miércoles, 31 de octubre de 2018

DINERO AFILADO

¿Pueden servir los clavos como medio de intercambio?
(Encyclopedia of Money
, by Larry Allen)
El dinero-mercancía, es decir, aquel que tiene valor por sí mismo y así es reconocido por la sociedad que lo utiliza, puede adoptar formas curiosas e interesantes. Tradicionalmente los metales como el oro y la plata han cumplido con éxito este papel pero cuando éstos han escaseado o no han llegado por diferentes motivos las sociedades no han dudado en utilizar todo tipo de bienes considerados valiosos. Durante los más de seis años que llevo ofreciendo curiosidades hemos podido analizar formas de dinero-mercancía tan dispares como los cigarrillos de la Alemania de la posguerra, el arroz del Japón medieval o el cacao de la América precolombina.  El ejemplo de hoy es seguramente uno de los más parecidos al circulante oficial como veremos a continuación. 

La Norteamérica colonial conoció un verdadero boom del uso de dinero-mercancía distinto de los metales preciosos. En este contexto, en el que la mayor parte del circulante monetario era utilizado para la adquisición de bienes europeos, los productos agrícolas, abundantes y preciados en estas latitudes, fueron los más utilizados como medio de pago. Maíz, trigo, tabaco o arroz son buenos ejemplos de ello, aunque convivieron con otros productos como carnes, pescado o mantequilla. Su importancia en el comercio fue tal que los órganos legislativos de las diferentes colonias regularon su uso, estableciendo las equivalencias de los productos intercambiados con su valor en dinero de curso legal.  Tal y como indica Larry Allen en su “Ecyclopedia of Money” Carolina del Sur aprobó una ley en 1687 que establecía equivalencias como:

  • Maíz: dos chelines por bushel (8 galones, aprox. 36 litros)
  • Guisantes indios : dos chelines y medio por bushel
  • Guisantes ingleses: tres chelines y medio por bushel
  • Carne de cerdo: 20 chelines por hundredweight o quintal (aprox. 50 kg.)
  • Carne de vacuno; dos peniques por libra (454 grs.)
  • Tabaco: dos peniques por libra
  • Alquitrán: ocho chelines por barril
No obstante, el empleo de esta clase de dinero mercancía revestía dos grandes problemas. Uno de ellos tenía que ver con su calidad, pues en muchos casos los productos agrícolas o ganaderos de peor calidad podían reservarse para los intercambios comerciales, generando todo tipo de disputas y controversias. Y aunque se tratara de mercancías de calidad, estamos hablando de productos en muchos casos perecederos que por tanto no podían ser objeto de muchas transacciones. Este problema se solventaba con el establecimiento de inspecciones de calidad pero suponía una carga añadida a una administración que en muchos casos tenía dificultades en controlar de forma efectiva todo su territorio. El otro problema era el relativo al transporte. Lógicamente, la cantidad de producto requerido para hacer los pagos excedía con creces el peso de la moneda a la que equivalía, por lo que las grandes transacciones podían resultar muy problemáticas y costosas en medios y tiempo.   

Clavos antiguos de diferentes tamaños (Odd & Curious Money, C. Opitz)
Pues bien, aunque no estuviera muy extendido, el uso de clavos podía ofrecer una solución simple a los problemas planteados. En este contexto colonial, en el que la construcción de viviendas y otras infraestructuras vivía un periodo de auge, un bien como los clavos podía ser muy preciado y relativamente escaso. Al mismo tiempo, resultaban mucho más prácticos, ya que eran fácilmente transportables y, al estar hechos de metal, no existía el peligro de que perdieran calidad, al menos en el corto plazo. Además, dependiendo de su tamaño, se les podían asignar diferentes valores ajustados a su precio, lo que ofrecía a los usuarios la posibilidad de contar con un equivalente a la calderilla. En muchos sentidos, los clavos proporcionaban a la población la mayor parte de las ventajas de la moneda de curso legal sin necesidad de establecer una ceca.
Aún así, el uso de clavos en las transacciones económicas no debió ser muy extendido en la Norteamérica prerrevolucionaria, pues no parece que se incluyera en las legislaciones locales como moneda de cambio como sí ocurrió con otros bienes. De cualquier forma, el uso de clavos llegó a preocupar a las autoridades en algunos casos porque, según parece, eran tan escasos que muchos particulares llegaban a quemar edificios abandonados para poder hacerse con ellos fácilmente. Virginia aprobó una ley en 1646 que ofrecía a los propietarios el valor de los clavos en las casas vacías para que éstas no fueran deliberadamente destruidas.
El empleo de clavos como moneda está recogido nada menos que en La Riqueza de las Naciones de Adam Smith de 1776, donde el autor afirma “(...) me han dicho que hoy mismo en un pueblo de Escocia no es extraño que un trabajador lleve clavos en lugar de monedas a la panadería o la taberna.”  Allen señala además  que existen evidencias de que los clavos se pudieron emplear como dinero en zonas de minería de carbón en Francia durante el siglo XIX. Resulta realmente curioso comprobar cómo en muchos casos ante la escasez de circulante el ser humano acude de forma instintiva al metal como valor seguro en las transacciones (el propio Smith enumera en su obra las ventajas que siempre ha ofrecido el metal frente a otros tipos de dinero-mercancía). La utilización de clavos, aunque de forma aislada y menos recurrente que otras formas de dinero, vendría a demostrar que en los momentos en los que el circulante es escaso o inexistente, las sociedades son capaces de ponerlo en marcha por sí mismas.

Aunque no se trate de un objeto especialmente atractivo para el coleccionismo, no cabe duda de que los clavos nos plantean interesantes cuestiones acerca del origen del dinero y de su papel en la sociedad. 

Encyclopedia of Money, by Larry Allen, ABC-Clio Inc. Santa Barbara, California 1999
Smith, A. La Riqueza de las Naciones, Alianza Editorial - Colección el libro de bolsillo 2011
Odd and Curious Money, descriptions and values, by Charles J Opitz, 2nd Edition 1991


martes, 16 de octubre de 2018

EL FELÚS MARROQUÍ

Son ya unos cuantos años escribiendo en este blog acerca de curiosidades de la numismática y la notafilia, y en ningún momento hasta ahora he dedicado un espacio a nuestro vecino del sur. Creo que ya ha llegado ese momento, y lo voy a hacer con una pieza que a buen seguro ha llamado vuestra atención alguna vez por su parecido con los grandes bronces romanos o bizantinos, aunque muy distante de ellos en el tiempo: el felús marroquí. Aunque felús es el nombre genérico que recibe la moneda de cobre musulmana de poco valor, el marroquí destaca por su inconfundible estilo y modo de fabricación, como veremos a continuación.

