viernes, 30 de septiembre de 2016

EL BILLETE DE 0 RUPIAS

Una vez en la universidad, a propósito del siempre desagradable asunto de la corrupción política y económica, un profesor nos lanzó la siguiente pregunta al aire: ¿qué tipo de corrupción creéis que es más perjudicial, la de gran escala o la de pequeña escala? Por gran escala se refería a los grandes escándalos financieros o de malversación por parte de autoridades públicas, aquellos que copan las portadas de los periódicos y son primera noticia en los telediarios, ya que normalmente suponen grandes cantidades de dinero. La corrupción de pequeña escala, por contra, hace referencia a aquella que protagonizan los funcionarios en puestos intermedios o bajos, normalmente a través de sobornos a cambio de favores o mayor rapidez en trámites administrativos.

La respuesta a la pregunta parecía simple: la de gran escala, por supuesto, dado que las cantidades sustraídas son mayores. A más dinero robado, peor tipo de corrupción. No obstante, el profesor nos invitó a reflexionar: ¿estáis seguros?

Billete de 0 rupias contra la corrupción, parte de la campaña de la organización 5th Pillar

La reflexión era más que pertinente, porque no éramos conscientes de hasta qué punto la corrupción a pequeña escala es nociva  para el desarrollo de un país, quizá porque es un tipo de corrupción no muy frecuente en España, afortunadamente. Y es que este tipo de malas prácticas implica una consecuencia inquietante: la generalización de la corrupción en una sociedad.

En muchos países en desarrollo, la corrupción generalizada a pequeña escala es un hecho, y aceptada como un trámite más por parte de los particulares. El pago de una pequeña cantidad en dinero o en especie a un funcionario de ventanilla o a un policía puede parecer una minucia pero al extenderse se convierte en un lastre para el desarrollo económico y social de un país por varias razones. Una de ellas, porque menoscaba el interés general, que en teoría busca el sector público, en aras del lucro personal, que hace que los posibles beneficios de la corrupción nunca reviertan en el bien común. Los servicios públicos, que normalmente deben afrontar una falta continuada de medios,  se hacen así más ineficientes. Al mismo tiempo, al tratarse de una corrupción comparativamente más “pequeña”, pasa más desapercibida, entrando en un círculo vicioso de impunidad que la perpetúa. Las personas con menos recursos son las más perjudicadas, pues actúa como un impuesto más a los que normalmente tienen que soportar, privándoles de medios fundamentales para su subsistencia. Por si todo lo anterior no fuera suficiente, la corrupción generalizada afecta negativamente a la imagen de un país, y por tanto dificulta y limita la inversión extranjera y el turismo.

India es uno de esos países en desarrollo que debe soportar la carga de la corrupción a pequeña escala (y, por supuesto, la de gran escala también) debido al enorme arraigo que tiene el uso de dinero negro en este gigante asiático. A pesar de ello, su ciudadanía cuenta con una importante arma legal: el Acta de Derecho a la Información de 2005 (RTI por sus siglas en inglés) que obliga a las administraciones públicas a facilitar cualquier información que los ciudadanos demanden en relación con el uso del dinero público. Así, en los últimos años han surgido numerosas organizaciones y activistas que luchan por la transparencia y contra las malas prácticas.

Reverso del billete, meramente informativo

Una de estas organizaciones, 5th Pillar de Nueva Delhi, ha lanzado una original campaña, consistente en la distribución de un billete de 0 rupias. A través de este simbólico billete, las personas a las que se les solicite sobornos o favores desde la administración podrán, en señal de protesta, entregar estas 0 rupias y denunciar al presunto corrupto. El billete puede descargarse, gratuitamente por supuesto, en su página web a través de este enlace http://5thpillar.org/programs/zero-rupee-note. En su anverso, imitativo de los billetes indios oficiales, aparecen diferentes mensajes en inglés y los principales idiomas del país (hindi, telugu, kannada, tamil y malayalam) que animan a los particulares a no resignarse ante la corrupción: “Eliminad la corrupción a todos los niveles”, “Prometo no aceptar o solicitar sobornos”, “Si alguien solicita un soborno, entrega este billete e informa a las autoridades”.

No es habitual no pagar por un artículo numismático, aunque sea de fantasía, pero yo, precisamente por eso, creo que voy a colocar este billete en un lugar preeminente de mi colección.

viernes, 23 de septiembre de 2016

MONEDAS CASH DE LA EDAD MEDIA (IV)

Moneda song yuan tong bao (960-76)
del emperador Tai Zu
Aunque este tema ya fue tratado en una entrada anterior, los artículos acerca de la historia de la moneda cash china que estos últimos meses he tenido la ocasión de publicar en Numismático Digital me han ayudado a profundizar en diferentes aspectos de la numismática oriental, todavía muy desconocida en nuestro país. Hoy voy a compartir un repaso de las monedas de la dinastía Song del norte, establecida en China entre los años 960 y 1127, producidas en un momento de expansión económica y comercial sin precedentes.

En el año 960 Zhao Kuangyin, comandante de la guardia imperial bajo los Zhao posteriores del norte de China, se proclamó emperador adoptando el nombre de Tai Zu, lo que daba comienzo oficial a la dinastía Song, que estableció su capital en Kaifeng. En el transcurso de dos décadas el nuevo estado se anexionaría, de forma por lo general pacífica, los reinos del sur de China que durante el siglo X habían gozado de un estatus independiente en la práctica: Chu, Shu Posterior, Han del Sur, Jiangnan, Wu-Yue y Han del Norte. Pese a esta rápida conquista, los Song no se caracterizaron por su empuje guerrero, pues nunca pudieron hacerse con el control total del antiguo imperio de los Tang. Los choques principales tuvieron lugar en el norte, frente al imperio de los kitan, un pueblo de bárbaros sinizados que logró establecer un estado en la zona que ocupa la actual Mongolia, Manchuria y norte de China durante la llamada era de las cinco dinastías y diez reinos (907-960). Tras años de infructuosas campañas militares,  los Song acordaron con los kitan el pago de un tributo anual a cambio de la paz, aceptando la imposibilidad de recuperar el norte. No fue esta la única región que se les resistió: el oeste, clave en el control de la Ruta de la Seda, quedó bajo el dominio de los llamados Xia occidentales, confederación de pueblos turcos y tibetanos, y en el sur se consolidó el reino de Dali, sucesor del antiguo reino de Naznhao. Las tensiones fronterizas en el norte y el oeste, así como su coste económico, serán una constante durante todo este periodo y, a la larga, una de las causas de la caída de la dinastía.

