miércoles, 18 de octubre de 2017

POT DUANG: EL DINERO BALA (II)


Tras más de cinco años y 200 entradas en este blog es inevitable a veces recurrir a temas ya tratados, pero casos como el de las monedas-bala merecen la pena. Su peculiar forma y estética, así como su largo recorrido histórico hacen de ellas un objeto muy apreciado en el coleccionismo de curiosidades numismáticas. Estas monedas protagonizaron una de las primeras entradas del blog y, desde entonces, he tenido la ocasión de recibir más información de la que expuse en su día, lo cual me ha permitido identificar mejor las tres piezas que muestro en las fotos de más abajo.
Mapa del sudeste asiático a mediados del
s XV. Ayuthaya es el reino occidental en
color rosa claro (Wikipedia) 
El dinero-bala o pot duang se utilizó entre los siglos XIII y XIX, coincidiendo  con la era de los precedentes inmediatos del reino de Tailandia: Sukhotai y Ayuthaya. Inicialmente bajo el dominio khmer, Sukhotai se independizó a mediados del siglo XIII y es considerado el primer reino tai propiamente dicho. Comenzó así un periodo de expansión hacia el sur provocada en gran medida por la presión ejercida por el gran imperio asiático del siglo XIII, los mongoles, que al mismo tiempo completaban la conquista del sur de China. Es probable que estratégicamente los mongoles consideraran beneficioso el establecimiento de pequeños reinos tailandeses en el sureste asiático a expensas de los antiguos reinos indianizados. Sukhotai se constituía en un reino híbrido  basado en la civilización khmer (lo que puede notarse en su religión budista, su arte y su cultura)  aunque con una estructura social típica de los mongoles, basada en la administración de una aristocracia guerrera. La irrupción del reino de Ayuthaya a mediados del siglo XIV cambió el destino de Sukhotai, al ser rápidamente sometido.

El reino de Ayuthaya se consolidó también a costa de los khmer y se expandió hacia el este, derrotando a Angkor en 1431, y otorgó un mayor poder al rey al añadirle el título devaraja, es decir, rey-dios. La ciudad de Ayuthaya se convirtió en una de las más prósperas del sudeste asiático gracias a su puerto, que abría el comercio con Europa y China. De hecho,  Ayuthaya destacó por sus excelentes relaciones con los europeos, algo que no era de extrañar si tenemos en cuenta que el sureste asiático era un mercado óptimo para los productos chinos y japoneses y ofrecía al mismo tiempo productos muy demandados en occidente, como laca, estaño y tintes. Hacia finales del siglo XVII los franceses se convirtieron en la potencia occidental con más intereses e influencia en Ayuthaya, no obstante fueron expulsados a principios del XVIII al aumentar las suspicacias de las élites locales acerca de sus intenciones colonizadoras. Ayuthaya conocería su fin tras la invasión y saqueo por parte de los birmanos en 1766, pero los tais se recuperarían pronto gracias a la iniciativa del general Paya Tak, que en apenas cuatro años lograría restituir el reino. La llegada de la dinastía Chakri en 1782 marcó el comienzo de un periodo singular en la historia de Tailandia, caracterizado por la reconstrucción del país y su apertura al resto del mundo en forma de acuerdos comerciales con las potencias occidentales en plena era del colonialismo. Esta apertura no solo revitalizó la economía tailandesa sino que además posibilitó la introducción de un cierto reformismo modernizador en la administración y gestión de los asuntos públicos. Todo ello sin renunciar a su soberanía pues, a diferencia del resto de Asia Sudoriental, el reino tailandés no fue colonizado. 
Marcas de la dinastía Chakri en las monedas pot duang
 (Standard Catalog of World Coins 1801-1900)
Uno de los elementos que permanecieron prácticamente inalterados en Tailandia durante estos 600 años fue su sistema monetario. Gracias a las nuevas fuentes de información que he ido recopilando, muchas de ellas provenientes de un amable lector de este blog, he podido averiguar un poco más acerca de las tres monedas-bala de las que dispongo en la actualidad. Aunque en dos de los tres casos las marcas perforadas son un poco difusas, es muy posible que se trate de tres piezas de tres reinados diferentes de la dinastía Chakri, la que actualmente reina en el país.

Tres monedas-bala del siglo XIX de izda. a dcha. 1 baht, 1/4 de baht y 1/8 de baht
Las monedas-bala o pot duang (que literalmente significa "oruga acurrucada") son un buen ejemplo de forma monetaria pre-moderna producida hasta tiempos relativamente recientes. La unidad de peso era el baht o tical, fijado en 15,244 grs. y estaba basado en la plata, aunque también se emitieron pot duang de oro. Las denominaciones en plata comprendían entre 1/128 de baht (con un peso teórico de tan solo 12 mg.) hasta los 80 baht, aunque las denominaciones más altas solo eran utilizadas para propósitos contables. Por su parte, en oro se emitieron denominaciones entre el 1/32 de baht y los 4 baht.
Marca de chakra (pot duang de 1 baht)
La fabricación de las monedas-bala era por lo general un proceso lento y costoso. Se trataba de barras cortas de plata más gruesas por el centro que se doblaban hasta formar un círculo. Después se perforaban las marcas correspondientes al reinado (que son por tanto indicativas de la fecha de emisión) colocando las monedas recién fabricadas sobre un molde de hueso de elefante. La razón de que se escogiera este peculiar material como molde obedecía a razones prácticas: un molde de madera era demasiado blando y podía partirse en el proceso y un molde de metal era demasiado duro y provocar que la moneda se aplanara.
Marca de bai matum (1 baht)
Tras analizar las marcas de las diferentes pot duang de las fotografías (de 1, 1/4 y 1/8 de baht), la conclusión general es que fueron todas producidas durante el siglo XIX, es decir, la primera etapa del reinado de la dinastía Chakri. La moneda de 1 baht, de 15,05 grs. de peso, posee dos marcas. Una refleja de forma inequívoca un chakra, concepto hinduista y budista que representa la rueda del dharma (es decir, la ley o la religión) y que simboliza los centros de energía corporales. También fue la marca propia de la dinastía Chakri, y por tanto aparece en monedas de diferentes reinados. La otra marca es más difusa pero seguramente refleja un Bai Matum, un árbol de membrillo propio del sudeste asiático, utilizado como la cuarta marca del reinado de Rama III (1824-1851).
Marca de pratao (1/4 de baht)
La moneda de cuarto de baht (3,16 grs.) no deja lugar a dudas, pues refleja un símbolo llamado “pratao” (una vasija de agua similar a un botijo), primera marca del reinado de Rama IV (1851-1868). Rama IV fue conocido como Mongkut, que a muchos os resultará familiar dado que es el monarca inmortalizado en el musical “El Rey y Yo”, basado en la novela Anna y el Rey de Siam de Margaret Landon, una obra que refleja precisamente la apertura del país a influencias occidentales desde el punto de vista de una profesora de inglés en la corte tailandesa.
La moneda de un octavo de baht (1,72 grs.) es sin duda la más difícil de identificar, pues a sus reducidas dimensiones hay que añadir lo difuso de la impresión de la marca. Tras realizar unas pocas comparaciones, creo que se trata por la forma de un “unalom”, una concha ornamentada utilizada como marca del final del reinado de Rama I (1782-1809), el primer monarca de la dinastía Chakri.
Posible marca de unalom en pot
duang de 1/8 de baht
En cualquier caso, se trataría de ejemplares de las últimas monedas-bala emitidas. La modernización y apertura al exterior que caracterizó a los distintos monarcas de la dinastía Chakri propició la aceptación de técnicas de acuñación modernas y formas monetarias occidentales a mediados del siglo XIX y de un sistema decimal a finales de ese mismo siglo. Bajo el reinado de Rama V (1868-1910) fue la última vez que se produjeron pot duang, aunque con propósitos meramente conmemorativos. Aún así, el empleo de estas peculiares monedas continuó hasta principios del siglo XX, momento en que fueron definitivamente abandonadas ante la inevitable generalización del uso de la moneda plana.  