Monedas de 1 felús (izda.) y 4 feluses (dcha.) con la estrella de seis puntas. El felús
mide 18 mm. y pesa 3,79 grs. La pieza de 4 feluses mide 28 mm. y pesa 10,02 grs. 
Marruecos, reunificado bajo la dinastía Alauí en el siglo XVII, consiguió mantener un alto grado de independencia y prosperidad económica gracias a su posición estratégica (puerta del continente africano, situado entre dos mares), a sus riquezas naturales y a su apertura al comercio internacional, hecho éste que a la postre sería letal para sus intereses. Las potencias europeas, que durante el siglo XIX comenzaron un proceso de industrialización que les llevaría a la conquista de extensos imperios coloniales de los que adquirir materias primas, pusieron a prueba esta independencia en numerosas ocasiones. Como otros tantos estados extra-europeos, Marruecos fue progresivamente forzado a aceptar acuerdos comerciales cada vez más desiguales, acompañados de intervenciones militares extranjeras en algunos casos que lo acabaron convirtiendo de facto en una colonia de sus vecinos del norte.  Los continuos enfrentamientos con Francia en la frontera de Argelia y la expedición de O'Donnell de 1859-60, una de las pocas victorias militares que España pudo lucir durante casi todo el siglo, concluyó con ventajas económicas y territoriales para los europeos que mermaban considerablemente las capacidades de el reino alauí de competir en igualdad de condiciones.

"Árbol" de feluses (imagen de Odd &
Curious Money, C. Opitz)
Esta intervención española puede explicar en gran medida la facilidad que tenemos hoy en día los coleccionistas de encontrar moneda marroquí de la época, ya que según parece muchos fueron traídos por soldados españoles e incluso puestos en circulación, siendo conocidos por el apelativo popular de "chavos morunos". El sistema monetario marroquí del siglo XIX continuaba la tradición iniciada por los árabes a finales del siglo VII basada en la tríada dinar-dirhem-felús, aunque en este momento el reino alauí emitía sobre todo moneda de cobre, viéndose obligado a importar moneda de plata del exterior con el consiguiente caos monetario interno que ello generaba.


Según la información a la que he podido acceder, procedente sobre todo de foros de coleccionismo numismático, el felús de cobre que hoy tengo el placer de compartir tenía las denominaciones de 1/2 (13-14 mm.), 1 (17-20 mm y entre 3 y 5 grs. de peso), 2 (21-24 mm. entre 6 y 8 grs.) y 4 (27-30 mm. y 9-11 grs.). Suele haber bastante disparidad en los pesos y medidas, seguramente explicada por su técnica de fabricación, basada no en la acuñación sino en el fundido, de forma muy similar a las monedas cash orientales, protagonistas habituales de este blog. Así, al igual que con las monedas chinas, es posible encontrar "árboles" de feluses. Los moldes empleados solían contener tres filas de cuatro monedas cada una, que eran separadas una vez el metal se enfriaba. Si bien hacerse con uno de estos árboles como el que aparece en la imagen es bastante complicado, sí es habitual encontrar en una moneda restos de las "ramas" o canales que unían las piezas del mismo molde. 

Una ventaja de estas monedas es su claridad en cuanto a datación y ubicación geográfica, pues los reversos muestran nítidamente el año de emisión (según el calendario musulmán) así como el nombre de la ceca en árabe. En el caso de las piezas de 4 feluses que muestro en las imágenes tendríamos una de Marrakech de 1868 (año 1285 de la Hégira) y otra de Fez de 1870-71 (año 1288 de la Hégira), ambas emitidas bajo el reinado del sultán Mohammed IV (1859-1873). 

Reversos de dos monedas de 4 feluses, de peso y medida muy similar. La de
la izda lleva la marca de la ceca de Marrakech y el año 1285 H., es decir, 1868.
La de la dcha. lleva la marca de la ceca de Fez y el año 1288 H. (1870-71) 
No obstante, uno de los aspectos más llamativos lo constituye la omnipresente estrella de seis puntas, que aparece en prácticamente todas las piezas, a veces en anverso y reverso a la vez. Aunque hoy en día este símbolo se relaciona exclusivamente con el judaísmo, sus orígenes son tan remotos como inciertos, y han sido numerosas las culturas que han coincidido en dotarle de un carácter fuertemente espiritual. El Islam no fue una excepción en este sentido, algo que no sorprende si además tenemos en cuenta que esta religión considera profetas a antiguos reyes israelíes como David y Salomón. 

Toda acción va acompañada de una reacción, y la crisis del siglo XIX provocó un considerable malestar entre la población marroquí, que llegó a identificar a los extranjeros como el origen de muchos de sus males. Los enfrentamientos con España, de hecho, condicionarían no solo las relaciones hispano-marroquíes, sino también la agenda política española de la mayor parte del siglo XX como bien sabemos. No obstante, todos estos acontecimientos tendrían lugar sin los feluses de hoy, pues la nueva maquinaria de producción de moneda se comenzaría a introducir en el reino alauí a finales del siglo XIX, con el consiguiente abandono de las antiguas técnicas de elaboración manual. 


Laroui, A. Historia del Magreb. Desde los orígenes hasta el despertar magrebí. Ed. Mapfre S.A. Madrid 1994 pp. 302-312
Odd and Curious Money, descriptions and values, by Charles J Opitz, 2nd Edition 1991

domingo, 30 de septiembre de 2018

IMITACIONES ÁRABES

La expansión árabe de los siglos VII-VIII :
de Francia al valle del Indo en 80 años
Hace ya algún tiempo, cuando tuvimos la ocasión de adentrarnos en la numismática hispanomusulmana mencioné el hecho de que los árabes, al comienzo de su expansión, adoptaron las formas monetarias bizantinas y sasánidas, en muchos casos a través de la imitación de sus monedas. Hoy por fin tengo el placer de mostrar un ejemplo de esas imitaciones que, dado su parecido con los originales, pueden llevar a cierto grado de confusión entre los coleccionistas.

