lunes, 21 de diciembre de 2020

LOS DUROS SEVILLANOS

Sinceramente, no es un tema muy original el que voy a tratar hoy, ya que seguro que todos en mayor o menor medida os habéis visto afectados por la curiosidad de hoy. Sobre los llamados duros sevillanos se ha escrito y discutido extensamente, algo que no es para menos porque el asunto tuvo enormes repercusiones socioeconómicas en la España que transitaba del convulso siglo XIX al incierto siglo XX y significó el comienzo del fin del circulante de plata en nuestro país. Las monedas falsas de época son para mi un artículo siempre interesante y, pese a que tengo muy claro que se trata de una práctica deleznable, no puedo evitar sentir un cierto respeto hacia la falsificación del dinero por el talento y el tiempo que se emplea en este fin, más aún si tenemos en cuenta que los falsificadores no pueden por lo general contar con los mismos medios que su gran competidor: el estado.

Variados, atractivos, abundantes, de plata...
y falsos de época: los duros "sevillanos"

En cualquier caso, leer acerca de los duros sevillanos nos puede servir para responder a preguntas que seguro nos han asaltado más de una vez a los coleccionistas de moneda española: ¿por qué son tan abundantes las imitaciones?; ¿cómo es que muchas de las emisiones de plata tienen un precio tan bajo? y ¿por qué no vemos más duros de plata después de 1899? El origen de todo se encuentra en la bajada del precio de la plata que tuvo lugar durante el último tercio del siglo XIX, cuando se encontraron nuevos yacimientos en México y Estados Unidos. La abundancia de este metal provocó la consiguiente caída en su precio, algo que a los gobiernos españoles de la Restauración les vino de perlas. Una constante en la economía española del siglo XIX fue su imparable endeudamiento y sus dificultades para compensarlo con recursos, en un contexto de gran inestabilidad interna, una menguante influencia internacional y escasa industrialización. El bajo precio de la plata permitía al gobierno español inyectar liquidez en el sistema produciendo grandes cantidades de duros a bajo coste: se calcula que el valor real de una moneda de cinco pesetas era de dos y media. 

Por supuesto, esto era algo que no se debía saber: en aquel momento todavía se presuponía que las monedas debían tener un valor intrínseco acorde con el valor facial. En épocas anteriores las depreciaciones del circulante de plata habían sido muy evidentes: al emitir nuevas monedas de plata de peor calidad (mezclándola con otros metales, por ejemplo) quedaba clara la intervención del estado en una medida terriblemente impopular que aumentaba sus ingresos a costa del poder adquisitivo de los ciudadanos. En el caso de hoy, el estado se libraba de tener que devaluar la plata (ya había caído su precio), y dejaba que la población continuara con sus quehaceres pensando que el valor real de las monedas coincidía con su valor facial. 

Pero no se puede mantener a mucha gente engañada indefinidamente. Cuando la ciudadanía comenzó a darse cuenta de lo que sucedía no tardaron los falsificadores en actuar. Y vaya si actuaron: inundaron literalmente el circulante de plata de duros falsos elaborados en talleres clandestinos ante una cierta pasividad por parte de las autoridades, temerosas de que actuar contra la falsificación significara actuar contra si mismas. Estos duros, apodados "sevillanos" debido a la creencia popular de que un noble de esta localidad estaba detrás de la fabricación de moneda falsa con la aquiescencia de las autoridades, eran falsificaciones de gran calidad, entre otras cosas porque se empleaba una plata de similar pureza (a veces incluso superior) que la utilizada por el estado. El acabado final, como habremos podido comprobar al tener estos duros en nuestras manos, es igualmente asombroso: a simple vista es prácticamente imposible distinguir una falsa de una auténtica. 

Dos duros de Amadeo: ¿cuál es el auténtico? 
(solución: el de la derecha)

De esta forma, a principios del siglo XX el uso de duros sevillanos estaba fuera de control: se calcula que aproximadamente un cuarto del total de duros de plata en circulación eran falsos. Como consecuencia, éstos perdieron su valor y prácticamente nadie los aceptaba (aunque fueran inequívocamente auténticos), lo que amenazaba a la economía española con un riesgo serio de colapso. Solo en ese momento el gobierno decidió intervenir para detener esta espiral y en Julio de 1908 emitió una Real Orden por la cual se canjearían las monedas de 5 pesetas por recibos con su valor de mercado en plata, es decir, 2,5 pesetas por duro. Al comprobar la falta de respuesta, rectificó esta Real Orden con una posterior en la que se ofrecía a los particulares un canje por el valor facial, es decir, 5 pesetas por moneda de duro, lo cual sí animó a muchos particulares a entregar sus piezas. 

Para evitar esta desafortunada situación en el futuro, se tomaron medidas de mayor alcance que evitaran la picaresca generalizada, como la regulación de las importaciones y del mercado nacional de la plata. En cualquier caso, el circulante de este metal quedó herido de muerte, desapareciendo poco a poco en las siguientes décadas. Una gran parte, eso sí, quedó en los cajones de nuestros bisabuelos: al fin y al cabo, se trataba de plata de calidad y nunca se sabía si podía llegar a hacer falta en algún momento. 

Las rayitas del escudete de 
las flores de lis (centro)
Y como no solo me quiero quedar en el contexto histórico sino también dar a mis lectores un poco de información práctica, me gustaría informar acerca de la forma de distinguir los duros auténticos de los falsos a aquellos coleccionistas que se estén iniciando en la numismática española moderna. El factor clave en este sentido es el peso: un duro auténtico siempre pesará 25 g exactos (con un pequeño margen de unas décimas por encima o por debajo, entre 24,5 y 25 g). Si pesa sensiblemente menos de 25 g, digamos que 22-23 g, es falsa con toda seguridad. Por ello, lo más recomendable es hacerse con una báscula de precisión. 

El diseño también nos puede dar pistas aunque aquí las diferencias son mucho más sutiles ya que, como he indicado antes, tienen muy buenos acabados. Aún así, uno de los rasgos que delata a los duros sevillanos son las rayitas del escudete de las flores de lis en el reverso: los auténticos deben contar un 21. Parece ser que la tipografía de las letras (la F de ALFONSO XIII) puede ser determinante, en cualquier caso tendremos que ajustar la lente de nuestra cámara y, por supuesto, asegurarnos de que contamos con duros auténticos para poder comparar. 

En definitiva, y siempre hablando desde la experiencia personal, os recomiendo no desanimaros cuando descubráis que un pequeño tesoro heredado cuenta con duros falsos: al fin y al cabo, se trata de monedas de plata de buena calidad, con diseños atractivos y una relevancia histórica indiscutible, ya que no solo circularon junto con los auténticos, sino que también dejaron una huella imborrable en al imaginario popular. 


Gitana que tu serás

como la falsa moneda

que de mano en mano va

y ninguno se la queda.


https://elhistoricon.blogspot.com/2018/05/la-estafa-de-los-duros-sevillanos.html

https://www.abc.es/archivo/abci-famosos-duros-sevillanos-no-eran-falsos-202005020130_noticia.html

https://blognumismatico.com/2020/02/15/comentario-a-la-guia-de-los-duros-sevillanos/

2 comentarios:

  1. Impresionante.el contexto histórico,el porqué del nombre,el secreto para saber su autenticidad,y la habilidad de la gente para confeccionar semejantes piezas,es realmente admirable,y para terminar un dicho lleno de Arte,que tengas un muy buen año José Ramón,Saludos cordiales

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    1. Gracias Adolfo, después de estudiar un poco los duros sevillanos, ya no me decepcionan tanto ;) un saludo y feliz año

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