Villiers, J. Asia Sudoriental antes de la Época Colonial. Historia Universal Siglo XXI, Siglo XXI Editores, Madrid 1980.
Early World Coins & Early Weight Standards, by Robert Tye, published by Early World Coins, York 2009
Odd and Curious Money, descriptions and values, by Charles J Opitz, 2nd Edition 1991, p. 27
Standard Catalog of World Coins (1801-1900) edited by George S. Cuhaj, Krause Publications 2012
https://books.google.es/books?id=K37CNejEk70C&pg=PA1152&lpg=PA1152&dq=bai+matum+world+coins&source=bl&ots=Y2v2VUiT0w&sig=GI1SCRkFs-QLfc62ZB2v_5GkIo4&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwjxtLDtk_rWAhUDXhoKHT0tDJ8Q6AEIKjAA#v=onepage&q=bai%20matum%20world%20coins&f=false

sábado, 30 de septiembre de 2017

REACUÑACIONES BIZANTINAS

No es la primera vez (e imagino no será tampoco la última)  que comparto curiosidades de la numismática bizantina en este blog. Como ya he comentado en otras ocasiones, el estudio y coleccionismo de las monedas del estado sucesor de la Antigua Roma en el este ha experimentado un auge en los últimos años, confirmándose como un referente de un periodo histórico singular que marca la transición entre la Edad Antigua y la Edad Media en Europa. Un periodo, recordemos, en el que la emisión de moneda sufre una profunda crisis en occidente y no volvería a cobrar cierta relevancia hasta la época de Carlomagno. Recientemente, examinando un follis de cobre de la época de Heraclio (que ocupó el trono de Constantinopla entre los años 610 y 641) comprobé que tenía elementos que no había visto en otras monedas contemporáneas. Tras una pequeña investigación, comprobé que se trataba de una reacuñación, algo por otra parte muy habitual en  el circulante de cobre de esa época. La pregunta que surge entonces es ¿por qué se extendió esta práctica?

El Imperio Romano de oriente bajo Justiniano. En muchos
sentidos, un gigante con pies de barro (fuente: wikipedia)

Prácticas como el resellado y reacuñación suelen darse en momentos de crisis e inestabilidad financiera. El caso bizantino guarda en este sentido inevitables paralelismos con la experiencia española que tuvo lugar 1000 años después (ver entrada Resellos de los Austrias). El legado de Justiniano, emperador durante casi cuatro décadas entre 527 y 565, fue el de un imperio engrandecido pero escasamente preparado para gestionar sus avances a medio-largo plazo. La expansión territorial hacia el oeste puso la práctica totalidad del Mediterráneo bajo el dominio de Constantinopla, así como la península itálica y el norte de África (y una pequeña parte de la península ibérica, no lo olvidemos) pero no fue posible asegurar la paz en las extensas fronteras del imperio. Los persas constituían una constante amenaza en el este, mientras que en los Balcanes irrumpían con fuerza tribus eslavas procedentes de la estepa euroasíática. Además, la epidemia de peste bubónica de la década de 540 mermó significativamente la población, lo que necesariamente afectó a las arcas imperiales. 

Anverso de follis de Heraclio reacuñado. Arriba a la derecha
pueden apreciarse (invertidas) las letras NIK, correspondientes
 a la marca de ceca de Nicomedia de un reverso anterior
Así pues, los sucesores de Justiniano heredaron un territorio más extenso pero estructuralmente débil. Durante la segunda mitad del siglo VI los enfrentamientos con los persas en las fronteras orientales y con los ávaros en los Balcanes se acentuaron mientras que otro pueblo bárbaro, el lombardo, se hacía con el control del norte de Italia. En el interior surgieron los problemas derivados de latentes divisiones religiosas y políticas (los famosos enfrentamientos entre las facciones azul y verde del hipódromo), con episodios cada vez más frecuentes de violencia urbana. En este contexto de intervencionismo exterior e inestabilidad política las finanzas imperiales no consiguieron estabilizarse, lo que no tardaría en afectar a un ejército cada vez más activo y peor pagado. En el 602 una sublevación militar depuso al emperador Mauricio y llevó al poder a Focas, incapaz de frenar las tensiones internas y de hacer frente a los enemigos externos, especialmente los persas, que comenzaron a adentrarse peligrosamente en territorio bizantino. Otra rebelión militar en 610 elevó al trono imperial a Heraclio, hijo del exarca de Cartago, que se vería obligado en poco tiempo a hacer frente a una situación insostenible. En el 615, con los persas penetrando en la península de Anatolia y ocupando de forma efectiva Siria y Palestina y los bárbaros presionando en las fronteras norte y el oeste, el antiguo Imperio Romano de oriente parecía abocado al colapso. 

No es difícil deducir que este contexto de inestabilidad política, concentración de recursos en el ejército y escasez de circulante era propicio para la reutilización de moneda. La fabricación de moneda era en la Antigüedad un proceso artesanal que requería de una serie de elementos imprescindibles: aprovisionamiento de metal, obtención de cospeles (es decir, los discos o trozos de metal de un peso y ley determinados para su posterior acuñación) mediante la fundición del metal o metales y acuñación mediante golpes de martillo en los talleres autorizados. En momentos de crisis e inestabilidad como el descrito más arriba se movilizaban y maximizaban todos los recursos disponibles, especialmente si la supervivencia del propio estado estaba en juego. Y si producir nuevo circulante resultaba complicado, se recurría a las monedas existentes mediante las técnicas de resellado o, como en el caso de hoy, reacuñación. 

