lunes, 15 de julio de 2019

LAS EXCÉNTRICAS DENOMINACIONES DE BIRMANIA

Retrato oficial de Ne Win
(fuente: Wikipedia)
Como hemos visto en muchas ocasiones, el dinero puede servir para reflejar innumerables particularidades del país que lo emite: patrimonio artístico y cultural, personajes históricos, acontecimientos clave de su pasado, sus instituciones...Puede incluso servir para honrar tanto sus contribuciones científicas como para destacar la belleza de sus paisajes. Sea cual sea el diseño escogido, las monedas y billetes suelen encontrar elementos que de alguna forma cohesionan a la nación, puesto que la mayoría de sus habitantes pueden sentirse identificados con ellos.

En el caso de los regímenes autoritarios o totalitarios, como el caso que expondré hoy, no ocurre necesariamente así, dado que los diseños pueden decidirse de acuerdo a los designios del dictador de turno. Nuestro protagonista de hoy no es otro que Ne Win, paradigma del déspota excéntrico, caprichoso e incompetente, pero no por ello menos cruel. ¿Os podéis imaginar al BCE desmonetizando los actuales billetes en circulación para sustituirlos repentinamente por billetes de 15, 35 o 75 €? Para los que vivieron en la Birmania de la década de 1980 esto fue una triste realidad entre tantas.

Birmania, en la actualidad Myanmar, no tuvo un proceso de independencia sencillo tras la Segunda Guerra Mundial. A las muy dispares tendencias políticas existentes, unidas solo por su deseo común de un país independiente del yugo británico o japonés, hay que sumar su variopinta mezcla étnica y religiosa, elementos que a la larga podían convertir al país en un polvorín. Uno de sus líderes más emblemáticos, Aung San (padre de la futura activista por la democracia y los derechos humanos Aung San Suu Kyi) fue asesinado en 1947 tras negociar el tratado de independencia con Gran Bretaña, que se hizo efectiva el 4 de Enero de 1948. U Nu, líder que junto con Aung San fundó el AFPFL (Antifascist People's Freedom League), la organización política más relevante en el proceso de independencia de Birmania, se hizo cargo del país como primer ministro. 


Billete de 15 kyats de 1986 con el retrato del General Aung San

Desde el comienzo U Nu encontró serios problemas para estabilizar el país, teniendo que hacer frente a todo tipo de enfrentamientos y revueltas. En este contexto, nuestro protagonista de hoy consiguió en poco tiempo hacerse con el control del ejército y por lo tanto convertirse en el hombre fuerte del país. Ne Win, apodo que tomó durante sus años de lucha anticolonial y que viene a significar "brillante como el sol", se convirtió en comandante en jefe de las fuerzas armadas en 1949 y una crisis en el partido gobernante le brindó la posibilidad de acceder al cargo de primer ministro de forma provisional en 1958. En 1960 convocó unas elecciones en las que U Nu resultó claro vencedor, lo que le permitió volver a gobernar el país, aunque por poco tiempo: dos años después Ne Win tomaría el poder por la fuerza y esta vez de forma permanente.  

Si bien Ne Win pudo disfrutar de cierto prestigio durante su primer breve periodo como primer ministro al garantizar una cierta estabilidad y el funcionamiento de los servicios públicos, su etapa como dictador fue realmente nefasta. Su "via birmana hacia el socialismo" consistió en una caótica política de nacionalizaciones de los sectores económicos más relevantes (comercio, industria, banca y minería), y en la apuesta por la autarquía en la práctica, adornado de una retórica xenófoba y el recelo hacia cualquier inversión exterior. En unos pocos años la economía brimana, una de las más prometedoras tras la II Guerra Mundial, fue literalmente destrozada, con la población civil como la principal afectada. Pese a todo, pocas medidas pudieron afectarle de forma tan directa como la monetaria, como describiremos a continuación. 

Billete de 75 kyats de 1985, de nuevo con el General Aung San

El carácter despótico y excéntrico de Ne Win tenía un componente místico y esotérico que condicionaba sus decisiones, siendo habitual que siguiera los consejos de adivinos y numerólogos. En 1985, con el fin de conmemorar su 75 cumpleaños, ordenó emitir nuevos billetes de 75 kyats, seguidos de unas aún más excéntricas denominaciones de 15 y 35 kyats. Los antiguos billetes de 50 y 100 kyats serían desmonetizados otorgando a la sufrida población birmana un periodo de gracia en el que los pudieran cambiar. 

Satisfecho sin duda por llevar a cabo una excentricidad de este calibre, en 1987 decidió, de nuevo gracias a la sugerencia de sus numerólogos, honrar el número 9 como símbolo de buena suerte. Ni corto ni perezoso, retiró de la circulación de forma repentina los billetes recién estrenados y los sustituyó por las nuevas denominaciones de 90 y 45, ambos divisibles entre 9 y cuya suma de cifras por separado resulta en 9. De la noche a la mañana, el 75 % del dinero en circulación del país quedaba sin valor, con la consiguiente ruina para los particulares, a los que no se les posibilitó cambiar sus antiguos billetes por los nuevos. 

El billete de 90 kyats de 1987, esta vez con el retrato del lider anticolonialista Saya San 

Medidas tan arbitrarias e impopulares como éstas no hicieron sino aumentar el descontento entre una población harta de penalidades. 1988 fue un año clave en Birmania, ya que vio la caida de definitiva de Ne Win tras la multiplicación de protestas por todo el país y la toma del poder del General Saw Maung tras un nuevo golpe militar.  Ne Win mantuvo durante los últimos años de su vida un perfil bajo, aunque no pudo evitar pasar unos cuantos bajo arresto domiciliario tras recibir acusaciones de conspirar contra la junta militar que seguía controlando el país. Un país que fue progresivamente cambiando en muchos sentidos, incluyendo su nombre, que pasó a ser Myanmar a partir de 1989. 

A pesar de su escaso prestigio, estos billetes tienen al menos el honor de ser los últimos emitidos bajo el nombre de Birmania. Ne Win, por su parte, falleció recluido en su residencia en 2002, a los 91 años, seguramente satisfecho (y afortunado) de haber llegado a su novena década de vida, algo con lo que millones de birmanos solo podían soñar tras padecer sus incontables atrocidades. 

