martes, 15 de mayo de 2018

MONEDAS INCUSAS


Dada su rareza e inequívoca peculiaridad, las monedas defectuosas han sido siempre objeto de deseo dentro del coleccionismo numismático. Es tan extraño encontrarse con una pieza con imperfecciones evidentes (descentradas, con golpes en el canto o sin agujero central cuando lo debe tener, por poner unos pocos ejemplos) que cuando nos encontramos con una no podemos evitar tener la sensación de poseer algo único y fuera de lo común. Durante la Antigüedad y la Edad Media, épocas de monopolio de la acuñación en la emisión monetaria de occidente, los defectos podían ser más habituales sobre todo si tenemos en cuenta la mayor implicación del factor humano en todo el proceso. Uno de estos defectos, el anverso o reverso incuso, ha atraído desde hace tiempo mi curiosidad, razón por la cual hoy le voy a dedicar esta entrada.

Para comprender por qué antiguamente se podían producir piezas incusas es necesario en primer lugar repasar el proceso de acuñación de moneda y tener en cuenta todos los elementos que intervenían en él. Con el fin de simplificar un poco me voy a detener únicamente en la acuñación en sí misma obviando los elementos necesarios que la precedían como la extracción de metales, la fabricación de cospeles o el diseño de los cuños. 

Esquema recogido en "La Fabricación de
Moneda en la Antigüedad" de Ripollés
y Gozalbes (2003)
  • Cospeles: tal y como lo definen Ripollés y Gozalbes en el artículo que muestro como referencia, se trataba de los discos o fragmentos metálicos de peso y ley determinados preparados para la acuñación (en otras palabras, la moneda virgen sin reverso o anverso). 
  • Cuños: existían dos, uno fijo (por lo general para el anverso de la moneda) y otro móvil (por lo general para el reverso). Estaban insertados en estructuras metálicas, el fijo en un yunque apuntando hacia arriba y el móvil en una especie de cono o cilindro apuntando hacia abajo. Los extremos contenían los diseños en forma de grabados que quedarían posteriormente impresos en los cospeles. 
  • El factor humano. En este proceso intervenían varios operarios. Uno colocaba el cospel caliente con tenazas sobre el cuño fijo, mientras que otro martilleaba el cuño móvil sobre el cospel imprimiendo de esta forma ambos lados del mismo. Un tercer operario retiraba la moneda una vez terminada.


Teniendo en cuenta que se trataba de un proceso repetitivo, rápido y muchas veces bajo presión, pequeños errores como caras descentradas en las que falta parte de la leyenda (o incluso de la imagen) o dobles acuñaciones eran muy comunes. Las piezas incusas se producían como consecuencia de descuidos mayores, como ahora voy a detallar. Al estar los cospeles calientes, podían quedarse adheridos a uno de los cuños. Si los operarios no se daban cuenta, podían acuñar la siguiente moneda con la anterior pegada al cuño, de tal forma que el grabado se convertía involuntariamente en relieve.

Lo más habitual era que las monedas recién acuñadas se quedaran pegadas al cuño móvil, puesto que una moneda adherida al cuño fijo era más fácil de advertir por parte de los operarios. Si esto era así, se acuñaba el siguiente cospel con dos anversos, el del cuño fijo (como correspondía) y el del cuño móvil (por error) que quedaba hundido (incuso) en el reverso. De hecho, la pieza que muestro en las imágenes, un as de Tiberio (14-37 d.C.) está incusa de esta manera. 




Es posible encontrar monedas con dos reversos (el correcto y el incuso) cuando una moneda no se retirara por error del cuño fijo antes de acuñar la siguiente, aunque es menos frecuente. Lo más extraño y difícil de explicar son esos casos en los que una pieza presenta anverso y reverso  con uno de los dos lados incuso. La explicación más sencilla, recogida en la página https://www.tesorillo.com es que la pieza ya acuñada fuera volteada tras levantar el cuño móvil y, sin retirarla, se colocara un nuevo cospel encima para ser golpeado de nuevo. 

Lo que es indudable es que defectos como estos, lejos de ser un problema para los coleccionistas, hacen que estas piezas resulten mucho más interesantes y atractivas. Además, sirven para hacerse una mejor idea acerca de la técnica de acuñación, presente en la producción de moneda durante miles de años. Si estáis interesados, no dudéis en leer los siguientes artículos: 

Gozalbes, M. y Ripollés, P.P. "La Fabricación de Moneda en la Antigüedad", XI Congreso Nacional de Numismática Zaragoza 2003

"Errores y Defectos durante la Acuñación"

6 comentarios:

  1. Que buena curiosidad de como se acuñan las monedas antiguas, hay puntos que me cuesta comprender como es que las monedas con error tengan un valor especial en la sociedad pero bueno todo tiene su miga!

    Gran artículo, te leo desde hace un tiempo, y digo voy a animarme a comentarte.

    Un abrazo José Ramón !

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    1. ¡Hola y bienvenido! Yo creo que es porque todo defecto hace una pieza más rara, y por lo tanto más única. Además, en el caso de las monedas de la Antigüedad, una pieza defectuosa podemos estar casi totalmente seguros de que es original ya que no suelen ser objeto de falsificaciones modernas. Espero verte más por aquí, recibe un cordial saludo,

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    1. Muchas gracias Adolfo, un placer como siempre por lo que yo mismo aprendo al escribir. Un saludo,

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  3. Muy buen artículo, muy didáctico e interesante. No puedo evitar que cierta termología en numismática me recuerde la terminología de la imprenta (por ejemplo: punzón).
    A lo mejor es una tontería (probablemente) pero me imagino que el uso y desgaste de los punzones y su posible reflejo en la acuñación también es un aspecto a tener en cuenta en numismática al igual que también puede detectarse en los libros antiguos (aunque muy difícilmente).

    Un saludo.

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    1. Muchas gracias Susana, buena observación porque en el fondo el mecanismo es el mismo: dejar una impresión. Y no es ninguna tontería lo que comentas. La calidad de las monedas dependía entre otros factores de las herramientas empleadas y aquí el desgaste es un elemento a tener en cuenta, ya que había cecas que producían grandes cantidades de monedas en un momento en que no existía maquinaria para tal fin, sino que era un proceso que dependía en gran medida del factor humano. Recibe un cordial saludo,

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