viernes, 19 de septiembre de 2014

RESELLOS DE LOS AUSTRIAS

Hoy quisiera detenerme en uno de los casos más significativos de caos monetario de la Historia, español por más señas. El resellado de las monedas durante el siglo XVII español responde a un momento de gran necesidad de fondos por parte del erario público motivado sobre todo por el intervencionismo al que había sido abocada la monarquía española. Durante el siglo XVI, tanto Carlos I como Felipe II habían convertido la defensa de la hegemonía en el continente europeo en uno de los ejes principales de la política exterior de la monarquía hispánica. Además de los Países Bajos, otros focos mantenían ocupados a nuestros gobernantes de entonces: el expansionismo turco en el Mediterráneo y Centroeuropa y la expansión por el continente americano. España había pasado de ser una península dividida en cinco reinos a una potencia global en solo unas pocas décadas. Una internacionalización tan rápida demostró ser muy difícil de gestionar en el medio plazo.


Moneda de vellón de 8 maravedís de 1623 resellada en
1641 a... 8 maravedís
Los llamados Austrias menores, es decir, los que se hicieron con las riendas del gobierno en el siglo XVII (Felipe III, Felipe IV y Carlos II) heredaron un gran imperio, pero también los problemas que su peso conllevaba. Pese a disponer de las ingentes riquezas aportadas por los nuevos territorios descubiertos, España las dedicó más a hacer frente a sus gastos y a pagar sus deudas que a incentivar el comercio y la producción (a la manera de otras potencias emergentes como Inglaterra y Holanda), lo cual paradójicamente empobreció al país. A los problemas externos se añadieron los internos: cuando el Conde-Duque de Olivares trató de repartir las cargas de la política exterior entre todos los reinos hispánicos con el fin de aliviar en lo posible al reino de Castilla, Portugal y Cataluña se rebelaron, resultando en la independencia del primero.  

Toda esta inestabilidad política fue acompañada de una crisis económica y monetaria, fácilmente reconocible hoy día en las monedas de bajo valor de la época. A finales del XVI y principios del XVII se llevó a cabo una devaluación de facto de la moneda mediante la rebaja de contenido de plata en el vellón y la disminución de peso y tamaño de las piezas de cobre. Como las monedas acuñadas con anterioridad no estaba sujetas a estos cambios y no existía voluntad de retirarlas, se hacía necesario resellarlas con nuevos valores más altos. El resellado tenía además una clara motivación recaudatoria, como se ve en el siguiente esquema:

  • La Corona fija mediante ley que determinadas piezas (por ejemplo, las de 2 maravedís) pasen a valer el doble, requiriendo a los particulares que las entreguen para su resellado
  • Un particular que tiene 100 monedas de 2 maravedís (200 maravedís en total) tendría que llevarlas a la ceca más cercana para que las resellaran con un 4.
  • Al resellarlas con un valor 4, los 200 maravedís se convierten en 400. El particular se queda con los 200 que le corresponden (ahora en 50 monedas en lugar de 100) y el estado se queda con los otros 200.



Por lo general, las piezas de 2, 4 y 8 maravedís fueron las más afectadas por el resellado, que según las necesidades pasaron a valer 4, 6, 8 o 12 maravedís. Los resellos contenían los nuevos valores en números romanos pero a partir del reinado de Felipe IV (1621-1665) aparecen caracteres arábigos, así como el año de resellado en la cara opuesta de la moneda. No voy a describir la sucesión de devaluaciones y cambios en política monetaria durante estas seis décadas, ya que prolongaría demasiado este post y además viene muy bien explicado en estos dos enlaces, en los que baso la presente entrada:

Moneda de 2 maravedís de época de  Felipe II resellada a
6 maravedís con dos fechas en el reverso
No obstante, sí me gustaría hacer hincapié en la enorme confusión que se debió vivir en el momento a causa de esta política. A lo largo de seis décadas, muchas monedas de cobre y vellón fueron reselladas varias veces, por lo que es normal encontrarse con monedas de la época con varios valores y fechas, quedando en algunos casos verdaderamente irreconocibles. La ley reservaba a las autoridades la potestad de devolver a las monedas su valor antiguo, de tal manera que en muchos casos hubo piezas cuyo valor facial subió o bajó dependiendo de las circunstancias. Se daba así la paradoja de que una pieza de un determinado valor fuera resellada a ese mismo valor varios años después. La moneda castellana fue la más afectada, no obstante es posible encontrar también monedas no españolas reselladas e incluidas en el circulante, como el insólito caso de centenionalis romanos del siglo IV circulando de nuevo 1300 años después con su nuevo valor marcado.


Las devaluaciones nunca han sido del agrado de los particulares, pero menos aún si se llevaban a cabo de forma tan desorganizada. A mediados del siglo XVII el circulante de cobre y vellón quedó altamente deteriorado y, como suele ocurrir en circunstancias similares, las actividades de falsificación proliferaron, añadiendo aún más confusión a la situación. Así, a partir de 1660 se dejó la práctica del resellado y se retomó la emisión de moneda. Las monedas reselladas fueron retiradas de la circulación pero hoy en día constituyen un preciado objeto de coleccionismo, dada su gran variedad y precios razonables. Un verdadero reflejo de un país que lucha contra su propia decadencia.  

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