Asia Contemporánea, Historia Universal Siglo XXI vol. 33 compilado por Lucien Bianco, s. XXI de España editores  1984
https://www.telegraph.co.uk/news/obituaries/1415295/General-Ne-Win.html
https://blogdebanderas.com/2014/09/07/8-curiosidades-en-los-billetes-alrededor-del-mundo/
https://en.wikipedia.org/wiki/Ne_Win
https://en.wikipedia.org/wiki/Burmese_kyat




domingo, 23 de junio de 2019

FICHAS DE PROSTÍBULO

En las escasas ocasiones en que hemos podido compartir artículos pertenecientes al mundo de la exonumia (es decir, el estudio y coleccionismo de fichas y tokens) hemos comprobado que podían ser producidos y utilizados en distintas circunstancias y situaciones, normalmente bajo la iniciativa privada. Hasta la fecha, han pasado por aquí fichas sustitutivas del dinero, fichas para la adquisición de bienes de primera necesidad o para el acceso a determinados servicios, como el teléfono. La ficha de hoy, como habréis deducido de tan revelador título, tiene relación con el acceso a servicios por lo general fuera de la ley o en muchos casos en un limbo legal, pero socialmente muy tolerados: la prostitución. 

Ya vimos en su día, a propósito de las célebres fichas de finca que proliferaron por Centroamérica a principios del siglo XX, que en muchos casos podían servir de elemento de control por parte de los terratenientes. Si además de ser propietario de una plantación te conviertes en el emisor del circulante que tus trabajadores utilizan, la relación de dependencia económica que se genera es casi absoluta. No es extraño pues que las fichas también hayan podido ser empleadas en el caso de la prostitución, negocio basado en la explotación de seres humanos por parte tanto de traficantes como de clientes. 



Supuestamente, estas fichas garantizaban el pago por adelantado de los servicios sexuales ofrecidos en el prostíbulo. Asimismo, impedía que las prostitutas pudieran controlar ningún dinero, que siempre quedaba en manos de la "madame" o el proxeneta de turno que distribuirían después los beneficios de la forma que consideraran conveniente. También de alguna manera se conseguía controlar a los clientes, ya que si solo podían pagar con fichas no podrían acceder a más servicios que los acordados previamente. 

De nuevo, parece ser que estas fichas de cobre o latón proliferaron en muchos países del hemisferio occidental a finales del siglo XIX y principios del XX, muy particularmente en el oeste de los Estados Unidos. De todas maneras, a poco que nos informemos al respecto por internet el escenario que se nos presenta es bastante confuso ya que en muchos casos se trata de réplicas o souvenirs y en otros de simples reclamos publicitarios. No obstante, sí es posible encontrar fichas de prostíbulo reales si acudimos a numismáticos acreditados. Es el caso de la que presento hoy, originaria de la ciudad de Valencia, que además contiene una curiosa anécdota. 



Se trata de una ficha de latón de 25 mm. de diámetro y 2 grs. de peso de un valor facial de 10 pesetas, en cuyo anverso figura el nombre y la dirección del establecimiento: Chalet Árabe - En Bany 12. Su reverso presenta únicamente una M mayúscula en el centro. Con bastante probabilidad data de los años 30 del siglo pasado. En su blog Los Dioses Emboscados, el periodista Romualdo Maestre aporta un poco de información acerca del Chalet Árabe, reputada casa de citas valenciana durante los convulsos años 30. Parece ser que su responsable, de nombre Paquita, aparece mencionada en un auto de instrucción del juzgado de Barcelona de 1939 contra otra propietaria de un negocio similar, Montserrat V.P. (a) La Raquel cuya estrecha relación con destacados miembros de la FAI de Barcelona (entre ellos el mismísimo Buenaventura Durruti) le traería serios problemas tras la conclusión de la Guerra Civil. Supuestamente, Paquita habría colaborado con Montserrat en la apropiación ilícita de bienes y enseres que los anarquistas habían sustraido de familias pertenecientes a la aristocracia barcelonesa. Para más información, recomiendo leer el enlace del artículo de Maestre, pues el lenguaje y la descripción de los hechos del auto no tiene desperdicio: http://romualdo-maestre.blogspot.com/2013/01/historia-del-chalet-arabe-una-casa-de.html

Anécdotas al margen, no he podido evitar al componer este artículo recordar las spintriae, fichas romanas célebres por sus muy explícitas escenas eróticas, que hoy en día  pueden alcanzar precios astronómicos en las casas de subastas. Pese a que su verdadero uso sigue siendo hoy en día objeto de debate entre historiadores, la hipótesis más extendida las considera forma de pago en los prostíbulos o lupanares de la Antigüedad. Teniendo en cuenta que una ficha como la del Chalet Árabe no se encuentra tan lejana en el tiempo, y la enorme cantidad de dinero y recursos que hoy día sigue moviendo el negocio de la explotación sexual, se hace inevitable pensar en lo poco que el ser humano ha evolucionado en muchos aspectos.   

https://www.barriopichincha.com.ar/fichas-de-prostibulos/
https://pastandpresent.com/2019/01/08/the-truth-of-brothel-tokens/
http://blognumismatico.com/2013/12/23/las-spintrias/

martes, 4 de junio de 2019

MONEDAS INDIAS DE LA ANTIGÜEDAD (III)

Extensión máxima del Imperio Satavahana
(fuente: wikipedia)
Después de algún tiempo  concentrado en la preparación de mis exámenes de chino, me alegra por fin volver con la numismática, y no de cualquier forma. Hoy nos volvemos a centrar, después de varios años sin abordar el tema, en las misteriosas monedas indias de la Antigüedad, a propósito de uno de sus imperios más representativos: los Satavahanas. La importancia de las monedas de hoy, más allá de su incuestionable atractivo y de sus misteriosos diseños, se encuentra en que forma parte de un amplio conjunto numismático que dejó como ningún otro pueblo contemporáneo del subcontinente indio abundante información acerca de la política, la economía y la cultura del centro y sur de la India.


Aunque sus orígenes, como suele ocurrir con todo lo relativo a la India de la Antigüedad, son inciertos y las fuentes disponibles tienden a mezclar lo real con o legendario, parece claro que los Satavahanas, también conocidos como Andhras, fueron un grupo que floreció en la llanura del Deccan justo tras la descomposición del Imperio Maurya durante el siglo II a.C. Su dominio se extendió por los actuales estados de Maharashtra, Andhra Pradesh y Telangana, llegando en algunos momentos a incluir partes de Gujarat, Madhia Pradesh y Karnataka. Lograron establecer un sistema administrativo sólido y jerarquizado, dividiendo el territorio en provincias, distritos y aldeas al mando de señores feudales que se encargaban de la administración de asuntos locales y la recaudación de impuestos. En lo más alto del sistema estaba el rey, comandante en jefe de los ejércitos y asistido por un consejo de ministros.  