Moneda tai ping tong bao (976-989)
del emperador Tai Zong
Una vez aceptados los límites territoriales, los Song se centraron en la construcción de un estado próspero. Para ello no dudaron en llevar a cabo reformas de gran calado, especialmente en lo tocante a la gobernanza. La máxima autoridad fue el consejo de estado presidido por el emperador, cuyos miembros deliberaban abiertamente acerca de las políticas a adoptar o su viabilidad. La administración central se simplificó al dividirse en tres grandes departamentos: economía y finanzas (principalmente monopolios del estado, impuestos y presupuestos), asuntos militares  y secretariado (es decir, administración de justicia y funcionariado). Se profesionalizó el ejército, que ahora contaba con los servicios de mercenarios, y se dotó a los gobiernos de las provincias de competencias meramente administrativas con el fin de evitar tendencias centrífugas.  Todo esto repercutió en la reafirmación de la autoridad central frente a todas aquellas figuras que en épocas anteriores habían hecho sombra al emperador: eunucos, emperatrices y gobernadores militares.

En el terreno agrícola, pilar básico de la economía china, la era Song fue época de importantes innovaciones. La aparición de nuevos instrumentos de cultivo y la mejora en las técnicas de irrigación permitieron el desarrollo de grandes regiones arroceras (especialmente en la cuenca del Yangzi y el sur de China) que aumentaron considerablemente las reservas de este cereal. Esto no solo constituía una fuente de riqueza en sí misma, sino que tenía otras repercusiones más allá de la propia agricultura, pues permitía a la sociedad china abrirse a otros campos como la artesanía o la industria.
Los Song fueron conocidos también como grandes reformadores sociales, llegando a comparar sus medidas en este ámbito con las del estado del bienestar característico del siglo XX. En este sentido, se impulsó la educación financiada por el estado  y se pusieron en marcha ambiciosos proyectos de obras públicas como la canaización del río Yangzi. Dentro de las corrientes reformistas de la era Song cabe destacar la labor de Wang Anshi,  primer ministro bajo la protección del emperador Shen Zong entre los años 1068 y 1085 (interrumpido entre 1076 y 1078). Sus reformas en los ámbitos fiscal, administrativo y militar siguen siendo consideradas como revolucionarias. No es probable que Wang Anshi pretendiera cambios sustanciales en el statu quo, pero sí es cierto que sus políticas concitaron mucha oposición entre las facciones conservadoras. En este espacio cabe mencionar las medidas destinadas a mejorar la situación del campesinado, tradicional pilar del imperio chino, que debía soportar una serie de cargas de las que estaban exentos otros colectivos, como los impuestos directos o los trabajos obligatorios. En este sentido puso en marcha medidas como la lucha contra las compras masivas y almacenamiento de cereales y de control del precio de los mismos, conversión de los trabajos obligatorios en tasas e institución de préstamos a bajo interés para luchar contra la usura.

Monedas xi ning yuan bao (izda) y xi ning zhong bao (dcha) de 1068-77
de 1 y 2 cash del emperador Shen Zong 

Pero si por algo es recordada la China Song es por la expansión comercial. Sin acceso a la Ruta de la Seda en Asia Central, los Song se centraron en el comercio interior y en el tráfico marítimo del sureste asiático, hecho este que posibilitó grandes avances en la navegación comercial y militar como la adopción de la brújula. Fue una época de gran expansión de la artesanía, concretamente las industrias textil y cerámica, acompañada de avances significativos en la metalurgia. Asimismo, se impulsó el desarrollo de la red navegable del río Yangzi, lo que facilitaba enormemente el transporte interno de mercancías.

La China Song fue, en definitiva, una sociedad más urbana y dinámica, centrada los intercambios comerciales y en una defensa de su territorio por lo general sustentada en precarios acuerdos de paz con sus pujantes vecinos. Todos estos cambios incidieron totalmente en la moneda de esta época, sobre todo en su producción. Y es que la expansión comercial y las reformas sociales expuestas más arriba exigían una monetización total de la economía china, lo que inevitablemente pasaba por aumentar la emisión de forma considerable. 

Monedas zhi ping yuan bao de 1064-67 del emperador Ying Zong
con dos estilos de escritura diferentes

De esta manera, los Song emitieron moneda a una escala sin precedentes. Para hacernos una idea, la producción de monedas cash pasó de alrededor de 500 millones de piezas anuales al principio de la dinastía a más de 5.000 millones anuales durante los años 1078-1085, durante el segundo periodo de Wang Anshi. Esta superproducción inundó las economías de países vecinos como Japón, Corea o Vietnam, haciendo innecesaria en muchos casos la producción local, pero demostró ser insuficiente para cubrir todos los intercambios comerciales, pues se generalizó el uso del papel moneda de forma paralela. No es de extrañar, pues una sociedad tan dinámica y móvil, que en muchos casos se desplazaba miles de kilómetros para efectuar intercambios,  necesitaba formas de pago más flexibles y cómodas. El estado asumió la emisión de papel moneda a partir de 1024 y, si bien sirvió para potenciar la economía privada, su uso generalizado contribuiría al caos monetario y la inflación característicos de los años de decadencia de los Song.

Monedas sheng song yuan bao de 1101-06 del emperador Hui Zong
con tres estilos de escritura diferentes

La moneda Song se basaba fundamentalmente en el modelo kai yuan tong bao de los Tang, si bien con un contenido menor de cobre (64 %, mezclado con un 27 % de plomo y un 9 % de estaño según Cast Chinese Coins de D. Hartill), aunque de peso y dimensiones similares. Los principales cambios que afectaron a la moneda Song fueron de tipo estético. Los caracteres situados arriba y abajo del anverso, indicativos de diferentes títulos imperiales, cambian en esta época con más frecuencia, aproximadamente cada cinco años. De esta forma, las monedas emitidas bajo el mandato de un mismo emperador pueden cambiar de inscripción varias veces dependiendo de la duración de su reinado. Durante el siglo XI se produjeron también monedas de 2 cash,  de un peso y tamaño aproximadamente doble al de 1 cash, con el fin de acelerar la disponibilidad de circulante. A principios del siglo XII, tras la caída de Wang Anshi, se intentó poner en circulación monedas fiduciarias de 10 cash, experimento de corta duración puesto que solo favoreció el fraude y la especulación.

