lunes, 6 de agosto de 2018

LUIS XIV EN LAS MONEDAS CATALANAS

Antes de tomarme un pequeño respiro veraniego, quisiera dedicar una entrada a una curiosidad numismática autóctona que, como en otros muchos casos que ya hemos comentado por aquí, fue producida en Cataluña. Las monedas de hoy reflejan un momento crucial de la historia de España en el que no solo se jugaba su papel hegemónico mundial, sino también su propia existencia, pues las revueltas de mediados del XVII en diferentes territorios (siendo Cataluña y Portugal los focos principales) amenazaron seriamente la continuidad del reinado de los Habsburgo y pudieron restituir el mapa medieval de la península.

Para comprender los orígenes de estas sublevaciones es necesario tener en cuenta dos factores, uno interno y otro externo. El factor interno tiene que ver con las reformas que el conde-duque de Olivares trató de impulsar una vez asumió las responsabilidades de gobierno tras el acceso al trono de Felipe IV en 1621. Su Gran Memorial de 1624, informe confidencial que detallaba los principales problemas por los que atravesaba la monarquía y sus instituciones, exponía abiertamente la necesidad de avanzar hacia una mayor integración política, económica y administrativa de los diferentes reinos y territorios peninsulares, unidos por poco más que la figura del rey. Olivares estaba especialmente interesado en liberar dentro de lo posible al reino de Castilla del peso de la defensa exterior de la Monarquía Hispánica, para lo cual esbozó el proyecto de Unión de Armas, que fomentaba la cooperación militar entre los territorios peninsulares estableciendo un ejército permanente de 140.000 hombres.


El factor externo se encuentra en el contexto convulso de la Europa de la primera mitad del siglo XVII, más concretamente en la Guerra de los Treinta años en la que España participó activamente. Aunque el origen de esta guerra se encuentra en las diferencias políticas y religiosas entre estados centroeuropeos, la intervención de las grandes potencias le dotó de unas dimensiones continentales. Francia, en particular, deseaba sacudirse del cerco de los Habsburgo, ya que estaba rodeada geográficamente de reinos y territorios afines a éstos (Flandes, Alsacia y Lorena, el Franco Condado y Lombardía).  Así, Francia declaró la guerra formalmente a la Monarquía Hispánica en mayo de 1635, no sin antes tejer una serie de alianzas con los enemigos de los Habsburgo: las Provincias Unidas de los Países Bajos, los ducados de Saboya y Parma y la Liga de Heilbronn, que incluía a príncipes protestantes alemanes y el reino de Suecia.
Seiseno catalán de 1646 con la efigie de Luis XIV

Las reformas de Olivares fueron muy difíciles de implementar debido a los obstáculos que suponía la existencia de diferentes fueros, leyes y privilegios de los distintos territorios peninsulares así como las lógicas reticencias de sus representantes. Cataluña fue en este sentido uno de los territorios que más se opuso a colaborar en esta empresa, negando incluso contribuciones económicas al respecto. En 1639 Olivares quiso forzar su colaboración escogiéndola como frente para atacar a los franceses desde el sur, pero la oposición interna, lejos de aminorar, se acrecentó hasta convertirse en revuelta y, posteriormente, incorporación al propio reino de Francia.

El alojamiento de tropas en Cataluña, además de considerarse contrario a las Constituciones catalanas, provocó una escalada de enfrentamientos con el campesinado  cada vez más violentos que derivaron en una sublevación que se llevó por delante al propio virrey en Junio de 1640. Ante el vacío político que esto suponía, y temiendo que la revuelta se fuera aún más de las manos, la Diputación del General presidida por el diputado eclesiástico Pau Clarís decidió asumir el control de la situación y evidenciar su oposición frontal a las medidas impuestas desde Madrid. Aunque esto suponía independizarse "de facto" de la monarquía de los Habsburgo, las autoridades catalanas, cercadas por las tropas de Felipe IV por un lado y unos sublevados contrarios a cualquier tipo de negociación por otro, se vieron obligadas a solicitar protección a Luis XIII en Enero de 1641, lo cual colocaba a Cataluña bajo la soberanía francesa. 

Las monedas de la época dan buena cuenta de la sucesión de estos acontecimientos. El sistema monetario que imperaba en Cataluña tenía como unidad de cuenta la libra de plata (lliura) dividida en 20 sueldos (sous) que a su vez se dividían en 12 dineros (diners). Así, entre las monedas acuñadas en esta época se distinguen: 

  • Oro: trentín, equivalente a 33 croats de plata o 66 sueldos. Esta moneda tenía como divisores el medio trentín y el tercio de trentín, conocido también como onzén, ya que equivalía a once croats de plata. 
  • Plata: la libra de plata equivalía a 10 croats o reales catalanes, valiendo un croat 2 sueldos. El croat era la moneda de plata principal de Cataluña, equivalía a 24 dineros y tenía como divisor el medio croat. 
  • Cobre: las monedas de menor valor eran el ardite, que se dividía a su vez en 2 dineros 
Durante estos turbulentos años el Consejo de Ciento (Consell de Cent), la autoridad municipal de Barcelona, fue la institución responsable de la emisión de moneda. En Noviembre de 1640 creó la Setzena de Moneda, órgano que además de vigilar la calidad de las piezas emitidas podía sugerir la acuñación de nuevas piezas como la de 5 reales de plata o el seiseno (sisé) o pieza de 6 dineros como la que podéis ver en las imágenes.
  • Reverso del seiseno con la leyenda CIVI BARCINO y la fecha
Este seiseno refleja en su anverso el busto de estilo romano de un muy joven Luis XIV (de apenas 8 años de edad) rodeado de la leyenda LVD XIIII D G R F ET CO B (Ludovicus XIIII Dei Gratia Rex Francorum et Comes Barcinonae - Luis XIV Rey de Francia y Conde de Barcelona por la Gracia de Dios). El reverso está dominado por un prominente escudo de Barcelona con la leyenda CIVI 1646 BARCINO. Barcelona fue prácticamente la única ceca activa de este periodo, toda vez que las autoridades francesas decidieran imponer una estricta centralización de la emisión de circulante en territorio catalán. 

Esta pieza se acuñó en un momento económico complicado, en  el  que debido a las circunstancias propias de un escenario bélico la plata se convertía en un bien escaso y la inflación se disparaba. De hecho, las autoridades se vieron obligadas a recurrir al contramarcado y a la emisión de dinero de emergencia o moneda obsidional a partir de 1651, cuando el ejército español al mando de Juan José de Austria comenzó el sitio de Barcelona. Cataluña, convertida en teatro de operaciones francesas, no ocultaba su descontento con Francia, lo que llevó a Felipe IV a centrarse en la recuperación del Principado. Esto se hizo efectivo en Octubre de 1652 tras la toma de Barcelona y la aceptación de Felipe como soberano a cambio de una amnistía general y la promesa real de observar las constituciones catalanas. No fue este sin embargo el final de la guerra con Francia, que concluyó en 1659 con la Paz de los Pirineos, que concedía a Francia los condados catalanes de Rosellón, Cerdaña y Conflent, territorios que quedaban como único vestigio de lo que fue la ocupación francesa de Cataluña. Además, por supuesto, de las monedas... 

De Francisco Olmos, José María. La Moneda Catalana de la Guerra dels Segadors (1640-1652). Documento de Soberanía. Universidad Complutense de Madrid/Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía 

Felipo Orts, Amparo. Monarquías Rivales. Francia (1610-1661) y España (1598-1665). en en Historia Moderna Universal, de Alfredo Floristán (coord,) Editorial Ariel S.A. 2002 (Barcelona)

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