lunes, 7 de abril de 2014

LOS DELFINES DE OLBIA

Me complace presentaros hoy una de las monedas más interesantes que he tenido el placer de coleccionar. Las imágenes lo dicen todo. No solo son interesantes por su peculiar forma de delfín, que tan poderosamente llama la atención de cualquier observador. Son fascinantes también porque conectan con el origen mismo de las monedas. De hecho, seguramente estamos hablando de una de las primeras monedas de bronce en circulación, allá por el siglo V a.C.



Es comúnmente aceptado que la moneda surgió en la Grecia clásica, concretamente en la región de Lydia al Oeste de la península de Anatolia (en la actual Turquía), a finales del siglo VII a.C. Cuando hablamos del origen de las monedas es pertinente establecer la distinción entre éstas y el dinero. El dinero es un concepto mucho más antiguo, ligado a la idea abstracta del valor y la propiedad personal o colectiva. Durante mucho tiempo el ser humano utilizó diferentes tipos de dinero-mercancía u objetos (por ejemplo, las cipreas, trozos de metal o cereales) que pudieran expresar de manera objetiva esta idea. A partir de cierto momento, coincidiendo con un periodo de gran expansión cultural y comercial, los antiguos griegos desarrollan la iniciativa de emisión de moneda, que sustituye progresivamente al dinero-mercancía. Las monedas se caracterizan por ser producidas en serie por una autoridad que les confiere un valor intrínseco que es aceptado por la población. La idea de acuñar moneda fue exportada a India alrededor del siglo V a.C. y evolucionó independientemente (y de forma bien distinta) en China durante esta misma época.


Las primeras monedas de Lydia estaban hechas de electro, una aleación de oro y plata. Durante los 50 años siguientes otras ciudades y reinos vecinos adoptaron esta idea, y a mediados del siglo VI a.C. comenzaron a utilizar también la plata para producir sus propias monedas. La necesidad de producir denominaciones de poco valor, (lo que consideraríamos calderilla), hizo que se fueran emitiendo divisores cada vez más pequeños, de apenas unos milímetros de diámetro y menos de 1 gramo de peso. La idea de emitir denominaciones en metales de menor valor no surgió hasta un tiempo después, y la ciudad griega de Olbia parece ser una de las primeras en poner esta idea en práctica.

La expansión económica y comercial a la que aludía más arriba hizo que ciudades y reinos de la Antigua Grecia fundaran colonias en el Mediterráneo y en el Mar Negro. Éste último ofrecía además unas condiciones climáticas óptimas para la cosecha de cereales, por lo que varias ciudades griegas fueron fundadas en esta zona a partir del siglo VIII a.C. Olbia, situada al norte del Mar Negro en lo que hoy sería la costa de Ucrania, fue una de ellas.

Esta colonia se convirtió en un centro comercial de referencia en el Mar Negro, pues hacía de enlace entre el mundo griego y los pueblos sármatas y escitas. Olbia importaba bienes como vino, aceite, objetos artísticos, tela y cristal para su propio consumo y para el comercio con las poblaciones locales, y exportaba a la metrópoli griega cereales, ganado, pescado y esclavos. Sin duda fue una ciudad muy próspera, puesto que a partir del siglo V a.C. Comenzó a emitir su propia moneda en plata y, de forma novedosa, en bronce.

Es bastante común identificar delfines en las monedas griegas antiguas, pero las autoridades de Olbia prefirieron darles esa forma. Se trata en efecto de pequeños bronces fundidos con forma de delfín en posición de salto, de aproximadamente 21 mm de largo y poco más de 1 gramo de peso, producidos entre los siglos V-IV a.C. Olbia se identificó en gran manera con estos mamíferos, no solo por ser comunes en la zona, sino también por estar asociados a Apolo, una de las principales deidades griegas. De hecho, se piensa que en un principio estos delfines de bronce se utilizaban como fichas para uso religioso en templos locales, por lo que se discute acerca de si en realidad se trataba de un dinero-mercancía o pre-moneda. No obstante, parece ampliamente aceptado que, aunque originariamente se les pudiera haber dado un uso distinto del comercial, circularon como moneda y se emitieron como tales. De hecho, existen también emisiones de delfines que contienen inscripciones en griego.

Poco a poco las emisiones monetarias en bronce (acuñadas, no fundidas) fueron ganando terreno y cada vez más pueblos del Mediterráneo las adoptaron. Ya no tuvieron formas tan originales, pero supusieron una verdadera revolución en la emisión de moneda, pues se fijaron unos patrones metálicos que continuarían vigentes muchos siglos después.

Early World Coins & Early Weight Standards, by Robert Tye, published by Early World Coins, York 2009 (pp. 60, 88)

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