Durante el convulso reinado de Heraclio estas técnicas fueron recurrentes, especialmente durante la década de 630. La moneda de las imágenes es un follis de cobre en el que aparecen en el anverso Heraclio acompañado por su hijo Heraclio Constantino coronados y sosteniendo cruces rodeados de la leyenda (un tanto difusa) DD NN HERACLIVS ET HERA CONST PP A. El reverso, por su parte, muestra el numeral M (40 nummi, es decir, un follis) con la marca de ceca CON (Constantinopla) y oficina gamma (letra griega Γ) y el año de reinado 4 (ANNO IIII), es decir, el 614. En ambas caras, sin embargo, pueden encontrarse vestigios de la moneda original. 
Reverso del follis de Heraclio, con el año de reinado (4) y
la marca de ceca CON (Constantinopla). Debajo de ella se
distinguen letras de la leyenda de un anverso anterior. 

Así, en el anverso puede apreciarse sobre la cabeza de Heraclio Constantino la marca de la ceca de Nicomedia: NIKO, lo cual indica que el nuevo anverso fue reacuñado sobre el antiguo reverso y viceversa. En el nuevo reverso, por su parte, pueden apreciarse debajo de la marca CON algunas letras correspondientes a la leyenda del emperador de la moneda original, seguramente Mauricio Tiberio o Focas. 

Pese a las dificultades, Heraclio consiguió doblegar a los persas en los años siguientes. Por un lado, utilizó parte de los recursos disponibles en comprar la paz con los ávaros y forjar alianzas con los reinos cristianos de Transcaucasia, estratégicamente situados al norte del Imperio Sasánida. Por otro, optó por la más audaz táctica militar: en lugar de confrontar al enemigo en Anatolia, penetró en su territorio por el norte a partir del año 624 junto con sus aliados del Cáucaso causando un grado de destrucción que los persas no esperaban. Cuando estos trataron de avanzar hacia Constantinopla con el apoyo de los ávaros en el oeste, Heraclio decidió detener el avance persa en Anatolia y dejar la defensa de la capital en manos de su Patriarca. El ataque combinado persa-ávaro fracasó y en 627 el Imperio Sasánida fue derrotado, consiguiendo Heraclio restaurar para Bizancio los territorios perdidos en los años anteriores. 

Una recuperación que resultó efímera, pues pocos años después Heraclio tuvo que contemplar muy a su pesar el ascenso de una fuerza que en poco tiempo deslumbraría al mundo y afectaría irremediablemente al equilibrio de fuerzas en el Mediterráneo: los árabes.  


The Oxford History of Byzantium, Ed. by Cyril Mango, Oxford University Press 2002

Angold, M. Byzantium. The Bridge from Antiquity to the Middle Ages. Phoenix Press, London 2002

Byzantine Coins and Their Values, by David R. Sear, second edition, revised and enlarged, Spink 2006

https://www.tesorillo.com/articulos/biz/marcas.htm

Gozalbes, M y Ripollés, P.P. La Fabricación de Moneda en la Antigüedad, S.I.P. Universitat de València (http://www.denarios.org/anexes/ripolles/LAFABRICACI%C3%93N.pdf)

domingo, 17 de septiembre de 2017

LA CALIGRAFÍA EN LAS MONEDAS CASH

Después de todos mis análisis de la historia de la moneda china, ha llegado el momento de centrar mi atención en un aspecto que hasta el momento solo he explicado de pasada, pero que no es en absoluto un tema menor en la numismática oriental. Una de las diferencias más apreciables que podemos establecer a priori con la numismática europea o del subcontinente indio es la aparente ausencia de imágenes: las monedas cash, salvo en contadísimas excepciones, no contienen figuras alegóricas o simbólicas sino caracteres que informan sobre su peso (más teórico que real muchas veces) o reflejan el reinado bajo el que se emitieron. No obstante, más allá de estas diferencias, las monedas chinas contienen una gran dosis de expresión artística como veremos a continuación.

Moneda huo quan de principios del siglo I.
Pueden distinguirse los caracteres huo (
)
a la derecha y quan (
) a la izquierda
en caligrafía sigilar
Es inevitable, cuando nos encontramos con cualquier texto escrito en chino, sentir cierta fascinación al contemplar un sistema de escritura tan distinto al nuestro. Si en algún momento decidís aprender este idioma, no esperéis encontrar en su sistema de escritura una lógica similar a la de nuestro alfabeto. De hecho, no existe un “alfabeto” chino como tal, ni un sistema fonético. El lenguaje escrito chino se compone de miles de caracteres (alrededor de 50.000, muchos de los cuales apenas se emplean) provenientes de pictogramas (es decir, dibujos simplificados de objetos), ideogramas (combinación de varios pictogramas que representan ideas) y logogramas (caracteres que representan por sí solos una palabra o morfema, que por lo general se componen de un radical que les da significado y otro componente que indica pronunciación). Estos últimos son los más representativos del sistema de escritura chino, un sistema que debe aprenderse con paciencia a base de reescribir y memorizar caracteres.
Seguramente esta es la parte más difícil del aprendizaje de este idioma, pero es también lo que le aporta una belleza singular, pues la caligrafía china ha evolucionado como un arte en sí mismo. Los primeros pictogramas surgieron durante la Dinastía Shang en el segundo milenio antes de Cristo, y con el tiempo se desarrollaron notablemente desde formas primitivas y rudimentarias hacia un sistema más estandarizado, en el que las representaciones escritas se simplificaban y se hacían más simbólicas. De esta forma apareció durante el periodo de los Estados Combatientes (475-221 a.C.) la escritura sigilar o de sello, conocida así porque era la escogida para los sellos personales. Se caracteriza por su grado de abstracción (dejando atrás los aspectos más figurativos de la escritura arcaica) así como sus proporciones: todos los caracteres adoptaban una forma rectangular y tenían el mismo tamaño, dominando los diseños simétricos y paralelos. La victoria de Qin Shihuang en 221 a.C. supuso, además de la unificación territorial de toda la China Antigua, la uniformización en otros muchos aspectos como el de la escritura, de tal manera que se promovió el sistema sigilar como el oficial para todo el imperio. Seguramente los nuevos tiempos de unificación tras una época convulsa exigían orden en todos los ámbitos, y la escritura sigilar aportaba orden y armonía al lenguaje escrito.
Moneda kai yuan tong bao (Dinastía Tang,
s. VII). Los caracteres
开元通宝 se
leen arriba-abajo-derecha-izquierda
y muestran la caligrafía clerical o lishu
La invención del papel en el siglo I d. C. trajo consigo cambios significativos en la escritura, como no podía ser de otra manera. El papel dejaba más espacio para escribir, y el uso del pincel posibilitaba nuevas formas de trazo. A finales de la Dinastía Han (206 a.C. - 220 d.C.) apareció la caligrafía lishu o clerical, que, mediante un trazo más igualado estaba destinada a facilitar el trabajo de los escribas. Comparada con la escritura sigilar, la lishu ofrecía unas formas más rectas pero al mismo tiempo más onduladas, lo cual le aportaba una estética más dinámica y ligera. 