Una de las características que define la expansión árabe (y con ella la del islam) fue su rapidez. En cuestión de pocas décadas el tablero geopolítico de Oriente Medio y el Mediterráneo dio un vuelco inusitado debido a una serie de factores. Los árabes, cohesionados durante el siglo VII bajo la fe monoteísta defendida por el profeta Mahoma, dejaron atrás sus divisiones en diferentes clanes y tribus para convertirse en una fuerza unida y organizada, capaz de configurar estructuras de estado. Todo ello coincidió con un florecimiento comercial de La Meca, punto central de las diferentes rutas de la península arábiga que, dada la tensión reinante entre los imperios bizantino y persa al norte, habían desplazado a la ruta de Mesopotamia como la preferida para los intercambios mercantiles entre Asia y Europa.
Fue precisamente el desgaste ocasionado por siglos de luchas entre romanos y persas lo que abrió las puertas a la rápida expansión árabe. Tras su derrota por los bizantinos en 627, los persas fueron poco a poco desmoronándose ante las incursiones árabes, cada vez más rápidas y mejor organizadas, hasta desaparecer completamente en 651. Al mismo tiempo, los nuevos califas apuntaron hacia occidente centrándose en los flancos más vulnerables de los bizantinos. La pérdida de Siria y Palestina en 638 y Egipto en 642 supusieron el fin de la hegemonía de Bizancio en Oriente Medio así como un desplazamiento del centro de poder árabe de Medina-La Meca en la península arábiga a Damasco, capital de la dinastía Omeya a partir de 661. 

Comparación del anverso entre un felús árabo-bizantino (derecha) y
el follis original de Constante II (izquierda) de 641-668

Los árabes aspiraban a consolidar sus conquistas, centralizar el nuevo imperio e islamizar a las poblaciones sometidas pero en un primer momento se limitaron a mantener las estructuras político-administrativas y fiscales de los persas y bizantinos, apreciándose en muchos casos signos de continuidad.  Un buen ejemplo de esta continuidad se muestra en las monedas que hoy ilustran esta entrada. El circulante de las zonas conquistadas a mediados del siglo VII en Oriente Medio y Persia siguió siendo el emitido por bizantinos y sasánidas, y la emisión de nuevas monedas se ciñó estrictamente a estos patrones. 

Los sólidos bizantinos y los dracmas sasánidas, piezas ya conocidas por los árabes con anterioridad a sus conquistas, fueron fielmente reproducidos bajo la autoridad de los califas. En el caso de las monedas de bronce en las que nos centramos particularmente hoy, puede verse una cierta evolución desde copias más o menos fieles de los originales bizantinos (las cuales, si no se es buen conocedor, pueden llevar a confusión) hacia imitaciones con elementos propios hasta llegar, a finales del siglo, a adquirir un estilo independiente. 
Reversos de las dos monedas. El felús árabo-bizantino de la derecha presenta
inscripciones más borrosas y en algún caso inversas

Efectivamente, los primeros feluses árabo-bizantinos consistían en copias de follis de cobre de emperadores como Heraclio (610-641) y Constante II (641-668). Precisamente, la moneda de las imágenes representa una de estas imitaciones del follis de Constante. En el anverso, vemos al emperador en pie sujetando un crucifijo largo con una mano y un globo crucífero con la otra y en el reverso una gran M indicativa del valor facial y parte de la leyenda bastante borrosa, con algunas letras que parecen estar al revés. Son precisamente estos detalles los que permiten percatarnos de que se trata de imitaciones de la época, en las que abundan las leyendas inversas, elementos tomados de otras monedas o incluso algunos caracteres árabes, más frecuentes conforme se asiente su dominio. 

Ilustración del felús tipo "califa en pie" en
Early World Coins de Robert Tye
Ya a finales del siglo VII, y partiendo de los prototipos bizantinos, se introdujo una interesante variación de felús conocida como "califa en pie", en cuyo anverso se aprecia una figura similar a la de Constante II pero con importantes variaciones tanto en el peinado como en la vestimenta y en el hecho de que no porta cruces de ningún tipo sino una espada. El anverso se inspira claramente en el modelo de cruz montada sobre escalones que tanto aparece en los sólidos bizantinos salvo que no se trata de una cruz sino de un poste terminado en círculo. Las leyendas tampoco buscan imitar el modelo bizantino sino que reproducen inscripciones islámicas en escritura cúfica.

Se trataba sin duda de un paso intermedio hacia la consecución de un estilo propio. Un estilo propio que desproveía a las monedas de imágenes y se centraba en los mensajes religiosos tanto en anverso como en reverso. A partir de 697 se comenzaron a emitir el dinar de oro, el dirhem de plata y el felús de cobre, componente de un sistema trimetálico que, si bien suponía una ruptura con los sistemas monetarios bizantino y sasánida, tomaba prestada la esencia de ambos y gozaría de gran influencia en el mundo mediterráneo, Oriente Medio y la Europa medieval durante los siglos siguientes.  

Early World Coins & Early Weight Standards, by Robert Tye, published by Early World Coins, York 2009
Kaplan, M., Martin, B. y Ducellier, A. El Cercano Oriente Medieval, Ediciones Akal S.A. 1988
Bates, M. Byzantine coinage and its imitations, Arab coinage and its imitations: Arab-Byzatine coinage, ARAM 6 (1994), 381-403
Trombley, F. Some Greek and bi-lingual Arab-Byzantine bronze coins of Damascus and Hims-Hemesa: some new examples of iconography and paleography, with reference to some Byzantine issues of the late 6th and 7th centuries, Università degli Studi Di Trieste https://www.openstarts.units.it/
https://tenthmedieval.wordpress.com/tag/arab-byzantine-coins/



lunes, 17 de septiembre de 2018

EFECTOS DE LA HIPERINFLACIÓN (XI): BOSNIA-HERZEGOVINA

Las "repúblicas" de Bosnia-Herzegovina:
un rompecabezas étnico (wikipedia) 
Tras analizar unos cuantos casos de hiperinflaciones en diferentes puntos del planeta en épocas distintas es inevitable encontrar numerosos puntos en común: inestabilidad política, conflictos civiles, mala gestión económica o expansión ilimitada del gasto público son algunas de las características que ayudan a explicar los orígenes de las inflaciones disparadas. No obstante, siempre es posible dar con aspectos singulares que hacen que un caso sea distinto de otro. El caso de Bosnia-Herzegovina, pese a guardar lógicos paralelismos con su vecina Yugoslavia tiene la peculiaridad de reflejar la profunda división existente en su territorio: en lugar de una hiperinflación tuvieron lugar dos.

