miércoles, 14 de junio de 2017

BILLETES DE LOS SEÑORES DE LA GUERRA

Los que entráis por estas páginas os habréis percatado de mi preferencia, dentro de la notafilia, por las emisiones locales. Por lo general, y salvo en algunos casos (como los modernos billetes locales de economía social, por ejemplo), estos billetes son testigos mudos de tiempos difíciles caracterizados por el conflicto y la escasez, pero también son en muchos casos representativos de otras facetas humanas en las que reparamos menos a la hora de coleccionar monedas o billetes, como el deseo de mantener la normalidad en momentos de dificultad, las aspiraciones políticas o económicas de grupos u organizaciones que en circunstancias normales no alcanzarían el poder, o incluso nuevas formas de creatividad (unas más acertadas que otras) lejos de los estrictos patrones que suelen marcar los bancos centrales a la hora de escoger diseños.

Mapa de China con la provincia de Xinjiang señalada en rojo
(fuente: wikipedia)
Algo muy atractivo, en mi opinión, de muchas emisiones locales radica en este último aspecto: la técnica tosca que muchas veces se emplea, unida a los materiales de escasa calidad (vienen a mi mente ahora los billetes de guerrilla filipinos de la II Guerra Mundial) dan la sensación de que muchos de estos billetes se emitían en situaciones límite. El caso que hoy nos ocupa, el de los billetes de Xinjiang (noroeste de China) de la década de 1930 es paradigmático de todo esto, ya que los emisores trataban de reflejar rasgos culturales propios en su papel moneda utilizando técnicas primitivas, todo ello bajo unas circunstancias francamente difíciles, como veremos a continuación.

Y es que la historia de la China posterior a la de la última dinastía imperial Qing dista mucho de aproximarse a lo que entendemos por normalidad. Si bien el país había conocido en su dilatada historia periodos de desintegración más o menos largos, durante las tres primeras décadas del siglo XX esta desintegración va unida a un estricto marcaje por parte de las potencias occidentales (Reino Unido, Francia, la Unión Soviética) y el imperio emergente de Japón, que no disimulan en absoluto su deseo de ampliar su poder colonial y comercial a costa de un moribundo imperio chino. La proliferación de los llamados "señores de la guerra" (warlords) no es sino un resultado lógico de la trayectoria del país durante la segunda mitad del siglo XIX y el comienzo del XX. La división de China en esferas de influencia por parte de las potencias extranjeras menoscababa la autoridad imperial y contribuía a la emergencia de poderes locales. Por otro lado, la brutal represión de las revueltas que tuvieron lugar en diferentes partes del territorio a mediados del XIX, dejó clara la creciente importancia de la fuerza militar para dirimir cualquier tipo de cuestión. A la muerte del general Yuan Shikai, considerado como hombre fuerte de la nueva República en 1912  precisamente gracias a su poder militar, numerosos gobernadores provinciales se proclamaron (o comenzaron a actuar como si fueran) independientes.

Billete de la administración de Khotan de mediados de la
década de 1930. 

Los primeros años de la República China no pudieron empezar peor en cuanto a la integridad territorial se refiere. Muchos gobernadores provinciales en teoría ejercían su cargo en nombre del gobierno central, pero en la práctica se comportaban con total independencia con respecto a éste. Además, dentro de sus propios territorios las fuerzas de oposición luchaban por conseguir su propio espacio de gobierno, de tal manera que en pocos años China se vio dividida en cientos de entidades independientes o cuasi-independientes, de tal forma que más que desunión, podemos hablar de verdadera atomización. La región de Xinjiang, situada en el extremo noroccidental del país, tradicionalmente punto estratégico de la Ruta de la Seda y habitada en gran medida por minorías étnicas como uigures y poblaciones turcas, fue un buen ejemplo de este caos. Ya en las décadas de 1860 y 1870 la región había sido testigo de la rebelión de Yakub Beg, personaje singular de origen uzbeko que trató de establecer un reino musulmán independiente en este territorio. Con este precedente, unido a otros factores como la diversidad étnica y religiosa y la lejanía con respecto al poder central, no es sorprendente que Xinjiang se sumara a las tendencias centrífugas imperantes.