Moneda de 10 cash  da guan tong bao de 1107
(Cast Chinese Coins, D. Hartill)
Pero lo más representativo, a mi juicio, de las monedas Song se encuentra en el estilo de su caligrafía. O, mejor dicho, en los diferentes estilos, verdadero deleite de los coleccionistas modernos. Durante esta era se utilizaron cinco estilos diferentes para reflejar los caracteres del anverso, tal y como podemos ver en las imágenes correspondientes a las monedas zhi ping yuan bao del emperador Ying Zong (producidas entre 1064 y 1067) o las sheng song yuan bao del emperador Hui Zong (producidas entre 1101 y 1106). Precisamente, en lo que a caligrafía se refiere, el emperador Hui Zong (1101-1125) tuvo un lugar muy destacado, ya que fue su propia caligrafía, conocida como “hilo de oro”,  la que se ve reflejada en una de las monedas cash más bellas que existen, la fiduciaria de 10 cash da guan tong bao de 1107-10. 

El periodo de los Song del norte acabaría precisamente con este emperador ante el avance del pueblo jurchen en el norte, que tras acabar con los kitan pasó al asalto del territorio Song a principios del siglo XII. Este objetivo se cumplió solo a medias, ya que uno de los hijos de Hui Zong consiguió escapar a Hangzhou en el sur en 1127 dando continuidad a la dinastía Song (conocida a partir de ahora como Song del sur) durante 150 años más, hasta el momento en que los mongoles se hicieran dueños y señores de la mayor parte del continente asiático.     

Early World Coins & Early Weight Standards, by Robert Tye, published by Early World Coins, York 2009

Cast Chinese Coins, A Historical Catalogue, D. Hartill, Trafford 2005

Gernet, J. El Mundo Chino. Editorial Crítica, Barcelona 1991

Ceinos, P. Historia Breve de China, Sílex Ediciones S.L. Madrid, 2006

sábado, 10 de septiembre de 2016

MONEDAS SUPERSTICIOSAS (II)


Anverso del "Mercury dime" de 1940
Aunque normalmente nos alejemos de las supersticiones al considerarlas  como comportamientos irracionales, es normal darnos cuenta de que, en ocasiones, podemos caer en ellas. Al fin y al cabo, ¿cuántas veces hemos considerado como un buen augurio encontrar una moneda en el suelo, sin importar el poco valor que ésta tenga? o ¿en cuántas ocasiones hemos lanzado una moneda a una fuente con la esperanza de que nuestra suerte cambie a partir de ese momento? Ya en la anterior entrada sobre este tema vimos que las monedas reúnen una serie de características que hacen de ellas talismanes en potencia para los que las portan: son de pequeño tamaño y de materiales perdurables, poseen un valor teórico o real y suelen estar cargadas de simbolismo. A lo largo de la historia las monedas de plata han tenido un papel muy destacado como amuletos o protectores frente a la mala suerte o amenazas de tipo espiritual.


En Estados Unidos la moneda de 10 centavos (dime) de plata conocida popularmente como "Mercury dime" es famosa por representar este papel. Emitida por primera vez en 1916, poco antes de que el país iniciara su intervención en la Primera Guerra Mundial, pretendía plasmar junto con sus contemporáneas de cuarto y medio dólar formas artísticas novedosas, alejadas de la rigidez y formalidad que habían caracterizado a los diseños de Barber anteriores. La alegoría de la Libertad seguiría apareciendo en los nuevos diseños, pero de una forma completamente distinta, tanto que en el caso de la moneda de hoy mucha gente ni siquiera pudo identificarla correctamente como veremos a continuación. 

Reverso del "Mercury dime", con el fasces y la rama de olivo


Adolph Weinman fue el encargado en 1915 de diseñar la nueva moneda de diez centavos. Lo que pretendía plasmar este escultor en el anverso de la pieza era el concepto de libertad de pensamiento añadiendo alas al gorro frigio de la alegoría que representa la Libertad. El reverso, por su parte, reflejaría un fasces, símbolo romano de autoridad (aún no había sido concebido el fascismo en la vieja Europa, pero no tardaría en llegar) coronado con un hacha como símbolo de preparación para la guerra, aunque acompañado de una rama de olivo representando el deseo de paz. Tal y como hemos comprobado en numerosas ocasiones, la simbología numismática norteamericana está llena de estos pequeños detalles…


El apodo que recibió esta moneda nace, sin embargo, de un malentendido. Las alas en el gorro frigio de la Libertad confundieron a muchos particulares, que pensaron que se trataba del dios romano Mercurio, normalmente representado con un casco o gorro alado. Mercurio (Hermes en la mitología griega) era el dios del comercio y las finanzas, así como de las comunicaciones y los juegos de azar. Quizá por este motivo se asoció a esta moneda con la buena suerte económica, especialmente si reflejaba un año bisiesto (como la de la imagen), convirtiéndose en un popular amuleto en casinos y salas de juego.

El Mercury dime se emitió entre 1916 y 1945, año en que se decidió homenajear al recientemente fallecido presidente Roosevelt con unos nuevos  diez centavos (y también, curiosamente, fue el año en que el fascismo fue derrotado en la Segunda Guerra Mundial). La moneda continuó circulando hasta la década de 1960, momento en que las piezas de plata comenzaron a ser progresivamente retiradas. No obstante, el Mercury dime siguió su propio camino en los bolsillos de visitantes de casinos y, por supuesto en los álbumes de coleccionistas, que la consideran con razón como una de las piezas más bellas que jamás ha emitido el US Mint


https://en.wikipedia.org/wiki/Touch_piece



martes, 30 de agosto de 2016

EFECTOS DE LA HIPERINFLACIÓN (VII): GRECIA

Billete de 10 dracmas de 1940, con busto de Deméter, diosa
de la agricultura
Hace poco tuve el placer de hacerme con un par de billetes griegos emitidos en 1940, en los umbrales de la II Guerra Mundial. Me llamaron la atención por su semejanza a los notgeld o billetes de emergencia alemanes con un toque inequívocamente helenístico como podéis apreciar en las imágenes. No me sorprendió darme cuenta al analizarlos más de cerca que eran de fabricación germana, tal y como se indica en la parte inferior de su reverso. Lo que sí me sorprendió fue averiguar que al poco tiempo de su emisión se desencadenó una terrible hiperinflación cuyas causas se hallan en la traumática participación de Grecia en la guerra contra las potencias del Eje.

