viernes, 5 de octubre de 2012

EFECTOS DE LA HIPERINFLACIÓN (II): ZIMBABWE

Tal y como adelanté hace unas semanas, hoy dejo caer un ejemplo más reciente sobre los desastrosos efectos de la hiperinflación. Se trata de Zimbabwe, país que protagonizó en 2007-2008 el primer caso de hiperinflación del siglo XXI. Las imágenes que adjunto hablan por sí solas: el valor facial de sus billetes alcanzó nada menos que los 100 trillones de dólares (100 seguido de 12 ceros)

Billetes de 100 y 50 trillones de Z$ de 2009.
El valor facial no pudo subir más...
Es necesario aclarar que la acepción anglosajona de billones y trillones es distinta a la que tenemos en España. En muchos países, un billón equivale a mil millones (1 seguido de 9 ceros), mientras que un trillón equivale a 1 millón de millones (1 seguido de 12 ceros). Para nosotros, un billón equivale a 1 millón de millones (es decir, el trillón anglosajón) mientras que un trillón asciende nada menos que a 1 millón de billones (es decir, 1 seguido de 18 ceros)

Los verdaderos problemas económicos llegaron a Zimbabwe a finales de la década de 1990. Hasta entonces, este país había conseguido una relativa autosostenibilidad, en gran parte gracias a sus abundantes recursos agrícolas. No obstante, su producción se vio sensiblemente reducida a causa de una temporada de sequías, a lo que hubo que añadir la desastrosa política de redistribución forzosa de tierras llevada a cabo por el presidente Robert Mugabe. Al mismo tiempo, los gobiernos de la época aumentaron sensiblemente el gasto público (tanto en políticas sociales como en intervenciones en conflictos de la zona), lo cual llevó a un inevitable aumento de la deuda del país. Al encontrar resistencia al aumento de impuestos para cubrir los cada vez mayores gastos, el gobierno de Zimbabwe optó por la vía fácil y rápida: la impresión de dinero. Tejido productivo dañado, gasto público incontrolado, deuda alta e impresión de dinero: como en el caso de la Alemania de los años 20, encontramos los ingredientes básicos de toda hiperinflación.


Marzo de 2007 marcó el inicio de esta inflación desbocada, de tal forma que en Julio de 2008 las estimaciones más conservadoras anunciaban una tasa anual de inflación de 231 millones %. La consecuencia fue un empobrecimiento general del país, pues los precios de bienes y servicios podían subir varias veces durante el día, llegando a doblarse cada pocos días. Los ahorros que los particulares hubieran podido acumular se evaporaron y la población empezó a utilizar moneda extranjera (sobre todo el dólar norteamericano y el rand surafricano) e incluso el trueque antes que su propia moneda. Me llamó la atención la fotografía de un cartel en unos baños públicos locales en el que se podía leer en inglés: “Únicamente se puede utilizar papel higiénico en este servicio. Prohibido el uso de cartón, tela, periódicos o dólares de Zimbabwe”.


Reverso de los billetes de 50 y 100 trillones de Z$
Las autoridades decidieron poner coto a esta subida descontrolada de precios adoptando medidas como obligar a los comerciantes a rebajar los precios de sus productos. El resultado fue desastroso, ya que esta medida tuvo como consecuencia que tanto productores como comerciantes se negaran a proveer artículos de primera necesidad ante el temor de incurrir en pérdidas económicas. Así, durante este tiempo, las imágenes de supermercados y tiendas vacías se hicieron tristemente familiares en Zimbabwe.

"Agro-cheque" de 25 billones de Z$
A principios de 2009 se emitió la serie de billetes de valor facial más alto de la Historia: 10, 20, 50 y 100 trillones de dólares. En Febrero de ese año se intentó revalorizar la moneda a través del nuevo dólar de Zimbabwe, suprimiendo los doce ceros de las últimas emisiones, de tal manera que 1 trillón de dólares equivaliera a un nuevo dólar, pero ya era tarde: la moneda nacional estaba hundida en el descrédito más absoluto y la dolarización (de dólares USA, se entiende) era un hecho. Desde entonces, Zimbabwe es un país sin moneda propia.

Hoy adjunto algunas imágenes de estos billetes de tal alta denominación, incluido el de 100 trillones. Sin duda, pienso que son artículos que no deben faltar en ninguna colección de “curiosidades”, y que además pueden ser útiles a la hora de impresionar a nuestros amigos y conocidos. Después de todo ¿cuánta gente puede hoy en día decir que tiene 100 trillones de dólares en el bolsillo?

Os dejo el enlace en donde podréis encontrar el informe sobre el que baso esta entrada:
http://www.dallasfed.org/assets/documents/institute/annual/2011/annual11b.pdf

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