En Xinjiang los gobernadores que ejercían su cargo en nombre de la República de China tras la caída de la dinastía Qing consiguieron durante dos décadas mantener la situación bajo control gobernando como auténticos soberanos, pero a principios de la década de 1930 las tensiones entre los gobernantes de origen chino y las minorías étnicas estallaron, llevando a una rebelión de los uigures y otros pueblos de origen turco y religión musulmana, que se saldó con la proclamación de la efímera República del Turkestán Oriental. Este estado, de solo unos meses de duración entre 1933 y 1934 fue ocupado por las fuerzas de Ma Zhongying, señor de la guerra que lideraba a los hui o tungan (chinos musulmanes) que constituían la 36 División del ejército del Kuomintang, el Partido Nacionalista Chino. Este señor de la guerra curiosamente se había alineado en un principio con los rebeldes uigures, pero en este contexto, cualquier lazo étnico o religioso quedaba relegado en favor de la posibilidad de establecer una parcela de poder efectivo, por pequeña que fuera.
En este lado del billete pueden apreciarse los caracteres
chinos en el rectángulo central, así como la tinta del sello
rojo de la otra cara

Quien pensara que la derrota de la República del Turkestán Oriental significaba el fin del secesionismo en esta parte de China se equivocaba. Ma Zhongying se estableció en Khotan, al sur de la región, para seguir ejerciendo como señor de la guerra en un territorio que sería conocido por los occidentales como Tunganistán, mientras se enfrentaba a Sheng Shicai, otro señor de la guerra que trataba de defender sus derechos como gobernador provincial de Xinjiang contando con el apoyo de la vecina Unión Soviética. Ma Hu Shan, medio hermano y sucesor de Ma Zhongying, no dudó en continuar ejerciendo como soberano de facto en Tunganistán en nombre del Kuomintang, que en aquel momento luchaba por dotar a duras penas de una cierta cohesión a todo el país.

En este convulso y enrevesado contexto de mediados de la década de 1930, que si soy sincero tengo dudas sobre si he explicado correctamente,  fue en el que se produjeron los billetes que protagonizan la entrada de hoy. Parece ser que el material utilizado para su fabricación es la corteza de morera (aunque en otros casos se utilizaron materiales alternativos como la tela) y, pese a su tosco acabado, reflejan un diseño propio de las culturas musulmanas de Asia Central, combinado con caracteres chinos. Los valores reflejados en estos billetes son en tael de plata (aproximadamente 36-37 grs.) no obstante se emitieron en tal cantidad que en poco tiempo sucumbieron a los efectos de la inflación y perdieron su valor.

No tuvieron estos billetes ocasión de circular durante mucho tiempo ya que los dominios de Ma Hu Shan, fueron absorbidos por Sheng Shicai en 1937 con la ayuda de la Unión Soviética, lo que garantizó a este señor de la guerra el control de Xinjiang hasta el final de la II Guerra Mundial. No me ha sido posible encontrar demasiada información acerca de estas emisiones más allá de algunas reseñas en libros acerca de la historia de Xinjiang o en numismáticas online. Aún así, puede afirmarse que constituyen no solo un artículo muy interesante para los apasionados de la numismática y notafilia oriental, sino también un símbolo tangible de la herencia cultural china de Asia Central, menos conocida para los occidentales.


Bibliografía: 

Ceinos, P. Historia Breve de China, Sílex Ediciones S.L. Madrid, 2006
Dillon, M. Xinjiang and the Expansion of Chinese Communist Power. Kashgar in the Early Twentieth Century, Routledge 2014 
Forbes, A.D.W. Warlords and Muslims in Chinese Central Asia: a Political History of Republican Sinkiang 1911-1949, Cambridge University Press 1986

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