LA "CORONA" DE GABRIELE D'ANNUNZIO
La Primera Guerra Mundial y sus secuelas fueron sin duda un campo muy fértil para el dinero de emergencia. Durante la guerra, y más una de la envergadura de la de 1914, la mayoría de los recursos económicos y financieros fueron a parar a alimentar el esfuerzo bélico de todos los contendientes. Después de la guerra, todos los países, pero en mayor medida los derrotados, sufrieron las consecuencias de la crisis económica y la inflación.
Al mismo tiempo, como resultado de la Primera Guerra Mundial surgieron numerosas entidades políticas nuevas según la doctrina del presidente Woodrow Wilson, que en sus célebres 14 puntos para una paz duradera recogía la oportunidad para un desarrollo autónomo de los pueblos que habían convivido bajo el paraguas del Imperio austrohúngaro. Un nuevo estado como Polonia, sin ir más lejos, se componía de territorios que habían pertenecido a este imperio, al alemán y al ruso. Nos podemos hacer una idea aproximada del caos monetario que debió este país presenciar en los años 1919-1920.
Alemania perdió territorios, cosa que lamentó durante las dos décadas posteriores, pero no perdió su esencia como estado-nación. Austria-Hungría, sin embargo, cesó completamente de existir. Otro de los puntos que recogía el presidente Wilson fue el reajuste de las fronteras italianas de acuerdo con el principio de nacionalidad. Italia fue una de las potencias vencedoras, y así lo quiso hacer valer en las negociaciones posteriores a la guerra. Sin embargo, se topó con un inesperado (o quizá no tanto) rival en el Adriático: el nuevo reino de los serbios, croatas y eslovenos, más conocido posteriormente como Yugoslavia.
Pese a su exitoso proceso de unificación entre 1859 y 1870, muchos italianos sentían que la tarea no estaba finalizada, ya que quedaban poblaciones fuera del reino de Italia susceptibles de ser incorporadas. El Imperio austrohúngaro era un auténtico maremágnum de nacionalidades, muchas veces concentradas en determinadas regiones, pero también dispersas. Población de habla alemana coexistía con poblaciones checas o eslovacas, de igual manera que personas que hablaban húngaro convivían con otras que hablaban rumano en lo que hoy es la parte occidental de Rumanía. El reino de Italia no ocultaba su pretensión, una vez ganada la guerra y desmantelado el imperio vecino el norte, de rematar la faena reunir bajo un mismo estado a todos los pueblos de habla italiana. Estos pueblos se encontraban en el Tirol, conviviendo con poblaciones germanoparlantes y en el Adriático, con eslavos como vecinos.
Siempre se considera a los italianos como los vencedores "menos favorecidos" de la guerra de 1914 (aunque ellos entraron al año siguiente) pero lo cierto es que obtuvieron prácticamente todas sus pretensiones: el Trentino-Alto Adigio en el norte, la península de Istria al noreste y diferentes zonas de la costa dálmata, es decir, lo que antiguamente había sido la esfera de influencia de la República de Venecia. Solo había un escollo, y no menor: el estratégico puerto de Fiume (hoy Rijeka en Croacia) en el Adriático.
Fiume había sido una de las pocas salidas al mar de las que formalmente disponía el reino de Hungría, que tras la guerra iba a quedar sensiblemente reducido como país perdedor (v. mapa de arriba). Esta ciudad tenía una población mayoritariamente de habla italiana pero un tercio de su zona oriental era de origen eslavo. Italianos y yugoslavos, ambos vencedores, no conseguían ponerse de acuerdo y ante el vacío de soberanía en esta zona surgió la controvertida figura de Gabriele d'Annunzio.
![]() |
| Gabriele D'Annunzio, ataviado con uniforme poco después de su aventura en Fiume (fuente: wikipedia) |
Cuando terminó la guerra e Italia se encontraba entre las potencias vencedoras, llegaba el momento de recoger lo sembrado en forma de adquisiciones territoriales. Siguiendo el principio wilsoniano de las nacionalidades, parecía relativamente sencillo que italianos y eslavos se pusieran de acuerdo en delimitar sus fronteras, pero Fiume planteaba serios problemas por su diversidad étnica y su posición estratégica. El Tratado de Versalles no resolvió la cuestión, lo que aumentó la frustración italiana toda vez que Fiume formaba parte de las promesas recibidas por los aliados en 1915. El propio Wilson decidió intervenir proponiendo la constitución de Fiume como "ciudad libre", al estilo del puerto de Danzig en el Mar Báltico.
