viernes, 2 de mayo de 2014

LOS RUBLOS DE TRANSNISTRIA

Tras unas cuantos meses sin tocar el tema, hoy vuelvo a Rusia o, mejor dicho, a su zona de influencia. Se trata de una región de la que prácticamente nadie sabía nada hasta hace unos meses, debido al afán expansionista que parece dominar la política exterior rusa en la actualidad. Estoy hablando de Transnistria, ubicada en Moldavia, que al igual que ciertas partes de Ucrania (y seguramente otras repúblicas exsoviéticas) aspira a unirse a la madre Rusia.
Ubicación de Transnistria, entre Moldavia
y Ucrania (fuente: wikipedia)

Recuerdo que, tras la sorprendente desintegración de la URSS allá por 1991 cundió en occidente la preocupación sobre los arsenales nucleares que quedaban en varias repúblicas independientes. De repente, el planeta albergaba tres o cuatro potencias nucleares más, lo cual no era algo para tomarse a la ligera. Cuantos más países posean armas nucleares más posibilidades existirán de que éstas se puedan utilizar. Sin embargo, no se prestó mucha atención al problema de las minorías pro-rusas que quedaban en estos nuevos estados, dándose por hecho que se adaptarían con el tiempo a la nueva realidad. Y ahora estamos comprobando que no es así.


De hecho, el fenómeno de Transnistria demuestra que ésta era una cuestión preocupante desde el primer momento, por mucho que la comunidad internacional hiciera caso omiso. Esta franja de tierra de apenas 4000 km2 y cerca de 700.000 habitantes, cuyo nombre evoca a estado centroeuropeo imaginario de novela de la Guerra Fría, se encuentra en el este de Moldavia, en el margen oriental del río Dnister en le frontera con Ucrania. Ya en 1992, meses después de que Moldavia se independizara, los transnistrios no aceptaron de buen grado su alejamiento de Moscú, lo que llevó a una guerra civil en la que los muertos se contaron por centenares. Tras unos meses de combates, una comisión tripartita formada por representantes moldavos, transnistrios y rusos llegaron a un acuerdo de alto el fuego mediante el cual se aceptaba la integridad territorial de Moldavia pero al mismo tiempo se exigía un status especial para Transnistria, de mayoría claramente pro-rusa. Desde entonces y hasta hoy esta zona es un claro ejemplo de conflicto no resuelto, pues, aunque ningún estado soberano (ni siquiera Rusia) reconozca formalmente la independencia de Transnistria, ésta se comporta como si fuera independiente, gobernándose como una república presidencialista. Existe en el fondo una diferencia irreconciliable, y es que mientras Moldavia mira hacia la Unión Europea, Transnistria sueña con ser parte integrante de la Federación Rusa.
 
Anverso de kopeks de Transnistria de 2002. Alrededor
de la hoz y el martillo puede leerse el nombre oficial
de este territorio: "Prednestrovskaya Moldavskaia
Respublika"
Y así, la República Moldava Pridnestroviana, nombre oficial que recibe este territorio desde los acuerdos de 1992, cuenta con su propio parlamento, sistema postal, moneda, himno, bandera, y ejército (además de los efectivos rusos que “vigilan” la zona desde hace 20 años). Parece ser que su economía, fuertemente apoyada por Rusia, se ha basado en gran medida en los beneficios del contrabando de alcohol y tabaco así como de la venta de armas que quedaron tras la desintegración de la URSS. Cuentan los periodistas que pueden visitar esta región que encontrarse allí es retroceder más de 20 años en el tiempo: la simbología comunista sigue siendo omnipresente, las estatuas dedicadas a Lenín continúan en pie (una de ellas en la misma entrada del parlamento), los nombres de las calles no han cambiado lo más mínimo y la policía, fuertemente militarizada, recuerda en su vestimenta y actitud al todopoderoso ejército soviético. No obstante, da la impresión de que todo esto es pura fachada, ya que Transnistria celebra elecciones de forma periódica con concurrencia de partidos y su economía se asemeja más a una de libre mercado que al llamado “socialismo real”. Seguramente se mantiene la simbología comunista como una forma de evocar un pasado glorioso no muy lejano.  
Reverso de los kopeks de Transnistria de 2002

Su moneda es un ejemplo de todo lo expuesto hasta ahora. El rublo de Transnistria, al igual que la propia República Moldava Pridnestroviana, no es reconocido internacionalmente (lo que le convierte en objeto de deseo para los coleccionistas) pero circula en esta porción escindida de facto de Moldavia. Como podéis ver en las imágenes, el diseño de los kopeks o divisores del rublo es calcado al de las monedas de la extinta Unión Soviética. Además, el hecho de que se le denomine “rublo” constituye toda una declaración de intenciones por parte de las autoridades separatistas.

El futuro de este territorio sigue siendo incierto. De momento parece que Rusia se sigue conformando solo con “tutelar” de manera más o menos directa los destinos de esta franja a orillas del Dnister. No obstante, visto lo visto en Ucrania, es probable que Transnistria pase a ser parte integrante de Rusia en un futuro no muy lejano, De hecho, se dice que al ejército ruso no le haría falta invadir este territorio, más que nada porque sus tropas llevan estacionadas allí desde hace dos décadas.


2 comentarios:

  1. Otra serie muy similar, la de Nagorno-Karabaj de hace unos años (ojo no confundir con las fantasías que cada vez más frecuentemente aparecen por ahí...).

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    1. una serie que sin duda daremos a conocer en cualquier momento. ¡Muchas gracias! Recibe un cordial saludo,

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