La jerarquización se extendía a la organización social del Imperio Satavahana. Como buena sociedad hinduista, las castas dominaban las relaciones sociales, existiendo una serie de grupos diferenciados por estatus y actividad económica. Curiosamente, en esta sociedad existían unas claras tendencias matriarcales, ya que las mujeres participaban en las ceremonias religiosas, recibían educación y era habitual que los gobernantes añadieran el nombre de su madre al suyo propio. 

En cualquier caso, fue en el terreno económico en el que los Satavahanas destacaron, ya que fueron sin duda un reino próspero. Durante esta época diferentes sectores florecieron, tanto en la agricultura con el cultivo del arroz y el algodón, como en la industria con la producción de cerámica y metal. Su posición privilegiada entre el Mar Arábigo y el Golfo de Bengala le permitió ser un actor clave en el comercio con occidente, especialmente con el Imperio Romano, sin perder de vista las posibilidades que ofrecían los intercambios con el lejano oriente. 

Anverso de moneda de cobre Satavahana, con la imagen
de un elefante. Parte de la leyenda puede verse arriba a
la izquierda. Mide 17 mm. y pesa 2,70 grs. 


En un contexto como este de avanzado desarrollo económico y comercial es normal que se normalizara el uso de la moneda, más aún teniendo en cuenta las estrechas relaciones con potencias extranjeras que también la utilizaban. El caso del Imperio Satavahana es especialmente significativo ya que su enorme riqueza numismática aporta una gran cantidad de información acerca de la historia, la cultura y el arte del centro y sur de la India de la Antigüedad.  De esta forma, los Satavahana produjeron moneda de plata, cobre, plomo y potin, una aleación de bronce con alto contenido en estaño. Imitaron a los reinos contemporáneos del norte de India (y por extensión a los europeos) en cuanto a la representación del perfil de los soberanos en los reversos rodeado de una leyenda.  En estas leyendas abundan los nombres Satakarni y Pulumavi, habitualmente adoptados por los reyes Satavahana. La escritura utilizada es la brahmi y el idioma casi siempre es el pracrito, aunque existen casos en los que se utiliza también el tamil o el telugu. 

Gracias a los retratos de los reyes podemos conocer algunos rasgos físicos de los Satavahana, como un pelo rizado, orejas largas y labios gruesos. No obstante, donde más variedad podemos encontrar es en los símbolos y motivos que aparecen tanto en anversos como en reversos, que varían dependiendo de la zona del imperio en que las piezas eran producidas. Podía tratarse de símbolos religiosos como el chakra o la esvástika, figuras humanas, animales como toros, leones o elefantes, cuerpos celestiales (p.e. lunas y soles), montañas, plantas... Toda esta heterogeneidad apunta a que la emisión de moneda no estaba demasiado centralizada en el Imperio Satavahana, quedando en muchos casos en manos de nobles y gobernantes locales. 

Reverso de la moneda, dominado por el llamado
"símbolo de Ujjain"

La moneda de cobre que tengo el placer de compartir hoy es representativa de este periodo (concretamente del siglo I d.C.), con un anverso ocupado en su totalidad por un elefante, animal relacionado con el dios Indra y omnipresente en la numismática del sur de la India a través del tiempo, rodeado de una leyenda de la que apenas se ve una pequeña parte, que con toda seguridad hace referencia al nombre del soberano (Satakarni o Pulumavi). El reverso, por su parte, está dominado por el conocido como "símbolo de Ujjain", denominado así por los hallazgos de grandes cantidades de monedas con este diseño cerca de esta ciudad de Madhia Pradesh. Consiste en cuatro círculos con un punto en el medio conectados por una  cruz central, cuyo significado sigue siendo por desgracia un total misterio. No obstante, existen diferentes interpretaciones, siendo la más fundada la que hace referencia a los cuatro puntos cardinales conectados por un centro (el Imperio Satavahana, se entiende) cultural, económico y político. 


Un imperio que, pese a descomponerse durante el siglo III puede presumir de ser uno de los más estables y duraderos de la Antigüedad en el subcontinente indio. Su magnífico legado numismático da buena fe de ello. 

https://en.wikipedia.org/wiki/Satavahana_dynasty
http://www.historydiscussion.net/empires/satavahana-dynasty-rulers-administration-society-and-economic-conditions/736
https://www.mintageworld.com/blog/satavahana-coins-symbols-motifs/
http://coinindia.com/galleries-ujjain4.html


miércoles, 1 de mayo de 2019

BILLETES CON (UNA) HISTORIA IV

Hace ya algún tiempo, cuando escribí acerca de la experiencia del cruzado brasileño de la década de 1980, me percaté de que pese a tratarse de billetes de poco valor muchos de ellos contenían homenajes a diferentes personalidades contemporáneas de la cultura, las artes y las ciencias de Brasil. Gracias a esto, los coleccionistas actuales podemos disfrutar de un papel moneda tremendamente atractivo no solo por su diseño sino también por las variadas e interesantes historias que contiene. Me complace hoy compartir una de estas historias, que no es otra que la incluida en el billete de 100 cruzados novos de 1989 relativa a la gran poeta, profesora y periodista Cecilia Meireles.



Cecilia Meireles es una figura polifacética donde las haya, lo cual no es extraño cuando se hace un repaso de su biografía. Natural de Rio de Janeiro, nació en 1901 quedándose huérfana a una muy temprana edad. Esto sin duda influyó enormemente en su personalidad, pues desde muy pequeña buscó refugio e introspección en los libros, el estudio y las artes. De hecho, tras graduarse como profesora a los 16 años estudió música, teoría educativa, literatura e idiomas. Publicó su primer libro de poemas Espectros en 1919 y posteriormente comenzó a colaborar en prensa escribiendo acerca de los problemas de la educación. Su preocupación por los temas educativos le llevó a fundar la primera biblioteca infantil de Rio de Janeiro en 1934 y a dedicar parte de su talento a la literatura infantil, como muestran obras como O Cavalinho Branco, Sonhos da Menina o Colar de Carolina.