Pero fue durante los siglos siguientes a la Dinastía Han, una época recordada por la desunión y la inestabilidad, el momento en que las formas de expresión caligráfica alcanzaron su cénit en cuanto a creatividad y variedad como consecuencia de las innumerables posibilidades que ofrecía el uso del pincel. A partir de ahora se dejan atrás los aspectos prácticos y los calígrafos se centran en los estéticos, aportando mayor belleza a unos caracteres que toman formas cada vez más cursivas. 

La primera de estas formas cursivas fue la escritura regular o kaishu, caracterizada por su elegancia y formas estilizadas, con ocho trazos básicos que imprimían una forma más cuadrada a los caracteres y al mismo tiempo los inclinaba ligeramente hacia arriba y a la derecha, realizando una perfecta combinación de dinamismo y armonía. Las escrituras semi-cursiva (xingshu) y cursiva informal (caoshu) hacían hincapié en la rapidez de los trazos y posibilitaban una mayor creatividad y originalidad. En estas formas de escritura los movimientos del pincel son rápidos y sin pausas, y los trazos presentan diferentes grosores dependiendo de la presión que se ejerza sobre el pincel. En la caligrafía cursiva informal muchas veces dos o más caracteres podían unirse en un solo trazo, haciéndose difícil distinguirlos. 

Todo esto tuvo su repercusión en la numismática, algo que se puede apreciar en la propia evolución de las monedas cash. Las primeras monedas presentaban una caligrafía sigilar, tal y como muestran las ban liang, wu zhu y las diversas formas monetarias surgidas durante el reinado de Wang Mang (7-23 d.C.). Las nuevas formas de caligrafía se incorporarían a las monedas posteriormente. En concreto, la escritura clerical o lishu pudo verse por primera vez en las monedas kai yuan tong bao, la aportación monetaria por excelencia de la Dinastía Tang (618-907 d.C.) y no sería hasta la Dinastía Song (960-1127 d.C.) cuando se incorporarían los demás estilos de escritura, siendo habitual encontrarnos con la misma moneda con formas caligráficas diferentes, tal y como puede comprobarse en las imágenes de debajo. En la primera tenemos dos monedas zhi ping yuan bao de 1064-1067 emitidas bajo el emperador Ying Zong, la de la izquierda con caligrafía sigilar y la de la derecha con caligrafía clerical


Zhi ping yuan bao, en este caso leido arriba-derecha-
abajo-izquierda:
治平
元 宝
En la segunda imagen tenemos tres monedas sheng song yuan bao correspondientes al reinaado del emperador Huizong emitidas entre los años 1101 y 1106. Las de la izquierda y la derecha presentan un estilo de caligrafía regular mientras que la del centro se enmarca en la sigilar: 


Sheng song yuan bao, leido arriba-derecha-abajo-izquierda 圣 宋元宝
Teniendo en cuenta que la caligrafía china es una forma artística en si misma, la variedad caligráfica que caracteriza a las monedas cash medievales les dota de una riqueza histórica y belleza estética incomparables. Para mí ha sido un verdadero placer preparar este artículo que no quiero concluir sin agradecer sinceramente a mi profesora de chino Rocío toda la ayuda y referencias que me ha proporcionado para comprender el contexto y el sentido de las diferentes formas caligráficas que se sucedieron en la historia de China. 老师谢谢!

http://confuciomag.com/monedas-chinas-caligrafia
http://www.metmuseum.org/toah/hd/chcl/hd_chcl.htm
http://primaltrek.com/
Cast Chinese Coins, A Historical Catalogue, D. Hartill, Trafford 2005

jueves, 31 de agosto de 2017

DINERO SIN ÁNIMO DE LUCRO

Soy consciente de que este título puede sonar chocante y contradictorio, pero a cierta edad uno ya está perfectamente habituado a encontrarse con todo tipo de paradojas, de las cuales el dinero no está exento. De la misma manera que existen organizaciones que persiguen fines sociales y por tanto no deben tener beneficios, pero no por ello deben renunciar a gestionarse como si fueran empresas, cada vez surgen más iniciativas que pretenden poner el dinero al servicio de la ciudadanía y no al contrario.

Estas iniciativas, casi siempre locales y ligadas a las llamadas “organizaciones de base” (es decir, aquellas de carácter social más cercanas a la comunidad a la que sirven), se han multiplicado en tiempos de crisis económica, momentos en los que muchas personas se ven afectadas por el desempleo, la precariedad y, en los peores casos, la exclusión social. Se trata de actuaciones en muchos casos que permiten los intercambios de bienes y servicios sin necesidad de contar con dinero físico, aunque sí exista un coste valorado, como ocurre con los bancos de tiempo (en los que los particulares intercambian servicios) o las redes de trueque (en las que intercambian bienes).