Desde 1940 Grecia había estado en el punto de mira de Mussolini dentro de sus planes de convertir a Italia en una potencia mediterránea. Si en 1936 quiso demostrar al mundo su poderío militar en la Guerra Civil española, a partir de 1939 sus ambiciones se trasladaron al Mediterráneo oriental. Tras la invasión de Albania, le tocó el turno a Grecia que, para desgracia de los italianos, no se resignaba a ser un país satélite. El intento de invasión de 1940 fue repelido con éxito lo cual supuso tanto para Mussolini como para sus aliados del Eje un golpe considerable en un momento en que sus éxitos militares parecían no tener fin. En Abril de 1941, pocos meses antes de la invasión de la Unión Soviética, Hitler quería asegurarse el flanco sur, lo que requería el sometimiento de Grecia: ya no se trataba de un capricho de Mussolini sino de un objetivo estratégico de los alemanes. La invasión del país por parte del Eje fue consumada a finales del mes, cuando las tropas italo-alemanas ocuparon la ciudad de Atenas frente a la tenaz pero insuficiente resistencia de unas tropas griegas asistidas por un limitado número de efectivos británicos.
Reverso de billete de 20 dracmas dde 1940, con la imagen
inconfundible del Partenón

Es en este contexto donde podemos encontrar el origen de la hiperinflación que motiva la entrada de hoy. Grecia, que había sido una economía próspera hasta 1940 (con un superávit en sus cuentas de 271 millones de dracmas en 1939) tuvo que hacer frente a una guerra en total inferioridad, a unas fuerzas de ocupación cuya única preocupación era el saqueo sistemático de los bienes del país y a una guerra de guerrillas contra los invasores que profundizó aún más la destrucción vivida. El gobierno títere responsable de la administración de las finanzas helenas tuvo que hacerse cargo del mantenimiento de las tropas del Eje estacionadas lo que, unido a la destrucción de la flota mercante nacional (una de las principales fuentes de ingresos del país), la desconexión de sus vías marítimas y la destrucción de una parte considerable de sus cosechas a causa de las acciones militares sumió a la economía griega en la ruina total. Ante la imposibilidad de acceder a los mercados de deuda y la reducción drástica de su base impositiva, el gobierno griego recurrió a lo poco de que disponía para financiarse: la emisión de dinero. La hiperinflación estaba servida.

Anverso de billete de 2.000 millones de dracmas de 1944

Esta hiperinflación comenzó oficialmente en Octubre de 1943 y alcanzó su punto álgido en Octubre de 1944, momento en que se situó en el 13.800 % mensual (17,9 % diario) y los precios necesitaban 4,27 días para doblarse. Históricamente se trata de la quinta inflación más alta de la historia contemporánea, por detrás de Hungría en 1946, Zimbabwe en 2009, Yugoslavia en 1992 y Alemania en 1922-23, casos todos ellos comentados con anterioridad en este blog. El billete de más alto valor facial que se llegó a emitir fue el de 100 billones de dracmas (un 1 seguido de once ceros) sin que en ningún momento se perdiera el gusto por los motivos clásicos. Es el caso del billete que podéis ver en las imágenes de 2 billones de dracmas (2 seguido de nueve ceros) que presenta en su anverso un interesante conjunto escultórico correspondiente al friso del Partenón.

Reverso de billete de 2.000 millones de dracmas de 1944

En Noviembre de 1944 las tropas alemanas abandonaron Grecia ante el avance de los soviéticos en Europa del este, lo que puso punto final a una brutal ocupación de más de tres años. El gobierno en el exilio regresó de inmediato para tratar de estabilizar la economía y devolver dentro de lo posible la normalidad al país. Una de sus primeras medidas consistió en hacer frente a la hiperinflación revalorizando el dracma de 50.000 millones a uno. La estabilización de los precios fue de las pocas medidas económicas exitosas del nuevo gobierno, ya que la revitalización productiva del país fue imposible en un contexto en que a la guerra mundial todavía en marcha habría que sumar una guerra civil que retrasaría unos años más su normalización política y económica. Pese a formar parte del bando vencedor, Grecia fue de las naciones peor paradas: al terminar la contienda, tres cuartas partes de su flota mercante estaban destruidas, con sus conexiones marítimas cortadas, alrededor de 2.000 poblaciones arrasadas y una disminución de un 25 % en su superficie cultivada. A todo ello hay que añadir la paralización de la importación de grano, que tuvo como consecuencia el padecimiento de hambre por parte de la población. Si las hiperinflaciones son en general experiencias para olvidar, el caso griego tuvo lugar en un contexto especialmente lamentable y doloroso. 




viernes, 5 de agosto de 2016

MONETA PATRIOTTICA

Anverso de la moneta patriottica veneciana de 1848 de 3 liras
Dentro de los billetes antiguos, de los que me declaro un auténtico apasionado, el que comparto hoy es ciertamente especial. Cualquier artículo numismático antiguo, sea en metal o en papel, tiene algo de especial, simplemente por resistir el paso del tiempo, por ser testigo mudo de épocas que ya nadie puede recordar, o por reflejar las circunstancias políticas o económicas del momento en que fue emitido. No obstante, los billetes de hoy son producto de un momento crucial en la Historia de la humanidad, que marca un antes y un después en el siglo XIX europeo: 1848.

Se trata de la moneta patriottica de Venecia, emitida bajo el mandato de uno de los iconos (aunque no de los más conocidos) del movimiento por la unificación italiana: Daniele Manin. A medida que se iba acercando la mitad del siglo XIX las potencias europeas se daban cuenta de que mantener el statu quo establecido tras el Congreso de Viena de 1815, basado en el absolutismo como forma de gobierno, se hacía más complicado. Los movimientos liberales, combinados con nacionalismos de nuevo cuño y un incipiente movimiento obrero se iban abriendo paso entre diferentes capas de la población. Factores como los avances tecnológicos (especialmente la invención del ferrocarril), el fenómeno de la industrialización y la fluidez del comercio facilitaban la difusión de las ideas liberales, que propugnaban la soberanía nacional, la división de poderes y la igualdad ante la ley. 

Anverso de la moneta patriottica veneciana de 1 lira
En aquellos momentos, liberalismo y derechos de las nacionalidades eran conceptos estrechamente unidos. Salvo en contadas excepciones como la francesa, estado (como organización política territorial) y nación (como sentimiento de pertenencia a una comunidad) no coincidían por lo general. Algunos estados como el Imperio Austriaco o el Imperio Ruso eran plurinacionales y ciertas nacionalidades, como la polaca, se repartían entre varios estados. En el caso de Italia la fragmentación era consecuencia de las decisiones tomadas tras el Congreso de Viena: Austria tenía la región del Lombardo-Véneto bajo control directo y los ducados de Parma, Módena y Toscana bajo su influencia. Los estados pontificios y Nápoles-Dos Sicilias eran independientes pero tendentes a respetar el orden establecido. Las esperanzas de unificación se centraban pues en el estado de Piamonte-Cerdeña al noroeste, monarquía de tendencias liberales con un peso demográfico, económico y militar capaz de impulsar una empresa de estas características. Pensadores como Mazzini defendían que la única manera en que los ciudadanos podían alcanzar un régimen de libertades era a través de su concienciación como nación, pues solo así se librarían de la opresión de potencias externas o de gobiernos absolutistas.