Poco después en 1935 Cecilia sufrió un duro golpe tras el suicidio de su marido el pintor portugués Fernando Correia Dias, aunque en 1939 consiguió el reconocimiento literario con la publicación de su obra más importante, Viaje, que entronca con el espíritu poético de la escuela modernista brasileña. En cualquier caso, no resulta sencillo situar a Cecilia Meireles en una corriente literaria determinada, pues como podemos ver cultivó muy diversos géneros: además de la poesía y la prosa poética, dedicó su talento al periodismo, el ensayo y los cuentos infantiles. Su ingente obra poética, tanto por su estilo reflexivo y profundamente espiritual, como por los temas que aborda (la fugacidad de la vida, el contraste entre lo efímero y lo eterno, la importancia de lo sensorial, la naturaleza) puede ser considerada atemporal y universal, más aún cuando tenemos en cuenta la influencia que las culturas orientales (en particular la poesía de Rabindranath Tagore) tuvieron sobre ella.


En 1940 se casó con el profesor e ingeniero agrónomo Heitor Grilo y durante la siguiente década se convirtió en altavoz de la literatura y cultura brasileña por el mundo, impartiendo clases y dando conferencias en prestigiosas universidades extranjeras. Falleció en su ciudad natal al poco de cumplir 63 años en la cima de su prestigio, velada con todos los honores en el Ministerio de Educación y Cultura. 25 años después, sería homenajeada por el Banco Central como veremos a continuación. 

Este billete de 100 cruzados novos, resellado posteriormente a 100 cruzeiros en plena espiral inflacioaria (v. entrada anterior El cruzado brasileño) muestra en su anverso el retrato de Cecilia Meireles junto con sus propias ilustraciones y un verso de su obra Cánticos. A pesar de estar parcialmente cubierto por el resello, he podido encontrar el contenido de este verso: 
Detalle del anverso con el verso
de Cánticos

Sê o que o ouvido nunca esquece.
Repete-te para sempre.
Em todos os coraçoes.
Em todos os mundos

(Es lo que el oido nunca olvida.
Repetirte para siempre.
En todos los corazones.
En todos los mundos)

El reverso, por su parte, muestra más ilustraciones de la propia Cecilia Meireles, concretamente las contenidas en su ensayo Batuque, Samba e Macumba, obra de la década de 1930 dedicada al análisis de la música, folclore y ritmos brasileños, junto con una alegoría a la literatura infantil, a la que ella tanto contribuyó. 

Este billete, claramente desgastado por el uso, lo trajo mi padre de un viaje de trabajo a Brasil allá por el otoño de 1992. Cuando volvió nos contó, entre otras cosas, acerca de cómo la inflación se dejaba sentir en el día a día de los brasileños, con listas de precios en constante cambio y billetes desprovistos de valor de un día para otro. Lo más increíble cuando lo recuerdo ahora, al analizar este billete de 100 cruzados novos, es que jamás nos pudimos imaginar que algo de tan poco valor económico pudiera contener tanta riqueza cultural y espiritual, y ser tan representativo del alma de ese inmenso país.  

viernes, 19 de abril de 2019

ANÉCDOTAS BRITÁNICAS

Anverso de "florín gótico" de 1872
Ahora que nuestra querida Gran Bretaña sigue en todas las portadas, debatiéndose entre lo que llaman un Brexit duro y un Brexit blando, y en cuántos meses más de permanencia va a arrancar de la Unión Europea, si es que alguna vez la abandona definitivamente, voy a aprovechar para retomar algunos de sus aspectos numismáticos más populares, que últimamente he dejado bastante de lado. Ya hemos tenido la ocasión de ver por aquí una de sus piezas más impresionantes, el penique de cobre “rueda de carro” (cartwheel penny) cuyas dimensiones (28,3 grs. y 36 mm.) lo hicieron inviable para la circulación. O también el célebre “florín gótico” denominado así por su peculiar retrato del perfil de la reina Victoria y la caligrafía utilizada en las leyendas, con claras reminiscencias del arte bajomedieval.

Una de la cosas que jamás te enseñan en las academias de idiomas, ni siquiera en las más prestigiosas, y que aprendes solo cuando pasas una temporada larga en el Reino Unido, es el término de slang utilizado para su unidad monetaria, la libra. No es otro que “quid”, pronunciado “cuid” y con plural irregular: 1 quid, 20 quid.  Como suele pasar con el slang, es muy difícil establecer un origen etimológico exacto de este término, conviviendo varias teorías. La más verosímil es seguramente la más sencilla que, como nos podemos imaginar, sitúa la procedencia de quid en la forma latina de “que”, más concretamente en la expresión “quid por quo”, es decir, “una cosa por otra” aludiendo así a la faceta intercambiadora del dinero.

Precios de menú de una cafetería c. 1960
Fuente: https://www.historic-uk
El latín, curiosamente, está muy presente en el dinero británico todavía hoy, pese a que el inglés no es per se una lengua latina. Lo seguimos viendo en las leyendas de las monedas y hasta 1971 protagonizaba el peculiar sistema de precios resultado del sistema duodecimal vigente hasta entonces. Como vimos en su día, este sistema funcionaba básicamente con las equivalencias 1 libra = 20 chelines = 240 peniques. De esta forma, los precios se indicaban en las tres unidades, lo que acarreaba no pocas confusiones entre aquellos turistas acostumbrados a un sistema decimal, vigente en la mayoría de los países europeos desde el siglo XIX. ¿Cómo se indicaban los precios? Por ejemplo, si algo costaba 2 libras, 5 chelines y 4 peniques el cartel rezaba 2£ 5s. 4d o bien 2£ 5/ 4d. Bien, todas estas abreviaturas vienen del latín. El símbolo £ tenemos claro que significa “librum”. La s podríamos pensar que es el diminutivo de shilling (chelín en inglés) pero no sería exacto, en realidad hace referencia a solidus. No se trata de la unidad monetaria romana de oro del Bajo Imperio, sino de la llamada "marca sólida", muesca que se hacía a las barras metálicas para dividirlas en piezas de tamaño regular. Muchas veces, de hecho, se representaba a los chelines con esta marca "/" en lugar de la s. Por último, la d significa "denarius" y posteriormente "denier" en francés, unidad de plata de la que proviene el penique. 

