domingo, 1 de julio de 2018

EL DRACMA SASÁNIDA

Hace ya algún tiempo, en los comienzos de la andadura de este blog, tuve el placer de analizar la moneda de hoy como una simple curiosidad de la numismática de una época en que la Antigüedad y la Edad Media se funden, una pieza de plata contemporánea de las monedas del Bajo Imperio y bizantinas (ver entrada MONEDAS PERSAS). Hoy, como en otras ocasiones, llega el momento de profundizar más en el dracma sasánida porque a poco que exploremos nos daremos cuenta que es mucho más que una pieza de interés histórico o artístico. 

Anverso de dracma sasánida de Kavad I (488-531)
Mide 29 mm. y pesa 3,60 grs. 

Muchas cosas llaman la atención de estos dracmas: su gran diámetro y prácticamente inexistente grosor, el muy elaborado diseño de las coronas que cubren la cabeza de los reyes en el anverso, los símbolos astrales que adornan ambas caras de la moneda, el enigmático altar de fuego que domina el reverso...sin embargo, su relevancia en la numismática medieval pasa prácticamente desapercibida. Y no debería ser así, puesto que su influencia se dejó ver nada menos que en las acuñaciones árabes, europeas y del norte de la India.

La dinastía Sasánida desplazó a los indo-partos en Persia en 226 d.C., y una de sus primeras medidas consistió, como suele ocurrir, en afianzar su poder reformando el sistema monetario en vigor. Conservaron la moneda principal existente, el dracma de plata, aumentando ligeramente su peso hasta los 4.2 grs. Siguiendo el patrón romano, se introdujeron divisores del dracma (hemidracma o medio dracma, óbolo o un sexto de dracma y tetradracmas de vellón) se propiciaron las acuñaciones de cobre y se pusieron en circulación piezas de oro o dinares, aunque su relevancia en este sistema monetario fue más que discutible. 

Reverso del dracma de plata, con altar de fuego en el centro,
flanqueado por dos figuras humanas

Con el tiempo se fue dibujando un sistema bimetálico de plata-cobre dominado por los dracmas de plata que fueron adquiriendo sus conocidas características gran anchura y escaso grosor de los cospeles, un anverso dominado por el retrato de perfil del rey ataviado con imponentes coronas y un reverso alusivo a la religión zoroastriana, con un altar ardiente vigilado por dos figuras humanas a ambos lados, normalmente portando espadas. Las leyendas en pahlavi reflejan el nombre del rey en el anverso a la derecha y la ceca y el año de reinado en el reverso. Bajo el reinado de Peroz (457-84 d.C.) se redujo ligeramente el peso de los dracmas de plata seguramente para acomodarlo más a los pesos y medidas locales, mientras se mejoró el control del peso y se aumentó sustancialmente su emisión. El dracma de las imágenes corresponde al rey Kavad I (que reinó entre 488 y 531 con una breve interrupción de tres años) algo que he podido deducir tras analizar las leyendas del anverso y el diseño de su corona, clave en muchos casos para la correcta identificación de estas monedas.  

Se ha especulado mucho sobre la razón por la cual los persas sasánidas acuñaron piezas tan anchas y finas. Se dice que la anchura del cospel servía para dar cabida a los elaborados diseños de las coronas de los retratos, aunque también, atendiendo a razones meramente prácticas, se piensa que este tipo de monedas se podían apilar de forma sencilla, facilitando su contabilidad. Sea como fuere, no es probable que los persas fueran conscientes de la influencia que iba a tener su dracma de plata fuera de sus fronteras, cada vez más menguantes ante el empuje de los árabes a partir del siglo VII. 

La influencia del dracma sasánida puede notarse en las acuñaciones medievales árabes
 y cristianas. En el centro, dirhem hispano-musulmán. A la derecha, dinero castellano. 

Las primeras monedas árabes eran imitativas de aquellas pertenecientes a los pueblos conquistados, siguiendo los patrones bizantinos en algunos casos y los persas en otros. El dracma sasánida influyó claramente en la concepción del dirhem de plata, de dimensiones y grosor muy similares. Si tenemos en cuenta que la moneda de plata de los reinos cristianos medievales (el denier carolingio, el dinero castellano o el penique inglés) se basó en gran medida en el modelo musulmán, podemos afirmar que el dracma sasánida tuvo una influencia indirecta en la moneda europea durante casi todo el periodo medieval. 

Si en occidente triunfó el formato del dracma (acuñaciones de plata anchas y delgadas), fueron varios reinos del este los que continuaron el legado persa en lo relativo al diseño. Uno de los primeros pueblos en emitir imitaciones de los dracmas sasánidas fueron los llamados hunos heftalitas que, tras derrotar y capturar al rey Peroz y cobrar el correspondiente rescate, comenzaron a producir unas atractivas piezas de vellón muy similares a los dracmas recibidos, que circularon durante los siglos V y VI en diferentes zonas de Asia Central, Afganistán y noroeste de India. En la región de Bujará, situada en el moderno Uzbekistan y zona de paso de la Ruta de la Seda, se emitieron a finales del siglo VIII unas curiosas piezas de plata rebajada de carácter fiduciario imitativas del dracma sasánida, sin duda en un intento por parte de las autoridades de dotarles de prestigio.  
Altar de fuego en el reverso de una gadhaiya paisa, cuyo
diseño se reduce a una serie de líneas y puntos

Más al sur, en la zona que hoy ocupan los estados de Gujarat y Maharashtra en la India occidental, diferentes reinos emitieron monedas de plata y vellón siguiendo el modelo sasánida, si bien con el tiempo derivaron en formas cada vez más abstractas y estilizadas aunque reconocibles (y mostradas en este blog en alguna ocasión). Se trata de los gadhaiya paisa, monedas de plata de peso similar a los antiguos dracmas pero de forma globular (nada que ver con la forma aplastada de aquellos) y producidos en grandes cantidades entre aproximadamente los siglos IX y XIII, sin duda para cubrir las necesidades derivadas del comercio internacional del que pueblos como los gurjaras o los chalukyas vivían.  

De esta manera, el dracma de plata inspiró de una forma o de otra la acuñación medieval en la mayor parte del mundo conocido, siglos después del final de la dinastía Sasánida. Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que pocas veces una moneda ha podido dar más de sí...

Early World Coins & Early Weight Standards, by Robert Tye, published by Early World Coins, York 2009

http://www.iranicaonline.org/articles/sasanian-coinage

http://www.beastcoins.com/Sasanian/Sasanian.htm

2 comentarios:

  1. Preciosa la moneda,desde luego,un saludo José Ramón

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Adolfo, además de relevante, es una maravilla estética. Y, como todo lo que muestro aquí, se puede conseguir a precios razonables. Un saludo,

      Eliminar

Translate