueda de la hegemonía regional. En este sentido, las luchas entre reinos como Pandya, Pallava, Chola y Chalukya fueron constantes durante el primer periodo medieval. Aún así, conocieron una considerable prosperidad económica gracias al comercio exterior. Ya en los primeros años de nuestra era, infinidad de productos de diferente naturaleza (animales exóticos, objetos artísticos, especias) salían de los puertos de las costas del Mar Arábigo hacia el mayor cliente que se podía tener en occidente: el Imperio Romano. Al mismo tiempo, los comerciantes indios ponían su atención en el sudeste asiático, puerta hacia otro mercado tan inmenso como de difícil acceso: China. 


Anverso del kasu del reino Chera, con arco (izda.) y palmera (dcha.)

Los Chera no constituyeron un reino especialmente hegemónico como sí pudieron hacerlo los Chola o los Chalukya pero sí consiguieron consolidarse en la zona geográfica que hoy día ocupa el estado de Kerala y el oeste de Tamil Nadu. Chera aparece en la Historia en el ecuador del primer milenio antes de Cristo, momento en que se empiezan a tener datos históricos fiables del subcontinente, pero a partir del siglo II d.C. deja de ser un reino relevante, quedando a merced de sus belicosos vecinos. A comienzos del siglo IX vuelve a recuperar una cierta preponderancia en la zona de la mano de su líder Kulasekhara, que dio origen a una nueva línea dinástica que duró 300 años. 

Este segundo reino Chera estableció su capital en la ciudad de Mahodayapuram (hoy Kodungallur) e instituyó una organización administrativa muy descentralizada típica de los reinos del sur, con provincias y distritos liderados por jefes locales que actuaban como pequeños soberanos. Seguramente esta escasa cohesión, junto con la introducción del sistema de castas, aumentaron la vulnerabilidad de este reino frente a sus pujantes vecinos: los Chola y los Pandya. 

Reverso del kasu de cobre: altar con dos espadas cruzadas
flanqueado por lámparas


Aún así, los siglos IX-XII se consideran una época dorada en Kerala en cuanto a la constitución de una identidad cultural propia diferenciada de la cultura tamil dominante. Además, el comercio exterior mantuvo su dinamismo, proporcionando abundantes ingresos al reino Chera. No cabe duda de que los Chera fueron muy pródigos en la producción de moneda de oro, plata y cobre, aunque las referencias que he encontrado al respecto, al igual que con su Historia, resultan un poco difusas. La moneda que tengo el placer de compartir hoy es un kasu de cobre, de tamaño similar a un céntimo de euro (14 mm.) pero de considerable peso (4,65 grs.) dado su grosor. Reproduce en su anverso símbolos típicos de los Chera que pueden encontrarse en muchas variantes de sus monedas de cobre: un arco a la izquierda y una palmera a la derecha. El reverso muestra un objeto cuadrado que parece ser un altar con dos espadas cruzadas flanqueado por lámparas a los lados y esferas encima. 

A principios del siglo XII los reinos vecinos Pandya y Chola acabaron con la dinastía Kulasekhara, aunque los restos del reino Chera pudieron mantenerse en otros estados sucesores, cada vez de menor importancia. No obstante, es innegable que la herencia cultural Chera no pudo ser borrada, siendo sus monedas una buena prueba de ello. 


Embree, A.T. y WIlhelm, F. India: Historia del subcontinente desde las culturas del Indo hasta el comienzo del dominio inglés, Historia Universal Siglo XXI vol. 17 Madrid 1981
https://en.wikipedia.org/wiki/Chera_dynasty
http://tamilartsacademy.com/books/coins/chapter01.xml



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