Durante la dilatada época victoriana se realizó un intento de introducir la decimalización en el sistema monetario con la emisión del florín de dos chelines, es decir, la décima parte de una libra. El problema vino cuando en 1887 se intentó poner en marcha un doble florín de cuatro chelines, puesto que sus dimensiones y peso eran muy similares (solo 2 mm menos) al de la pieza de plata de más alto valor en circulación: la corona, equivalente a cinco chelines. Esto ocasionó no pocas confusiones, de tal forma que el doble florín fue apodado como "la ruina de la camarera" (barmaid's ruin), ya que era habitual que el personal de los pubs se confundiera y las tomara como coronas, devolviendo más cambio a los clientes, y posiblemente poniendo en riesgo su puesto de trabajo como consecuencia.  
Reverso de la corona "rocking horse" de 1935 

Y es precisamente la corona, moneda emblemática en Gran Bretaña donde las haya, la que me lleva a incluir la última anécdota por hoy. En 1935, para conmemorar los 25 años de reinado de Jorge V, se introdujo un peculiar diseño en el reverso de San Jorge avanzando  a caballo sobre un dragón alanceado muy al estilo art decó de la época. Sin embargo, esta adaptación a las corrientes artísticas de moda le jugó una mala pasada. Si bien el atractivo de esta corona es incuestionable, y no puede faltar en las carpetas de ningún coleccionista de moneda británica, la evidente rigidez de las figuras llevó a que esta pieza fuera conocida popularmente como "caballito" (rocking horse) por su parecido con el juguete infantil del mismo nombre. 

Y con estas anécdotas de un gran país que poco a poco se aleja de nosotros, me despido no sin antes desearos una feliz (aunque pasada por agua) Semana Santa. ¡Hasta pronto!

https://www.chards.co.uk/blog/common-names-of-british-coin-denominations/304
https://blog.oxforddictionaries.com/2016/05/18/origin-of-quid/
https://www.historic-uk.com/HistoryUK/HistoryofBritain/Decimalisation-in-Britain/

sábado, 30 de marzo de 2019

¿POR QUÉ COLECCIONAMOS?

Hoy, en lugar de compartir una curiosidad de la numismática o la notafilia y ahondar en sus peculiaridades, analizar las circunstancias históricas en las que se concibió o recrearme en las anécdotas que pudo generar, voy a dejaros una serie de reflexiones sobre la afición que me ha llevado a mí a escribir artículos y a vosotros a interesaros por ellos. Una vez que llevamos unos cuantos años coleccionando y, como es mi caso, buscamos la manera de ampliar nuestros  intereses y conocimientos, es inevitable hacernos la pregunta: ¿qué es lo que nos llevó a empezar a coleccionar? Se trata además una de esas preguntas recurrentes que nos hacen familia o amigos, o simplemente personas que ven esta afición desde fuera, y sobre la que cuesta encontrar una respuesta espontánea que además suene minimamente convincente. 


Antoninianos del siglo III con imágenes de emperadores de siglos anteriores:
"Divo Traiano", "Divo Hadriano, "Divo Pio", en Roman Coins and their Values, de D. Sear

Como siempre busco respuesta en las explicaciones históricas, no iba a hacer una excepción en este caso, así que indagué un poco acerca de la historia del coleccionismo numismático en sí. Durante mucho tiempo se pensó que coleccionar monedas antiguas por placer fue una afición que surgió en el contexto del Renacimiento italiano, siempre ávido de recuperar el arte y la cultura clásicas. No obstante, existe la certeza de que esta afición es muy anterior y su origen se puede enmarcar en la Antigüedad, concretamente en los comienzos del coleccionismo de objetos artísticos, que se sitúa en los siglos IV-III antes de Cristo. Teniendo en cuenta que las monedas de esa época ya reflejaban tendencias artísticas del momento, y eran mucho más fáciles de guardar, conservar y transportar que, por ejemplo, esculturas o cerámica, no sería sorprendente que también fueran objeto de colección por parte de las clases más pudientes. 

De hecho, es razonable pensar que el primer emperador de Roma, Augusto, tuviera entre sus aficciones el coleccionismo de monedas antiguas y extranjeras ya que, según el historiador Suetonio, éstas le atraían considerablemente y solía ofrecerlas como regalo a amigos y visitantes. A mediados del siglo III bajo el mandato del emperador Trajano Decio se emitió una serie de piezas conmemorativas de emperadores de los siglos I y II para la cual podemos suponer debían guardarse las monedas antiguas que sirvieron como prototipo. Algo parecido pudo suceder durante la Edad Media, periodo en el que muchas emisiones monetarias eran copias o imitaciones de modelos anteriores o contemporáneos.

El emperador Augusto (63 a.C. -
14 d.C.) ¿uno de los primeros
coleccionistas numismáticos?

Solo a partir del Renacimiento se puede hablar del desarrollo de un mercado activo del coleccionismo numismático, solo que en un principio era exclusivo de la nobleza y las clases dirigentes, un verdadero "hobby para reyes". El crecimiento en el interés por esta afición derivó durante el siglo XVII en la incorporación al mundo académico de los estudios numismáticos, comenzando catalogaciones extensas y sistemáticas. El coleccionismo de monedas antiguas empezaba así a abrirse a más estratos sociales, con lo que ya no era un pasatiempo únicamente de la nobleza, sino también de unas clases medias emergentes que veían en la afición a la numismática una forma de mostrar una mayor sofisticación y una oportunidad para escalar socialmente. 

Poco a poco, durante los siglos XIX y XX el coleccionismo numismático pasó a popularizarse con el surgimiento de sociedades numismáticas, publicaciones periódicas y manuales disponibles para el público en general. Al mismo tiempo, el establecimiento de redes de coleccionistas, estudiosos y comerciantes a través de convenciones, eventos y conferencias consolidaron esta tendencia, dentro de un mercado activo en el que cada vez existía una mayor y más variada oferta de monedas de todo el mundo y de prácticamente todas las épocas a precios muy razonables. Hoy por hoy puede decirse que las posibilidades para el coleccionista medio son ilimitadas, más aún desde la aparición de internet. 

Si nos fijamos atentamente, en este breve resumen de la historia del coleccionismo numismático aparecen varias de las motivaciones que pueden llevar al ser humano a coleccionar monedas. Las motivaciones artísticas siempre han jugado un papel fundamental, toda vez que las monedas siempre han sido reflejo de las tendencias plásticas de su época: no hay más que comparar las monedas romanas emitidas, por ejemplo, bajo Augusto con las que se produjeron durante el Bajo Imperio para percatarnos de las notables diferencias que existen en cuanto al detalle, estilo y variedad de diseños. Las monedas antiguas proporcionan sin duda una oportunidad única para coleccionar pequeñas obras de arte a un coste (en muchos casos, pero no siempre) razonable. 
Petrarca (1304-1374),
reconocido coleccionista
numismático del Renacimiento
(fuente: wikipedia)
 

Podemos encontrar también en la historia del coleccionismo el gusto por el estudio y la catalogación, esa curiosidad que nos lleva a aprender más sobre aquello que coleccionamos. Esa necesidad de ampliar nuestros conocimientos y divulgarlos contribuye a que el interés por la numismática aumente, lo cual revierte en un número mayor de coleccionistas. La gran cantidad de catálogos illustrados, manuales y tratados de numismática disponibles permiten a cualquier iniciado en esta noble afición estar bien informado y orientarse en los primeros pasos que debe dar. 

