jueves, 21 de febrero de 2019

BILLETES CON (UNA) HISTORIA III

Ahora que estoy sumergido en la búsqueda de billetes que reflejan impresa una historia interesante que contar, me complace presentar hoy uno que también es interesante en sí mismo por diferentes motivos, como describiré a lo largo del artículo. Estoy seguro que además muchos de vosotros recordaréis bien el acontecimiento que conmemora, que no es otro que el eclipse solar que gran parte del hemisferio norte pudo contemplar en Agosto de 1999. 



Aneverso del billete de 2000 lei de 1999


Es curioso comprobar cómo pese a todos los evidentes avances en términos científicos e intelectuales del último siglo hay ciertas cuestiones en las que el ser humano sigue buscando respuestas en el esoterismo. El año 2000 se veía desde hacía tiempo con una mezcla de expectación, pues desde hacía décadas era sinónimo de futuro, y a la vez con temor, como demuestran las continuas advertencias que llegaban sobre las consecuencias de un posible "efecto 2000" en los sistemas informáticos. Si a esto añadimos la llegada de un eclipse solar total pocos meses antes de celebrar el nuevo año, las interpretaciones milenaristas estaban servidas. 

Lo único que pasó realmente aquel 11 de Agosto de 1999 fue que se produjo uno de los eclipses más seguidos de la Historia, ya que pudo contemplarse en varias de las zonas más densamente pobladas del hemisferio norte: desde Terranova al amanecer hasta la costa del Golfo de Bengala al anochecer. Pese a que toda la población de Europa, Oriente Medio, Norte de África y Asia Occidental y Meridional pudo comprobar los impresionantes efectos al situarse la luna en el camino de la luz solar, solo unos pocos países disfrutaron de la oscuridad que brinda un eclipse total. Uno de ellos fue Rumanía, tal y como queda recogido en el billete que protagoniza la entrada de hoy. 



Reverso del billete, señalando los lugares en los que el eclipse fue total

Para conmemorar el eclipse solar de 1999, el Banco Nacional de Rumanía lanzó el billete de 2000 lei (en clara alusión a la llegada del nuevo milenio) en polímero, que muestra en su anverso una imagen un tanto esquemática del sistema solar (con un sol oscurecido) y en el reverso un mapa de Rumanía con las regiones del país en las que el eclipse fue total. Además de lucir un atractivo diseño, el billete combinaba elementos de seguridad tradicionales (marcas de agua, franja lateral) con algunos muy novedosos, especialmente una ventana transparente que contiene un holograma que, al iluminarse con un láser proyecta sobre una superficie lisa una imagen de (adivinad) un eclipse parcial. 

Todas estas características hacen de este billete un artículo digno de guardar en nuestra colección, toda vez que refleja un acontecimiento que durante unos minutos unió a millones de personas de muy diversas partes del planeta. Para mí además estos 2000 lei contienen una historia personal, por lo que pido disculpas de antemano si hoy me extiendo un poco más de lo habitual.

Ventana transparente con holograma
Agosto de 1999 fue un verdadero punto de inflexión en mi vida, ya que coincidió con la época en la que  decidí independizarme escogiendo para ello un país en el que siempre me había sentido cómodo y que sería mi hogar durante los siguientes seis años: Gran Bretaña. En 2003 estaba trabajando en la Universidad de Birmingham como asistente en un proyecto de la Comisión Europea sobre derechos de la mujer en el que la participación de personalidades del mundo académico y la sociedad civil de ambos lados del antiguo telón de acero era fundamental. Una de las jornadas de este proyecto, relativa a derechos sociales, se celebró en Atenas y, entre reunión y reunión, era habitual que los participantes pasáramos el rato compartiendo anécdotas y curiosidades culturales acerca de nuestros respectivos países de origen, algo muy de agradecer puesto que muchas veces (al menos en mi caso por aquel entonces) no teníamos de esos lugares más que remotas referencias. El billete de hoy me lo dio en uno de estos momentos de receso Adela Dinu, de la Asociación para la Promoción de la Mujer en Rumanía (APFR por sus siglas en rumano), una ONG de Timisoara dedicada al apoyo psicológico, económico y legal a las mujeres y niñas víctimas de la violencia doméstica y el abuso sexual.

Con solo 26 años Adela había conseguido cosas increíbles.  Tan solo dos años antes tuvo que hacerse cargo de su organización como Directora Ejecutiva, una función que desempeñó con total dedicación y entusiasmo, como demuestra la ley de violencia doméstica aprobada en 2003, concebida y ardientemente defendida en la calle por APFR.  Su vocación de servicio llevaría a Adela a trabajar mucho más en los años siguientes, coordinando diferentes proyectos con fondos europeos acerca de la igualdad de oportunidades en el mercado laboral y poniendo en marcha la Escuela Nacional de Mujeres Gerentes, dedicada a la formación de emprendedoras y futuras lideresas. No es de extrañar que toda esta inmensa labor se viera reconocida en Diciembre de 2016 con el Premio Europeo de la Mujer en Bruselas, dirigido a aquellas mujeres cuyas acciones contribuyen al avance del proyecto europeo como espacio de integración y defensa de los derechos humanos.

Desgraciadamente, Adela recibió este premio post-mortem. Unos meses antes, a principios de 2016, falleció de leucemia con solo 38 años. Se fue así, de forma trágicamente prematura, un referente para la lucha por los derechos de la mujer en Rumanía, una fantástica formadora y, como atestiguan todos los que la conocieron, una gran persona. Y por si esto fuera poco, también se fue la madre de una pequeña de seis años.



Tras aprender de una vida como la de Adela, corta pero increiblemente intensa, uno no puede sino sentir un profundo agradecimiento. Por su dedicación a una causa noble, por su innegable vocación de servicio a los demás, por su genuino idealismo, por su convicción a la hora de defender estos ideales, por sus incuestionables dotes de liderazgo, siempre necesarias en épocas de cambio e incertidumbre...

Y por regalar un billete a un futuro coleccionista, que jamás pensó que, más de quince años después, le dedicaría un pequeño pero emotivo espacio en su blog. 

Gracias Adela. 



Adela Dinu (1977-2016)
In Memoriam

5 comentarios:

  1. Precioso el billete y la historia que tiene detras,y muy grande lo que hizo Adela,sé que es una frase demasiado tipica y tópica,pero los mejores siempre se van antes,un cordial saludo jJos Ramón

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    1. Gracias Adolfo. Fue terrible descubrir que una persona tan valiosa nos dejaba a una edad tan temprana, sobre todo para todas las personas que han perdido un referente como ella. Aun así, viendo su legado me puedo sentir orgulloso de haberla conocido. Un saludo

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  2. Espectacular historia. Tengo hace años el billete y no sabia tanto al respecto. Permitame compartir la información en mi grupo.

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  3. Julio Cesar Morales24 de abril de 2019, 13:34

    Disculpe no coloqué mi nombre en el comentario anterior. Bella historia.

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    1. Muchísimas gracias Julio César. Es increible lo que un simple billete nos puede recordar a los que los coleccionamos. Encantado de saludarle, hasta pronto

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