sábado, 30 de marzo de 2019

¿POR QUÉ COLECCIONAMOS?

Hoy, en lugar de compartir una curiosidad de la numismática o la notafilia y ahondar en sus peculiaridades, analizar las circunstancias históricas en las que se concibió o recrearme en las anécdotas que pudo generar, voy a dejaros una serie de reflexiones sobre la afición que me ha llevado a mí a escribir artículos y a vosotros a interesaros por ellos. Una vez que llevamos unos cuantos años coleccionando y, como es mi caso, buscamos la manera de ampliar nuestros  intereses y conocimientos, es inevitable hacernos la pregunta: ¿qué es lo que nos llevó a empezar a coleccionar? Se trata además una de esas preguntas recurrentes que nos hacen familia o amigos, o simplemente personas que ven esta afición desde fuera, y sobre la que cuesta encontrar una respuesta espontánea que además suene minimamente convincente. 



Antoninianos del siglo III con imágenes de emperadores de siglos anteriores:
"Divo Traiano", "Divo Hadriano, "Divo Pio", en Roman Coins and their Values, de D. Sear


Como siempre busco respuesta en las explicaciones históricas, no iba a hacer una excepción en este caso, así que indagué un poco acerca de la historia del coleccionismo numismático en sí. Durante mucho tiempo se pensó que coleccionar monedas antiguas por placer fue una afición que surgió en el contexto del Renacimiento italiano, siempre ávido de recuperar el arte y la cultura clásicas. No obstante, existe la certeza de que esta afición es muy anterior y su origen se puede enmarcar en la Antigüedad, concretamente en los comienzos del coleccionismo de objetos artísticos, que se sitúa en los siglos IV-III antes de Cristo. Teniendo en cuenta que las monedas de esa época ya reflejaban tendencias artísticas del momento, y eran mucho más fáciles de guardar, conservar y transportar que, por ejemplo, esculturas o cerámica, no sería sorprendente que también fueran objeto de colección por parte de las clases más pudientes. 

De hecho, es razonable pensar que el primer emperador de Roma, Augusto, tuviera entre sus aficciones el coleccionismo de monedas antiguas y extranjeras ya que, según el historiador Suetonio, éstas le atraían considerablemente y solía ofrecerlas como regalo a amigos y visitantes. A mediados del siglo III bajo el mandato del emperador Trajano Decio se emitió una serie de piezas conmemorativas de emperadores de los siglos I y II para la cual podemos suponer debían guardarse las monedas antiguas que sirvieron como prototipo. Algo parecido pudo suceder durante la Edad Media, periodo en el que muchas emisiones monetarias eran copias o imitaciones de modelos anteriores o contemporáneos.


El emperador Augusto (63 a.C. -
14 d.C.) ¿uno de los primeros
coleccionistas numismáticos?

Solo a partir del Renacimiento se puede hablar del desarrollo de un mercado activo del coleccionismo numismático, solo que en un principio era exclusivo de la nobleza y las clases dirigentes, un verdadero "hobby para reyes". El crecimiento en el interés por esta afición derivó durante el siglo XVII en la incorporación al mundo académico de los estudios numismáticos, comenzando catalogaciones extensas y sistemáticas. El coleccionismo de monedas antiguas empezaba así a abrirse a más estratos sociales, con lo que ya no era un pasatiempo únicamente de la nobleza, sino también de unas clases medias emergentes que veían en la afición a la numismática una forma de mostrar una mayor sofisticación y una oportunidad para escalar socialmente. 

Poco a poco, durante los siglos XIX y XX el coleccionismo numismático pasó a popularizarse con el surgimiento de sociedades numismáticas, publicaciones periódicas y manuales disponibles para el público en general. Al mismo tiempo, el establecimiento de redes de coleccionistas, estudiosos y comerciantes a través de convenciones, eventos y conferencias consolidaron esta tendencia, dentro de un mercado activo en el que cada vez existía una mayor y más variada oferta de monedas de todo el mundo y de prácticamente todas las épocas a precios muy razonables. Hoy por hoy puede decirse que las posibilidades para el coleccionista medio son ilimitadas, más aún desde la aparición de internet. 

Si nos fijamos atentamente, en este breve resumen de la historia del coleccionismo numismático aparecen varias de las motivaciones que pueden llevar al ser humano a coleccionar monedas. Las motivaciones artísticas siempre han jugado un papel fundamental, toda vez que las monedas siempre han sido reflejo de las tendencias plásticas de su época: no hay más que comparar las monedas romanas emitidas, por ejemplo, bajo Augusto con las que se produjeron durante el Bajo Imperio para percatarnos de las notables diferencias que existen en cuanto al detalle, estilo y variedad de diseños. Las monedas antiguas proporcionan sin duda una oportunidad única para coleccionar pequeñas obras de arte a un coste (en muchos casos, pero no siempre) razonable. 
Petrarca (1304-1374),
reconocido coleccionista
numismático del Renacimiento
(fuente: wikipedia)
 

Podemos encontrar también en la historia del coleccionismo el gusto por el estudio y la catalogación, esa curiosidad que nos lleva a aprender más sobre aquello que coleccionamos. Esa necesidad de ampliar nuestros conocimientos y divulgarlos contribuye a que el interés por la numismática aumente, lo cual revierte en un número mayor de coleccionistas. La gran cantidad de catálogos illustrados, manuales y tratados de numismática disponibles permiten a cualquier iniciado en esta noble afición estar bien informado y orientarse en los primeros pasos que debe dar. 