Tenemos también las motivaciones sociales: al extenderse el gusto por la numismática y hacerse más accesible a todas las capas sociales se ha hecho cada vez más habitual la formación de sociedades y asociaciones de coleccionistas, así como la celebración de eventos periódicos, seminarios, ferias, encuentros en los que personas de toda procedencia y condición pueden compartir sus gustos e inquietudes y aprender unas de otras. El coleccionismo siempre ha ayudado al ser humano a evadirse, lo cual es más agradable si se hace con amigos y conocidos. 

No hay que olvidar el afán de lucro, más aún tratándose de objetos que lo simbolizan a la perfección. El mercado numismático se ha adaptado a la siempre creciente demanda  de los coleccionistas moviendo hoy ingentes cantidades de dinero. Con la aparición de internet, la adquisición de prácticamente cualquier pieza es posible, pero también permite a muchas personas convertirse en vendedores y proveedores sin salir de casa. Al mismo tiempo, muchos particulares ven su colección como una inversión, lo cual es normal al tratarse en muchos casos de metales preciosos que dificilmente van a perder su valor. 


La verdad es que en mi caso puedo identificarme con todas estas motivaciones en mayor o menor medida. No obstante, la explicación  que más me ha fascinado no figura en ninguna revista, tratado o catálogo de numismática, sino en la novela de misterio Herejía (de título original Lamentation) de C.J. Sansom, ambientada en el Londres de época Tudor y protagonizada por el sagaz abogado Matthew Shardlake, siempre envuelto muy a su pesar en todo tipo de tramas políticas bajo el trasfondo de las tensiones sociales y religiosas de la época. En esta novela Shardlake acepta llevar una investigación relacionada con un desaparecido manuscrito de la reina Catherine Parr, última esposa de Enrique VIII, que puede comprometerla seriamente ya que en él expresa claramente sus opiniones reformistas sin el conocimiento del monarca. En un momento dado, la reina muestra a Shardlake su magnífica galería privada, teniendo lugar la siguiente escena: 
Catherine Parr (1512-1548)
Fuente: wikipedia


"La reina se detuvo ante un hueco en la pared en el que había colocada una caja decorada con piedras preciosas sobre un pilar de mármol. Dentro contenía monedas de oro y plata, que mostraban retratos de reyes y emperadores muertos hacía mucho tiempo. Algunas estaban casi lisas a causa del desgaste, otras brillantes como si se acabaran de acuñar. Las removió con el dedo medio. “Las monedas antiguas siempre me han interesado. Nos recuerdan que no somos más que motas de polvo en medio de los tiempos”. Con cuidado, recogió una moneda de oro. “El emperador Constantino, que trajo el cristianismo al Imperio Romano. Fue encontrada cerca de Bristol hace algunos años”. Levantó la cabeza y miró por la ventana; ésta daba a la orilla del Támesis debajo del palacio, expuesta ahora a medida que la marea bajaba (...)"


Y es sin duda inevitable, cuando tenemos en nuestras manos un denario romano, un dírhem árabe, una rupia mughal o un real de a ocho español, preguntarnos qué fue de las civilizaciones y los imperios que acuñaron estas monedas. Pensar en qué manos estuvieron, qué se compró con ellas, hasta dónde pudieron llegar y durante cuánto tiempo circularon. Pensar también en nosotros mismos, dentro de varios siglos, en cómo los coleccionistas futuros verán nuestras monedas y billetes y nuestras propias sociedades y si se harán las mismas preguntas que nosotros cuando observamos las monedas antiguas. Aún con más razón si tenemos en cuenta que, más pronto que tarde, el dinero metálico ya no será necesario, y pasará a ser sólo un artículo coleccionable, un objeto de estudio relegado a los museos y álbumes de colecciones privadas...

Motas de polvo en medio de los tiempos.


https://www.britannica.com/topic/coin-collecting

Roman Coins and Their Values Volume III The Third Century Crisis and Recovery AD 235-285, by David R. Sear, 2005 Spink & Son Ltd.  

Sansom, C.J. Lamentation, Pan Books Ltd, 2015 ISBN 9780330511049

martes, 12 de marzo de 2019

IMÁGENES DEL HANSATSU

Ahora que Curiosidades Numismáticas celebra su séptimo aniversario, y tratando de mantener la tradición autoimpuesta de dedicar a Japón la entrada que conmemora tan señalado acontecimiento, he decidido indagar un poco más acerca de aquello que me inspiró a iniciar y mantener este blog: el hansatsu, conocido popularmente como “dinero marca páginas” por motivos que sobra explicar. Si echáis un vistazo a mi primera entrada, sepultada ahora bajo las cerca de 250 que la sucedieron, os podréis dar cuenta de que lo único que pude conseguir en aquel momento fue enmarcar el dinero hansatsu en su contexto histórico y económico, así como ofrecer algunas pinceladas sobre el estilo y decoración que hacen de ello una verdadera obra de arte al alcance de cualquier coleccionista. No obstante, no encontré en aquel momento información acerca del contenido o significado de las ilustraciones que adornan este papel moneda, algo a lo que hoy, afortunadamente, puedo dar alguna respuesta.

En aquel ya lejano 2012 intuí que las magníficas ilustraciones que adornan este peculiar dinero local emitido por los han (territorios gobernados por señores feudales) durante la era Tokugawa (ss. XVII-XIX) hacían referencia a personajes y criaturas de trasfondo religioso o mitológico. Me alegra afirmar en 2019 que no iba muy desencaminado, como expondré a continuación.  

