sábado, 30 de agosto de 2014

EFECTOS DE LA HIPERINFLACIÓN (V): YUGOSLAVIA

Definitivamente, debo reconocer que el coleccionismo de billetes de hiperinflación resulta fascinante, especialmente porque nos anima a reflexionar acerca de las causas y las consecuencias de las crisis económicas y sus derivaciones políticas y sociales. Hoy me voy a referir a un caso que no es de los más conocidos en este aspecto, pero que tuvo lugar en fechas relativamente recientes y está relacionado con una tragedia humana que seguro muchos recordamos bien: la desintegración (y posterior guerra civil) de Yugoslavia.


Este estado, que aglutinaba a todos los pueblos eslavos del sur de Europa y cuya creación tras la Primera Guerra Mundial suponía un "premio" a la participación serbia del lado de las potencias aliadas frente a los imperios centrales, no pudo superar las tensiones entre las diferentes nacionalidades que lo componían, resultando en la declaración de independencia de las repúblicas de Croacia y Eslovenia en 1991 y Macedonia y Bosnia-Herzegovina en 1992. Estas tensiones se debían en gran medida al nacionalismo serbio practicado por el presidente de la república de Serbia Slobodan Milosevic en detrimento de las demás repúblicas integrantes de la federación. La independencia de Croacia y Bosnia, territorios con un significativo porcentaje de serbios entre sus habitantes (especialmente la segunda) dio lugar a varios años de sangrientos enfrentamientos, que en muchos casos alcanzaron la categoría de crímenes de guerra y contra la humanidad.


En este sentido, puede afirmarse que Milosevic, además de ser uno de los máximos responsables de fomentar las tensiones que terminaron por desolar los Balcanes, puso un gran empeño en provocar el caos económico, pues no tuvo reparos en  financiar sus desastrosas campañas bélicas mediante la impresión indiscriminada de dinero. Las consecuencias no se hicieron esperar: la hiperinflación comenzó oficialmente en enero de 1992 y alcanzó su punto culminante justo dos años después, llegando a la astronómica cifra de 313 millones % mensuales. Esto hace que esta hiperinflación sea la segunda más alta tras la de Hungría de 1946 (como vimos hace aquí hace unas semanas) y la segunda de mayor duración tras la correspondiente a la guerra civil rusa de comienzos de la década de 1920.

En realidad se trataba de un desastre anunciado, puesto que las autoridades yugoslavas habían desarrollado con anterioridad la conocida práctica de impresión de dinero para reducir los déficits presupuestarios. Este problema se agravaba por el hecho de que las empresas estatales mantenían pasivos extranjeros considerables y los residentes extranjeros poseían grandes depósitos en moneda extranjera en los bancos gubernamentales. Al depreciarse el dinar, cosa muy habitual durante las décadas de los 70 y los 80 del siglo pasado, se hacía muy difícil hacerse cargo de estos pasivos y los residentes extranjeros procedían instintivamente a retirar sus depósitos.

Estos 24 meses de hiperinflación, junto con la situación bélica general, tuvieron efectos devastadores en la economía de lo que quedaba de la antigua Yugoslavia. Los intentos de control de precios por parte del gobierno no surtieron efecto, ya que los productores los consideraban prejudiciales para sus intereses: así, en Octubre de 1993 los panaderos de Belgrado detuvieron su producción. Justo por esas fechas se lanzó el nuevo dinar equivalente a un millón de antiguos dinares, pero la inflación era ya tan desmedida que a principios de 1994 se hizo necesario crear un nuevo nuevo dinar equivalente a mil millones de los nuevos dinares anteriores. Esta huida hacia adelante tampoco daba los frutos deseados, por lo que se buscaron nuevas fórmulas para contener la espiral inflacionaria en la creación del superdinar, que equivalía a 10 millones de los nuevos nuevos dinares y además estaba vinculado al marco alemán (1 superdinar = 1 marco). 

Los horrores de la guerra en la ex-Yugoslavia, cuyas imágenes nos impactaron a los que veíamos la guerra en suelo europeo como algo que solo sufrieron nuestros abuelos, eclipsaron las penurias económicas que sus habitantes sufrieron durante buena parte de los años 90. La hiperinflación suele arruinar a los pequeños ahorradores, y el caso yugoslavo no fue una excepción. Los jubilados veían como la exigua pensión que recibían quedaba reducida a la mínima expresión al poco tiempo de cobrarla, si es que la cobraban. Adquirir productos básicos de alimentación se convirtió en un verdadero desafío para una población cuyo poder adquisitivo se reducía día tras día. Mientras tanto, el gobierno de Milosevic seguía destinando la gran mayoría del presupuesto a su inútil esfuerzo bélico (imprimiendo billetes en grandes cantidades, por supuesto) y reaccionando al desastre económico de la única forma que sabía, es decir, culpando del mismo a agentes externos. 

Hoy os dejo unas pocas imágenes de billetes de esta poco conocida pero muy reciente hiperinflación, emitidos durante 1993. Hoy día, mientras los Balcanes siguen tratando de cerrar las heridas abiertas hace 20 años, pueden servir como ejemplo de los efectos que la irresponsabilidad y las fantasías de grandeza de los gobernantes pueden tener sobre el bienestar general de los gobernados.  


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