Bosnia-Herzegovina fue el territorio de los Balcanes más castigado por el conflicto precisamente por su diversidad étnica y posición geográfica entre dos nacionalismos combatientes: el serbio y el croata. El frágil equilibrio que había caracterizado la unión de todas las nacionalidades eslavas del sur de Europa saltó por los aires tras la muerte del mariscal Tito durante la década de 1980. Podemos pensar erróneamente que el conflicto de la ex-Yugoslavia fue el resultado de las tensiones centro-periferia propias de los estados descentralizados, pero en realidad fueron las desmedidas ambiciones del nacionalismo serbio (que podríamos considerar como el "centro" en este contexto) y su idea de creación de una "Gran Serbia" a expensas de las demás repúblicas de la federación lo que precipitó el primer conflicto bélico en suelo europeo desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

De hecho, los únicos escenarios bélicos en la desintegración de Ýugoslavia fueron aquellos en los que Serbia podía encontrar territorios que anexionar: Eslavonia y la Krajina en Croacia y la parte nororiental de Bosnia-Herzegovina eran zonas pobladas mayoritariamente por serbios. Esta república, que no se separó de la federación en un primer momento (como sí lo hicieron Croacia y Eslovenia en Junio de 1991) desarrolló un creciente recelo hacia el nacionalismo serbio, cada vez más agresivo y fuera de control, toda vez que se veía libre del respeto hacia las antiguas fronteras internas. Los dirigentes de Sarajevo consideraron que la única forma de preservar la integridad de Bosnia-Herzegovina pasaba por proclamar su independencia, acontecimiento que se produjo en marzo de 1992 tras la celebración de un referéndum.

Dinar serbo-bosnio de 1992, con el escudo de armas serbio

Los problemas se hicieron patentes con el rechazo mayoritario de los serbo-bosnios a esta separación, apoyada masivamente por las otras dos comunidades: los bosníacos (la mayoría de ellos musulmanes, residentes sobre todo en las grandes ciudades) y los bosnio-croatas, localizados en la parte occidental del país. Pese a los intentos de la nueva República de Bosnia-Herzegovina de establecer un estado multiétnico ampliamente descentralizado que integrara las sensibilidades de las diferentes comunidades, las milicias serbo-bosnias apoyadas por el ejército federal yugoslavo se abrieron paso en medio de unas operaciones de limpieza étnica que horrorizaron al mundo a mediados de la década de 1990. Esta limpieza étnica, conviene recordar, fue reproducida por milicias croatas en la parte occidental del país. La población bosniaca fue en ambos casos la más perjudicada, como atestiguan las sonrojantes cifras de muertos, desplazados y mujeres violadas. 
Dinar bosnio-herzegovino de 1992, con el emblemático puente de Mostar

Así, a partir de Abril de 1992 Bosnia estaba dividida en dos estados independientes de facto: la Federación Bosnio-Croata y la República Serbia (Republika Srpska). Esta última, liderada por Radovan Karadzic en lo político y el general Ratko Mladic en lo militar, además de realizar una limpieza étnica del 70 % de su territorio, estableció unas estructuras político-administrativas que incluían su propia moneda, el dinar serbo-bosnio. El resto de Bosnia utilizaba el dinar bosnio-herzegovino, salvo en zonas controladas por los croatas, donde circulaba la kuna. Ambos dinares tenían paridad con el nuevo dinar yugoslavo, no obstante evolucionarían de forma bien distinta.

Billete de 10 dinares bosnio-herzegovinos resellado a 100.000 en 1993

Como comentaba en la introducción, Bosnia-Herzegovina fue un caso peculiar en el que dos hiperinflaciones paralelas tuvieron lugar. En un contexto de caos económico como este, caracterizado por la escasez y la concentración de recursos en el esfuerzo bélico la emisión indiscriminada de papel moneda provocó una depreciación galopante de ambos dinares, si bien más pronunciada en la zona serbo-bosnia. La hiperinflación de la República Serbia fue prácticamente calcada a la de la Yugoslavia de Milosevic (ver entrada anterior), pues duró hasta comienzos de 1994 y alcanzó una tasa máxima de 297 millones % mensual y 64,3 % diario, duplicándose los precios cada 1,4 días. En Octubre de 1993, al igual que en la vecina Serbia, se introdujo el nuevo dinar equivalente a un millón de los antiguos dinares, algo que (como era de prever) no sirvió para reconducir la situación ya que las nuevas denominaciones de papel moneda llegaron nada menos que a los cincuenta mil millones (50 seguido de nueve ceros). En el caso de la Federación de Bosnia-Herzegovina las cifras fueron sensiblemente más suaves: 322 % mensual en su peor momento (4,92 % diario) y 14,6 días necesitaban los precios para duplicarse. Aún así, en los últimos meses de 1993 el dinar estaba tan devaluado que se recurrió al resellado, como puede verse en la imagen, o simplemente al añadido de ceros a los billetes. Pocos meses después, en Agosto de 1994 se recurrió también a un nuevo dinar, aunque en este caso equivalente a 10.000 de los viejos dinares, en un momento en que la inflación estaba bajo control en esta zona del país. 

1995 fue el año del acuerdo de Dayton, que, con todos sus inconvenientes, redujo notablemente la tensión en la zona apostando por un modelo federal muy descentralizado que integrara las dos repúblicas respetando la integridad de Bosnia-Herzegovina, con una presidencia rotatoria y la tutela provisional del Consejo de la Unión Europea para una paulatina unificación administrativa. En 1998 se puso en circulación el marco bosnio-herzegovino en sustitución de las diversas monedas que las diferentes entidades emitieron durante los años del conflicto, dejando atrás la hiperinflación, pero no unas profundas heridas emocionales que tardarán décadas en cicatrizar, si es que alguna vez eso ocurre. 

Como sabéis, siempre indico mis fuentes de referencia. En el caso de hoy creo que es digno de elogio el trabajo World Hyperinflations de Steve H. Hanke y Nicholas Krus del Cato Institute de Washington, fácilmente accesible en internet (https://www.cato.org/publications/working-paper/world-hyperinflations) que tras meses de minuciosos estudios y recopilación de datos consiguieron ofrecer una idea exacta del fenómeno inflacionario de esta zona entre los años 1992 y 1994, algo extremadamente difícil en un contexto de guerra civil. 

Taibo, C. Para Entender el Conflicto de Kosova, Colección Los Libros de la Catarata, Madrid 1999


jueves, 30 de agosto de 2018

LOS BILLETES DEL INFIERNO

Para retomar mi actividad tras el parón veraniego, he pensado que no hay nada mejor que la búsqueda de curiosidades del lejano Oriente. Desde que el ser humano emite dinero, se han dado casos en que por circunstancias éste ha perdido la mayor parte de su valor, bien sea por políticas monetarias erráticas o por procesos inflacionarios fuera de control. Son significativas, y siempre invitan a la reflexión, las imágenes de billetes cuyo valor facial supera los cinco dígitos, de transacciones hechas al peso o en montones, o de papel moneda que únicamente ha sido pasto de los servicios de limpieza una vez que la población ha perdido totalmente la confianza en su moneda. 


