jueves, 31 de mayo de 2018

BILLETES DEL SISTEMA BANCARIO LIBRE

A poco que investiguemos acerca de la notafilia estadounidense del siglo XIX, enseguida nos percataremos de su gran variedad. Durante gran parte de ese siglo, si bien la nueva república tenía la responsabilidad de la emisión de moneda, no ocurría lo mismo con la de billetes, que quedaba en manos de los bancos estatales acreditados. Es ciertamente interesante analizar los orígenes del sistema bancario norteamericano porque en ellos pueden reflejarse las tensiones y dilemas propios de una nueva nación que comienza su andadura llena de incertidumbres.

Andrew Jackson, detractor de la idea de
un banco central, pero homenajeado
en los billetes de 20 $
De hecho, la propia idea de un banco central fue muy discutida durante las primeras décadas del siglo XIX. En 1791 el gobierno del presidente Washington aprobó la creación del Primer Banco de los Estados Unidos con el fin de cubrir las necesidades de financiación por la deuda contraída durante la Revolución así como estabilizar la moneda nacional y establecer funciones de control sobre el funcionamiento de los bancos estatales. La oposición que encontró fue considerable, debida sobre todo al recelo que causaba cualquier institución capaz de acaparar tanto poder, así como al hecho de que gran parte del capital del Primer Banco estaba en manos extranjeras. La licencia no fue renovada por le legislativo en 1811 pero en 1816, tras un periodo de inestabilidad financiera en el contexto de la Guerra de 1812 contra Gran Bretaña, se retomó la idea y el Congreso decidió dar luz verde a un  Segundo Banco de los Estados Unidos.

Este Segundo Banco reproduciría las funciones de su antecesor, pero no estaría libre de polémica. Además de los recelos que una institución de estas características causaba ya de por sí, los bancos del oeste y del sur, lejanos a los centros de toma de decisiones, no simpatizaban con la disciplina financiera impuesta desde el Segundo Banco, que les obligaba a respaldar todas sus emisiones de papel moneda con depósitos en metálico. Estos bancos encontraron un decisivo aliado en la figura del presidente Andrew Jackson (1829-37) que usó su poder de veto para no renovar el estatuto del Segundo banco en 1836, arruinando por segunda vez el proyecto de un banco central para los Estados Unidos.

Es en este contexto en el que se impulsó la idea de un "sistema bancario libre", en el que las actividades bancarias estuvieran sometidas en lo posible a las normas de la oferta y la demanda como las de cualquier otra empresa. El estado de Nueva York aprobó en 1838 el Acta de Banca Libre (Free Banking Act) que permitía la apertura de nuevos bancos que compitieran con los bancos estatales acreditados (es decir, aquellos que tenían un estatuto otorgado por las autoridades del estado, muchas veces gracias a afinidades políticas). La condición para la apertura consistía en que los billetes que los nuevos bancos emitieran debía ser respaldados por bonos del estado y títulos hipotecarios, así como en oro y plata en un 12,5 %. Esta iniciativa, que fue progresivamente adoptada por otros 18 estados, permitió la creación de numerosas entidades bancarias que competían entre sí. No obstante, hablar de "libertad bancaria" puede ser un poco exagerado toda vez que estos nuevos bancos estaban sujetos en mayor o menor medida a las regulaciones de los estados, que podían diferir sustancialmente.

Billete de 3 $ del Bank of Windsor de Vermont de mediados del s. XIX

El escenario que resultó en los 25 años siguientes hasta la Guerra de Secesión puede parecer un tanto caótico. La variedad que billetes de banco en circulación, muchos de ellos cruzando las fronteras de sus estados de origen, dio lugar a un verdadero mercado de intercambio de billetes en el que no todos valían lo mismo: aquellos bancos emisores que atravesaran situaciones financieras difíciles, o mostraran dificultades para canjear sus billetes, perdían parte de su valor. La distancia física con el banco emisor también afectaba al valor de sus billetes, ya que su canje por dinero metálico se hacía más complicado. De esta forma floreció el negocio de unos intermediarios conocidos como note brokers que recopilaban información sobre los bancos privados y sus billetes en boletines periódicos para el público en general y se ofrecían a adquirir papel moneda "devaluado" (normalmente, aquellos billetes que los particulares y empresas se querían quitar de encima) para a su vez canjearlo en los bancos emisores por el dinero metálico que éstos estaban obligados a devolver, obteniendo así beneficios.

Hoy tengo el placer de compartir aquí uno de estos billetes de la era de sistema bancario libre. Se trata de 3 dólares del Bank of Windsor del estado de Vermont, cuya fecha seguramente corresponde a los años 50 del siglo XIX. Digo "seguramente" porque todas las anotaciones (número de serie y fecha básicamente) están muy difuminadas, viéndose claramente solo las firmas de presidente y cajero, ambas de apellido "Emerson". El reverso está en blanco, pero conserva anotaciones que tampoco puedo descifrar, aunque no descarto intentarlo de nuevo más adelante si el tiempo y las obligaciones me lo permiten.

Anotaciones en el reverso del billete
La inseguridad siempre estuvo presente en este peculiar sistema bancario, ya que era habitual que circularan billetes de bancos que habían quebrado, algunos bancos emitían más billetes de los que podían canjear aprovechándose de la falta de controles (lo cual provocaba continuos temores inflacionarios) y la especulación con los valores del papel moneda dificultaba el comercio entre diferentes regiones. Así y todo, las regulaciones por parte de los diferentes estados contuvieron con mayor o menor acierto estos peligros y el control sobre los bancos se hizo más efectivo gracias a los avances tecnológicos, muy notablemente el ferrocarril y el telégrafo. 

La Guerra de Secesión e 1861-65 puso fin a muchas cosas, entre ellas al sistema bancario libre. En 1863 el Congreso aprobó la National Bank Act, que sentaba las bases de una política bancaria común mediante la creación de bancos nacionales que compitieran con los de los estados. Además, se aprobó legislación adicional que imponía tasas a los bancos estatales sobre la emisión de billetes, lo cual contribuyó en poco tiempo a homogeneizar el papel moneda en Estados Unidos. Solo quedaba retomar la idea de un banco central, para lo cual aún pasarían unas décadas hasta la puesta en marcha de la Reserva Federal en 1913.   

Encyclopedia of Money, by Larry Allen, ABC-Clio Inc. Santa Barbara, California 1999

Gorton, G. Pricing Free Bank Notes, Journal of Monetary Economics 44 (1999) 33-64


2 comentarios:

  1. Gracias nuevamente por este excelente post,un saludo

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  2. Gracias Adolfo, siempre es un placer encontrar (y describir) maravillas como esta. Un saludo,

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