viernes, 5 de agosto de 2016

MONETA PATRIOTTICA

Anverso de la moneta patriottica veneciana de 1848 de 3 liras
Dentro de los billetes antiguos, de los que me declaro un auténtico apasionado, el que comparto hoy es ciertamente especial. Cualquier artículo numismático antiguo, sea en metal o en papel, tiene algo de especial, simplemente por resistir el paso del tiempo, por ser testigo mudo de épocas que ya nadie puede recordar, o por reflejar las circunstancias políticas o económicas del momento en que fue emitido. No obstante, los billetes de hoy son producto de un momento crucial en la Historia de la humanidad, que marca un antes y un después en el siglo XIX europeo: 1848.

Se trata de la moneta patriottica de Venecia, emitida bajo el mandato de uno de los iconos (aunque no de los más conocidos) del movimiento por la unificación italiana: Daniele Manin. A medida que se iba acercando la mitad del siglo XIX las potencias europeas se daban cuenta de que mantener el statu quo establecido tras el Congreso de Viena de 1815, basado en el absolutismo como forma de gobierno, se hacía más complicado. Los movimientos liberales, combinados con nacionalismos de nuevo cuño y un incipiente movimiento obrero se iban abriendo paso entre diferentes capas de la población. Factores como los avances tecnológicos (especialmente la invención del ferrocarril), el fenómeno de la industrialización y la fluidez del comercio facilitaban la difusión de las ideas liberales, que propugnaban la soberanía nacional, la división de poderes y la igualdad ante la ley. 


Anverso de la moneta patriottica veneciana de 1 lira
En aquellos momentos, liberalismo y derechos de las nacionalidades eran conceptos estrechamente unidos. Salvo en contadas excepciones como la francesa, estado (como organización política territorial) y nación (como sentimiento de pertenencia a una comunidad) no coincidían por lo general. Algunos estados como el Imperio Austriaco o el Imperio Ruso eran plurinacionales y ciertas nacionalidades, como la polaca, se repartían entre varios estados. En el caso de Italia la fragmentación era consecuencia de las decisiones tomadas tras el Congreso de Viena: Austria tenía la región del Lombardo-Véneto bajo control directo y los ducados de Parma, Módena y Toscana bajo su influencia. Los estados pontificios y Nápoles-Dos Sicilias eran independientes pero tendentes a respetar el orden establecido. Las esperanzas de unificación se centraban pues en el estado de Piamonte-Cerdeña al noroeste, monarquía de tendencias liberales con un peso demográfico, económico y militar capaz de impulsar una empresa de estas características. Pensadores como Mazzini defendían que la única manera en que los ciudadanos podían alcanzar un régimen de libertades era a través de su concienciación como nación, pues solo así se librarían de la opresión de potencias externas o de gobiernos absolutistas.

1848 fue el año en que todas las tensiones latentes entre absolutismo y liberalismo se manifestaron en el continente europeo, pero no puede decirse que fuera un hecho inesperado. En la península italiana el movimiento político y  cultural conocido como Risorgimento llevaba décadas gestándose, y sociedades como los carbonarios defendían simultáneamente reivindicaciones liberales con la idea de una Italia unida. Aunque las tendencias políticas y los medios a utilizar podían diferir, los patriotas italianos tenían una idea muy clara: Austria era el freno a todas sus aspiraciones.

Reverso del billete de 3 liras
Venecia, y por extensión toda la región del Lombardo-Véneto, era la ejemplificación de esto último. La antigua Serenísima República había quedado anexionada a Austria tras el Congreso de Viena, y sus demandas de autonomía no habían sido escuchadas. Venecia no había sido ajena a las influencias liberales y nacionalistas, de tal forma que sus habitantes, descontentos con la ocupación austriaca, decidieron subirse al carro revolucionario de 1848 para reafirmar su independencia de Austria primero y su adhesión al movimiento unificador italiano después.

La difícil tarea de enfrentarse al gigante centroeuropeo recayó en Daniele Manin, abogado, intelectual y activista por la unificación italiana y el final de la tutela austriaca. Tras una serie de éxitos iniciales durante la primavera de 1848  en los que consiguió liberar Venecia y la mayor parte de las provincias del interior, una serie de errores de cálculo (como por ejemplo la falta de reacción ante la huida de la flota austriaca o la incapacidad de formar un ejército local más allá de milicias voluntarias) unidos a la falta de coordinación con las demás fuerzas italianas partidarias de la unificación llevó a la nueva república veneciana de San Marcos a pasar a la defensiva primero  y a protagonizar una resistencia agónica después. Venecia era muy dependiente de la asistencia externa, especialmente del reino de Piamonte-Cerdeña, que en aquel momento trataba de liderar el movimiento de unificación de todos los estados de la península. No obstante, las diferencias entre los distintos soberanos acerca de la fórmula de gobierno para una eventual Italia unificada imposibilitaron un acuerdo en este sentido, dejando al Piamonte literalmente solo frente a Austria. Pese a que la asamblea veneciana votó mayoritariamente a favor de la unión con Piamonte en Agosto de 1848, esto no fue más que un acto simbólico porque el reino sardo, que había sufrido severas derrotas militares, solo buscaba una paz honorable con Austria, lo que implicaba desentenderse de Venecia. Tras un largo y agónico asedio, acompañado de infructuosas negociaciones, Manin entregó la ciudad a los austriacos en Agosto de 1849, y partió al exilio a Francia.

Detalle del sello del reverso
Durante este breve periodo, lleno de incertidumbre y con la amenaza constante de quiebra financiera, se estableció un Banco de Venecia con la ayuda de banqueros y empresarios locales en Julio de 1848. Esta institución contaba con un capital de 4 millones de liras y la autorización de emitir papel moneda para la circulación, concretamente billetes de 1, 2, 3, 5 y 100 liras. Esta moneta patriottica presenta un atractivo diseño, pese a las circunstancias de emergencia en la que fue emitida. Dos de estos billetes pueden verse en la entrada de hoy. El de 1 lira muestra un borde profusamente ornamentado, coronado con el león de San Marcos y el escudo del ducado de Milán, integrando así la parte lombarda en el conjunto. El de 3 liras, por su parte, refleja unos fabricantes de moneda (a modo de querubines sin alas), uno portando las herramientas necesarias (cuño y martillo) y el otro la báscula, flanqueados por los escudos de Venecia y del ducado de Milán. Los reversos están desprovistos de diseño alguno, pero cuentan con el sello del banco (controleria) que contiene, de nuevo, el león de San Marcos, símbolo por excelencia de la ciudad. 


La revolución de 1848 se saldó con un fracaso para los partidarios de la unificación, pero como reza el dicho popular, no importa tanto cómo comienza algo, sino cómo termina. Puede decirse que estas jornadas supusieron un ensayo general para una revolución que pocos años más tarde iba a desembocar, esta vez sí, en una auténtica unificación italiana. Manin no pudo presenciar este momento, pues falleció en París en 1857, pero logró asegurarse un hueco preeminente en la historia de Italia como uno de los que la hizo posible. 

Renouvin, P. Historia de las Relaciones Internacionales, AKAL (2ª Edición), Madrid 1990


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