Tenemos también las motivaciones sociales: al extenderse el gusto por la numismática y hacerse más accesible a todas las capas sociales se ha hecho cada vez más habitual la formación de sociedades y asociaciones de coleccionistas, así como la celebración de eventos periódicos, seminarios, ferias, encuentros en los que personas de toda procedencia y condición pueden compartir sus gustos e inquietudes y aprender unas de otras. El coleccionismo siempre ha ayudado al ser humano a evadirse, lo cual es más agradable si se hace con amigos y conocidos. 

No hay que olvidar el afán de lucro, más aún tratándose de objetos que lo simbolizan a la perfección. El mercado numismático se ha adaptado a la siempre creciente demanda  de los coleccionistas moviendo hoy ingentes cantidades de dinero. Con la aparición de internet, la adquisición de prácticamente cualquier pieza es posible, pero también permite a muchas personas convertirse en vendedores y proveedores sin salir de casa. Al mismo tiempo, muchos particulares ven su colección como una inversión, lo cual es normal al tratarse en muchos casos de metales preciosos que dificilmente van a perder su valor. 


La verdad es que en mi caso puedo identificarme con todas estas motivaciones en mayor o menor medida. No obstante, la explicación  que más me ha fascinado no figura en ninguna revista, tratado o catálogo de numismática, sino en la novela de misterio Herejía (de título original Lamentation) de C.J. Sansom, ambientada en el Londres de época Tudor y protagonizada por el sagaz abogado Matthew Shardlake, siempre envuelto muy a su pesar en todo tipo de tramas políticas bajo el trasfondo de las tensiones sociales y religiosas de la época. En esta novela Shardlake acepta llevar una investigación relacionada con un desaparecido manuscrito de la reina Catherine Parr, última esposa de Enrique VIII, que puede comprometerla seriamente ya que en él expresa claramente sus opiniones reformistas sin el conocimiento del monarca. En un momento dado, la reina muestra a Shardlake su magnífica galería privada, teniendo lugar la siguiente escena: 
Catherine Parr (1512-1548)
Fuente: wikipedia


"La reina se detuvo ante un hueco en la pared en el que había colocada una caja decorada con piedras preciosas sobre un pilar de mármol. Dentro contenía monedas de oro y plata, que mostraban retratos de reyes y emperadores muertos hacía mucho tiempo. Algunas estaban casi lisas a causa del desgaste, otras brillantes como si se acabaran de acuñar. Las removió con el dedo medio. “Las monedas antiguas siempre me han interesado. Nos recuerdan que no somos más que motas de polvo en medio de los tiempos”. Con cuidado, recogió una moneda de oro. “El emperador Constantino, que trajo el cristianismo al Imperio Romano. Fue encontrada cerca de Bristol hace algunos años”. Levantó la cabeza y miró por la ventana; ésta daba a la orilla del Támesis debajo del palacio, expuesta ahora a medida que la marea bajaba (...)"


Y es sin duda inevitable, cuando tenemos en nuestras manos un denario romano, un dírhem árabe, una rupia mughal o un real de a ocho español, preguntarnos qué fue de las civilizaciones y los imperios que acuñaron estas monedas. Pensar en qué manos estuvieron, qué se compró con ellas, hasta dónde pudieron llegar y durante cuánto tiempo circularon. Pensar también en nosotros mismos, dentro de varios siglos, en cómo los coleccionistas futuros verán nuestras monedas y billetes y nuestras propias sociedades y si se harán las mismas preguntas que nosotros cuando observamos las monedas antiguas. Aún con más razón si tenemos en cuenta que, más pronto que tarde, el dinero metálico ya no será necesario, y pasará a ser sólo un artículo coleccionable, un objeto de estudio relegado a los museos y álbumes de colecciones privadas...

Motas de polvo en medio de los tiempos.


https://www.britannica.com/topic/coin-collecting

Roman Coins and Their Values Volume III The Third Century Crisis and Recovery AD 235-285, by David R. Sear, 2005 Spink & Son Ltd.  

Sansom, C.J. Lamentation, Pan Books Ltd, 2015 ISBN 9780330511049

2 comentarios:

  1. Genial el post y la frase final, aparte de que las monedas estarán aquí cuando nosotros ya no estemos,motas de polvo, genial un saludo José Ramón

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    1. Buena reflexión, Adolfo. Pase lo que pase, las monedas siempre serán un legado de la Humanidad. Gracias de nuevo, un saludo

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