La libra de Lewes es un ejemplo actual de éxito en cuanto a moneda social
Siempre tratando de encontrar un espacio para el coleccionista, la entrada de hoy está dedicada a la moneda social física (casi siempre en forma de vale o billete), que ha experimentado un auge en diferentes lugares del mundo durante esta crisis económica que vamos dejando atrás. No obstante, muchas monedas sociales fueron puestas en marcha en los años previos a la recesión, por lo que es de esperar que sigan protagonizando el desarrollo económico local en el futuro. Se trata de aquellas monedas complementarias impulsadas por organizaciones de base y negocios locales y adoptadas por diferentes autoridades locales con el fin de dinamizar la economía y crear riqueza a pequeña escala. Son complementarias porque no sustituyen a las monedas nacionales sino que circulan al mismo tiempo, no generan inflación porque están (o deben estar) completamente respaldadas por moneda nacional y tienen su mismo valor, circulan únicamente en un ámbito geográfico limitado (un municipio o región) y tienen una fecha de caducidad tras la cual no pueden ser canjeadas por moneda de curso legal. Es precisamente el estatus legal de la moneda social uno de los aspectos que causa mayor confusión, porque aunque en muchos casos guarda gran parecido con la moneda nacional no es de curso legal, es decir, no existe la obligación de aceptarla en los comercios. La forma legal que suele adoptar el dinero social es por tanto el de vale o cupón. 
Para que la moneda social pueda ser sostenible en una determinada zona necesita el apoyo de organizaciones, comercios y autoridades locales, pero sobre todo la confianza de los usuarios. El apoyo institucional es también importante, ya que les confiere una mayor credibilidad. Las ventajas que ofrece la moneda social son numerosas, por ejemplo: 

  • Al tener una fecha de caducidad, pierde valor con el tiempo (es decir, su interés es negativo). Esto dificulta actuaciones especulativas y favorece su rápida circulación. Al fin y al cabo, esta rapidez garantiza más actividad económica local y por lo tanto más creación de riqueza. 
  • Al ser limitada geográficamente, impulsa el desarrollo económico local, ya que es un dinero que permanece siempre en la zona.
  • Este carácter puramente local facilita (al menos en teoría) la reducción de emisiones de CO2, ya que minimiza los costes en transporte. 
  • Culturalmente, sirve para reivindicar la identidad de un pueblo o municipio, así como su historia y tradiciones. 
  • Favorece las relaciones y confianza entre vecinos, así como el comercio pequeño local frente a las grandes corporaciones. Por lo general, los establecimientos que aceptan la moneda social son pequeñas y medianas empresas.   

La moneda social no está exenta de inconvenientes, normalmente relacionados con sus limitaciones. Dado que su uso depende de la confianza de los particulares y la voluntad de los comercios de aceptarla, sus efectos sociales pueden verse muy reducidos. Asimismo, es dudoso que sea un instrumento efectivo para reducir las emisiones de CO2, aunque es de justicia decir que, al ser de escala puramente local, su impacto medioambiental es reducido. 
Reverso del cupón de 1 libra de Lewes: "La libra de Lewes apoya el comercio
local, mantiene el dinero en circulación dentro del municipio y ayuda a la
disminución de las emisiones de CO2"

El único ejemplo que hasta ahora he podido conseguir de dinero social moderno en papel ha sido un billete (aunque quizá es más correcto denominarlo cupón) de una libra de Lewes (pronunciado /lu:is), al sureste de Inglaterra. El Reino Unido, gracias al impulso de la iniciativa conocida como Red de Comunidades de Transición (Transition Towns Network), ha sido en los últimos años un país pionero en la puesta en marcha de monedas sociales. El ejemplo quizá más llamativo es el de la libra de Bristol (Bristol Pound) que no solo es aceptada por cientos de negocios locales, sino que además es posible abrir cuentas, pagar facturas y realizar pagos electrónicos con ella. Lewes no ha llegado tan lejos como Bristol, pero su experiencia con la moneda social se retrotrae a 2008, y en estos casi 10 años ha conseguido consolidar el uso de sus propias libras dentro de sus límites municipales. 

El cupón de libra que presento hoy tiene un atractivo diseño, muy similar al del billete de curso legal en cuanto a elementos de seguridad, marcas de agua y número de serie (de nuevo, la importancia de la credibilidad) pero con una serie de características propias. El anverso de la libra de Lewes homenajea  a Thomas Paine (1737-1809), filósofo, político y revolucionario inglés considerado uno de los padres fundadores de los Estados Unidos por su apoyo a la independencia de las colonias de Norteamérica. Su cita al pie del cupón "Tenemos en nuestro poder construir el mundo de nuevo" constituye sin duda una idea inspiradora para los promotores de la moneda social, ya que precisamente uno de sus fines es redefinir la creación de riqueza y las relaciones económicas a nivel local. 

El reverso, por su parte, es más informativo, ya que indica la fecha de caducidad, las organizaciones y comercios promotores de la iniciativa, así como las ventajas del uso de esta moneda, descritos más arriba. Además de este cupón de 1 libra, en Lewes pueden circular cupones de 5, 10 y 21 libras. Las libras de Lewes, como en los demás casos de moneda social, son paritarias con la libra esterlina, pero se ofrecen cupones de 21 libras intercambiables por 20 libras oficiales para incentivar su uso entre la población. 

Quizá uno de los mayores problemas al que pueden enfrentarse este tipo de monedas es precisamente el coleccionismo, pues les puede despojar de su contenido social. Me explico. Las organizaciones que sustentan las monedas sociales suelen ofrecer la posibilidad de vender packs para coleccionistas por un precio ligeramente superior a su valor facial. Nada que objetar, puesto que de esta forma obtienen ingresos destinados al mantenimiento de su moneda social y de paso promocionan su localidad. El problema viene cuando la venta se realiza de forma no oficial, y son los usuarios los que venden sus propios packs de moneda social a coleccionistas de forma privada. Esto puede dar lugar a un verdadero mercado negro de moneda social que nada tiene que ver con los fines que persigue. 

Por este motivo, os recomiendo que si queréis adquirir este tipo de cupones para vuestra colección los compréis directamente a las municipalidades a través de sus páginas web o, si tenéis la posibilidad de viajar a las ciudades donde se usan, os hagáis con ellos en sus puntos de compra autorizados, como las oficinas de turismo. De esta forma podréis ampliar vuestra colección mientras apoyáis una interesante labor social.   

martes, 15 de agosto de 2017

EFECTOS DE LA HIPERINFLACIÓN (IX): VIETNAM

Como buen coleccionista que intento ser, no puedo desperdiciar esas ocasiones en las que amigos o conocidos viajan a países fuera de la zona euro y pueden de este modo contribuir sin grandes esfuerzos a la ampliación de mi colección. Siempre me ofrezco generosamente a limpiar de calderilla foránea los bolsillos de todos aquellos viajeros que no saben qué hacer con todo el cambio que no han tenido tiempo u ocasión de gastar. En el caso de mi colección de monedas y billetes de Vietnam, la mayor parte ha sido obtenida gracias a viajes ajenos. Hace unos años un buen amigo que celebraba su luna de miel en el sureste asiático me regaló una interesante colección de monedas locales que abarcaban los siglos XIX y XX, es decir, la colonización francesa, las dos guerras mundiales, el periodo de división entre norte y sur, la guerra entre ambas mitades en la que intervino Estados Unidos y la victoria final de Vietnam del Norte. Se vendían en un folio de plástico con clasificadores, a modo de souvenir para turistas.  Más recientemente, una compañera de trabajo que viajó a la zona tuvo a bien traerme un ejemplar de casi todos los billetes en circulación, un total de 10, por valores de 500, 1.000, 2.000, 5.000, 10.000, 20.000, 50.000, 100.000, 200.000 y 500.000 dong (creo que únicamente falta el de 200, pero debe ser difícil de encontrar dado su bajo valor) que únicamente me costó su equivalente en euros, es decir,  un total de 35 €. Esta amplia muestra de papel moneda, sin tener demasiado conocimiento (por no decir nulo) acerca de la economía y la moneda vietnamita, da una pista acerca de las tendencias inflacionarias que ha sufrido el país. No obstante, hubo algo que me pareció aún más llamativo: ¿dónde estaban las monedas? La respuesta de mi compañera fue simple: no vio ninguna en circulación durante las dos semanas que estuvo allí. ¿Dónde están las monedas de Vietnam?  