"Retrato de familia" de los Siete Dioses de la Fortuna
en un hansatsu. En el sentido de las agujas del reloj,
comenzando abajo a la izquierda: Hotei, Daikoku,
Jurojin, Bishamon, Benzaiten, Ebisu y Fukurokuju. 
Los personajes que aparecen de forma recurrente en el dinero hansatsu no son otros que los llamados “Siete Dioses de la Fortuna” (Shichifukujin), seres celestiales cuyos orígenes pueden encontrarse en diferentes religiones asiáticas, sobre todo en el hinduismo, el budismo y el taoísmo. Según la leyenda, los Shichifukujin viajan cada año nuevo del cielo a la tierra en un barco mágico (Takarabune) y durante tres días visitarán pueblos y ciudades repartiendo felicidad, buenos auspicios y fortuna en diferentes formas. Los objetos que llevan consigo para realizar esta entrañable labor son de naturaleza mágica y diversa tales como un saco sin fondo (kanebukuro), un mazo mágico que produce monedas al agitarlo (kozuchi), rollos de escrituras sagradas (makimono), un sombrero que otorga invisibilidad a los que lo llevan (kaguregasa) o un traje de plumas (hagoromo) que permite volar a aquel que pueda ponérselo, entre otros. 

Los Siete Dioses de la Fortuna poseen personalidades y atributos diferentes, normalmente relativos a aspectos concretos de la naturaleza humana y su dimensión espiritual, aunque su procedencia diversa (y a veces bastante difusa) hace que puedan surgir algunas similitudes entre si. A continuación pasaré a describir cada uno de estos personajes, incluyendo las imágenes que he encontrado entre mis billetes hansatsu. Uno de ellos, por cierto, incluye una "foto de familia" de los Shichifukujin, lo cual es de agradecer ya que unos son más recurrentes que otros.  

Benzaiten
Imagen de Benzaiten con seis brazos
Es la única mujer entre los Shichifukujin, y seguramente la más polifacética. Su origen se encuentra en el hinduismo, concretamente en la diosa Saraswati, y aparece representada de diferentes maneras. Una de las más habituales es con aspecto de geisha portando una biwa, instrumento de cuerda similar al laúd, ya que se le considera diosa de la música, las artes y la belleza. Otra versión de Benzaiten es la de defensora de la fe budista, con seis u ocho brazos (lo que delata sus orígenes hinduistas), portando diferentes objetos de naturaleza bélica como arcos, flechas, espadas o lanzas, combinados con otros relacionados con la buena suerte como joyas o llaves. Sus poderes se extienden también al agua, lo que le convierte en diosa de la agricultura y la abundancia. Benzaiten es venerada sobre todo por artistas (músicos, pintores, diseñadores) pero también por las geishas y los fabricantes de espadas. 

Daikoku
Ya tuve el placer de describir a este personaje en una entrada anterior, la que aludía al uso de arroz como dinero, y es probablemente el dios más habitual en los hansatsu. Es representado como un hombre sonriente y regordete, sentado sobre fardos de arroz y cargado con un enorme saco sobre sus hombros que contiene tres importantes cualidades: riqueza, sabiduría y paciencia. Sus orígenes se encuentran también en India, donde era conocido como Mahakala, divinidad protectora del budismo con aspecto fiero y oscuro que poco o nada tiene que ver con la afable semblanza que adoptó como Daikoku en la cultura japonesa. Se le ve normalmente sentado sobre fardos de arroz con forma cilíndrica, lo que le asocia a la agricultura como protector de las cosechas y también a las artes culinarias, siendo habitual encontrar su imagen en las cocinas. Es además la deidad favorita de mineros, trabajadores del metal, artesanos y comerciantes.   

Hansatsu con imagen de Daikoku
(arriba) cargado con el saco y sentado
sobre dos fardos de arroz 
Ebisu
Otro de los Dioses de la Fortuna más recurrentes de los hansatsu, es el único de ellos que tiene un origen netamente japonés. Se le representa generalmente vestido como un cortesano, incluyendo un característico sombrero doblado, y pescando, algo que llama la atención dada su apariencia formal. Como podemos ver en la imagen, se le puede ver utilizando la caña de pescar y rodeado de peces, algunos de cierta envergadura, símbolos de riqueza y abundancia. Como podemos imaginar, es el dios de los pescadores y marinos, pero también de abogados, mercaderes, coleccionistas y, al igual que Benzaiten y Daikoku, se le asocia a la agricultura y abundancia en las cosechas. 

Hasatsu con ilustración de Ebisu
(arriba) con caña de pescar y ataviado
con ropas cortesanas


Hotei
Es sin duda el que nos resultaría más familiar, pues su aspecto es el típico del Buda obeso y sonriente. Su origen se encuentra en China, posiblemente como un sacerdote Zen del siglo X llamado Kaishi conocido por la prominencia de su barriga y sus dotes como adivinador. De hecho, es el dios de los adivinos, así como de los taberneros, políticos y cocineros, y se le considera protector de los niños.

Bishamon
Se le puede considerar el más belicoso de los Shichifukujin, ya que es representado con armadura y lanza, pero en realidad es el protector de los demás dioses de la fortuna así como de las virtudes de la religión budista y de la dignidad. Su origen es indio (Vaisravana) y suele portar, además de la lanza, una pequeña torre que contiene tesoros de índole espiritual como la fe, la sencillez, el honor y el sentido del deber. Es el dios preferido de policías, militares, personal sanitario y sacerdotes.
Fukurokuju
Probablemente el dios de aspecto más peculiar, ya que posee una frente desproporcionadamente grande en relación con su diminuto cuerpo. Se le representa entrado en años, calvo, con larga barba, ataviado con ropas tradicionales chinas y frecuentemente acompañado de animales como tortugas, serpientes o ciervos, símbolos de vida duradera. De origen chino, Fukurokuju representa, además de longevidad, sabiduría, suerte, felicidad y riqueza. Se le atribuyen poderes como la resurrección de los muertos y la inmortalidad, y es el favorito de jardineros, joyeros, relojeros y jugadores de ajedrez. 

Jurojin
Al igual que el anterior, representa longevidad y sabiduría aunque su aspecto es bien diferente ya que es mucho más alto. También su actitud dista mucho del ascetismo de Fukurokuju, ya que disfruta del vino, la comida, y la compañía femenina. Suele representarse portando un rollo de escrituras que contienen al parecer todas las acciones de los seres humanos así como su esperanza de vida. Entre sus seguidores se encuentran los astrónomos, ingenieros, científicos, contables, maestros, periodistas y jueces.

No cabe duda, tras completar esta entrada, que coleccionar dinero hansatsu es una excelente manera de familiarizarse con el folclore y la cultura popular japonesas, además de ofrecer una puerta al conocimiento de las diferentes religiones de Asia, íntimamente relacionadas entre sí. Y, por supuesto, nos permite disfrutar de verdaderas obras de arte oriental impresas en un papel moneda cuyo único fin era proporcionar un simple medio de pago a los habitantes del Japón de la era de los shogun y los samuráis. 