1848 fue el año en que todas las tensiones latentes entre absolutismo y liberalismo se manifestaron en el continente europeo, pero no puede decirse que fuera un hecho inesperado. En la península italiana el movimiento político y  cultural conocido como Risorgimento llevaba décadas gestándose, y sociedades como los carbonarios defendían simultáneamente reivindicaciones liberales con la idea de una Italia unida. Aunque las tendencias políticas y los medios a utilizar podían diferir, los patriotas italianos tenían una idea muy clara: Austria era el freno a todas sus aspiraciones.

Reverso del billete de 3 liras
Venecia, y por extensión toda la región del Lombardo-Véneto, era la ejemplificación de esto último. La antigua Serenísima República había quedado anexionada a Austria tras el Congreso de Viena, y sus demandas de autonomía no habían sido escuchadas. Venecia no había sido ajena a las influencias liberales y nacionalistas, de tal forma que sus habitantes, descontentos con la ocupación austriaca, decidieron subirse al carro revolucionario de 1848 para reafirmar su independencia de Austria primero y su adhesión al movimiento unificador italiano después.

La difícil tarea de enfrentarse al gigante centroeuropeo recayó en Daniele Manin, abogado, intelectual y activista por la unificación italiana y el final de la tutela austriaca. Tras una serie de éxitos iniciales durante la primavera de 1848  en los que consiguió liberar Venecia y la mayor parte de las provincias del interior, una serie de errores de cálculo (como por ejemplo la falta de reacción ante la huida de la flota austriaca o la incapacidad de formar un ejército local más allá de milicias voluntarias) unidos a la falta de coordinación con las demás fuerzas italianas partidarias de la unificación llevó a la nueva república veneciana de San Marcos a pasar a la defensiva primero  y a protagonizar una resistencia agónica después. Venecia era muy dependiente de la asistencia externa, especialmente del reino de Piamonte-Cerdeña, que en aquel momento trataba de liderar el movimiento de unificación de todos los estados de la península. No obstante, las diferencias entre los distintos soberanos acerca de la fórmula de gobierno para una eventual Italia unificada imposibilitaron un acuerdo en este sentido, dejando al Piamonte literalmente solo frente a Austria. Pese a que la asamblea veneciana votó mayoritariamente a favor de la unión con Piamonte en Agosto de 1848, esto no fue más que un acto simbólico porque el reino sardo, que había sufrido severas derrotas militares, solo buscaba una paz honorable con Austria, lo que implicaba desentenderse de Venecia. Tras un largo y agónico asedio, acompañado de infructuosas negociaciones, Manin entregó la ciudad a los austriacos en Agosto de 1849, y partió al exilio a Francia.

Detalle del sello del reverso
Durante este breve periodo, lleno de incertidumbre y con la amenaza constante de quiebra financiera, se estableció un Banco de Venecia con la ayuda de banqueros y empresarios locales en Julio de 1848. Esta institución contaba con un capital de 4 millones de liras y la autorización de emitir papel moneda para la circulación, concretamente billetes de 1, 2, 3, 5 y 100 liras. Esta moneta patriottica presenta un atractivo diseño, pese a las circunstancias de emergencia en la que fue emitida. Dos de estos billetes pueden verse en la entrada de hoy. El de 1 lira muestra un borde profusamente ornamentado, coronado con el león de San Marcos y el escudo del ducado de Milán, integrando así la parte lombarda en el conjunto. El de 3 liras, por su parte, refleja unos fabricantes de moneda (a modo de querubines sin alas), uno portando las herramientas necesarias (cuño y martillo) y el otro la báscula, flanqueados por los escudos de Venecia y del ducado de Milán. Los reversos están desprovistos de diseño alguno, pero cuentan con el sello del banco (controleria) que contiene, de nuevo, el león de San Marcos, símbolo por excelencia de la ciudad. 


La revolución de 1848 se saldó con un fracaso para los partidarios de la unificación, pero como reza el dicho popular, no importa tanto cómo comienza algo, sino cómo termina. Puede decirse que estas jornadas supusieron un ensayo general para una revolución que pocos años más tarde iba a desembocar, esta vez sí, en una auténtica unificación italiana. Manin no pudo presenciar este momento, pues falleció en París en 1857, pero logró asegurarse un hueco preeminente en la historia de Italia como uno de los que la hizo posible. 

Renouvin, P. Historia de las Relaciones Internacionales, AKAL (2ª Edición), Madrid 1990


jueves, 21 de julio de 2016

MONEDAS SUPERSTICIOSAS

Moneda zhou yuan tong bao
(Cast Chinese Coins, D. Hartill)
Las supersticiones, creencias irracionales que atribuyen con carácter mágico o sobrenatural a determinados hechos u objetos, han sido y son inherentes a la naturaleza humana: gatos negros, sal derramada, escaleras bajo las cuales no debemos cruzar... la búsqueda de antídotos a estos supuestos malos augurios ha llevado al ser humano a idear todo tipo de talismanes que lo protejan de la fatalidad. Las monedas, con su fuerte carga simbólica de poder y riqueza, han sido utilizadas en ocasiones para estos fines. En este sentido, China posee una larga tradición de uso de sus monedas como amuletos, como veremos a continuación. 

Una de las monedas cash a la que se han atribuido más poderes sobrenaturales ha sido a la zhou yuan tong bao, de mediados del siglo X, dado que para producirlas fue supuestamente empleado el metal fundido proveniente de estatuas de templos budistas. El budismo comenzó a introducirse en China a partir del siglo II d.C., coincidiendo con el final de la era Han. En relativamente poco tiempo comenzó a ganar adeptos, lo cual no era de extrañar. El orden social defendido por el confucianismo se vio verdaderamente en entredicho durante la crisis de los siglos III al VI, caracterizados por la fragmentación y el conflicto. Una religión más espiritual como es el budismo, que propugna la salvación del alma a través de sucesivas reencarnaciones resulta más atractiva a una población atribulada por calamidades terrenales. 

Kangxi tong bao (1662-1722)
El budismo vive en China su apogeo durante la era de la dinastía Tang (618-907 d.C.), donde llegó a gozar del favor imperial en forma de ventajas fiscales, donaciones de tierras o construcción de templos. La emperatriz Wu Zetian, que dirigió los destinos de China entre 683 y 705 (aunque en realidad comenzó mucho antes a hacerlo a través de su marido el emperador Gaozong) lo convirtió en religión de estado. Pese a ser una religión muy adaptable a otras creencias y costumbres, esta acumulación de poder y riqueza sin precedentes ocasionó tensiones con otras creencias locales, especialmente con el taoismo, así como con el poder central. De esta manera, el emperador Wuzong prohibió a mediados del siglo IX las religiones no chinas como el budismo y ordenó confiscar todo el bronce de los templos budistas para emplearlo en la producción de moneda. 