Muchos billetes, pero ¿dónde están las monedas?


El final de la traumática guerra con intervención de los Estados Unidos incluida, la caída del régimen de Vietnam del Sur y la consiguiente unificación del país son los hitos que marcan el comienzo del Vietnam moderno. En 1975 el gobierno de Hanoi se hizo con las riendas de todo un país económica y socialmente destrozado  por las secuelas de la guerra, y la fórmula de gestión escogida fue la de la centralización a ultranza y planificación de su economía propia del marxismo-leninismo. La implantación de este sistema no pudo ocultar los desequilibrios reales de la economía vietnamita, con un exceso de demanda típico de un país que deja atrás un conflicto bélico y una oferta insuficiente propia de un tejido productivo seriamente deteriorado. 

Estas contradicciones se hicieron notar en muchos ámbitos, incluido el de los precios de bienes y servicios. Mientras que el gobierno trataba de establecer un férreo control de éstos, en las calles surgían mercados paralelos en los que por lo general los precios se disparaban. Desde el gobierno se pusieron en marcha una serie de tímidas reformas para estimular la producción e integrar los precios reales con los oficiales, pero con un éxito limitado. A esto debemos sumar una gestión deficiente de las finanzas públicas, con un creciente gasto público no respaldado por ingresos sostenibles y el conocido recurso a la impresión de dinero para compensar este hecho.

A mediados de la década de 1980 la inflación se encontraba fuera de control en Vietnam, llegando al 453 % anual en 1986. Justo en ese momento, el gobierno vietnamita tomó la decisión que marcaría su economía hasta nuestros días, que consistió en una adopción efectiva de la economía de mercado sin renunciar a los ideales propios del marxismo, con el fin de estabilizar su economía y corregir los desequilibrios arriba mencionados. Fue el plan conocido como Doi Moi, que, resumiendo, consistíió en:

  • Aprobación de legislación favorable al emprendimiento y al fortalecimiento del sector privado, con el fin de evitar el monopolio del sector público y favorecer el crecimiento y la competitividad. 
  • Unificación de la tasa de cambio del dong. Anteriormente el tipo de cambio oficial había sido establecido por decreto, lo cual dio lugar a un mercado negro paralelo  de divisas en el que el valor real del dong difería sustancialmente del oficial. Tras el Doi Moi tuvieron lugar una serie de devaluaciones de la moneda con el fin de ajustar el valor oficial con el real.  
  • Reformas en la agricultura, asegurando a los campesinos un mayor control y autonomía sobre las tierras que tenían asignadas, así como seguridad en la tenencia y derechos de transferencia. En los años siguientes la productividad mejoró, convirtiéndose Vietnam en uno de los mayores  exportadores mundiales de arroz.
  • Apertura al comercio exterior, permitiendo la inversión extranjera en el país, que pasó de la total irrelevancia a ocupar el 10 % del PIB a mediados de los 90. Las exportaciones crecieron de forma exponencial, Vietnam se convirtió en miembro de ASEAN y el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) y en poco tiempo pasó a firmar acuerdos bilaterales con sus vecinos (China, India, Japón, Corea, Australia y Nueva Zelanda) e incluso con los Estados Unidos.  


Anversos de las monedas de 2000 y 5000 dong de 2003, sin circular


Todas estas medidas alcanzaron sus objetivos principales, que no eran otros que conseguir la estabilidad macroeconómica, integrar a Vietnam en la economía global, mejorar el nivel de vida de la población y detener la imparable depreciación del dong. En los años siguientes la inflación se redujo a los dos dígitos anuales y a partir de 1993 quedó por debajo del 10 %. Desde entonces ha permanecido estable aunque ha sufrido algún repunte en fechas recientes, siempre lejos de fenómenos hiperinflacionarios en cualquier caso. 

En el caso de Vietnam, el efecto más palpable que posiblemente ha tenido la hiperinflación ha sido el abandono efectivo de la moneda metálica por parte de la población, con el consiguiente uso exclusivo del papel moneda para las transacciones ordinarias. Durante los años 80, en el momento álgido de la inflación, la mayor parte de las monedas puestas en circulación tras la guerra perdieron su ya de por sí escaso valor, y durante los años siguientes el gobierno renunció a lanzar nuevas emisiones. Solo en fechas más recientes, a partir de 2003, las autoridades trataron de recuperarlas, conscientes de que a la larga las piezas de metal suponen un ahorro para las arcas del estado dada su mayor resistencia al uso y perdurabilidad. Fue en este año cuando se emitieron las monedas de 200, 500, 1.000, 2.000 y 5000 dong (dos de las cuales podéis ver aquí).

Reversos de las monedas de 2000 y 5000 dong de 2003

En este caso, las dos monedas que muestro en esta entrada no fueron conseguidas en Vietnam, sino en una numismática de Valencia, básicamente porque es muy difícil para los visitantes extranjeros encontrar alguna. Si bien son de curso legal y el gobierno hace lo posible por extender su uso (incluyendo legislación favorable y la progresiva retirada de los billetes con valores faciales más bajos), la mayor parte de la población ha perdido su confianza en ellas y es verdaderamente complicado encontrar lugares en los que sean aceptadas. Así, pese a su fabuloso legado numismático de más de 1000 años, tanto con producción propia de monedas cash como importada de China, en Vietnam es más sencillo hoy en día encontrar monedas como souvernirs que en los bolsillos de los particulares. Paradojas de la Historia.