Mi especial agradecimiento a David Lok y su fantástica página web The Banknote Den, gracias a la cual he podido escribir esta entrada, y comprender mejor este fascinante a la par que misterioso dinero. 
http://www.banknoteden.com/TMFOM/Japan%20Shichifukujin.html
https://en.wikipedia.org/wiki/Seven_Lucky_Gods

jueves, 21 de febrero de 2019

BILLETES CON (UNA) HISTORIA III

Ahora que estoy sumergido en la búsqueda de billetes que reflejan impresa una historia interesante que contar, me complace presentar hoy uno que también es interesante en sí mismo por diferentes motivos, como describiré a lo largo del artículo. Estoy seguro que además muchos de vosotros recordaréis bien el acontecimiento que conmemora, que no es otro que el eclipse solar que gran parte del hemisferio norte pudo contemplar en Agosto de 1999. 


Aneverso del billete de 2000 lei de 1999

Es curioso comprobar cómo pese a todos los evidentes avances en términos científicos e intelectuales del último siglo hay ciertas cuestiones en las que el ser humano sigue buscando respuestas en el esoterismo. El año 2000 se veía desde hacía tiempo con una mezcla de expectación, pues desde hacía décadas era sinónimo de futuro, y a la vez con temor, como demuestran las continuas advertencias que llegaban sobre las consecuencias de un posible "efecto 2000" en los sistemas informáticos. Si a esto añadimos la llegada de un eclipse solar total pocos meses antes de celebrar el nuevo año, las interpretaciones milenaristas estaban servidas. 

Lo único que pasó realmente aquel 11 de Agosto de 1999 fue que se produjo uno de los eclipses más seguidos de la Historia, ya que pudo contemplarse en varias de las zonas más densamente pobladas del hemisferio norte: desde Terranova al amanecer hasta la costa del Golfo de Bengala al anochecer. Pese a que toda la población de Europa, Oriente Medio, Norte de África y Asia Occidental y Meridional pudo comprobar los impresionantes efectos al situarse la luna en el camino de la luz solar, solo unos pocos países disfrutaron de la oscuridad que brinda un eclipse total. Uno de ellos fue Rumanía, tal y como queda recogido en el billete que protagoniza la entrada de hoy. 


Reverso del billete, señalando los lugares en los que el eclipse fue total

Para conmemorar el eclipse solar de 1999, el Banco Nacional de Rumanía lanzó el billete de 2000 lei (en clara alusión a la llegada del nuevo milenio) en polímero, que muestra en su anverso una imagen un tanto esquemática del sistema solar (con un sol oscurecido) y en el reverso un mapa de Rumanía con las regiones del país en las que el eclipse fue total. Además de lucir un atractivo diseño, el billete combinaba elementos de seguridad tradicionales (marcas de agua, franja lateral) con algunos muy novedosos, especialmente una ventana transparente que contiene un holograma que, al iluminarse con un láser proyecta sobre una superficie lisa una imagen de (adivinad) un eclipse parcial. 

Todas estas características hacen de este billete un artículo digno de guardar en nuestra colección, toda vez que refleja un acontecimiento que durante unos minutos unió a millones de personas de muy diversas partes del planeta. Para mí además estos 2000 lei contienen una historia personal, por lo que pido disculpas de antemano si hoy me extiendo un poco más de lo habitual.

Ventana transparente con holograma
Agosto de 1999 fue un verdadero punto de inflexión en mi vida, ya que coincidió con la época en la que  decidí independizarme escogiendo para ello un país en el que siempre me había sentido cómodo y que sería mi hogar durante los siguientes seis años: Gran Bretaña. En 2003 estaba trabajando en la Universidad de Birmingham como asistente en un proyecto de la Comisión Europea sobre derechos de la mujer en el que la participación de personalidades del mundo académico y la sociedad civil de ambos lados del antiguo telón de acero era fundamental. Una de las jornadas de este proyecto, relativa a derechos sociales, se celebró en Atenas y, entre reunión y reunión, era habitual que los participantes pasáramos el rato compartiendo anécdotas y curiosidades culturales acerca de nuestros respectivos países de origen, algo muy de agradecer puesto que muchas veces (al menos en mi caso por aquel entonces) no teníamos de esos lugares más que remotas referencias. El billete de hoy me lo dio en uno de estos momentos de receso Adela Dinu, de la Asociación para la Promoción de la Mujer en Rumanía (APFR por sus siglas en rumano), una ONG de Timisoara dedicada al apoyo psicológico, económico y legal a las mujeres y niñas víctimas de la violencia doméstica y el abuso sexual.

Con solo 26 años Adela había conseguido cosas increíbles.  Tan solo dos años antes tuvo que hacerse cargo de su organización como Directora Ejecutiva, una función que desempeñó con total dedicación y entusiasmo, como demuestra la ley de violencia doméstica aprobada en 2003, concebida y ardientemente defendida en la calle por APFR.  Su vocación de servicio llevaría a Adela a trabajar mucho más en los años siguientes, coordinando diferentes proyectos con fondos europeos acerca de la igualdad de oportunidades en el mercado laboral y poniendo en marcha la Escuela Nacional de Mujeres Gerentes, dedicada a la formación de emprendedoras y futuras lideresas. No es de extrañar que toda esta inmensa labor se viera reconocida en Diciembre de 2016 con el Premio Europeo de la Mujer en Bruselas, dirigido a aquellas mujeres cuyas acciones contribuyen al avance del proyecto europeo como espacio de integración y defensa de los derechos humanos.

Desgraciadamente, Adela recibió este premio post-mortem. Unos meses antes, a principios de 2016, falleció de leucemia con solo 38 años. Se fue así, de forma trágicamente prematura, un referente para la lucha por los derechos de la mujer en Rumanía, una fantástica formadora y, como atestiguan todos los que la conocieron, una gran persona. Y por si esto fuera poco, también se fue la madre de una pequeña de seis años.


Tras aprender de una vida como la de Adela, corta pero increiblemente intensa, uno no puede sino sentir un profundo agradecimiento. Por su dedicación a una causa noble, por su innegable vocación de servicio a los demás, por su genuino idealismo, por su convicción a la hora de defender estos ideales, por sus incuestionables dotes de liderazgo, siempre necesarias en épocas de cambio e incertidumbre...

Y por regalar un billete a un futuro coleccionista, que jamás pensó que, más de quince años después, le dedicaría un pequeño pero emotivo espacio en su blog. 

Gracias Adela. 


Adela Dinu (1977-2016)
In Memoriam

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