jueves, 27 de noviembre de 2014

BILLETES PRIVADOS

Hoy día, la emisión de papel moneda por parte de los gobiernos es un recurso tan común que no nos paramos a reflexionar sobre su origen meramente privado. Este interesante billete que podéis ver en las imágenes corresponde a una emisión del Darlington Bank del noreste de Inglaterra. Aunque no destaque por su antigüedad (finales del siglo XIX) o su estética, constituye un buen ejemplo de la naturaleza privada de los primeros billetes.

En Europa el papel moneda se introdujo durante el siglo XVI, cuando los banqueros promovieron su uso como recibos de depósitos. En un principio estos recibos iban a nombre del depositante, de tal manera que sólo éste podría retirar los depósitos total o parcialmente, pero en un momento dado se aceptó su  emisión “al portador” de tal manera que pudieran circular, de forma limitada, entre los particulares.
 
Anverso de billete de 5 libras de 1887 del Darlington Bank,
con el espacio de la firma cortado


Los poderes públicos no fueron ajenos a las ventajas que el papel moneda podía tener en la economía nacional, especialmente en su faceta recaudatoria. En 1694 se fundó el Banco de Inglaterra con el fin de obtener fondos para la guerra contra Francia. Para ello se recurrió a la emisión de papel moneda intercambiable por depósitos. Durante el siglo XVIII el empleo de los billetes para las transacciones cotidianas fue generalizándose gradualmente entre la población, lo cual resultó en la emisión de denominaciones fijas, y cada vez de menor valor.

La tendencia hacia la monopolización de este proceso por parte del Banco de Inglaterra en detrimento de las entidades privadas era clara. Alrededor de 1770 los bancos privados de la ciudad de Londres dejaron de emitir sus propios billetes y adoptaron los del Banco de Inglaterra. En 1826 se permitió a éste la apertura de delegaciones fuera de Londres, y en 1844 se prohibió por ley la emisión de billetes a nuevas entidades privadas, pudiéndolo hacer solo aquellas que venían haciéndolo hasta la fecha. El poder y la autonomía de los bancos privados, por tanto, se limitaban inevitablemente, pero aún así durante mucho tiempo conservaron una cierta capacidad de influencia, sobre todo en zonas rurales.

La mayor parte de los bancos privados se encontraban dentro de los confines de la ciudad de Londres, no obstante durante la segunda mitad del siglo XVIII y principios del XIX, coincidiendo con el impulso económico de la Revolución Industrial, proliferaron los llamados “bancos provinciales” fuera de Londres. En muchos casos estos bancos eran fundados por las oligarquías locales como forma de potenciar sus negocios y generar capitales para futuras inversiones. La emisión de billetes en este sentido solía ser una herramienta útil. Estos billetes normalmente circulaban de forma local y podían ser redimidos por su valor en metálico, considerándose un banco en situación de bancarrota si se probaba incapaz de hacer frente a esta obligación. Era relativamente habitual que personas o grupos que quisieran arruinar a un banco provincial se hicieran con una gran cantidad de sus billetes para exigir su cambio inmediato en metálico. De hecho, en ocasiones quedó patente la debilidad de estas entidades, pues cualquier situación de incertidumbre económica podía causar un efecto de pánico entre la población que les llevara a la quiebra, pues muchos de estos bancos no podrían hacer frente a liquidaciones masivas de billetes.

Reverso del billete

El que presento hoy aquí es uno de los más comunes y fáciles de encontrar. Se trata de 5 libras del Darligton Bank, perteneciente a Backhouse & Co., una influyente empresa textil del noreste de Inglaterra. Esta entidad se constituyó en 1774, y fue de las que más sobrevivió en el tiempo, nada menos que hasta 1896, año en el que se convirtió en uno de los socios fundadores de Barclays. Operó en la zona de Darlington, Durham, Stockton-on-Tees y Sunderland, no sin pasar por las dificultades descritas más arriba. Parece ser que durante el siglo XIX un noble local, Lord Darlington, trató de hundir esta entidad obligando a sus propios inquilinos a pagar la renta con estos billetes, de tal manera que la suma total fuera demasiado alta para poder ser liquidada por el banco. Afortunadamente, Jonathan Backhouse averiguó las intenciones del noble con antelación, por lo que pudo hacerse con las reservas de oro suficientes para hacer frente a esta incómoda operación.

Lo más llamativo del billete es la ausencia del recuadro de la firma, cortado seguramente como forma de invalidarlo una vez el Darlington Bank pasó a formar parte de Barclays, hoy día una de las entidades financieras más influyentes del mundo. Los procesos de fusión de finales del siglo XIX y principios del XX significaron el fin de estos bancos provinciales y por tanto de sus emisiones, siendo 1921 el año que vio la última de todas ellas.  


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