Un siglo después, caída en desgracia la dinastía Tang y en un periodo conocido en China como la época de las Cinco Dinastías y los Diez Reinos, el emperador Shi Zong de la dinastía Zhou Posterior llevó a cabo una medida similar. A partir de 955 ordenó la producción de las zhou yuan tong bao (que puede traducirse como primera moneda Zhou) a partir del bronce confiscado a miles de templos budistas. Para este fin, numerosas estatuas fueron fundidas, un hecho que sirvió para atribuir a estas monedas poderes especiales, sobre todo en la curación de enfermedades y en la asistencia en los partos. Como nos podemos imaginar, esta moneda fue extensamente reproducida más allá de su tiempo, lo que hace que muchas veces sea difícil distinguir las zhou yuan originales de las copias modernas. 

Qianlong tong bao (1736-1795)
El otro ejemplo de moneda ligada a supersticiones se encuentra mucho más adelante en la historia china, concretamente en el periodo de la dinastía Qing, la última que llevó las riendas del imperio entre los siglos XVII y XX. Se trata de unas peculiares espadas consistentes en monedas cash ligadas entre sí y a una barra metálica de aproximadamente medio metro de longitud. Estos objetos se utilizaban como regalo de boda porque según la tradición traían salud, felicidad y ayudaban en la obtención de descendencia. Para confeccionar estas espadas se utilizaron monedas emitidas durante los reinados de Kangxi (1662-1722) y su nieto Qianlong (1736-1795), puesto que la larga duración de estos reinados se asociaba en general con la buena salud. A diferencia de las zhou yuan tong bao no se utilizaron como moneda en circulación o unidad de medida, sino más bien como objeto de adorno en el hogar o en el lugar de trabajo.

¿Conocéis más ejemplos de supersticiones unidas a monedas? Si es así, no dudéis con compartirlas en este espacio. ¡Gracias de antemano! 

Cast Chinese Coins, A Historical Catalogue, D. Hartill, Trafford 2005
Odd and Curious Money, descriptions and values, by Charles J Opitz, 2nd Edition 1991
Encyclopedia of Money, by Larry Allen, ABC-Clio Inc. Santa Barbara, California 1999
Ceinos, P. Historia Breve de China, Sílex Ediciones S.L. Madrid, 2006

lunes, 11 de julio de 2016

LOS "DOBLES" DE GUERNSEY

Reversos de monedas de 1 y 8 doubles de Guernsey
Hace algún tiempo dedicamos un espacio a las monedas de la mayor de las llamadas "Islas del Canal", Jersey, que hace alrededor de 200 años configuraba un peculiar sistema monetario con el 13 como número de referencia. Hoy por fin desviamos nuestra atención hacia la otra isla, Guernsey, cuyo recorrido ha sido paralelo al de Jersey en muchos sentidos, pero siempre con las particularidades que cabe suponer a una dependencia de la Corona británica. 

Las dependencias de la Corona, como Guernsey, Jersey o la Isla de Man en el Mar de Irlanda poseen un estatus especial, pues actúan en gran medida como países independientes aunque bajo soberanía británica. Gran Bretaña se encarga (además de proporcionar la jefatura del estado) de su defensa y su representación internacional, amén de reservarse el derecho a legislar sobre asuntos comunes. Por lo demás, estos territorios poseen sus propias instituciones (gobierno, parlamento y sistema judicial) configurando un sistema de gobierno más descentralizado que el de cualquier federación. 

Al igual que en el caso de Jersey, la posición geográfica siempre ha marcado el devenir político y económico de Guernsey. Estas islas son el último vestigio de la presencia inglesa en el norte de Francia, o, mejor dicho, de la estrecha y convulsa relación que marcó a ambos reinos durante la Baja Edad Media. Vinculadas a Inglaterra desde 1066, año en que el duque Guillermo de Normandía derrotó al rey Harold en la batalla de Hastings, esta relación se mantendría aún después de la separación de 1204. La posición estratégica de estas islas, puerta del Atlántico y más cercanas a Francia que a Gran Bretaña, les proporcionarían tanto inconvenientes como ventajas. Los inconvenientes pueden encontrarse sobre todo en el plano de las relaciones internacionales, pues se trata de territorios alejados de los centros de poder, y por tanto muy vulnerables en caso de conflicto entre las dos grandes potencias a uno y otro lado del Canal (tres, en el caso de la Segunda Guerra Mundial). Sin embargo, una posición geográfica de estas características reportaba también ventajas, sobre todo en el terreno económico, pues abría las puertas a los beneficios del comercio ultramarino. Este hecho, unido a la amplia autonomía que estas islas tenían para decidir sobre sus asuntos, incrementaba en gran medida sus posibilidades de crear riqueza. 

Anversos de monedas de 1 y 8 doubles de Guernsey
Su moneda, un aspecto en el que Guernsey gozó de total autonomía hasta el siglo XX, fue (al igual que en el caso de Jersey) un ejemplo de la influencia francesa en la economía local. De hecho, a principios del sigo XIX la livre (y el franco a partir de 1795) era la moneda predominante y de curso legal en la isla. Alrededor de 1830, la cantidad y calidad de las monedas francesas en Guernsey había descendido considerablemente, hasta el punto de plantearse las autoridades locales la emisión de moneda propia. Así, haciendo uso de su poder de decisión, estas autoridades adoptaron la libra, pero no la esterlina, lo que hubiera supuesto un recorte considerable de su autonomía, sino una libra propia basada en los patrones franceses.  

Las monedas de cobre, como las que veis en las imágenes, serían los doubles, cuyo nombre viene del double denier francés pese a que el valor real del double de Guernsey era de tres deniers. Estas monedas, emitidas a partir de 1830, se asemejaban en gran medida a los peniques británicos y sus divisores: los 8 doubles equivaldrían al penique, los 4 doubles al medio penique, los 2 doubles al farthing y el double al 1/2 farthing. No obstante, esta equivalencia no era tal, pues la libra de Guernsey tenia un valor ligeramente inferior al de la libra esterlina, ya que tomaba al franco francés como referencia. Por ejemplo, un chelín (recordemos, la vigésima parte de la libra) de Guernsey equivalía a 1,2 francos franceses, mientras que el chelín de la libra esterlina equivalía a 1,26 francos. Con respecto a la moneda francesa, la equivalencia era redonda: un double equivalía a 1/80 de franco, por lo que el penique de Guernsey (es decir, su moneda de 8 doubles) tenía el mismo valor que la de 10 céntimos de franco. 

