sábado, 30 de noviembre de 2019

BILLETES CON (UNA) HISTORIA VI


En anteriores artículos sobre el papel moneda con historias interesantes, como la del diálogo entre Confucio y Xiang Tuo en el billetes de 1 yuan de 1936, o la Dandi March de Gandhi en los años 30 del pasado siglo en el billete de 500 rupias de 2008 siempre me he centrado en los reversos, espacios que pueden ser utilizados por las autoridades con fines propagandísticos o divulgativos y por los diseñadores como lienzos en los que desarrollar sus habilidades. El billete de hoy, español por más señas, se caracteriza por ser interesante en su anverso y reverso, algo que no puede faltar en ninguna colección de notafilia.



Se trata de las 50 pesetas de 1927 con la imagen del rey Alfonso XIII en el anverso a la izquierda sobre el palacio de Oriente, y un reverso dedicado a la fundación de la ciudad de Buenos Aires por Juan de Garay en 1580 según el cuadro de 1910 de José Moreno Carbonero (1860-1942). Empecemos, como es habitual, por el reverso. Buenos Aires tiene la peculiaridad de haber sido fundada dos veces. Territorio clave del Virreinato de Perú por su posición estratégica (ofrecía una salida protegida al Atlántico), fue fundada en 1536 por Pedro de Mendoza como Puerto de Nuestra Señora Santa María del Buen Aire, una advocación que tiene su origen en Cerdeña y que está estrechamente ligada a los marineros. No obstante, este asentamiento, diezmado por la hostilidad de los indígenas, las enfermedades y la falta de víveres duró apenas cinco años. Hubo que esperar casi cuatro décadas para que en 1580 el gobernador Juan de Garay se instalara definitivamente en este territorio, un momento inmortalizado en este cuadro, aunque de forma muy posterior. Tan posterior que su autor incurrió en una serie de errores históricos que tuvo que corregir posteriormente.

Así, cuando Alfonso XIII envió este cuadro a Argentina como regalo con motivo de la celebración del centenario de la Revolución de Mayo, varios historiadores criticaron las inexactitudes que la imagen contenía. Haciendo gala de un gran sentido de la autocrítica, José Moreno Carbonero decidió no retocar el original sino comenzar de cero un segundo lienzo en el que rejuveneció a Juan de Garay y lo privó de su atuendo militar, cambió de portaestandarte y añadió más presencia femenina y de indígenas. Además, se molestó en modificar el momento del día, sugiriendo que el acto fundacional de la ciudad de Buenos Aires tuvo lugar (como así debió ser) al amanecer. De esta forma en la versión definitiva se puede comprobar la luz del sol viene del este (tal y como se proyectan las sombras) y no del sur, como en la obra original.


Como si este hecho por sí solo no constituyera una interesante historia, el anverso del billete refleja nada menos que un momento clave en el siglo XX español: la renuncia de Alfonso XIII y la proclamación de la Segunda República. Uno de los inconvenientes que se encontró el nuevo régimen fue que la inmensa mayor parte de los billetes en circulación (o los que estaban preparados para estarlo) contenían imágenes referentes a la monarquía. La importancia de la simbología en los instrumentos de poder es fundamental, máxime si se trata de un estado en proceso constituyente, por lo que en Julio de 1931 se decretó el estampillado de los billetes con un sello oval de la República en un plazo de tres meses.

El más urgente de estampillar, como nos podemos imaginar, era el que reflejaba la imagen del rey recientemente depuesto. Además, el sello republicano debía imprimirse precisamente sobre esa imagen y no en otra parte del billete, lo que constituía una verdadera declaración de intenciones en el plano del simbolismo. Aun así, el proceso manual de estampillado tenía sus limitaciones, de tal forma que no siempre se puede ver con nitidez (dejando visible gran parte del rostro del rey) ni se sitúa en el espacio concreto donde debía estar.  Lo positivo para los modernos coleccionistas es que pueden encontrar variedades que hacen de este un artículo aún más interesante. De esta manera es posible encontrar diferentes colores de tinta del sello (el violeta es el más habitual pero el azul y el negro pueden aparecer), diferentes colocaciones (vertical y a la izquierda, como en el billete de la imagen, es lo normal pero pueden verse sellos horizontales y a la derecha), dobles resellados y, cómo no, ausencia de sello.

Lo más curioso, que seguro nunca estuvo en la mente de los diseñadores de este billete, es que ha pasado a la historia como un homenaje a la repetición: una ciudad fundada dos veces, un cuadro que se pinta dos veces y un billete que se “reutiliza” por medio del estampillado… sólo faltaba que Alfonso XIII hubiera sido rey dos veces también.




2 comentarios:

  1. Increíble la historia del estampillado de este billete, saludos cordiales José Ramón

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    1. Lo mejor fue descubrir todas las ironías históricas que encierra, sin duda. Un saludo,

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