lunes, 17 de septiembre de 2018

EFECTOS DE LA HIPERINFLACIÓN (XI): BOSNIA-HERZEGOVINA

Las "repúblicas" de Bosnia-Herzegovina:
un rompecabezas étnico (wikipedia) 
Tras analizar unos cuantos casos de hiperinflaciones en diferentes puntos del planeta en épocas distintas es inevitable encontrar numerosos puntos en común: inestabilidad política, conflictos civiles, mala gestión económica o expansión ilimitada del gasto público son algunas de las características que ayudan a explicar los orígenes de las inflaciones disparadas. No obstante, siempre es posible dar con aspectos singulares que hacen que un caso sea distinto de otro. El caso de Bosnia-Herzegovina, pese a guardar lógicos paralelismos con su vecina Yugoslavia tiene la peculiaridad de reflejar la profunda división existente en su territorio: en lugar de una hiperinflación tuvieron lugar dos.


Bosnia-Herzegovina fue el territorio de los Balcanes más castigado por el conflicto precisamente por su diversidad étnica y posición geográfica entre dos nacionalismos combatientes: el serbio y el croata. El frágil equilibrio que había caracterizado la unión de todas las nacionalidades eslavas del sur de Europa saltó por los aires tras la muerte del mariscal Tito durante la década de 1980. Podemos pensar erróneamente que el conflicto de la ex-Yugoslavia fue el resultado de las tensiones centro-periferia propias de los estados descentralizados, pero en realidad fueron las desmedidas ambiciones del nacionalismo serbio (que podríamos considerar como el "centro" en este contexto) y su idea de creación de una "Gran Serbia" a expensas de las demás repúblicas de la federación lo que precipitó el primer conflicto bélico en suelo europeo desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

De hecho, los únicos escenarios bélicos en la desintegración de Ýugoslavia fueron aquellos en los que Serbia podía encontrar territorios que anexionar: Eslavonia y la Krajina en Croacia y la parte nororiental de Bosnia-Herzegovina eran zonas pobladas mayoritariamente por serbios. Esta república, que no se separó de la federación en un primer momento (como sí lo hicieron Croacia y Eslovenia en Junio de 1991) desarrolló un creciente recelo hacia el nacionalismo serbio, cada vez más agresivo y fuera de control, toda vez que se veía libre del respeto hacia las antiguas fronteras internas. Los dirigentes de Sarajevo consideraron que la única forma de preservar la integridad de Bosnia-Herzegovina pasaba por proclamar su independencia, acontecimiento que se produjo en marzo de 1992 tras la celebración de un referéndum.

Dinar serbo-bosnio de 1992, con el escudo de armas serbio

Los problemas se hicieron patentes con el rechazo mayoritario de los serbo-bosnios a esta separación, apoyada masivamente por las otras dos comunidades: los bosníacos (la mayoría de ellos musulmanes, residentes sobre todo en las grandes ciudades) y los bosnio-croatas, localizados en la parte occidental del país. Pese a los intentos de la nueva República de Bosnia-Herzegovina de establecer un estado multiétnico ampliamente descentralizado que integrara las sensibilidades de las diferentes comunidades, las milicias serbo-bosnias apoyadas por el ejército federal yugoslavo se abrieron paso en medio de unas operaciones de limpieza étnica que horrorizaron al mundo a mediados de la década de 1990. Esta limpieza étnica, conviene recordar, fue reproducida por milicias croatas en la parte occidental del país. La población bosniaca fue en ambos casos la más perjudicada, como atestiguan las sonrojantes cifras de muertos, desplazados y mujeres violadas. 
Dinar bosnio-herzegovino de 1992, con el emblemático puente de Mostar

Así, a partir de Abril de 1992 Bosnia estaba dividida en dos estados independientes de facto: la Federación Bosnio-Croata y la República Serbia (Republika Srpska). Esta última, liderada por Radovan Karadzic en lo político y el general Ratko Mladic en lo militar, además de realizar una limpieza étnica del 70 % de su territorio, estableció unas estructuras político-administrativas que incluían su propia moneda, el dinar serbo-bosnio. El resto de Bosnia utilizaba el dinar bosnio-herzegovino, salvo en zonas controladas por los croatas, donde circulaba la kuna. Ambos dinares tenían paridad con el nuevo dinar yugoslavo, no obstante evolucionarían de forma bien distinta.

Billete de 10 dinares bosnio-herzegovinos resellado a 100.000 en 1993

Como comentaba en la introducción, Bosnia-Herzegovina fue un caso peculiar en el que dos hiperinflaciones paralelas tuvieron lugar. En un contexto de caos económico como este, caracterizado por la escasez y la concentración de recursos en el esfuerzo bélico la emisión indiscriminada de papel moneda provocó una depreciación galopante de ambos dinares, si bien más pronunciada en la zona serbo-bosnia. La hiperinflación de la República Serbia fue prácticamente calcada a la de la Yugoslavia de Milosevic (ver entrada anterior), pues duró hasta comienzos de 1994 y alcanzó una tasa máxima de 297 millones % mensual y 64,3 % diario, duplicándose los precios cada 1,4 días. En Octubre de 1993, al igual que en la vecina Serbia, se introdujo el nuevo dinar equivalente a un millón de los antiguos dinares, algo que (como era de prever) no sirvió para reconducir la situación ya que las nuevas denominaciones de papel moneda llegaron nada menos que a los cincuenta mil millones (50 seguido de nueve ceros). En el caso de la Federación de Bosnia-Herzegovina las cifras fueron sensiblemente más suaves: 322 % mensual en su peor momento (4,92 % diario) y 14,6 días necesitaban los precios para duplicarse. Aún así, en los últimos meses de 1993 el dinar estaba tan devaluado que se recurrió al resellado, como puede verse en la imagen, o simplemente al añadido de ceros a los billetes. Pocos meses después, en Agosto de 1994 se recurrió también a un nuevo dinar, aunque en este caso equivalente a 10.000 de los viejos dinares, en un momento en que la inflación estaba bajo control en esta zona del país. 

1995 fue el año del acuerdo de Dayton, que, con todos sus inconvenientes, redujo notablemente la tensión en la zona apostando por un modelo federal muy descentralizado que integrara las dos repúblicas respetando la integridad de Bosnia-Herzegovina, con una presidencia rotatoria y la tutela provisional del Consejo de la Unión Europea para una paulatina unificación administrativa. En 1998 se puso en circulación el marco bosnio-herzegovino en sustitución de las diversas monedas que las diferentes entidades emitieron durante los años del conflicto, dejando atrás la hiperinflación, pero no unas profundas heridas emocionales que tardarán décadas en cicatrizar, si es que alguna vez eso ocurre. 

Como sabéis, siempre indico mis fuentes de referencia. En el caso de hoy creo que es digno de elogio el trabajo World Hyperinflations de Steve H. Hanke y Nicholas Krus del Cato Institute de Washington, fácilmente accesible en internet (https://www.cato.org/publications/working-paper/world-hyperinflations) que tras meses de minuciosos estudios y recopilación de datos consiguieron ofrecer una idea exacta del fenómeno inflacionario de esta zona entre los años 1992 y 1994, algo extremadamente difícil en un contexto de guerra civil. 

Taibo, C. Para Entender el Conflicto de Kosova, Colección Los Libros de la Catarata, Madrid 1999


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