jueves, 15 de marzo de 2018

EFECTOS DE LA HIPERINFLACIÓN (X): CHINA


Fiel a una tradición autoimpuesta de conmemorar los aniversarios de Curiosidades Numismáticas con monedas o billetes orientales, me complace compartir hoy un repaso sobre la experiencia hiperinflacionaria de China, ligada estrechamente a los momentos más dramáticos que vivió este país durante el siglo XX: la guerra civil entre el Kuomintang y el Partido Comunista y la Segunda Guerra Mundial. Si bien es cierto que se trata de un escenario de enorme complejidad (nada en un país de las dimensiones y la historia de China puede ser simple) las causas de la hiperinflación deben buscarse en la gestión de la economía y las finanzas por parte del Kuomintang y su líder indiscutible Chiang Kai Shek.

Chiang Kai Shek (1887 - 1975)
(fuente: wikipedia)
Hasta los años 20 del siglo pasado no había existido una institución en China que hiciera las veces de Banco Central. El sistema monetario chino, pese a las enormes cantidades de cobre en circulación, estaba basado en el intercambio de plata. Los bancos privados que operaban por el país emitían sus propios billetes canjeables por plata, que podían circular libremente junto con billetes de otros bancos. Esta falta de control central curiosamente servía de freno a la inflación, pues a los bancos privados, lógicamente, no les interesaba depreciar su propio dinero emitiendo más papel del que pudieran canjear por plata. Como veremos a continuación, este principio no lo tienen por qué tener tan claro los gobiernos. 


El Kuomintang o Partido Nacionalista, en su afán por conseguir un control total  del territorio y librarlo así de amenazas exteriores y tendencias centrífugas internas, necesitaba entre otras cosas financiación a espuertas. En un principio, el gobierno de Chiang, tras su llegada al poder en 1927, financió sus gastos a través de préstamos de bancos deseosos a su vez de encontrar protección frente a la amenaza comunista. Los problemas llegaron cuando se hizo patente que el gobierno no sería capaz de hacer frente a sus obligaciones deudoras. En 1928 Chiang puso en marcha el Banco Central de China en Shanghai, que comenzó a colocar bonos del estado respaldados teóricamente por ingresos gubernamentales entre los bancos como una forma de retrasar el pago de la deuda. De esta manera el gobierno comenzó a fomentar una dependencia de los bancos privados en el estado cada vez mayor que desembocaría en un control absoluto, toda vez que se propiciaba un clima en el que la discrepancia (por ejemplo, bancos que no quisieran financiar al gobierno o no aceptaran los bonos gubernamentales) se equiparaba con la traición. Mientras, los responsables de la emisión de bonos ligados al Kuomintang se introducían en las juntas directivas de la banca privada, obteniendo, como podemos imaginar, sustanciosas ganancias gracias a ello.

Pese a todas las dificultades (conflictos internos no resueltos y la cada vez mayor intromisión de los japoneses con la creación del estado títere de Manchukuo en el norte) China pudo sortear  los efectos devastadores de la crisis financiera del 29 e incluso experimentó cierto crecimiento gracias a un boom de sus exportaciones. No obstante, el New Deal de Roosevelt jugó en contra del gigante asiático unos pocos años después. Dentro de las medidas para revitalizar la economía doméstica y estimular una subida de precios, el Congreso de Estados Unidos aprobó  en 1934 el Acta de Compra de Plata (Silver Purchase Act) con el fin de aumentar el circulante de este metal. Esta compra masiva a precios superiores a los establecidos, tuvo como consecuencia una salida de plata de China que sumió al país en una crisis deflacionaria que dañó seriamente sus estructuras productivas.  Poco después, en 1935, el Banco Central de China tomaba la decisión de abandonar el estándar de plata y emitir dinero fiduciario, lo que permitía al gobierno monetizar su deuda (en otras palabras, activar la máquina de fabricación de dinero). Se completaba así un escenario en el que se unía una intromisión gubernamental cada vez mayor en el sistema financiero (el estado se había convertido de hecho en el mayor accionista de todos los bancos privados) con la posibilidad de financiar el déficit a través de la impresión de papel moneda, todo ello en un contexto de inestabilidad política, altísimos niveles de corrupción y deterioro del sistema productivo.


Hacía falta muy poco más para empezar a emitir grandes cantidades de dinero, y la guerra con Japón a partir de 1937 ofreció la excusa perfecta. Se calcula que durante el periodo 1937-1945 el gobierno chino cubrió entre el 65 y el 80 % de sus gastos con la emisión de dinero. Entre los años 1941 y 1945 el déficit presupuestario se centuplicó y los precios subieron nada menos que un 10.000 %, provocando como es lógico una rápida pérdida de la confianza en el yuan por parte de la sufrida población china. Los tímidos intentos de llevar a cabo un control de precios no fueron posibles dado que China no contaba ni con los recursos ni con estadísticas fiables para ello, menos aún en un contexto bélico.

La derrota de Japón en Septiembre de 1945 ofreció al gobierno chino un breve respiro de unos meses en los que los precios se estabilizaron, pero solo fue un espejismo. La guerra interna contra las fuerzas del Partido Comunista de Mao Zedong, latente durante el conflicto con los japoneses, volvió en toda su crudeza a partir de 1946, y con ella la espiral inflacionaria dado que el gobierno de Chiang ya no encontraba otra manera de financiar sus crecientes gastos militares. Si al final de 1946 existían alrededor de 9 billones (9 seguido de 12 ceros) de yuanes en circulación, una cantidad ya de por sí extraordinariamente alta, un año después subía a 60 billones, situándose a mediados de 1948 en casi 400 billones. Entre Junio de 1946 y Agosto de 1948 los precios subieron en Shanghai la escalofriante cifra de 146.722 %. La creación de un nuevo yuan equivalente a 3 millones de los antiguos fue una medida completamente inútil, ya que los precios y la masa monetaria siguieron aumentando sin control.



Quizá uno de los principales efectos de esta hiperinflación fue el de propiciar la caída del gobierno del Kuomintang en Mayo de 1949. Es evidente que las causas de la derrota de Chiang Kai Shek fueron más complejas, y su explicación excedería con mucho los límites de este artículo, pero es indudable que una hiperinflación de estas dimensiones pudo contribuir decisivamente a la progresiva pérdida de prestigio del gobierno nacionalista ante la población, pues como es sabido las subidas de precios descontroladas afectan muy especialmente al poder adquisitivo de las clases medias y bajas. Curiosamente, pese a las ingentes cantidades de yuanes que se emitieron durante este convulso periodo, solo he podido hacerme con el billete de 10.000 de 1947 que podéis ver en las imágenes. Refleja, como la inmensa mayoría de los billetes emitidos durante esta época, la imagen del fundador del Kuomintang Sun Yat Sen, que jamás habría podido imaginar un final como este para la República de China que él se esforzó en impulsar tres décadas antes.

Encyclopedia of Money, by Larry Allen, ABC-Clio Inc. Santa Barbara, California 1999

The Great Chinese Inflation, by Richard M. Ebeling, The Freeman December 2004 

Hyperinflation in China, 1937 - 1949, by Mike Hewitt, The Market Oracle 2007 

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