Billete del infierno imitativo de 50 euros con imagen del
Emperador de Jade y la leyenda 地府通用 (dìfû tonyòng)
Los billetes que tengo el placer de compartir hoy no poseen el más mínimo valor económico (salvo aquel que el coleccionismo tenga a bien otorgarles), puesto que al no ser de curso legal no están sujetos a vaivenes financieros o circunstancias políticas. Su valor es meramente simbólico aunque de gran carga espiritual, como veremos a continuación.

Los conocidos como “billetes del infierno” (hell money o hell notes) son producto de la mitología y creencias ancestrales chinas. Dìyù (地狱considerado como el infierno chino, se puede traducir mejor como “prisión del inframundo” y es más parecido al concepto de purgatorio que tenemos los occidentales que al de infierno, ya que la estancia de las almas en este lugar es temporal, no eterna. El inframundo se presenta en la mitología china como una especie de red de laberintos colocados en diferentes niveles (en un número que difiere según las diferentes interpretaciones), donde las almas esperan a ser juzgadas por Yan Luo, Señor de la Corte Terrenal, que decidirá si van al cielo o si continúan purgando sus pecados en esta inmensa cárcel. 


Billete del infierno imitativo de 100 euros también con imagen
del Emperador de Jade y la leyenda 地府通用 (dìfû tonyòng)
Durante su estancia en dìyù, las almas llevan una vida similar a la que tuvieron en la Tierra, siendo el uso de dinero un aspecto más de esta existencia. Así, como forma de honrar a los antepasados (verdadera obligación dentro del confucianismo) y al mismo tiempo enviarles el dinero necesario para sobrevivir en el inframundo, se queman estos billetes simbólicos en diferentes ceremonias, especialmente en funerales o durante las oraciones por los difuntos en su lugar de enterramiento. También es habitual verlo en festividades como Dongzhi (que celebra el solsticio de invierno) o la del Fantasma Hambriento, una suerte de Halloween oriental. 

Gracias a su bajísimo coste hoy día existe una gran variedad de billetes del infierno, tanto en diseños como en denominaciones, lo cual aumenta su atractivo de cara al coleccionismo. Aunque se sabe que los chinos han empleado imitaciones de dinero con fines espirituales desde tiempo inmemorial, se piensa que el uso de estos billetes de fantasía se remonta a finales del siglo XIX, momento en que China comenzó a emitir papel moneda de estilo occidental. Dependiendo de dónde nos encontremos, pueden imitar al yuan chino, al dong vietnamita o al dólar estadounidense. Los que yo he encontrado, en toda lógica, son imitativos del euro, como podéis ver en las imágenes. 


Billete del infierno imitativo de 200 euros con una imagen distinta del
Emperador de Jade y la leyenda 天地通用紙幣 (tiandì tongyòng zhîbì)

En este caso, su parecido a nuestros billetes de euro es total, aunque me ha dado para analizar ciertos aspectos que me han parecido interesantes, sobre todo ahora que estoy estudiando en más profundidad la cultura y la lengua chinas: 
  • Por un lado, los textos en anverso y reverso. Los billetes de 50 y 100 euros contienen la leyenda 地府通用 dìfû tōngyòng, que viene a significar "de curso general en la Corte del Inframundo" (dìfû es una denominación alternativa de dìyù). El billete de 200, por su parte, contiene más texto en escritura china tradicional. En el lugar que corresponde a las siglas del Banco Central Europeo, podemos leer (de derecha a izquierda) 天地通用银行 tiāndì tōngyòng yínháng, es decir, Banco Común del Cielo y la Tierra. La otra inscripción, de derecha a izquierda en el anverso y de arriba a abajo en el reverso, dice 天地通用紙幣 tiāndì tōngyòng zhîbì o "papel moneda del Cielo y la Tierra". 
  • Por otro lado, las imágenes. En el caso de estos billetes aparecen únicamente dos representaciones diferentes del Emperador de Jade o Yù Huáng, gobernante supremo del cielo según la mitología china y las creencias taoistas. En diseños de otros billetes del infierno (que podéis ver en los enlaces que incluyo más abajo) es fácil encontrar además una gran variedad de simbología religiosa como dragones, el ave fénix o templos. 
Pese a que aún no es un artículo muy popular entre coleccionistas (no son billetes fáciles de encontrar en las numismáticas), su gran diversidad e indudable interés cultural pueden ser factores decisivos para cambiar esta tendencia. Además, no parece existir aún un catálogo al respecto, lo cual puede ser un verdadero incentivo para futuros estudiosos. Mi consejo a los potenciales coleccionistas es que, si en algún momento se encuentran con este peculiar papel moneda lo adquieran lo más rápidamente posible antes de que sea enviado a dìyù... para siempre. 

Además de compartir los enlaces que me han servido para documentarme, quisiera agradecer de nuevo a Rocío su ayuda a la hora de descifrar los caracteres de los billetes de las imágenes 老师,谢谢!

http://www.planetslade.com/hell-money.html

lunes, 6 de agosto de 2018

LUIS XIV EN LAS MONEDAS CATALANAS

Antes de tomarme un pequeño respiro veraniego, quisiera dedicar una entrada a una curiosidad numismática autóctona que, como en otros muchos casos que ya hemos comentado por aquí, fue producida en Cataluña. Las monedas de hoy reflejan un momento crucial de la historia de España en el que no solo se jugaba su papel hegemónico mundial, sino también su propia existencia, pues las revueltas de mediados del XVII en diferentes territorios (siendo Cataluña y Portugal los focos principales) amenazaron seriamente la continuidad del reinado de los Habsburgo y pudieron restituir el mapa medieval de la península.

Para comprender los orígenes de estas sublevaciones es necesario tener en cuenta dos factores, uno interno y otro externo. El factor interno tiene que ver con las reformas que el conde-duque de Olivares trató de impulsar una vez asumió las responsabilidades de gobierno tras el acceso al trono de Felipe IV en 1621. Su Gran Memorial de 1624, informe confidencial que detallaba los principales problemas por los que atravesaba la monarquía y sus instituciones, exponía abiertamente la necesidad de avanzar hacia una mayor integración política, económica y administrativa de los diferentes reinos y territorios peninsulares, unidos por poco más que la figura del rey. Olivares estaba especialmente interesado en liberar dentro de lo posible al reino de Castilla del peso de la defensa exterior de la Monarquía Hispánica, para lo cual esbozó el proyecto de Unión de Armas, que fomentaba la cooperación militar entre los territorios peninsulares estableciendo un ejército permanente de 140.000 hombres.