Bui Thi Kim Thanh, Inflation in Vietnam over the Period 1990-2007, Institute of Social Studies, Graduate School of Development Studies, The Hague (Netherlands) 2008

Michael Kokalari and Arup Raha, Vietnam: The Next ASEAN Tiger, CIMB Asean Research Institute (CARI) http://www.cariasean.org/downloads/vietnam-the-nextasean-tiger.pdf



viernes, 14 de julio de 2017

NOTGELD EN SERIE(S)

Tiempos duros: "El dinero debe recaudarse de la gente, no cae
de los árboles", dice el reverso de este notgeld de Papenburg
En anteriores ocasiones en las que ha protagonizado este espacio el dinero de emergencia alemán de 1914-1923 (notgeld) hemos podido constatar que estas emisiones no solo trataban de compensar la escasez de circulante propio de un periodo de austeridad e impulsar las economías locales, sino que también constituían una oportunidad para ganar dinero de diferentes maneras. A principios de la década de 1920 era evidente que los billetes notgeld habían suscitado el interés de los coleccionistas y la única forma de mantener este interés consistía en ampliar la variedad de emisiones. De esta forma surgió lo que los estudiosos de esta materia denominaron como serienscheine, es decir, grupos o series de billetes.

Se trata de series o grupos porque pertenecen a una misma ciudad o entidad y porque reflejan una misma temática, de tal manera que deshacerse de uno o más rompería esa serieNo cabe duda de que el objetivo de atraer el coleccionismo fue ampliamente conseguido, dado que aun hoy sigue existiendo una gran demanda de estos billetes por parte de los amantes de la notafilia. Para las municipalidades este tipo de emisiones no solo constituían una fuente de ingresos (todo notgeld que se guardaran los particulares y por tanto no fuera redimido suponía más dinero para las arcas públicas) sino también una forma de promocionar la ciudad. De hecho, en muchos establecimientos como hoteles y restaurantes podían encontrarse notgeld serienscheine de venta al público.

Serie de billetes de 20 y 50 pfennig y 1 marco de
Berchstesgaden, 1920
No obstante, todo esto excedía las funciones de emergencia que en un principio se atribuían al notgeld, dando pie a muchas actividades que podríamos calificar de poco honestas. Tal y como describe Courtney L. Coffing en su "World Notgeld" se dio el caso de localidades que imponían cargas abusivas, o reflejaban una fecha de redención del billete anterior a su puesta en circulación, o favorecían la producción en masa de notgeld sin preocuparse mucho de las consecuencias que ello pudiera tener. En estos abusos participaban empresarios que, en la búsqueda de beneficio, no dudaron por ejemplo en emitir billetes de localidades inexistentes como Neukirch, Knivsberg o Gaansager. Se dio el caso también de entidades privadas que emitieron notgeld disfrazado de tickets de entrada o recibos de donaciones. 

En cualquier caso, los notgeld serienscheine (legítimos o de fantasía) constituyen un objeto de colección muy popular hoy en día por su colorido, originalidad y variedad. Dado que en la mayor parte de los casos los serienscheine no han circulado, es normal encontrarlos en perfecto estado, lo cual aumenta su indiscutible atractivo. El valor facial rara vez sobrepasa los 10 marcos, siendo los más habituales los de 10, 25, 50 y 75 pfennig, 1 y 2 marcos. Una típica serie está compuesta de seis billetes de 50 pfennig o de tres billetes de 25 y 50 pfennig y un marco, pero es posible encontrar otros valores como 40, 60, 75 u 80 pfenning, así como 100 y 150 pfennig (es decir, marco o marco y medio expresados en su divisor, como si en una moneda de euro se pudiera leer "100 céntimos"). El número de billetes incluidos en una misma serie oscila normalmente entre los 3 y los 6, no obstante existen series mucho más largas, llegando incluso a varias decenas. 



Serie de 5 billetes de 20 pfennig de Lübeck de 1921 en los que se muestra una peculiar visión de uno de los símbolos de la ciudad: I. El águila de Lübeck en el huevo/II. La primera cabeza del águila de Lübeck/III. El águila de Lübeck reconoce su doble cara/IV. Se escapa el águila de Lübeck/V. El águila de Lübeck salida del cascarón consigue su escudo de armas

En general, todos los billetes de una serie presentan un anverso idéntico o similar con el valor facial y reversos distintos ajustados a una determinada temática casi siempre relacionada con la ciudad emisora. Estas temáticas son extremadamente variadas, siendo muy difícil establecer una catalogación exhaustiva de los serienscheine en este sentido. Aún así, es posible resumir en este espacio las siguientes: 

  • Monumentos y patrimonio artístico local: es de las temáticas más habituales, siendo posible encontrar edificios emblemáticos así como catedrales o iglesias. 
  • Paisajes y entornos naturales: categoría muy extendida también dentro de la promoción turística de muchas localidades, que hace gala de una paisajística propia del centro y norte de Europa (v. la serie de Berchstesgaden, residencia veraniega de Adolf Hitler)
  • Actividades económicas y comercio local: dependiendo de la zona, se puede apreciar desde la producción agrícola y ganadera hasta diferentes tipos de industria. 
  • Personajes históricos: cabe mencionar las series dedicadas a Lutero así como los llamados reutergeld, en honor al poeta Fritz Reuter.
  • Acontecimientos históricos, normalmente situados en los días del legendario Sacro Imperio, aunque también más recientes como la unificación alemana o la Primera Guerra Mundial (en aquel momento Gran Guerra)
  • Actualidad social y política: estos son particularmente interesantes, pues reflejan las circunstancias vividas por la población tras la derrota frente a los Aliados. Es habitual así encontrarse con referencias a las estrecheces económicas y la carestía que la mayoría de los alemanes tuvieron que pasar: escasez, acaparamiento, desempleo, etc
  • Antisemitismo: este tema no fue de los más explotados pero no es difícil toparse con este tipo de referencias cuando adquirimos notgeld. Al antisemitismo ya dedicamos una entrada entera hace algún tiempo en EL ANTISEMITISMO EN LOS NOTGELD
  • Humor: algunas series reflejan "historietas" en cuatro, cinco o seis viñetas (a viñeta por billete), en un estilo que recuerda mucho al del primer TBO (no en vano el lanzamiento de esta publicación coincidió con el final de la Primera Guerra Mundial)
  • Cuentos y leyendas populares: en algunos casos se alude a personajes propios de la mitología nórdica (gnomos, hadas), en otros a cuentos tradicionales como el Flautista de Hamelin. 
  • Religión: es posible también encontrar billetes notgeld con motivos religiosos, como los que  homenajean a santos y santas locales, o a la Virgen María. Por otro lado, nos podemos topar también con referencias a temas satánicos como aquelarres o imágenes del demonio (en muchos casos, con un aspecto sospechosamente semítico) 
Por supuesto, y con el fin de ofrecer mayores desafíos a los coleccionistas tanto presentes como futuros, los serienscheine pueden presentar numerosas variantes en forma de diferentes colores o fechas, formas distintas de numeración y errores más o menos deliberados. 