A partir de 1870 las monedas de Gran Bretaña pasaron a ser de curso legal en Guernsey, momento en que se constataron las diferencias en valor entre la libra esterlina y la de Guernsey. Un chelín británico, que equivalía a 12 peniques, valía 12 peniques y medio de Guernsey, es decir, 12 monedas de 8 doubles y una de 4. El mayor valor del penique británico, sin embargo, no tenía gran relevancia en las transacciones rutinarias. En la práctica solo se tomaban en consideración estas diferencias en transacciones de mayor cuantía económica. 

Parecido no es lo mismo: de izda. a dcha., el penique de Guernsey,
el penique británico y los 10 cts. franceses coetáneos
 

La caída del valor del franco tras la Primera Guerra Mundial llevó a Guernsey a ligar su libra a la esterlina, desvinculándose de forma definitiva de la divisa francesa. Para aprovechar las grandes cantidades de doubles emitidas, se igualaron todas las monedas por debajo de un chelín, de tal manera que los peniques de Guernsey quedaban equivalentes de hecho y de derecho a los peniques británicos. Para los valores por encima de un chelín se estableció un cambio de 21 chelines de Guernsey por libra esterlina, en lugar de los 20 habituales.

La historia del double continuó hasta 1971, año de la decimalización de la libra. Hasta ese momento se habían seguido utilizando las monedas de 8 y 4 doubles, pues las de 2 y 1 habían quedado virtualmente sin valor. Hoy día Guernsey emite sus propios billetes y monedas de libra esterlina a la manera de Escocia, Irlanda del Norte o la Isla de Jersey, último reducto de su autonomía en asuntos monetarios. En cualquier caso, en su historia numismática quedará siempre la singular trayectoria del double, heredero de la Livre Tournois, la moneda francesa que presenció la Revolución de 1789.  

viernes, 24 de junio de 2016

MONEDAS CASH DE LA EDAD MEDIA (III)

Como he comentado recientemente, tengo desde hace dos meses el honor de colaborar con la revista Numismático Digital con un artículo mensual. El tema escogido para los próximos meses es la historia de la moneda cash china, asunto al que he dedicado numerosos espacios en este blog. El próximo artículo, del cual os presento unas pinceladas en la entrada de hoy, tratará de la transición entre la Edad Antigua y la Edad Media, que en China tuvo lugar aproximadamente 200 años antes que en Europa. Se trata de un periodo de cuatro siglos ciertamente complejo, en el que la inestabilidad y la división dominan el territorio del antiguo imperio Han, por lo que pido disculpas de antemano por las más que probables confusiones que esta lectura pueda generar. No obstante, como siempre hago en estos casos, he intentado sintetizar este fascinante periodo (que en cierto sentido guarda algunos paralelismos con el final de la antigua Roma) dividiéndolo en tres épocas, como veremos a continuación. 


Mapa aproximado de las zonas controladas por
los reinos de Wei, Han y Wu (wikipedia)
El final de la era Han (206 a.C. - 220 d.C.) se caracteriza por un deterioro progresivo del prestigio del poder imperial frente a oligarquías locales (que en muchos sentidos se comportan como soberanos en los territorios que controlan), las intrigas palaciegas entre familias influyentes y el poder en ascenso de los eunucos. En la última década del siglo II d.C. una serie de catástrofes naturales unidas al empobrecimiento general del campesinado condujeron a la llamada "Revuelta de los Turbantes Amarillos", en la que sus líderes combinaron la reivindicación social con un milenarismo de tipo religioso que desembocó en episodios de extrema violencia. En un contexto como este el estamento militar adquirió peso, convirtiéndose en auténticos señores de la guerra capaces de dominar al emperador a su antojo. A principios del siglo III tres de estos militares controlaban porciones significativas del Imperio Han: Cao Cao el norte, Sun Quan al sur y Liu Bei en el Sichuan al suroeste.

EL primer periodo comienza en 220 con la confirmación de la fragmentación del territorio y la pérdida de relevancia de la figura del emperador Han: es la llamada "Era de los Tres Reinos", Wei al norte dirigido por Cao Cao y sus sucesores, Wu al sur y Shu-Han en Sichuan al suroeste. Tanto Wei como Shu-Han pretendían formar estados militares basados en la tradición legista, es decir, caracterizados por una fuerte centralización y una burocracia efectiva. Wu, sin embargo, estaba gobernado por una confederación de las familias más poderosas del valle del Yangzi, aunque conoció un desarrollo comercial considerable, pues abrió numerosas rutas marítimas que conectaban su capital Nanjing con Taiwan y el sureste asiático. Wei, el estado más poderoso en términos económicos, militares y de población fue el que se impuso a los otros dos unificando China bajo la dinastía Jin en el 280 d.C.

Moneda Zhi Bai Wu Zhu por valor de
100 cash del reino de Shu (Early
World Coins, R. Tye)
Esta unificación, sin embargo, no duraría mucho tiempo, pues el estado Jin sufrió aumentados los problemas que habían terminado con los Han unas décadas antes, concretamente el excesivo poder que acaparan las familias cercanas al emperador (que podían nombrar a sus propios funcionarios y mantener sus milicias) en detrimento de las autoridades centrales. Los intentos por reforzar la autoridad central, como la aprobación de un nuevo código penal o la limitación de la extensión de las grandes propiedades, fueron inútiles y tras la muerte en 290 de Sima Yan, fundador de esta dinastía, se sucedieron las luchas de poder, que darían lugar a un periodo especialmente convulso en el que no quedará ni rastro de cualquier poder central. A principios del siglo IV la antigua China de los Han queda de facto dividida entre las dinastías del norte y las del sur de la cuenca del Yangzi.

Durante este primer periodo los reinos conservaron en circulación las antiguas piezas wu zhu (recordemos, cinco zhu de peso, unos 3,2 grs.) combinadas con piezas meramente fiduciarias y dinero-mercancía. Seguramente el reino de Wei fue el que más fiel se mantuvo a la tradición wu zhu, mientras que los reinos de Wu y Han-Shu optaron por la emisión de piezas de mayor valor facial (en los cientos o miles de cash) probablemente con el fin de hacer frente a tendencias inflacionistas y satisfacer necesidades fiscales. No obstante, nos adentramos en una era de continua inestabilidad monetaria y financiera, con un circulante escaso, desprestigiado y sobrevalorado que en muchos casos deberá competir con el empleo de dinero-mercancía, principalmente tela, seda y cereales. Cabe resaltar, sin embargo, un hecho de gran relevancia en la historia numismática china: en sus monedas de 100 el reino de Shu introdujo los caracteres "tai ping" arriba y abajo del anverso, que hacían referencia al año o época de emisión. Este modelo se retomaría a partir del año 618 de forma continuada hasta el siglo XX de nuestra era. 