El factor externo se encuentra en el contexto convulso de la Europa de la primera mitad del siglo XVII, más concretamente en la Guerra de los Treinta años en la que España participó activamente. Aunque el origen de esta guerra se encuentra en las diferencias políticas y religiosas entre estados centroeuropeos, la intervención de las grandes potencias le dotó de unas dimensiones continentales. Francia, en particular, deseaba sacudirse del cerco de los Habsburgo, ya que estaba rodeada geográficamente de reinos y territorios afines a éstos (Flandes, Alsacia y Lorena, el Franco Condado y Lombardía).  Así, Francia declaró la guerra formalmente a la Monarquía Hispánica en mayo de 1635, no sin antes tejer una serie de alianzas con los enemigos de los Habsburgo: las Provincias Unidas de los Países Bajos, los ducados de Saboya y Parma y la Liga de Heilbronn, que incluía a príncipes protestantes alemanes y el reino de Suecia.
Seiseno catalán de 1646 con la efigie de Luis XIV

Las reformas de Olivares fueron muy difíciles de implementar debido a los obstáculos que suponía la existencia de diferentes fueros, leyes y privilegios de los distintos territorios peninsulares así como las lógicas reticencias de sus representantes. Cataluña fue en este sentido uno de los territorios que más se opuso a colaborar en esta empresa, negando incluso contribuciones económicas al respecto. En 1639 Olivares quiso forzar su colaboración escogiéndola como frente para atacar a los franceses desde el sur, pero la oposición interna, lejos de aminorar, se acrecentó hasta convertirse en revuelta y, posteriormente, incorporación al propio reino de Francia.

El alojamiento de tropas en Cataluña, además de considerarse contrario a las Constituciones catalanas, provocó una escalada de enfrentamientos con el campesinado  cada vez más violentos que derivaron en una sublevación que se llevó por delante al propio virrey en Junio de 1640. Ante el vacío político que esto suponía, y temiendo que la revuelta se fuera aún más de las manos, la Diputación del General presidida por el diputado eclesiástico Pau Clarís decidió asumir el control de la situación y evidenciar su oposición frontal a las medidas impuestas desde Madrid. Aunque esto suponía independizarse "de facto" de la monarquía de los Habsburgo, las autoridades catalanas, cercadas por las tropas de Felipe IV por un lado y unos sublevados contrarios a cualquier tipo de negociación por otro, se vieron obligadas a solicitar protección a Luis XIII en Enero de 1641, lo cual colocaba a Cataluña bajo la soberanía francesa. 

Las monedas de la época dan buena cuenta de la sucesión de estos acontecimientos. El sistema monetario que imperaba en Cataluña tenía como unidad de cuenta la libra de plata (lliura) dividida en 20 sueldos (sous) que a su vez se dividían en 12 dineros (diners). Así, entre las monedas acuñadas en esta época se distinguen: 

  • Oro: trentín, equivalente a 33 croats de plata o 66 sueldos. Esta moneda tenía como divisores el medio trentín y el tercio de trentín, conocido también como onzén, ya que equivalía a once croats de plata. 
  • Plata: la libra de plata equivalía a 10 croats o reales catalanes, valiendo un croat 2 sueldos. El croat era la moneda de plata principal de Cataluña, equivalía a 24 dineros y tenía como divisor el medio croat. 
  • Cobre: las monedas de menor valor eran el ardite, que se dividía a su vez en 2 dineros 
Durante estos turbulentos años el Consejo de Ciento (Consell de Cent), la autoridad municipal de Barcelona, fue la institución responsable de la emisión de moneda. En Noviembre de 1640 creó la Setzena de Moneda, órgano que además de vigilar la calidad de las piezas emitidas podía sugerir la acuñación de nuevas piezas como la de 5 reales de plata o el seiseno (sisé) o pieza de 6 dineros como la que podéis ver en las imágenes.
  • Reverso del seiseno con la leyenda CIVI BARCINO y la fecha
Este seiseno refleja en su anverso el busto de estilo romano de un muy joven Luis XIV (de apenas 8 años de edad) rodeado de la leyenda LVD XIIII D G R F ET CO B (Ludovicus XIIII Dei Gratia Rex Francorum et Comes Barcinonae - Luis XIV Rey de Francia y Conde de Barcelona por la Gracia de Dios). El reverso está dominado por un prominente escudo de Barcelona con la leyenda CIVI 1646 BARCINO. Barcelona fue prácticamente la única ceca activa de este periodo, toda vez que las autoridades francesas decidieran imponer una estricta centralización de la emisión de circulante en territorio catalán. 

Esta pieza se acuñó en un momento económico complicado, en  el  que debido a las circunstancias propias de un escenario bélico la plata se convertía en un bien escaso y la inflación se disparaba. De hecho, las autoridades se vieron obligadas a recurrir al contramarcado y a la emisión de dinero de emergencia o moneda obsidional a partir de 1651, cuando el ejército español al mando de Juan José de Austria comenzó el sitio de Barcelona. Cataluña, convertida en teatro de operaciones francesas, no ocultaba su descontento con Francia, lo que llevó a Felipe IV a centrarse en la recuperación del Principado. Esto se hizo efectivo en Octubre de 1652 tras la toma de Barcelona y la aceptación de Felipe como soberano a cambio de una amnistía general y la promesa real de observar las constituciones catalanas. No fue este sin embargo el final de la guerra con Francia, que concluyó en 1659 con la Paz de los Pirineos, que concedía a Francia los condados catalanes de Rosellón, Cerdaña y Conflent, territorios que quedaban como único vestigio de lo que fue la ocupación francesa de Cataluña. Además, por supuesto, de las monedas... 