Resulta imposible reflejar un ejemplo de cada categoría en esta breve entrada, aún así no puedo resistirme a compartir una de mis series favoritas, que mezclan varios de los temas descritos más arriba (excepto, espero, en lo referente al antisemitismo). Se trata de una serie de cinco billetes de 50 pfennig de las localidades de Lichtenstein-Callnberg en Sajonia al este de Alemania, que refleja una tira cómica mediante siluetas, un diseño muy común dentro de los serienscheine. La traducción es cortesía de A.J. Gibbs-Murray, cuyo German Gems - Encyclopedia of German Notgeld explica y contextualiza muchas de estas emisiones. 




En la embrujada hora, bajo la luz de la luna Satán iba de Callnberg a Lichtenstein




Se encontró con un pequeño tejedor que iba a su casa después de haber bebido hasta altas horas con su gremio





Satán comienza a bromear y quiere hacer cosquillas al tejedor





Pero el tejedor no es ni perezoso ni está demasiado bebido, así que clava su herramienta en el trasero del demonio



Satán quedó tan malherido que no volverá a enredarse con un tejedor jamás

Cierto dicho popular reza "Bien sabe el diablo a quién se le aparece". No es este el caso, desde luego...


German Gems - The Ecyclopedia of German Notgeld, by Anthony John Gibbs-Murray, copyright 2014 www.notgeld.com

World Notgeld 1914-1947 And other Local Issue Emergency Money – A Guide and Checklist (2nd edition), Courtney L. Coffing 2011 Krause Publications


https://de.wikipedia.org/wiki/Serienschein


"El dinero debe recaudarse de la gente, no cae de los árboles"

viernes, 30 de junio de 2017

FICHAS EN LA CASA DE LA MONEDA

Más de una vez he tenido la ocasión de tratar el tema de las fichas o tokens, verdadero filón para los coleccionistas que buscan alternativas a la numismática tradicional. Hasta hace poco pensaba que una de las condiciones sine qua non para que las fichas se utilicen por parte de los particulares es la falta de circulante que puede tener lugar en diferentes contextos: situaciones de crisis económica o inestabilidad política, escasez de metales o simplemente el carácter remoto de ciertas sociedades en las cuales la lejanía de los centros de poder propicia la aparición de autoridades propias más o menos formales.

Fichas del comedor de la Casa de la Moneda de Mumbai (Indian
Government Mint - Bombay)

No obstante, si lo pensamos bien, no tienen que darse situaciones extremas o de escasez para el uso de fichas. Al fin y al cabo, su emisión es muchas veces prerrogativa de ciertas empresas o establecimientos, y su uso se limita a sus dependencias. Un caso muy conocido y habitual es el de las fichas de casino o los parques de atracciones. En muchos lugares todavía se emplean fichas en cabinas telefónicas y en el transporte público, lo que puede hacer de ellas un objeto incluso cotidiano. El ejemplo de hoy guarda una considerable carga irónica, pues se trata de tokens utilizados en los lugares que más circulante oficial pueden acumular: las casas de la moneda. 
Reverso de los tokens, en los que se indica los valores (10 y 5 paisa)
y que corresponden a la cantina 

Las fichas que tengo hoy el placer de compartir pertenecen (pertenecieron sería más correcto) a la Casa de la Moneda de Mumbai (Bombay Mint), y eran las que los trabajadores debían utilizar en su cantina. La Casa de la Moneda de Mumbai se estableció en 1829, no obstante la ciudad ya se había distinguido entre otras cosas por su fabricación de piezas durante la era del Imperio Mughal en el siglo XVII. Curiosamente, Mumbai empezó a destacar como ceca durante la decadencia de este imperio a partir del siglo XVIII, momento en que los británicos afianzaron sus intereses en el subcontinente a expensas de portugueses y holandeses y, por supuesto, de los propios indios que vieron como diferentes territorios pasaban a ser independientes o semi-independientes (los llamados "estados principescos") o directamente administrados por potencias extranjeras, como era el caso de la "Presidencia de Bombay", es decir, los territorios occidentales bajo la tutela de la Compañía Británica de las Indias Orientales.

Postal de principios del siglo XX en la que se muestra
una imagen de la Casa de la Moneda de Mumbai
(Wikipedia)
De todos modos la apertura oficial de esta ceca durante la primera mitad del siglo XIX coincidía con el declive de la otrora poderosa Compañia, cuyo protagonismo iba disminuyendo mientras el gobierno británico tomaba un control cada vez más directo de estos territorios hasta que en 1857 fueron incorporados directamente a la Corona, terminando de paso con el Imperio Mughal de forma oficial, aunque de éste sólo quedara ya el nombre. Así, la Bombay Mint pasó en 1876 a ser controlada por el Gobierno de India, siendo hoy en día una de las cuatro casas de moneda que, junto con las de Calcutta, Hyderabad y Noida, forman parte del Security Printing & Minting Corporation of India Ltd., el organismo responsable de la fabricación de dinero en India. Durante todo este tiempo, durante el cual India ha pasado de ser una colonia británica a una potencia económica con aspiraciones globales, la Casa de la Moneda de Mumbai ha permanecido siempre como un referente en cuanto a cantidades de dinero emitidas así como en la fabricación de instrumentos para la fijación de los pesos y medidas aprobados por el gobierno. 

Como ocurre con tantos ejemplos de exonummia, la simplicidad de estas fichas impide tener acceso a una información detallada. Aún así podemos asegurar que las de la entrada de hoy son de cobre, se utilizaban para el comedor de la Casa de la Moneda de Mumbai  e indican valores correspondientes a 5 y 10 paisa, divisores de la rupia. En aquel momento, recordemos, el sistema no era decimal por lo que una rupia no equivalía a 100 paisa como ahora sino a 64. Precisamente el aspecto más difícil de catalogar en relación a estas fichas es su época, pero con casi total seguridad se puede situar a mediados del siglo XX, alrededor de la proclamación de independencia. El hecho de que los valores sean de 5 y 10 puede ser indicativo de la adopción de un sistema decimal, algo que en India se produjo en la década de 1950.      

Durante mucho tiempo ha sido habitual el empleo de fichas en las fábricas de moneda como medida de seguridad, puesto que no es conveniente mezclar piezas externas con las que se producen dentro. Aún así, al llegar estos tokens a mis manos no he podido evitar recordar el célebre dicho: "En casa del herrero..."


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