D'Annunzio, sin embargo, logró conectar con el sentimiento de indignación en Italia y probó la vía de los hechos consumados. Reuniendo alrededor de 300 voluntarios, inició una marcha desde la vecina Trieste acumulando un total de 2000 hombre que tomaron Fiume en Septiembre de 1919 sin resistencia por parte de las tropas aliadas estacionadas. Su intención era la de proclamar la anexión de la ciudad al reino de Italia, pero el gobierno de Roma se negó: el país no pasaba por un buen momento económico y lo último que necesitaba era enemistarse con los aliados, especialmente con Estados Unidos.
![]() |
| Billete austrohúngaro de dos coronas, resellado en la parte húngara del mismo por las autoridades de Fiume (fuente: Numista) |
D'Annunzio, después de realizar algo considerado como una hazaña por parte de muchos italianos, no podía acatar esta orden sin más. Por este motivo fundó la llamada "Regencia Italiana de Carnaro", un miniestado que serviría de inspiración al fascismo que en aquel momento se gestaba en Italia. Su constitución (la Carta de Carnaro) incluía elementos tan heterogéneos como el sindicalismo nacional, el corporativismo que integraba a los diferentes sectores económicos y el republicanismo democrático, así como algún toque utópico (y un tanto excéntrico) como considerar a la música como uno de los principios fundamentales del nuevo estado. La estética escogida por los promotores de la Regencia, con el gusto por lo paramilitar, el uso de camisas negras, el saludo romano y los discursos desde un balcón, fue sin duda asimilada después por los seguidores de Mussolini.
Esta peculiar entidad, como veremos, estaba destinada a ser efímera, al no contar ni siquiera con el apoyo de la "madre patria". Pese a su pretendido idealismo, D'Annunzio y sus seguidores eran conscientes de la necesidad de contar con circulante propio lo antes posible si se pretendía demostrar la viabilidad de este nuevo estado. En aquel momento, el único papel moneda disponible era la corona del Imperio austrohúngaro, que circulaba aún en Fiume resellada con un austero estampado "Cittá di Fiume" en la parte "húngara" de los billetes. Recordemos que el papel moneda austrohúngaro reflejaba los dos idiomas dominantes, alemán y húngaro, desde un total plano de igualdad. Este resello fue empleado por el autodenominado Consejo Nacional Italiano de Fiume, entidad política compuesta por representantes municipales que se hizo con el control "de facto" de la ciudad en el momento en que las autoridades húngaras confirmaron su pérdida de control sobre la ciudad en Octubre de 1918.
![]() |
| Resello sobre los billetes del Imperio austrohúngaro que circulaban en Fiume (fuente: Numista) |
Con todo, D'Annunzio pudo poner en marcha esta y otras iniciativas durante aproximadamente un año. En Noviembre de 1920 se firmó el Tratado de Rapallo, mediante el cual se reconocían las ganancias territoriales de Italia y se establecía para Fiume el status de "ciudad libre" que había propuesto Wilson. Tanto Italia como Yugoslavia se comprometían a respetar su independencia a perpetuidad. Por supuesto, D'Annunzio se negó a en redondo a reconocer este acuerdo, lo que obligó al gobierno de Roma a actuar de forma expeditiva. A finales de 1920 tuvo lugar la llamada "Navidad sangrienta" varios días en los que Fiume fue bombardeado y tomado por las tropas italianas, dando final a esta extraña aventura el 30 de Diciembre.
En un primer momento, parecía que esta nueva ciudad libre podría desarrollarse de forma independiente y constructiva. Su nuevo primer ministro, Riccardo Zanella, impulsó en 1921 la administración conjunta del puerto mediante un consorcio que incluía a las autoridades de la propia ciudad, así como a italianos y yugoslavos. No obstante, el ascenso del fascismo truncó esas expectativas en poco tiempo. En marzo de 1922 los fascistas locales derrocaron a Zanella y pocos meses después Mussolini llegó al poder. El Tratado de Roma de Enero de 1924 consagró las anexiones, con la zona italiana pasando a formar parte de Italia y la eslava a Yugoslavia manteniendo, eso sí, una administración conjunta del puerto.
D'Annunzio, por su parte, vivió el resto de su vida hasta 1938 de forma relativamente discreta, aunque siempre con el respeto de los nuevos dirigentes fascistas. Empezando por el propio Duce, que no dudó en organizar un funeral con honores de estado al fundador y dirigente de la Regencia Italiana de Carnaro, verdadero experimento de lo que los italianos tuvieron que vivir entre 1922 y 1945.
Sobre el Estado Libre de Fiume y Gabriele D'Annunzio:
Historia de las Relaciones Internacionales, Pierre Renouvin, Ediciones Akal 1990 (2ª edición)
Sobre Gabriele D'Annunzio y el decadentismo:
Sobre la Corona de Fiume:






Comentarios
Publicar un comentario