De Francisco Olmos, José María. La Moneda Catalana de la Guerra dels Segadors (1640-1652). Documento de Soberanía. Universidad Complutense de Madrid/Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía 

Felipo Orts, Amparo. Monarquías Rivales. Francia (1610-1661) y España (1598-1665). en en Historia Moderna Universal, de Alfredo Floristán (coord,) Editorial Ariel S.A. 2002 (Barcelona)

lunes, 16 de julio de 2018

EL GROS DE PRAGA

Territorio bajo control de la dinastía
Premyslid a principios del s. XIV
(fuente: wikipedia)
Como bien sabéis los que tenéis a bien leer mis artículos, todo lo que muestro aquí cuenta con una interesante historia detrás: cómo se creó, quién lo creó, en qué circunstancias, qué evolución tuvo, qué aceptación encontró entre la sociedad, cómo fue su decadencia y final...Para ser sincero, no es una tarea muy difícil, pues es extraño encontrar artículos de notafilia o numismática que no tengan interés histórico, por pequeño que sea. Hay ocasiones, además, en las que tengo la oportunidad de escribir acerca de monedas o billetes que en su día hicieron historia. La entrada de hoy me brinda una de esas ocasiones como veremos a continuación.

El gros de Praga (Prazsky gros) consiguió convertirse en moneda de referencia centroeuropea en los siglos que marcaron la transición de la Edad Media al Renacimiento. De hecho, su origen coincide con un renacimiento particular de las acuñaciones europeas, ligado al progreso económico y al impulso de la urbanización. En 1266 Francia se convirtió en el primer reino de Europa occidental que retomó la idea de una pieza grande de plata, materializada en el gros tournois. De 4,22 grs. de peso y una pureza del 95,8% esta moneda simbolizaba el nuevo empuje que experimentaban las acuñaciones europeas tras siglos de estancamiento. El peculiar diseño del anverso con círculos concéntricos en forma de diana probablemente derivaba de acuñaciones musulmanas medievales. El reverso, por su parte, contenía en el centro un castillo (un tanto esquematizado, a simple vista puede recordar a una corona) rodeado de doce flores de lis, dando así continuidad a tradiciones estilísticas europeas, dominadas por templos y fortalezas durante gran parte de la Edad Media.

Imagen del gros tournois francés, "inspirador" del gros de
Praga (y otras muchas monedas bajomedievales)
Fuente: Early World Coins, de R. Tye

El reino de Bohemia, dentro de la órbita del Sacro Imperio Romano-Germánico pero con casi total independencia en la práctica, no fue ajeno al clima de progreso económico bajomedieval. A finales del siglo XIII y principios del XIV la dinastía Premyslid controlaba un territorio equivalente hoy día al de la República Checa, Hungría y Polonia occidental, llegando a abarcar desde el Báltico hasta el Adriático, gracias a una serie de exitosas campañas militares y una tenaz resistencia a las acometidas de los mongoles. El poderío económico y comercial de este reino centroeuropeo era notable, en gran medida gracias a sus recursos naturales: precisamente, el descubrimiento en 1298 de grandes cantidades de plata en Kutna Horá, en pleno corazón de Bohemia, fue clave a la hora de explicar el origen y expansión del Prazsky gros.

Con el aprovisionamiento de plata asegurado (para Bohemia y de paso gran parte de Europa), y el conveniente asesoramiento de prestigiosos juristas y financieros italianos, el rey Wenceslas II llevó a cabo una reforma general de la acuñación de moneda a través de la elaboración de un código Ius Regale Montanorum, que establecía las condiciones para la extracción y procesamiento de la plata, lo cual de facto suponía un monopolio estatal sobre este metal. Se centralizó la producción de moneda en Kutna Horá y se ponía en marcha una nueva pieza de gran contenido y pureza de plata (3,97 grs. al 93,5 %) a imagen y semejanza del gros tournois francés. Se subdividía en 12 unidades llamadas parvus ("pequeño" en latín)

Anverso del Prazsky gros de Vladislav II (1471-1516)
Pesa 2,60 grs y mide 27 mm. 

Un rasgo característico de la numismática medieval europea es la propensión a la imitación y copia entre los numerosos reinos y estados que coexistían en el Viejo Continente. El gros de Praga (llamado así porque se empezó a acuñar en esta ciudad, aunque pronto la acuñación se trasladó a Kutna Horá) basa su diseño en gran medida en el gros tournois pero guarda evidentes similitudes con otras piezas contemporáneas. Su anverso luce los característicos círculos concéntricos antes mencionados aunque sustituyen la cruz central por una corona que recuerda en gran medida al castillo del reverso de la moneda francesa. La leyenda del círculo exterior reza DEI GRATIA REX BOEMIE (Rey de Bohemia por la Gracia de Dios) mientras que en el círculo interior podemos distinguir el nombre del monarca en cuestión: WLADISLAVS SECVNDVS (Vladislav II, 1471-1516). El reverso, por su parte, recurre a la heráldica bohemia con un león rampante propio de monedas medievales de los Países Bajos (entonces también en la órbita del Sacro Imperio) rodeado de la leyenda GROSSI PRAGENSES (Gros de Praga). Una imagen, por cierto, que también recuerda enormemente a la heráldica de nuestro reino de León. 
Reverso del Prazsky gros, con la imagen del león rampante

Lo cierto es que no ha sido fácil distinguir correctamente las leyendas ya que, como podéis comprobar en las imágenes, se trata de una acuñación bastante floja. De hecho, tiene un peso sensiblemente inferior al de los primeros gros de Praga, apenas 2,60 grs. El reinado de Vladislav II de la dinastía Jagellón, pese a su larga duración certificó un declive que venía produciéndose en Bohemia durante todo un siglo XV marcado por las luchas religiosas y las divisiones en el seno de la nobleza. Pese a que Vladislav consiguió heredar el trono húngaro y mantener una base territorial relativamente amplia, no pudo evitar que el poder real se debilitara frente a la nobleza, mientras en el exterior Bohemia se encontraba cada vez más atenazada entre dos potencias emergentes: la Austria de los Habsburgo en el oeste y el Imperio Otomano en el este. El Prazsky gros reflejó fielmente esta decadencia, pues a partir del siglo XV su emisión fue irregular y su pérdida de peso y calidad una constante. Aún así, se continuó acuñando nada menos que hasta 1547, siendo finalmente eclipsado por la nueva moneda de referencia en Centroeuropa: el thaler. Pero esto ya es otra historia...