EL segundo periodo, de mayor confusión todavía, se abre tras la caída de la dinastía Jin. Tanto el norte como el sur de China presenciaron una fragmentación sin precedentes del territorio, aunque con características particulares en uno y en otro caso. En el sur se suceden varias dinastías cuyo poder normalmente está limitado por las grandes familias aristocráticas de la cuenca del Yangzi. En efecto, los Jin consiguieron en 317 establecer un reino con capital en Nanjing inaugurando el periodo de la llamada dinastía Jin del este. Este reino logró resistir las presiones de sus hostiles vecinos del norte así como dar cabida a miles de refugiados que huían de zonas en constante conflicto. Conseguieron además a lo largo del siglo IV desarrollar las redes comerciales que tanto beneficiaron al antiguo reino de Wu, pero la inestabilidad política marcaría su devenir con la sucesión de varias dinastías: Song, Qi, Liang y Chen. En el norte, coexistían y se sucedían numerosos estados, muchos de ellos fundados por los llamados "bárbaros sinizados" provenientes de pueblos con los que los antiguos Han mantenían constantes tensiones en las zonas fronterizas del imperio: los xiongnu, los qiang y los xianbai entre otros. Para hacernos una idea de la extrema fragmentación que vive esta parte de China, baste decir que el periodo comprendido entre comienzos del siglo IV y mediados del siglo V pasará a la Historia como "Era de los 16 Reinos". Durante este periodo cualquier idea de unidad es enterrada ante el empuje de numerosas familias aristocráticas de carácter endogámico y fuertemente jerarquizadas, en constante tensión entre sí y que únicamente aspiran a consolidar el mayor tiempo posible los territorios que controlan.

Moneda Yong An Wu Zhu "tranquilidad
eterna" del reino de Wei del Norte
 (Early World Coins, R. Tye)
El reino de los Wei del Norte, fundado por una rama de las tribus xianbei conocidos como los toba o tuoba, consiguió dominar todo el norte de China con la ayuda de los Jin del este en el año 440. Los dirigentes toba poco a poco hicieron suyos el derecho y las tradiciones chinas, olvidando su pasado nómada, y gracias al desarrollo económico y comercial que experimentó su reino durante el siglo V gracias a la recuperación del control de la Ruta de la Seda ganaron en sofisticación. El proceso de asimilación de la cultura china fue tan profundo que a partir del 530 volvieron a estallar las tensiones de la mano de unidades del ejército formadas precisamente por los descendientes de esas tribus nómadas que se sentían marginadas por parte de sus dirigentes. Vuelve así un periodo de división e inestabilidad que terminará con la reunificación definitiva bajo la dinastía Sui en 589. 

Aunque no ha llegado hasta nosotros mucha información acerca de los avatares monetarios de este periodo, nos podemos imaginar que estuvo marcado por una gran inestabilidad y confusión. Puede afirmarse de hecho que durante esta época los innumerables reinos chinos reincidieron en el deterioro y desprestigio de su circulante, conviviendo emisiones de dinastías anteriores, dinero-mercancía y nuevas piezas emitidas por algunas autoridades, normalmente de baja calidad y reducidas dimensiones. 

Solo a finales del siglo V y principios del siglo VI, tercera etapa de este recorrido y coincidiendo con un momento de expansión económica, las dinastías que gobiernan el norte y el sur de China se plantearán retomar la emisión en grandes cantidades de monedas wu zhu similares en peso y en apariencia a las de la era Han. Muchas de estas monedas conservan los caracteres wu zhu a derecha e izquierda e incluyen una leyenda con dos caracteres arriba y abajo del anverso, como podemos ver en el caso de arriba de la yong an wu zhu, en la que yong an se traduce como  "tranquilidad eterna".

Dos monedas wu zhu del siglo VI. Miden 23 mm y pesan poco más de 2 grs.
Destaca la anchura del borde, a diferencia de sus predecesoras.  

Al final del siglo VI dio comienzo el periodo de tres décadas de la dinastía Sui, marcadas por la reunificación de China bajo una dinastía. Yang Jiang, emperador de Zhou del Norte (uno de los reinos surgidos tras el colapso del reino Wei del Norte) consiguió hacerse con el poder en 581 tras un golpe palaciego. Se le recuerda por muchas razones, especialmente por lograr el control de todo el territorio chino en menos de diez años, tras aplastar primero a los ejércitos locales del norte y derrotar a la dinastía Chen en el sur en 589. 


Las medidas adoptadas por Yang Jiang iban encaminadas a lograr la estabilidad del nuevo imperio: rebajas de impuestos a campesinos empobrecidos y reparto de tierras, adopción de un sistema administrativo racional a semejanza del de los Han con departamentos organizados por áreas (justicia, finanzas, ejército, obras públicas) y reconstrucción de infraestructuras, como los tramos deteriorados de la Gran Muralla al norte. Como era de esperar, unificó el sistema monetario, víctima de una enorme división durante siglos, adoptando una moneda wu zhu semejante en diseño aunque ligeramente inferior en peso y tamaño en relación con la de los Han del siglo II a.C. Aún así, esta wu zhu tardía presenta unas características peculiares, la más significativa de ellas el borde más grueso que sus predecesoras. Además, la aleación utilizada contenía una considerable cantidad de estaño, lo que hace que estas monedas tengan una apariencia más blanca en color. 

Reverso de las monedas wu zhu del siglo VI
Puede decirse que es durante el siglo VI cuando se consigue volver a un volumen de emisión de moneda y unos niveles de calidad similares a los de la era anterior a la división de China. No obstante, esta época también simboliza el fin de la wu zhu como referencia monetaria, ya que la llegada de la dinastía Tang en 618 cambiará radicalmente y de forma permanente el concepto chino de circulante. 

Early World Coins & Early Weight Standards, by Robert Tye, published by Early World Coins, York 2009

Scheidel, W. The Monetary Systems of the Han and Roman Empires, Priceton/Stanford Working Papers in Classics, Stanford University, February 2008
https://www.princeton.edu/~pswpc/pdfs/scheidel/020803.pdf

Catalog of Chines Coins in the British Museum - VII Century B.C. to A.D. 621. https://www.forumancientcoins.com/dannyjones/British%20Museum%20Books/Catalog%20of%20Chinese%20Coins%20in%20the%20British%20Museum%20-%20VIIth%20Cen.%20BC%20to%20AD%20621.pdf

Gernet, J. El Mundo Chino. Editorial Crítica, Barcelona 1991


Ceinos, P. Historia Breve de China, Sílex Ediciones S.L. Madrid, 2006

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