Early World Coins & Early Weight Standards, by Robert Tye, published by Early World Coins, York 2009
Colás Latorre, Universidad de Zaragoza. Pluralidad de Formas Políticas en Europa en Historia Moderna Universal, de Alfredo Floristán (coord,) Editorial Ariel S.A. 2002 (Barcelona)
https://en.wikipedia.org/wiki/Kingdom_of_Bohemia#13th_century_(growth)
http://www.radio.cz/cz/rubrika/historie/705-let-prazskeho-grose
https://en.wikipedia.org/wiki/Prague_groschen

domingo, 1 de julio de 2018

EL DRACMA SASÁNIDA

Hace ya algún tiempo, en los comienzos de la andadura de este blog, tuve el placer de analizar la moneda de hoy como una simple curiosidad de la numismática de una época en que la Antigüedad y la Edad Media se funden, una pieza de plata contemporánea de las monedas del Bajo Imperio y bizantinas (ver entrada MONEDAS PERSAS). Hoy, como en otras ocasiones, llega el momento de profundizar más en el dracma sasánida porque a poco que exploremos nos daremos cuenta que es mucho más que una pieza de interés histórico o artístico. 

Anverso de dracma sasánida de Kavad I (488-531)
Mide 29 mm. y pesa 3,60 grs. 

Muchas cosas llaman la atención de estos dracmas: su gran diámetro y prácticamente inexistente grosor, el muy elaborado diseño de las coronas que cubren la cabeza de los reyes en el anverso, los símbolos astrales que adornan ambas caras de la moneda, el enigmático altar de fuego que domina el reverso...sin embargo, su relevancia en la numismática medieval pasa prácticamente desapercibida. Y no debería ser así, puesto que su influencia se dejó ver nada menos que en las acuñaciones árabes, europeas y del norte de la India.

La dinastía Sasánida desplazó a los indo-partos en Persia en 226 d.C., y una de sus primeras medidas consistió, como suele ocurrir, en afianzar su poder reformando el sistema monetario en vigor. Conservaron la moneda principal existente, el dracma de plata, aumentando ligeramente su peso hasta los 4.2 grs. Siguiendo el patrón romano, se introdujeron divisores del dracma (hemidracma o medio dracma, óbolo o un sexto de dracma y tetradracmas de vellón) se propiciaron las acuñaciones de cobre y se pusieron en circulación piezas de oro o dinares, aunque su relevancia en este sistema monetario fue más que discutible. 

Reverso del dracma de plata, con altar de fuego en el centro,
flanqueado por dos figuras humanas

Con el tiempo se fue dibujando un sistema bimetálico de plata-cobre dominado por los dracmas de plata que fueron adquiriendo sus conocidas características gran anchura y escaso grosor de los cospeles, un anverso dominado por el retrato de perfil del rey ataviado con imponentes coronas y un reverso alusivo a la religión zoroastriana, con un altar ardiente vigilado por dos figuras humanas a ambos lados, normalmente portando espadas. Las leyendas en pahlavi reflejan el nombre del rey en el anverso a la derecha y la ceca y el año de reinado en el reverso. Bajo el reinado de Peroz (457-84 d.C.) se redujo ligeramente el peso de los dracmas de plata seguramente para acomodarlo más a los pesos y medidas locales, mientras se mejoró el control del peso y se aumentó sustancialmente su emisión. El dracma de las imágenes corresponde al rey Kavad I (que reinó entre 488 y 531 con una breve interrupción de tres años) algo que he podido deducir tras analizar las leyendas del anverso y el diseño de su corona, clave en muchos casos para la correcta identificación de estas monedas.  

Se ha especulado mucho sobre la razón por la cual los persas sasánidas acuñaron piezas tan anchas y finas. Se dice que la anchura del cospel servía para dar cabida a los elaborados diseños de las coronas de los retratos, aunque también, atendiendo a razones meramente prácticas, se piensa que este tipo de monedas se podían apilar de forma sencilla, facilitando su contabilidad. Sea como fuere, no es probable que los persas fueran conscientes de la influencia que iba a tener su dracma de plata fuera de sus fronteras, cada vez más menguantes ante el empuje de los árabes a partir del siglo VII. 

La influencia del dracma sasánida puede notarse en las acuñaciones medievales árabes
 y cristianas. En el centro, dirhem hispano-musulmán. A la derecha, dinero castellano. 

Las primeras monedas árabes eran imitativas de aquellas pertenecientes a los pueblos conquistados, siguiendo los patrones bizantinos en algunos casos y los persas en otros. El dracma sasánida influyó claramente en la concepción del dirhem de plata, de dimensiones y grosor muy similares. Si tenemos en cuenta que la moneda de plata de los reinos cristianos medievales (el denier carolingio, el dinero castellano o el penique inglés) se basó en gran medida en el modelo musulmán, podemos afirmar que el dracma sasánida tuvo una influencia indirecta en la moneda europea durante casi todo el periodo medieval. 

Si en occidente triunfó el formato del dracma (acuñaciones de plata anchas y delgadas), fueron varios reinos del este los que continuaron el legado persa en lo relativo al diseño. Uno de los primeros pueblos en emitir imitaciones de los dracmas sasánidas fueron los llamados hunos heftalitas que, tras derrotar y capturar al rey Peroz y cobrar el correspondiente rescate, comenzaron a producir unas atractivas piezas de vellón muy similares a los dracmas recibidos, que circularon durante los siglos V y VI en diferentes zonas de Asia Central, Afganistán y noroeste de India. En la región de Bujará, situada en el moderno Uzbekistan y zona de paso de la Ruta de la Seda, se emitieron a finales del siglo VIII unas curiosas piezas de plata rebajada de carácter fiduciario imitativas del dracma sasánida, sin duda en un intento por parte de las autoridades de dotarles de prestigio.  
Altar de fuego en el reverso de una gadhaiya paisa, cuyo
diseño se reduce a una serie de líneas y puntos

Más al sur, en la zona que hoy ocupan los estados de Gujarat y Maharashtra en la India occidental, diferentes reinos emitieron monedas de plata y vellón siguiendo el modelo sasánida, si bien con el tiempo derivaron en formas cada vez más abstractas y estilizadas aunque reconocibles (y mostradas en este blog en alguna ocasión). Se trata de los gadhaiya paisa, monedas de plata de peso similar a los antiguos dracmas pero de forma globular (nada que ver con la forma aplastada de aquellos) y producidos en grandes cantidades entre aproximadamente los siglos IX y XIII, sin duda para cubrir las necesidades derivadas del comercio internacional del que pueblos como los gurjaras o los chalukyas vivían.  

De esta manera, el dracma de plata inspiró de una forma o de otra la acuñación medieval en la mayor parte del mundo conocido, siglos después del final de la dinastía Sasánida. Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que pocas veces una moneda ha podido dar más de sí...

Early World Coins & Early Weight Standards, by Robert Tye, published by Early World Coins, York 2009

http://www.iranicaonline.org/articles/sasanian-coinage

http://www.beastcoins.com/Sasanian/Sasanian.htm

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